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LOS GRANDES AMORES DE JEAN COCTEAU

CRONOLOGÍA Naturalmente el propósito de esta nota no es el chisme sino iluminar algunos pasajes biográficos del más grande multiartista...

viernes, 30 de agosto de 2013

EN PLENO SEPULCRO

1

 

Aquí yace Enkidu
muerto de su encanto.
Le sigue la charla de gestos,
toda la gracia que quedaba
al pie de los dinteles.
Le llora su rey.
Le llora su belleza.
 

2

 
Aquí yace Asurbanipal
muerto de potencia.
Las envidias pactadas
ensancharon su sitio.
Los placeres venideros
también lo anunciaron.
Música y jardines,
lenguas y tatuajes
son sus poderes.
Le lloran las pieles
que no fueron suyas, besos
que no logran repetirse.
 

3

 
Aquí yace Alejandro
muerto de esplendores.
Tiempo y mundo
se le inclinan.
El llamado de la madre
-esa ponzoña inoculada
desde el vientre-
lo buscó hasta reducirlo.
Le recibe su amante
también muerto.
Le llora su hazaña 
más insignificante.
 

4

 
Aquí yace Jerjes
muerto de placeres.
Los confines ajenos
también son suyos.
Le faltaron sentidos
para satisfacerse.
Le llora su risa.

 
5

 

Aquí yace Leonidas
muerto de deseos.
Le lloran sus palabras.

lunes, 19 de agosto de 2013

Asedios a Neil Young





"Toda esa gente cree que lo ha conseguido/ pero yo no compraría, vendería, prestaría o cambiaría
/ nada de lo que tengo para ser como uno de ellos. / Prefiero comenzar de nuevo"

(N. Young: Motion Pictures)

La razón por la que Neil Young es adictivo es que su arte procede del más rotundo hundimiento de alma. En ningún otro músico de rock es posible como en Neil Young estar seguro de que nada es pose, nada es impostura. Neil Young no sabe más que ser sincero, una exposición desgarrada, una intensidad de vaciamiento que se plasma en su lenguaje con el daño ("damage done") y la rara belleza del que se entrega en una canción sin reserva, fuera de todo cálculo. Hay músicos como David Gilmour que son al rock como Beethoven es a la música clásica, siempre perfectos y precisos. Otros como Neil Young son lo que sería un Eric Satie o un Gershwin; sucio, contaminado de diversidad de vida, al borde del desastre, que tanto pueden sonar a sinfonía como a garaje, tanto a salón como a bar, tanto a calle como a cuarto solitario. Su olfato formal y su imaginación melódica son infalibles, no obstante ser puro nervio, puro latido.


En la guitarra acústica:

El pulso pesado se aviene con el galope. No por nada el peso es precisión. Su técnica es rasgueo, arpegiado y percusión simultánea, síntesis de estilo. Suena el acorde completo, la melodía y el soporte físico del instrumento como si fueran tres manos derechas sobre las cuerdas, alternando, ensuciando y aclarando, con los tres niveles de la música puestos al desnudo en la emisión, ritmo, armonía y melodía crudas e integradas. Ahí están los ejemplos de "Ambulance blues", "New mama", "Needle and the damage done" bastando por sí solos. Pero cada pieza es un ejemplo. Sólo podría tener émulo en algunas costumbres del flamenco, salvo porque en Young su técnica procede de una absoluta y conciente falta de técnica. Es intuición y franqueza en estado puro allí donde la guitarra flamenca es disciplina. El ejercicio acústico de Neil Young carece de todo método. Es una respiración, un instinto. Hay que oír las cuerdas, los acordes y la caja vivas: el galope, el resuello.


En la guitarra eléctrica:


Nunca quiere ser virtuoso. Evade la velocidad, la fría limpieza o las rutinas de digitación más prestigiosas para reemplazarlas por el fraseo simple, emotivo, llano. La improvisación no se nota porque la melodía es siempre recurrente, pero la pauta tampoco se nota porque es antojadiza, recreada por la ejecución impulsiva, nunca rígida o aplastante como en otros maestros del rock, cuya maestría se basa en provocar la admiración de lo perfecto. En el caso de Young su guitarra eléctrica es empatía, diálogo, comunicación directa. Se diría que cada compás puede imitarse por un aprendiz más o menos avanzado, pero en esa misma aparente facilidad está su identidad. Es tan sencillo que es único, irrepetible, inútil de reproducir. Detrás de sus solos hay una tracción, un motivo imperioso. Podría quedar demostrado en esa suerte de himno que es "Like a hurricane", donde el interludio por sí solo bastaría para inscribir a Young entre las páginas inmortales del rock, junto a Jimmy Page, Brian May, Robby Krieger o el citado Gilmour como los guitarristas más inspirados del rock, pero sin dejar de ser, antes que aquéllos, el más abisal, el más ácido, el más ebrio de espontaneidad y fiebre emotiva, el más dramático.

 

 
En la armónica: 
Ese instrumento de solitarios allí donde los haya adquiere en Young una transparencia nueva. No abusa del patrón armónico exacto que ofrece el artefacto sino que extrae la melodía en alternancia con los acordes automáticos para hacer del fraseo una pequeña pieza orquestal. Puede observarse en "Heart of gold" o en "Herpless". La melancolía paradigmática del pequeño instrumento de las estepas se dulcifica, se resigna. En "Ambulance blues" ya se enreda, se arrastra envuelto en el violín áspero, continuando la melodía y el contenido de la letra con la humildad cruenta de un hueso que se descarna al sol. Hay esa aridez, esa desolación en cada nota y sólo por un toque de ese carisma que se llama Neil Young, duele pero repara, acompaña, se hace cómplice. "Ambulance blues" ya no es una canción, es una herida porfiada. Y es sabido lo que ocurre cuando aquellas no matan. Por eso los 8.57 minutos de su duración se multiplican en reiteraciones sin corte en la memoria auditiva y emotiva. No cicatriza. No se desea que cicatrice.

 En el piano:


Apenas se le reconocería si no fuera porque el eclecticismo de su lenguaje prepara para todas sus facetas. Frente al teclado el visceral trovador se vuelve un reposado maestro de limpieza infalible. Siempre sin virtuosismo, apelando al sonido universal y cristalino del piano, está hablando de tú a tú con cada oyente, desnudo de todo efectismo. "Philadelphia" es intemporal, sólo se tiene como medida de sí misma. Suena clásica, new age, pop, abierta, alada. ¿Cómo se consigue una canción así? Se ha hecho hábito de necios decir que su música para teclado electrónico le es extraña y de menor logro. La crítica reclamó de vuelta al vaquero hippie, al rupturista, al reventado. Por cierto que Young les dio parcialmente la razón con "Raged glory" (1991) pero en su trabajo con las teclas durante los años ochenta probó que podía detenerse en una arista de su poliedro creativo sin agotarse del todo en ella, sino algo mejor, recorrer los ángulos, expandir el idioma de su sonido, romper su propio libreto. Y como respuesta elocuente a quienes creen conocerlo mejor que sí mismo, tomó esa pieza maestra de rabia eléctrica y electrizante que es "Like a hurricane" y la dejó registrada en órgano de fuelle, a voz solista, casi como si fuera un cántico religioso.
En los arreglos:


Ya sea frente a una orquesta sinfónica como en "A man needs a maid" o "There's a world" (la London Symphony Orchestra) o liderando las legendarias bandas Búfalo Sprienfield o Crazy Horse su concepto es siempre el mismo: escaso y dosificado contrapunto, mucha simultaneidad, armonías llenas, acordes macizos, timbres pesados. Hay que oír los bronces, los arcos, los bajos continuos, los destiempos que entran en el compás solapados y reacomodan las figuras como empujando, acentuando con énfasis los tiempos fuertes para contrastar con el alivio de una estrofa solista. Uno oye que hay una artista siempre, pero también hay un ingeniero, y hay sobre todo un hombre que ha sufrido cada una de sus notas y sus palabras.


En la voz:


Siempre entre lo gutural o lo nasal, tal parece que su voz debe desprenderse de los bordes, de los límites físicos de la emisión, que son los límites de la idea, con la ventilación forzada, tensa, no obstante el flujo, la comodidad del nervio acostumbrado a la extenuación. De pronto hasta francamente desafinado o deliberadamente fuera de registro para señalar lo escalofriante, lo alucinado, lo empapado de su franqueza, el todo o nada, como se escucha en "Mellow my mind". Algunas líneas semi declamadas, algunos susurros. Registro menos que amplio desde intermedio hasta agudo casi falsete, dentro de él se mueve con soltura. En su espléndida juventud el volumen erizaba los pelos del oyente. Pero el volumen sobresaliente lo abandonó alrededor de los 35 años para dejarle uno que es sólo suficiente, conservando los matices, los trucos, el sello Neil Young, la voz de eterno niño taimado que sus seguidores adoran. De pronto el tono épico recuerda que estamos frente a un combatiente, un desasosegado, un revoltoso de la música, un maldito. Allí queda el testimonio de "Hey, hey, my, my" en vivo el año 1985, en el concierto Farm Aid. El público agradece cada línea y cada nota.

 
En los controles:


Hay que dejar la mezcla un poco sucia, un poco plana, un poco cruda. Digamos, lo justo y necesario. Debe escucharse siempre como si estuviera en vivo. Las grabaciones que lo han hecho célebre, los discos "Harvest", "On the beach" "Tonight's the night", se hicieron prácticamente todas en una toma, en directo, en dos o tres noches de sala, cables y copas. Y eso se escucha. Los canales distribuidos como si se tratara de un concierto medio descuidado. Necesita hablar a cada uno con sus discos, no a una masa informe. La invitación ritual es para el conjuro colectivo. Cuando se hacen las sesiones de "Tonight's..." están frescos aún los duelos recientes de los amigos que la sobredosis puso al otro lado: Danny Whitten y Bruce Berry, de la mafia del primer Crazy Horse. El mismo Neil lo cuenta: "Había un montón de vibraciones entre nosotros. Había mucho espíritu en la música que grabábamos. Recuerdo toda la experiencia en blanco y negro. Íbamos a los estudios a las cinco de la tarde y empezábamos a inyectarnos, bebiendo tequila y jugando billar. A medianoche, empezábamos a tocar. Y tocábamos por Bruce y Danny en su camino a través de la noche. No soy un yonki, y ni siquiera voy a intentar comprobarlo… pero nos inyectábamos, justo en el límite donde nos sentíamos lo suficientemente abiertos al ambiente. Era espectral. Probablemente sienta este álbum más que cualquier cosa que haya hecho nunca". Se suele decir que ese toque a fondo son esos álbumes, el ciclo negro, especialmente los tres cortes largos de "On the beach": "Motion Pictures", "Ambulance blues" y la homónima del disco. Tres temas con las venas hinchadas, grabados en estado de crisis con trago fuerte y sustancias duras, de sonido irritado y onírico, enclaustrados, purgantes, de cabeza contra el lavabo. La guitarra y el bajo somnolientos, la voz lánguida, casi murmurando, no obstante definitiva. Son momentos impagables de la historia de la música popular. Pero hubo un lapso diferente, debe advertirse: el período precoz si es que puede así llamarse, con Búfalo Springfield y en el cuarteto Crosby, Nash, Stills & Young. También abarca su inaugural "Young 1969". Fue el momento de la mezcla exacta, del laboratorio, del retoque de estudio. De allí quedará testimonio de su pericia rítmica, su energía y su imaginación sonora desbordante en temas ya por completo inclasificables como "Broken Arrow", "Mr. soul", "Country girl" o la clarividente "Expectinc to fly": psicodelia, jazz, rock, folk, gospel, blues, sinfónico, vanguardia. Tiene 22 años y ya está maduro para sonar a su antojo. Es metódico, ordenado en el diseño y limpio en la ejecución. Empezará a hacer su camino al revés conforme gane vida y pierda esperanza. Y sin embargo es fácil advertir la línea de continuidad en el cambio. En 1969 en su primer disco solista se escucha "The last trip to Tulsa", un recitativo de 9.28 minutos de duración, donde ya se asoma el hombre de 65 que entrega este 2010 su hipnótico "La noise", con un tema como "Love and war" que es una catarsis resuelta con electroacústica pesada y solitaria, resumiendo en 5.57 toda la estética grunge conocida hasta ahora. El arco de 41 años se extiende ancho en coherencia.


  
El rostro:

Los ojos calipso punzantes; el entrecejo crispado, la mirada entre malévola e inocente, congeladora; la sonrisa sardónica, escéptica, como venida de vuelta, pero acogedora. Labios delgados con un ligero rictus de desprecio. Ocasionalmente las patillas épicas hacen juego al personaje, como el sombrero, los amuletos. En la actualidad podría parecer más bien el abuelo de aquel muchacho desgarbado de cabello largo que tocaba y cantaba cada pieza como si fuera la última de su vida. El ajetreo, los duelos, el viento seco de su entrañable Oeste yanqui y los litros incalculables de alcohol que se ha metido pueden verse en su tamaño que ya se curva, sus surcos y canas. Se nota al veterano de rancho, de trasnoche aguardentoso, de caballo o de auto viejo y descapotado, al padre de dos hijos con parálisis cerebral, al epiléptico que huía de clases con una guitarra escondida, al aguafiestas que se escabullía después de los conciertos para no padecer la aburrida idolatría de los ayudantes o los fanáticos o incluso de los colegas empachados de fama. Los ojos felinos apenas delatan cansancio. Miran desde el aguante parecido a inmortalidad. Sólo el joven Artaud miraba así desde su credibilidad de piedra. Esa mirada no se le admite a cualquiera. El que sabe, sabe.


Dead Man:



La banda sonora de la película Dead Man (Jim Jarmusch, 1996) es una obra minimalista, un arte del detalle. Es estupefaciente. Un tema central de 3.20 minutos, de ambiente western para un film de polisemia inagotable. Luego un collage de fragmentos y acordes que se desprenden del leit-motiv por su solo poder evocativo: trozos, ruidos, vibraciones, ecos, efectos, ideas sueltas. Neil Young esta vez hace música para palabras que no son suyas, pero que habrá de apropiarse oblicuamente con la experiencia del desborde psicodélico que le es conocida. El videoclip del tema central deja oír la voz de Jonny Deep que declama con reposo casi inexpresivo tres aforismos del poeta inglés William Blake:

 1.- La antigua tradición de que el mundo será consumido en llamas al final de seis mil años, es cierta: me lo dijo el Infierno.

 2.- Cuando la totalidad de la creación sea consumida, aparecerá infinita como es y no como ahora la vemos: lucirá incorruptible.

3.- Si las puertas de la percepción se abrieran, todo aparecería ante los hombres tal como es: infinito.

Como epígrafe tácito de los compases obsesivos puede seguirse el dístico ejemplar de Blake que tanto fascina a Nobody, el nativo de la película: "Hay quienes nacen en el dulce encanto / hay quienes nacen en la noche eterna". Pero algunos seres han nacido a medias entre ambos dominios. De aquellos es Neil Young, el buscador de un "corazón de oro" en los abismos, con el "estropicio consumado" del tuteo con la muerte, las toxinas, la competencia con sí mismo, entre el encanto o el espanto, si acaso no son la misma cosa. No le ha faltado fama ni fortuna pero su premio a escala no es otro que el sonido de la locura, que siempre se transita de ida y vuelta, hasta merecer el último viaje, por supuesto. La mutabilidad del inconforme es su testimonio y su único sistema, aunque canse al inadvertido: "Cada uno de mis discos es para mí como una autobiografía en curso. No puedo escribir el mismo libro cada vez. Algunos artistas pueden..., pueden publicar tres, cuatro discos al año que suenan todos jodidamente igual. No es mi rollo, mi rollo es expresar lo que está en mi mente. No espero que la gente escuche mi música todo el tiempo, a veces es demasiado intensa […]". Pero siempre habrá algunos que no toleran un día sin oírlo. Y los otros, ¿qué habrán puesto en su lugar? ¿Cuando se cansarán del relleno? O que lo pregunte el mismo Neil: "Cuando las autopistas se atasquen/ y las montañas entren en erupción, / y el valle sea tragado por las grietas del suelo/ ¿Vas a escucharme finalmente?". Que bien funciona la respuesta.

 
(Nota de octubre de 2010)
 

miércoles, 7 de agosto de 2013

RESUMEN BIBLIOGRÁFICO PERSONAL



CUADERNOS DE EMERGENCIA
Santiago de Chile, Mosquito Comunicaciones, 1994.
Tiraje: 300 ejemplares.
Imagen: "La muerte de Orfeo", anónimo ca. XVI







LOS PERDIDOS ESLABONES


Todos los heridos de esta hendidura en el aire
tendrán derecho a un perro     a una vena     a lactar
buen vino de las ubres devastadas
por estas ganas de irrumpir en medio
                                               de un hombre    una madre
                                               sin corazón
                                               una guitarra con fondo de aullido
                                               ah mil mundos
y un solo dolor en la cabeza
esta redonda soledad que nos calló
como una gota cantada en el último día
ah botín perdido en un cuaderno    ocioso numen
que cuelga en la mañana    qué
sino bóveda somos    ganamos velocidad
en las trampas donde hasta fuimos extranjeros
Un canto sube en la noche hasta romperla
No anuncia nada
pero sube en la noche hasta romperla




TIEMPO DE ESCASEZ


Desperté buscando nombre a un sueño que no pude
                                                           recordar
del que sólo conservé un pájaro tatuado
                                                           en el pecho
Después vi a muchos hombres con esta misma
marca
hablando en tardes ensanchadas por la soledumbre
de la cesura que cruje en el amor de los mares
de cadalsos que llegan en un amanecer con carabelas
Yo esperaba
                                   el regreso del te en los pajonales
escribiendo en el polvo
con un fémur de rey
                                                           aún tibio
una y otra ciudad sobre la palabra sangre
goteando en otro idioma
Ciudad sangre me parece oír
y es mi propia voz que repite en lontananza
la destemplanza de los meses
las fases de la noche en cada luna
y me parece estar solo y
                                               reconozco a millones
y cuando creo ver millones
                                               estoy completamente
                                                                                         solo

***
MURMULLO FRENTE A SILLAS VACÍAS
Autoedición, 2001.
Imagen: "Ciencia inútil del alqumista", Remedios Varo







ANTES DEL HISOPO...

Antes del hisopo y los anteojos
yo colectaba sabores con cucharas robadas
mezclando granos, brotes caídos del arco.
Inventé el catalejo y el sextante
rodeado de hiedras que me interrogaron. 

Un tenor recorrió basurales
arrojando perlas a los cerdos.
Yo recogía las perlas
y apedreaba a los cerdos haciendo musarañas. 

Rumiando mis cutículas
pinté de púrpura mis alas.* 

Oí el soplido del cuerno un domingo de ramos
y vi que era el mismo cuerno
                                               del domingo de feria.
De pronto la historia fueron piedrecillas
agitadas dentro de una vasija rota.

Y me soñé levantando un dique entre pupilas
y lo desbordé para volver a levantarlo
por el goce de desafiar la vigilancia.
Diez veces alcé el dique
-uno por cada uno de mis años-
y otras diez veces subió a desbordarlo el río
y cayeron los años
y quedó en pie el último dique. 

Entonces decidí permanecer adentro, inmóvil
cuidando no dañar la frágil estructura.
* P. Celan


POSTAL DE VERANO

Ayer no lo sabía
pero ayer es otro. Ni el río ni el cuerpo
podrían resistir -Heráclito solloza- el enjambre de moscas
que, como yo, suplican masacre;
las canciones de ruta que suplantan cualquier idea propia,
los nombres tarjados que libera la siesta
como un rumor de sexo cruel sobre piedras ardientes.

No hay cansancio: fue consumido todo
por los soles del mundo, no hay sueño,
fue envuelto en telarañas y polvo
del que a veces escapa una mano viciosa
para acariciar una copa vacía,
para palpar a tientas una foto salvada de las llamas,
una carta, un cuchillo fuera de peligro. 

No hay rabia: fue agotada por cabellos de seca caída
sobre heridas sin piel donde instalarse.
Uno abre un cajón y encuentra un órgano,
descorre la sábana y encuentra un órgano,
libera una camisa del arcón gentilicio
y descubre un órgano cortado y sin raíz de tiempo
porque debe advertirse que la llamada realidad
es apenas un modo de ejercitar el tono
sin hablar de la locura, la vergüenza, dos maneras
de mantenerse despierto, sin apuro.

No hay amigos. Elegí los mejores:
siempre están lejos. 

Afuera los incendios envuelven la ciudad,
signo de lo que puede hacer la tierra
en su afán de exterminio. Tras el humo
un sol rojizo se debate entre el sueño y la vigilia.
El ulular de las sirenas
mantiene al rebaño compacto, taladra en la sien
como un cincel a una estatua demasiado rebelde.
Adentro el ruido es un paño sobre la frente,
una función de pelos y señales
para ciegos, una mortaja
de la que a veces escapa una mandíbula,
un falo vengativo, una utopía lisiada
intentando inspirar lástima. 

Es época de apareamiento de la especie humana.
Así los cachorros que nunca nacerán
podrán celebrar su no cumpleaños en septiembre.
Un día de verano como este fui concebido entonces
confirmando en el sopor la ley de la manada.

No hay palabras. Algunas líneas se escriben
con la muerte de las imágenes,
carroña del pensamiento.

Ayer no hacía falta. Hoy lo sé:
las ideas son reses camino al matadero
de las que sólo persiste el mugido de agonía.



CON MÚSICA DE FADO


Busco una noble ciudad
para un suicidio elegante.
Una ciudad con mar, yo que no necesito del mar
si al fin y al cabo tampoco necesito de la muerte.
Una ciudad con flores que alguien roba
para quitarse de la piel un mal deseo.
Busco en la oscuridad
donde sólo una vez es posible la dicha.
-La oscuridad es la madre de todas las puertas
y no tiene víctimas, sólo tiene pasajeros.
Busco en el silencio menos transitado.
-El silencio tiene brechas sembradas de cruces
y crea a Dios, para de él tener lamentos.

Hay un niño de cuatro rostros
que como yo, ama las guitarras de latido convulso
y el olor de alma que da la medianoche.
Él debe saberlo. Su nombre
trae idiomas de canción agonizante
y calles donde se nace envejecido.

Un suicidio elegante
requiere de un buen río
dice el niño contemplando el Tajo
donde todas las aves son la misma.
Un niño de ceguera blanca en el flujo de semillas,
un niño de ave rota en la voz de los acechos.
Él debe saberlo. Su rostro tiene huellas
de un sol arrepentido, de un mar con cicatrices
y besos de sal
en muelles donde todas las canciones son la misma. 

Un suicidio elegante requiere de un puente,
dice el cronista de los poetas pobres
presenciando un suicidio desde su terraza. 

Anda, pues, y busca esa ciudad.
Que nada te detenga de averiguar si existe.

***
RESPONSO PARA ENRIQUE VILLABLANCA
Autoedición, 2002.
Imagen: Relieve paleocristiano, ca. sig, IX

AVE DEL AGÜERO


Salvo la lluvia
lo que suena acá es madera hueca,
árbol seco que desfonda la noche
con un golpe de cristal, con una estrella menos
al centro de los ojos. Lo que se oye
es el grito del lobo azul buscando su ave,
su plumaje de agua, su canción
de agonía lenta y redonda
vaciada en penumbras.
Lo que suena acá es ese gruñido
sin pasos sobre el matorral, sin sombra
en el acecho de la sangre que tiñe las piedras,
la baba del lobo que divide el cuerpo
en una edad de promesas y una edad de desengaño.
Lo que suena es Ludwing entre las flores venenosas
del viento, la sonata de aguja gris
en la piel rescatada del fuego, la flauta
de costilla destemplada,
el capullo de llave perdida en la profanación del invierno,
la luna de escarcha perforada
por niños demasiado vivos para comprender
el destino del ave que transita por un espejo roto
sin seguir la señal, sin responder al llamado
de un perdido que no habrá de entrar a casa
con el mismo rostro del día de partida.

OUROBOROS FUGIENS


“...sus colores aumentan con su muerte...”

Lambsprinck, "Lapide Philosophico Libellus" (1599), sexta figura.

"Aquel debería ser domado mediante hierro, hambre, cárcel,
mientras se devore y se evacue, se mate y se vuelva a parir." 

Michael Maier. “La Fuga de Atalanta” (1618), epigrama XIV.


Hijo, tuve una visión
que apenas sostengo entre mis ojos. 

No escuché la Misa de Réquiem
por temor a que la lluvia se detuviera.
Pero he soñado
y aquellos que van conmigo
no volverán a ser libres. 

Créeme, hijo, la materia se reduce al monocordio
y el fuego
al caudal que toca y se retira
en piedra, en sangre, en rosa,
en muerte umbría que fecunda al huerto.
Y porque el fuego es la vida de la piedra
hemos, he tenido la paz: florecen cruces
tras la visita del cuervo que agita alas en el barro
y se posa sobre un cráneo en el oro.

Ay, hijo, se cierne tormenta sobre la urna.
He podido ser yo bajo esa losa
concluyendo y comenzando
una vez y otra el baile de luces.
Se cierra el día sobre el cuerpo.
Ya no lo veremos sino hasta entrar en él
rompiéndonos las uñas en el metal hirviente. 

He tenido una visión, hijo, perdona mi estado,
mi trazo débil bajo la llovizna, mi beso sin aliento:
el ouroboros es llave que hiere la noche
y aquel que le ve ya no cabe en su lecho
y en vano girará por desatarse de visiones. 

Corre entonces, hijo, ve tras ese heraldo
y que en tu fuga jamás te den alcance.

***
IMBUNCHE
Autoedición, 2009.
Imagen: "La melancolía", A. Dürer.






2


Se enseña a los niños a rezar
para que no se me parezcan.
Se inventó la ciencia para refutarme.
Soy un punto de referencia
para oponer los corazones al asco

y al despojo huero que persiste
después de las pasiones.
Me buscan para sentirse limpios,
para sentirse buenos, me ven
en las formas trepidantes
del crecimiento de la mala hierba. 
Toda su normalidad me cabe en un puño.


5
La lengua de mi clan
desciende del psalterio,
del pre-socrático, del sibilino,
del lémur de las praderas,
                                   del isleño antiguo,
del greco-romance averiado y mutante
con que se arrullaba a los cachorros
que eran hermanos de su padre, hijos,
nietos y sobrinos en un solo acto. Mi lengua
                                   deriva de las malas palabras
                                   en el lecho de la endogamia.
No sirve para hablar de amor
                                   ni de amistad
ni nada que no sea clave de mando.
Mi lengua es una mordaza.
Murmuraciones y ronquidos
para un interrogatorio,
                                   para un manteo
                                                           encima de alacranes.
Su sintaxis es una partitura
sin figuras fijas,
                        sin
duración
exacta.
Su verbo es un metrónomo
                                               arbitrario,
conforme a plazos digestivos.
Sus sustantivos
son piezas de una suite demodé,
sus adjetivos
                        son indicaciones en una tablatura.
Con harapos de idioma
y (sub) retazos de mundo
                                   trasmito mi encargo:
tiras viejas para rellenar un talego.
De cuando en vez chivateo,
más bien por el estupor que aligera las visiones
y poner a raya a los limpios. 
Es la forma más exacta
en que puedo traducir mi pensamiento.


12

Palabras purulentas, enhebradas entre sí,
atadas a un único sentido
como cuentas de un rosario monocorde
salmodiado por abuelas,
ennegrecidas a la orilla del tizón
mientras bajo el entablado
incuba el huevo de pichón-culebra.
Hilachas de palabras
cuelgan de los labios cosidos
como las plumas de la clueca estéril
que busca un rincón a salvo de corrientes
para empollar un huevo huero;
así, tal cual: las frases del espirituado
sin migajón, sin cuajo,
sin oportunidad de perpetuarse,
eclosionan
                        engendros.

***

PIEDRA NEGRA
Santiago de Chile, Mosquito Comunicaciones, 2009.
Tiraje: 500 ejemplares.
Imagen: "Nigredo, Rosarium Philosophorum", anónimo si. XVI





EL ESTIGMA O LAS FORMAS DEL DUELO


Del pie derecho la joven diferencia,
imagen íntima de Dios, uña
cargada al corazón de mi apellido,
estancia de la noche como un segundo sexo,
tabú del niño único al centro de la flor
rodeada de dientes y alimañas. 
Y no creí en Dios pero creí en la uña

marcado por ese día de periódico filo,
esa cíclica ofrenda votiva de las mujeres mayores:
el remojo y corte profiláctico.
Amenaza roja que persigue al calendario
y yo en el limbo de la flor, gozando acaso de esa fama
en el espacio que va del centro a la orilla,
yendo y viniendo en ejercicio elástico de piedra,
cruzando el territorio de lo oculto
como un loco puro en los límites de su bosque.
Y adentré mi cabeza en la bóveda de la uña
como lo haría un grano recién germinado
en el caparazón vacío de un molusco,
introduje mi cabeza
con los ojos apretados de pavor en ese hueco
fétido de carroña; oí el mar,
en dirección a una gruta que burbujeaba al fondo
vi volar pájaros negros con puntas de espada;
abrí los ojos y grité en el interior de la uña,
corrieron las mujeres a sacarme y en el último segundo
oí el mar y tuve que saberlo:
Dios es creación del Demonio.
 
Frotaron mi frente con gasas perfumadas,
cubrieron mis ojos para que no encegueciera,
masajearon mis sienes para inducirme al sueño
y dormí en un útero con vista al jardín
lubricado por lunas de delicia perversa.
Sellaron mi uña con un golpe de féretro
y guardaron la llave. Busqué el olvido
con un sol entre las manos, con un árbol
de raíces largas hasta mil generaciones,
con el mundo en un testículo y en el otro
la historia viva de los templos.
Busqué en el juego secreto de cambiar los nombres
y colgar cabeza abajo para que baje la sustancia
hasta que una voz desde dentro de la uña
proclamó la sentencia: habrás de eyacular todas las noches
y comenzó a fluir la porcelana tibia
como un error que otorga el triunfo,
como una música de camino sarmentoso
o el relieve de un paisaje caído del tiempo.
Todo fue comprendido
en el flujo del mármol líquido que enciende las sombras.
Todo fue aprendido en el batir de alas
de ese cisne de fuego
que en las entrañas simula estar dormido. 
Medida de mi antigua diferencia
rejuvenecida por el espejo que guarda su piel blanca
como una nata de prodigio.
Medida de mi vergüenza, medida de mi cordura
que es la sombra proyectada por la ira,
monedas que alternan sus fases
entre la vida del sueño y la vida del cuerpo:
a los 7 conocí el mar en la pantalla gigante
y al ver la muerte entrando a mi cuarto
mordí mi esfinge de uña hasta sangrar
como en aquella sala de butacas burdas
que me grabó el grito del atroz conocimiento:
una gaviota disputando vísceras
con las plumas pegajosas de aborto marino. 
Y nada ya podrá cerrar los umbrales de la uña
porque ella ha marcado cada fin de fiesta con su gong
llamando al duelo, llamando al odio
y al empalago y al vértigo del primer orgasmo. 



TEOREMA RASGUÑADO EN UNA LÁPIDA



Juro que una saeta puede transformar la historia.
Por probarlo, pongamos el caso de que alguien llamado Federico
está al piano cuando vienen a buscarlo
para un fusilamiento que talvez desea: el suyo.
Después, alguien llamado Ramiro está en una plegaria
cuando llegan a buscarlo para su fusilamiento: otro. 
Ambos son más viejos a diario en sus retratos
y sin embargo podrían probar que el amado de los Dioses muere joven.
Ambos tienen libertad: el piano, la plegaria.
Ambos escogen no tenerla: la plegaria, el piano.
Ese día irán del peine a la aceituna
en menesteres de esquelas que no serán enviadas,
habrán de respirar en la zozobra de la siesta y la quimera,
saldrá uno con Joaquim, con Rafael el otro,
la misma amistad en dos escenas: única charla.
Luego habrá un obituario en Granada y otro en Aravaca.
Uno tendrá la memoria bulliciosa
de un cascabel trasnochado en bulerías
o un ragtime vicioso. El otro
tendrá un silencio empedernido: otra memoria.
Habrá dos lápidas con un mismo año,
dos apellidos en una moneda: Maeztu, García.
Comodidad vesánica a contrapelo de las tareas diurnas,
un epitafio sólo es posible en el imperio de negarse: un deseo imperioso.
Un mensaje a la muerte es asfixia, brocal sin pozo, página que se lee por debajo
como el odio de dos enemigos que no se conocieron.
La muerte se lee en el espejo empavonado por un hálito al azar: el último;
recibe sus atributos eligiendo sus contrarios: injusta, cruel, insidiosa, absurda.
Y la moneda sigue girando en el aire
antes de caer con un veredicto que hermanará a dos muertos,
dos extraños atados por el odio.
Algo erótico ronda en los epitafios: afirmación retenida en el clímax,
instinto sometido por rabia o por placer
como el amante que se niega al abandono.
Yo por mi parte
a ratos inauguro mi propia secta de vivos y de muertos
rindiendo honor a los fundadores-de-cualquier-cosa
mientras no presuman de buena conciencia: la más sucia.
Sencillo e imposible: con banderas no se juega.
Un poeta, el más explotado de todos,
sólo puede aspirar al fuego cruzado de las consagraciones.
A mí me habrían fusilado gustosos los dos bandos
en 1936
y ni siquiera podría pedir mi engañifa predilecta
como inscripción para un sepulcro de dos caras.



AMARILIS PITA


Me lo habían advertido:
un silencio de treinta años concentrando el glauco
ennegrece el iris; la retención del simiente
endurece el azúcar,
irrumpe de rayo el tótem primo y genio, irrumpen
coloso y suicidio, falo de flor
póstuma en la descarga.
Después viene el sueño que dimidia, redime la vida.
(Sólo él sabrá por quién ha levantado ese cadalso).
Me lo tenían prometido:
como el agave habrás de amanecerte
dilatando el éxtasis, el verde noche,
la tensión del nervio que prepara el derrame
de seis o siete metros de potencia
fijando a plomo esa estaca de poder
en el menos advertido de los mundos. 
 ***
MALAS COSTUMBRES
Santiago de Chile, Mosquito Comunicaciones, 2013.
Tiraje: 500 ejemplares.
Imagen: "La melancolía" de Durero intervenida por fot. de W. Gloeden.




PIEDRA SOBRE PIEDRA NEGRA


Moriré en Venecia, ya lo advierto
un día de sol ahumado y vinagre.
Iré de plaza en plaza con escozor
en la garganta, como de gárgara trabada
y en la nariz, como de grano atorado.
Iré de puente en puente espantando palomas
con un papel pegado en el abrigo
y en un café sombrío veré a Tadzio
pero sabré que también envejece
y no me parecerá que la eufonía de su nombre
sea adecuada al objeto que designa. 
Lo veo venir, moriré en Venecia
un día del que ya tengo el recuerdo. 
Habrá pan recién horneado en cierta mesa,
rubor recién subido en alguna mejilla
y vergas recién hinchadas bajo los pantalones
pero algunos transeúntes
caerán con las arenas del vaso, entre otros, yo,
y no todos los vilanos volanderos
traerán semillas. 
Moriré en Venecia, a quién engaño,
aburrido de solfear por la nariz para destaparla
y de tragar lagrimones para rascarme la glotis;
harto de las góndolas y las mandolinas
y esas canciones lánguidas de tenor melifluo;
buscando los arcos umbríos con muscínea
o el olor familiar del muelle podrido
mientras el rostro fresco de Adgio
aparece en todas las esquinas con una mala broma
e intento despedirme, renunciar a tiempo
pero él sonríe de un modo en que no se debe sonreír a nadie
y todo se posterga hacia el pasado. 
Moriré en Venecia, donde sea que muera,
intoxicado.



***

En preparación:
ACTAS DE (MALA) FE; Mosquito Comunicaciones,
Fecha aproximada: febrero 2014
Proyecto de portada: