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LOS GRANDES AMORES DE JEAN COCTEAU

CRONOLOGÍA Naturalmente el propósito de esta nota no es el chisme sino iluminar algunos pasajes biográficos del más grande multiartista...

jueves, 26 de diciembre de 2013

UN POEMA DE AUGUST VON PLATEN


August Von Platen nació en Ansbach, Alemania, en 1796 y murió en Siracusa, Italia, en 1935. Publicó 6 libros de poesía en los que volcó su homo-erotismo y 3 comedias satíricas en las que expresó principalmente su descrédito del nacionalismo  prusiano y la cultura germánica en general, a los que opuso su atracción por la cultura greco-latina y mediterránea. En ese sentido fue un romántico ligeramente atípico, ya que los ideales patrióticos o revolucionarios lo dejaban indiferente. Legó también un frondoso diario donde registra episodios de su vida sentimental con muchachos, alternando entre el amor difícil, a veces correspondido y las más, frustrado. Es cosa cierta que su ascendiente intelectual fue considerable entre los escritores influyentes de su época y posteriores, particularmente en el caso de Goethe y Thomas Mann. Este último se inspiró a todas luces en el ocaso de la vida de Von Platen para su protagonista  de "Muerte en Venecia". También es memorable el enconado ataque que soportó de parte del poeta judeo-alemán Henrich Heine, el cual le provocó a través de epigramas irónicos en los que también comprometía a Goethe. Von Platen le respondió haciendo escarnio de la condición de judío de Heine, desatando un intercambio de descalificaciones que es conocido como "el asunto Platen", de bastante triste recuerdo en la literatura del período. En su réplica, Heine hizo sarcasmo de la homosexualidad y la pobreza de Von Platen, el cual pertenecía a una familia noble arruinada, al punto que su padre tenía el oficio de guardabosques, no obstante conservar el "Von" del apellido por convenciones de dignidad. 

August Von Platen se autoexilió en el sur de Italia en 1926, donde compartió su tiempo entre Venecia y Sicilia, falleciendo de cólera sin llegar a cumplir los 40 años de edad. No guarda ninguna relación biográfica con Carl Von Platen, fotógrafo alemán contemporáneo suyo pero de mayor edad, que en 1903 protagonizó un episodio judicial por "fotografías indecentes".

 

TRISTÁN

 
Aquél que con sus ojos ha visto la Belleza
a merced de las Parcas ha sido abandonado:
para ningún servicio será apto en este mundo;
aún así temblará ante la muerte
aquél que con sus ojos ha visto la Belleza. 
 
Entre penas de amor arderá para siempre,
pues sólo un loco puede creer, sobre la tierra,
que pueda fructificar impulso semejante:
aquél que ha sido alcanzado por un dardo de Belleza
entre penas de amor arderá para siempre.
 
Ah, deseará secarse como los manantiales,
aspirar veneno en cada soplo del aire,
y en cada flor percibirá el aroma de la muerte:
aquél que con sus ojos ha visto la Belleza,
deseará, ah, secarse como los manantiales. 

 

(De "Sonetos venecianos  y otros poemas"; A. Von Platen; 1925)
(Versión personal desde una traducción de David Pujante)

 
 

TRISTÁN


Wer die Schönheit angeschaut mit Augen,
ist dem Tode schon anheimgegeben,
Wird für keinen Dienst der Erde taugen,
Und doch wird er vor dem Tode beben,
Wer die Schönheit angeschaut mit Augen.

Ewig währt für ihn der Schmerz der Liebe,
Denn ein Tor nur kann auf Erden hoffen
Zu genügen einem solchen Triebe:
Wen der Pfeil des Schönen je getroffen.
Ewig währt für ihn der Schmerz der Liebe!

Ach, er möchte wie ein Quell versiechen,
Jedem Hauch der Luft ein Gift entsaugen,
Und den Tod aus jeder Blume riechen:
Wer die Schönheit angeschaut mit Augen,
Ach, er möchte wie ein Quell versiechen!

 

miércoles, 18 de diciembre de 2013

CIUDAD DON FELIPE O PUERTO HAMBRE, 1585

de Actas de (mala) fe, Mosquito Editores

“Suplico se acuerde de aquéllos sus tan leales y constantes vasallos que por servir a V.M.  quisieron quedar en regiones tan remotas, espantables a todos los que se volvieron huyendo…”

Pedro Sarmiento de Gamboa

“Cuando acabaron las reservas
alguien dijo arengas en una lengua extraña
parecida al desvarío de la fiebre.
Se intentó recolección;
caza infructuosa por abulia
y la poca promisión del páramo;
se habló de antropofagia
no sé si con lujuria o con hambruna
y me asombró que aún en la agonía
se muestren ganas de sexo.
Quedábamos 4 hace unos días
pero a los otros no los distingo
de los espejismos.
Sé que moriré y sé que toda empresa
es absurda. Sin óbice de eso
algo comprendo por fin en esta perra suerte:
Dios no existe
pero su inexistencia
adopta diversas maneras
y su falsedad
no es la misma en cada sitio.”













viernes, 13 de diciembre de 2013

75 AÑOS DE MANDRÁGORA CHILENSIS





Mandrágora es el surrealismo con sabor a empanadas y vino tinto. Mandrágora es la expresión chilena de la rebeldía, la inteligencia y la emoción llevada a colmos irritantes, crispada de sentidos, trafagada de tensiones, estragada de instintos explosivos. Mandrágora es una flor venenosa según su dosis, por eso siempre poética, severamente curativa. Sus acólitos: Gómez-Correa llamado Enrique, Arenas llamado Braulio, Cid llamado Teófilo, Cáceres llamado Jorge Luis. Su grito de guerra estalla en julio de 1938 en el Auditorium de la Universidad de Chile. Antes de esta germinación resolutiva la semilla o huevo alquímico ha incubado en Talca, una aldea contraindicada para el espíritu, por mucho que éste sople donde quiera. Sobreponiéndose a la ruralidad mental que atrofia los talentos entre cascos de caballo y ruedas de carreta, trabucos feudales, sotanas parroquiales y visillos chismosos, 3 de los 4 francotiradores arriesgarán revistas, traducciones todavía escolares, manifiestos inofensivos. Son las escaramuzas previas al combate. En Santiago se les sumará un enfant terrible de 15 años que sólo sabe expresarse a través de la poesía. Como el otro, el legendario, cree que la Belleza es su mascota leal aunque escupida. Gonzalo Rojas pasa por ella como una estrella fugaz. Otro visitante será raro como la leyenda de su flor: Jorge Onfray, eternamente sumergido. Entre 1938 y 1941 serán alumbrados 7 números de la revista más insobornable e híper lúcida que haya dado la poesía chilena: Mandrágora, la flor que crece a los pies del cadalso con el semen de los ahorcados. Será también el estertor de placer de un momento de la cultura chilena. Braulio Arenas la llamará organización terrorista: "terror, sentido amenazante de la existencia, amor, poesía, libertad, revolución, videncia, automatismo, actos negros, entusiasmo, pureza, sueños, delirio...".

A partir de 1922 en Francia se ha fraguado un cambio de folio para la historia de la cultura. El intercambio de postas iniciado con la revolución romántica a fines del siglo XVIII conquista la gema de su corona con las vanguardias, que no por genuinas son menos artificiosas es ismos: dadá, las primeras palabras de un niño, el futuro, la sub-realidad o intra realidad, o súper realidad, engendran palabras nunca oídas y colores nunca vistos. En Chile un hombre que se maneja como pez experto en esas aguas hará lo propio con la palabra creación, gritando Non Serviam a la matriarca naturaleza. Son voces de insumisión integral. Este mismo hombre ha suprimido el García nobiliario de su apellido para ser nombrado con un Huidobro que ostente peso por sí solo. En 1925 ha dicho: "Necesitamos un alma y un ariete... Un ariete para destruir y un alma para construir". La década del 30 fueron años horrorosos para Chile. Un corolario de golpes, islas prisiones y sueños frustrados llega a su clímax con la irrupción de milicias rojas, azules y grises enajenando las calles: la insólita milicia republicana levantaba un ejército paralelo en nombre de una paz y orden que no se sabe a quién ordena ni a quien pacifica, con la autoridad soberana delegada por quién; socialistas, comunistas y nacionalistas hacían lo propio en un momento en que todos parecían desear el fracaso de la política, para continuar sus fines por otros medios. El epítome de la tragedia intuida y anunciada por los heraldos negros de la poesía llega, tal y como dijo Huidobro cuando arengaba su profecía ciudadana: "hay un grupo de jóvenes dispuestos a dejarse matar, si es necesario, por crear un Chile nuevo y grande." El 5 de septiembre de 1938 un grupo de 60 jóvenes, estudiantes y obreros, son acribillados en la Torre del Seguro Obrero, a pocos pasos del edificio presidencial en Santiago de Chile. Pocos meses antes ha muerto en una refriega callejera el joven cuentista Héctor Barreto. ¿Qué está pasando en Chile en esos años? Habría que decir someramente: lo mismo de siempre, modelos de sociedad en disputa, enfoques de desarrollo opuestos, poderes defendidos y amenazados en ruptura ideológica permanente. El nefasto año 1938 termina, como sugería el poeta René Char, con una salva por el porvenir: en diciembre, el primer número de la revista cuyo emblema es una flor maldita.

En la vanguardia originaria de la escuela francesa también han devenido suertes opuestas. Un sobreestimado André Breton había dicho "para mí el cambiar el mundo de Marx y el cambiar la vida de Rimbaud son la misma cosa". Pero Antonin Artaud, un genio volcánico que encarna el perfecto imprevisto no euclidiano, le replica: "Que el poder pase de una clase a otra es absolutamente insignificante desde el punto de vista del universo". Y el macro cosmos será reclamado en el micro-cosmos de la psiquis. Los sueños, el deseo, las pulsiones, los terrores, las disfunciones verbales, el placer, la locura, la expansión de la conciencia prometida por Blake, la videncia descrita por Swedenborg y los alquimistas heréticos, volverá a asomar la cabeza desde los miasmas de la Razón, esa viejita mimada por las buenas costumbres del positivismo. Y viene nuestro Sturm und  drang, nuestra tormenta e ímpetu criolla. Pero su causa, menos que aquella otra que comprometió a los patriarcas del pensamiento occidental contemporáneo contra las guerras franco-prusianas, será en este caso caóticamente política, ruidosamente insomne, escandalosamente provocadora. En un sentido más exacto, odiará la demagogia, la maquinaria militante, la falta de implicancia crítica, la desatención estética.

Un esfuerzo notable de recuperación del pensamiento de Mandrágora fue la edición facsimilar de los 7 números de la revista en 2000, bajo el cuidado de 3 editores. No obstante me permito refutar a uno de ellos, David Vassallo, que en el prólogo señala: "... la locura, el crimen, el incesto, el horror, lo demoniaco, la genealogía negra, devendrán hipnóticos en su plan demoledor de todos aquellos límites que la literatura burguesa ha instalado...". Pero, en honor a la verdad, es en la literatura burguesa desde el siglo de las luces en adelante, que estos temas han podido salvarse. La revolución burguesa por excelencia, la francesa, tuvo entre sus epígonos a un Nerval, una Aurore Dupin que prefería mostrarse como George Sand, un Dumas, un Sade, como antes en lengua inglesa hubo un Bram Stoker o el mismo Blake. Son los autores de la aristocracia decadente y los primeros enciclopedistas de formación jesuita y masónica los que han conservado la historia profunda de la cultura occidental, las mitologías, las herejías, el pensamiento analógico, onírico, sexual y explosivo en jaque con las preceptivas, desde el Renacimiento en adelante. Lo que los poetas de la Mandrágora hacen no es lo que dice Vassallo sino desafiar al realismo socialista extendido entre los artistas e intelectuales, poetas y novelistas los más, a partir de la hegemonía estalinista de un sector de la izquierda y sus redes en la clase media. Si bien los poetas de la Mandrágora se definen como antifascistas, no lo son menos en su anticomunismo, que los lleva a interpelar sin tregua a los poetas oficiales de la intelectualidad de izquierda, sus alianzas y sus prácticas en nada diferentes de las cúpulas partidarias tradicionales, corruptas, maquiavélicas y oportunistas en grados vomitivos. Mandrágora es una apuesta por el poeta independiente pero vigilante, libre pensador y libre creador a toda prueba, a su cuenta y riesgo. Mandrágora es el fuero del inconsciente trasparentado por el lenguaje, su ritmo y su imagen; una apuesta por el deseo allí donde se origina y donde se consuma, desde la palabra a la acción. Mandrágora fue el cambiar la vida de Rimbaud sin pasar por los contubernios que se proponían cambiar el mundo para empeorarlo como descubrió Gide en 1936, suponiendo que en el extremo de la aplicación del capitalismo no sea también cada vez peor. Los poetas de Mandrágora fueron vencidos por su propia noche, su alcohol, su opio, su belleza suicida como en Jorge Cáceres que apenas aceptó franquear los 25 años. Fueron vencidos también por su orgullo o su comodidad, que los convirtió en funcionarios e incluso en el caso de Arenas, en vergonzoso servidor de un régimen miserable. Pero hubo un momento en Chile en que la poesía fue una trinchera limpia, como un fenómeno espontáneo no controlado por sus actores. Hubo un grupo de hombres que fueron movidos por fuerzas invisibles, telúricas, metafísicas y parapsíquicas. Y ese episodio quedará grabado en el cuerpo doliente del Chile poético como un arrebato de energía similar al primer orgasmo. Lo que ocurre después, no puede contaminarlo.

 
NOTA: En el marco de la conmemoración del aniversario 75 del grupo Mandrágora se realizó desde octubre a diciembre del 2013 una seguidilla de eventos en Santiago, Talca, Corinto y Curicó. Desgraciadamente la incapacidad de los organizadores quiso que en la ciudad de Curicó la lectura poética del día miércoles 11 de diciembre se realizara sin poetas. Una pobrísima concurrencia de público coronó el infortunio. Por lo tanto en esta ciudad el acto de festejo de Mandrágora quedó vacante. Me permito rendirle honor con este artículo.


miércoles, 11 de diciembre de 2013

DE LOS PASTORES DESTERRADOS

Thomas Eakins; Arcadie.

 













Ralph N. Chubb; Enchanted Valley















Hay un lugar llamado Arcadia
emplazado en su hondura insumisa al tiempo.
Aquello con que limita también es Arcadia.
Sus rayos están en todas partes y su círculo
en ninguna, y aun así es ínfimo en tu palma
o es que las líneas de tu mano
son más largas que el destino que las cruza.
Allí te amó Teócrito y escribió sus idilios
y te admiró Von Platen sin tocarte
para reservar un resquicio de la historia
y Von Gloeden consumió su fortuna
sin perjuicio de lo indivisible
y Plushow te retrató con hojas de acanto
por único atuendo, determinado
a ser irreal pero fracasando en el intento.
Allí aprendiste tu nombre incógnito,
la dimensión de los cuerpos
que renuncian a la libertad
para consolidar su albedrío.
Allí ejercitaste el alcance de los movimientos
cuyo revés se expande
pero debiste después desaprenderlos
y olvidar tanto que ya no sea olvido.


(de "Actas de (mala) fe", poesía)


 



W. von Pluschow; poesies arcadiennes.

martes, 10 de diciembre de 2013

LA TRADICIÓN DE LA MALEDICENCIA EN LA LITERATURA CHILENA


Grupo Mandrágora


Son frecuentes los episodios de agresión verbal inspirados por desavenencias literarias que se producen en el uso de las redes sociales de internet, particularmente el popular facebook. Es posible que estos fenómenos de cultura de masas ya hayan cambiado por completo nuestros hábitos en muchos aspectos, permitiendo canalizar con rapidez y eficacia el desprecio que los escritores, especialmente los poetas, nos profesamos mutuamente. Pero la proliferación de pandillas y fanfarronerías no es nueva en la actividad literaria ni dejará de ser una penosa tradición accesoria a la creación y publicación de poesía. Los poetas defendemos rabiosamente nuestros puntos de vista y algunos son fáciles presas de su ego desmesurado, que en sus afanes desesperados de reafirmación busca alianzas y adhesiones con escasa detención en los métodos, con nula compasión y pobre capacidad de empatía por la dignidad del otro. Es raro que exista un poeta que no tenga para contar una experiencia de agresión o provocación denigrante entre escritores, ya como receptor, espectador dudosamente neutral o como directo (y casi siempre orgulloso) causante. Es más que conocida la llamada guerrilla literaria entre De Rokha, Neruda y Huidobro, donde los argumentos y conceptos estéticos pasaron a segundo plano frente a la maledicencia en grados de neurosis colectiva, puesto que los nombres de cada poeta en juego era seguido por un enjambre apreciable de adeptos que, cual feligreses, estaban dispuestos a emprender sin demora la guerra santa en favor de su santo patrono respectivo. Algo menos divulgada pero no menos gravosa fue la rencilla entre los poetas del grupo Mandrágora y Neruda (con la consiguiente intervención de los nerudianos, cuánto más virulentos que el propio inspirador, hábil en dejar el trabajo sucio en manos de terceros), con pugilatos y ardientes manifiestos incluidos. Esa generación vanguardista que irrumpe a publicar en las dos primeras décadas del siglo XX, hace su traspaso de antorcha de esta ominosa tradición hacia la generación literaria siguiente, la del 38, que conformaba en su mayoría los grupos nutrientes de los liderazgos mayores. Los diversos grupos del 38 alternan sus odios con los anteriores y estos con aquéllos, los otros entre sí, mandragorianos contra serranianos (los del "verdadero cuento"); poetas de la claridad (antología de Tomás Lago) contra supuestos oscuros o herméticos (antología de Anguita y Teitelboim) que en realidad suscribían las diversas formas nuevas que irradiaban las vanguardias; rokhianos contra nerudianos contra huidobrianos y todos contra todos en densa maraña.

Parece ser una necesaria catarsis facilitada recíprocamente por el marasmo del medio "cultural" y la presión sanguínea agitada por el espíritu de activista que alberga todo escritor. Este panorama sabroso pero que bien mirado es sólo una manifestación vergonzosa de la mezquindad humana y sus debilidades anexas (envidias, celos, inseguridades, mediocridades) tampoco es extraño a la historia de la literatura universal. De hecho se entrecruzan con la historia nacional. Por ejemplo el propio Neruda desliza arteros epítetos contra los poetas afines a la primera etapa de su creación, lo anterior a la tercera "Residencia...", en su desastroso texto "Los poetas celestes":

"Qué hicisteis vosotros gidistas,
intelectuales, rilkistas,
misterizantes, falsos brujos
existenciales, amapolas
surrealistas encendidas
en una tumba, europeizados
cadáveres de moda,
pálidas lombrices del queso
capitalista
..."

Por cierto en este caso el mote despreciativo hacia el legado de Rilke va en la línea de la poesía metafísica del gran poeta de Praga, y no tanto hacia la poesía de aquél como resultado de la vida contemplativa, línea que sale al ruedo en otro episodio de la poesía chilena, el de la corriente lárica propuesta por Jorge Teillier, que también tuvo en Lhin su enérgico detractor, como probaré más adelante. Adicionalmente Neruda deja consignado su desprecio por André Gide, un poeta y escritor que, al igual que Rilke, en la perspectiva de la historia de la literatura y más allá de cualquier partidismo o pequeñez chovinista, muestra una obra lejos más interesante que la suya. Es muy probable que Neruda tome a Gide como paradigma de lo aborrecible por la sonada deserción del francés al comunismo militante después de su viaje a la U.R.S. S, donde fue testigo de la sordidez macabra del estalinismo y su modelo de sociedad de hormigas obedientes y ovejas asustadas en medio de la carnicería. Gide vuelve anticomunista desde el paraíso soviético y Neruda asegura su fama y fortuna cerrando filas con la obsecuente y maquiavélica institución liderada por Moscú, filial chilena. ("Ingrese al Partido Comunista y conviértase en el primer poeta de Latinoamérica", dice que le dijo el propio don Volodia). Su tarea personal y laboral pasa a ser, por tanto, difundir propaganda proselitista y denostar a los traidores. Pero hay otra razón, a mi entender, para emprenderlas contra Gide: lo que ahora se llama simple y llanamente homofobia, a falta de mejor concepto. Lo afirmo por el siguiente pasaje, donde vuelve a sacar a colación a sus antitéticos escritores de batalla vinculados por la misión del desprecio: 

"... viva el anarcocapitalismo, viva Rilke,
viva André Gide con su corydoncito, viva cualquier Misticismo...
Todo está bien...
Todos son heroicos...
Todos los periódicos deben salir...
Todos pueden publicarse, menos los comunistas
..."


(el subrayado es mío)

Desde luego se trata de una arenga paródica que busca exaltar su militancia a través de la auto-victimización. La clave es la alusión a "Corydón" de André Gide, publicado en 1924, el que seguramente es pionero en el planteamiento abierto de la homosexualidad dentro de la literatura contemporánea, defendiendo la idea de normalidad diferente o acontecimiento dentro de la diversidad natural de la especie humana. Este libro del premio Nobel de 1947 causó hondo impacto entre la intelectualidad de la época y fue objeto de reservas y censuras dentro de la comunidad literaria acomodada. Cuando Neruda usa la expresión "corydoncito" es como si estuviese diciendo "mariconcito", desde luego, si bien comete un despropósito literario mayor porque el nombre del libro de Gide está tomado de un personaje de las Bucólicas de Virgilio (La Égloga II, donde se exalta el amor del pastor Corydon por un Alexis que no lo corresponde) y el libro en cuanto a su estructura simula un diálogo a la manera socrática, por lo que la expresión de Neruda, además de odiosa y burda, linda con la ignorancia.

Que los poetas desconfiamos de nuestros pares, a los que rara vez les damos el valor de tales, es cosa segura y documentada, antes, hoy y mañana. Y somos rencorosos y tenemos memoria de elefante. De ese rasgo inherente al oficio se desprenden a veces situaciones de interpelación tácita o explícita según convenga, más o menos elegante según merezca. Continuando con la saga, cabe mencionar que cuando Parra publica su "Manifiesto" para graficar los puntos característicos de la antipoesía, -aunque es el poema en que peor lo hace-, alude con mordacidad a la generación de la vanguardia en más de un momento: "Para nuestros mayores / La poesía fue un objeto de lujo (...); Nosotros repudiamos / La poesía de gafas obscuras / La poesía de capa y espada / La poesía de sombrero alón (...)Ellos, nuestros abuelos inmediatos, ¡Nuestros buenos abuelos inmediatos! (...)", etcétera, el asunto también es conocido. Gonzalo Rojas por su parte publica un poema exclusivamente con el fin de ridiculizar a Braulio Arenas: "La cicatriz", aparecido en varias ediciones de sus siempre rearmados libros. El texto viene flanqueado por una advertencia:

"Duelo con espada no mortífera, de acero quevediano,
en loor de algún poeta de esta edad de hojalata
."


En efecto es Quevedo y sus invectivas compulsivas contra Góngora (contestadas por éste con igual filo) el inaugurador más reconocible y reciente de esta manía consuetudinaria. A veces, muy pocas veces, es el fermento saludable para debates e intercambios de argumentos rivales en el ejercicio legítimo de las propuestas creativas. Sus registros son paladeados con fruición especialmente por los buscones de prensa literaria amarilla. Es una tendencia que derriba mitos y devuelve a los personajes en su condición menos idealizada. Los escritores son -somos- grandes copuchentos, cahuineros selectos y consumimos gustosos esta arista del oficio. En esta línea se insertan las declaraciones de Gonzalo Rojas sobre Neruda (una vez más) cuando, en una entrevista conocida el año 2011, vertida el año 2006 para el periodista Marcelo Mendoza, dispara esta opinión no por verosímil menos asombrosa:

"La lata de Neruda -en parte grande- está en que no era disidente: era obsecuente el huevón¨(sic). Obsecuente quiere decir un hombre que no es de una fe limpia y sana. Lo opuesto a una disidencia es una fe, una voluntad. Neruda fue un obsecuente. Él era un arribista: lo fue desde niño y lo fue de hombre."

Viene a cuento recordar la antigua militancia surrealista de don Gonzalo en el colectivo La Mandrágora, cuyo lema -rubricado por Enrique Gómez Correa- era "Manteneos puros, libre de todo compromiso, libre de toda contaminación. Buscad lo desconocido. Penetrad en el misterio. Huid de los concursos, de los premios literarios, de la lepra y de Neruda. Amén."

Ahora bien, da la impresión de que este hábito se morigera a partir de la generación del 50, salvedad hecha por Parra. Especialmente en la generación del 60 es poco y nada lo que se consigna. Pareciera al menos, aparentemente, que prolifera una intención de fraternidad y de altura de miras que traspasa a la esfera más bien privada los enconos y canaliza las genuinas oposiciones de manera más moderada. Así al menos hasta el golpe de Estado de 1973, que lo enrarece todo, y la actividad literaria pasa a estar regida por otros códigos. Llanos Melusa es uno de los que suscribe y multiplica esta tesis de la buena convivencia. Sin embargo la expresión "aparentemente" no es poco decir. Hay un episodio casi nunca comentado que involucra a dos de los poetas de la generación del 50 que resultaron más influyentes en las posteriores promociones: Jorge Teillier y Enrique Lhin. Y pese a tratarse de nombres poco asociados a estas prácticas, no está exento de saña.



En efecto, Enrique Lihn declara en "Anales de la Universidad de Chile" N°137, de 1966 el siguiente lapidario aserto:"(...) Hay quienes, frente a los progresos de la cibernética o de la astronáutica -fuentes, por lo demás, para ellos, de una inspiración melancólica-, neorrománticos de chaleco, intimistas y fantasistas, prefieren el refugio de la aldea; en la medida, no obstante, en que creen estar garantizados, por obra de una encubierta erudición literaria lo suficientemente exquisita y gracias a una publicidad adecuada, contra el peligro de integrar la cohorte de sus protegidos: los poetas olvidados, vale decir, genuinamente provincianos.

Este falso provincianismo de intención supralocal, desprovisto de una ingenuidad que lo justifique históricamente, quiere reivindicar una poesía que naturalmente no tiene ya nada que decir, en nombre de otra, artificiosa, cuyo supuesto y cuya falacia estriban en que, ante un mundo moderno de una complejidad creciente, desmesurado en todos sentidos y en tan grande medida peligroso, la actitud poética razonable estaría en restituirse a la Arcadia perdida, pasando, en un amable silencio, escéptico, minimizador, los motivos inquietantes de toda índole que acosan al escritor actual abierto al mundo y oponiéndole a éste un pequeño mundo encantatorio, falso de falsedad absoluta, con sus gallinas, sus gansos y sus hortalizas
."

El aludido no puede ser otro que Jorge Teillier. La poesía "que naturalmente no tiene nada que decir", visto así, sería la suya, justificada "históricamente" por la "artificiosa" de Rilke, la que Lihn juzga falaz precisamente en el cometido que el lárico toma como pivote para blindar su estética en el conocido manifiesto "Los poetas de los lares" de 1965, cita que vuelve a instalar en "Sobre el mundo en que verdaderamente habito" de 1969, en revista Trilce: "Para nuestros abuelos una torre familiar, una morada, una fuente, hasta su propia vestimenta, su manto, eran aún infinitamente más familiares; cada cosa era un arca en la cual hallaban lo humano y agregaban su ahorro de humano. He aquí que hacia nosotros se precipitan llegadas de EE.UU cosas vacías, indiferentes, apariencias de cosas, trampas de vida...", etcétera (Correspondencia de R. M. Rilke).

En este artículo a guisa de poética, el citado de 1969, es decir tres años después del perpetrado por Enrique Lihn, Teillier replica en forma no menos resuelta:

"A través de la poesía de los lares yo sostenía una postulación por un "tiempo de arraigo", en contraposición a la moda imperante e impuesta por ese tiempo, por un grupo ya superado, el de la llamada Generación del 50, compuesto por algunos escritores más o menos talentosos, por lo menos en el sentido de la ubicación burocrática, el conseguir privilegios políticos, el iniciar empresas comerciales, representantes de una pequeña burguesía o burguesía venida a menos. Ellos postulaban el éxodo y el cosmopolitismo llevados por su desarraigo, su falta de sentido histórico, su egoísmo pequeño burgués. De allí ha nacido una literatura que tuvo su momento de auge por la propaganda y autopropaganda, pero que por frívola y falta de contacto con la tierra, por pertenecer al oscuro mundo de la desesperanza, ha caducado en pocos años."


Ahora bien, cabe consignar que en 1961 Enrique Lihn publica en  en el número 3 de 
la revista Alerce un artículo festejando latamente el libro de Teillier "El árbol de la memoria". En el artículo Lihn expresa:


"Contra estos excesos un cierto grupo de nuevos escritores chilenos está prevenido por la naturaleza misma de su vocación literaria, de su objetivo estilístico. La innovación rilkeana a la experiencia, a la recapitulación de la experiencia, a los recursos que es preciso acumular y olvidar y convertir en nosotros mismos, previa la elevación de "la primera palabra de un verso", ha sido recogida, de otra manera, pero en sentido semejante -guardando las distancias- por este grupo de poetas realistas, si no se entiende por realismo un modo pedestre y programático de imitación de lo real y de exaltación de determinados valores vitales."

No es del todo claro, pero ya parece estar caldeando el ánimo para una refutación de batalla que probablemente un episodio directo, cara a cara, no libresco, logró cristalizar.

Es interesante repasar estos pasajes en el caso de un poeta como Teillier que habitualmente es presentado como una especie de monje beodo o blanca paloma disfuncional por hipersensible, unánimemente aclamado y provisto de un fuero de inocencia. Es saludable que no lo fuera, o al menos no tanto como para poner la otra mejilla.

Al calor de estos hechos apenas resumidos, no debieran sorprender los pugilatos que cada cierto tiempo tienen por escenario la provecta casona de Simpson 7 en Santiago de Chile. Mucho menos deben extrañar las enconadas polémicas que a partir del 90 y con mayor crudeza a partir del 2000 se han sucedido como secuela de las antologías que proliferan de la mano de nombres canonizados por diversos tropeles de favorecidos, o por efectos de los cada vez más onerosos concursos.

Hay también una tendencia ligeramente marginal a escribir poemas provocativos, suertes de artes poética o manifiestos solapados que cumplen la función de los guantes arrojados para un duelo sin padrinos, o en su efecto más inofensivo, el ritual infantil de tocar el timbre y salir arrancando. Se acusa, se denigra, se fastidia, se estigmatiza otros modos de hacer poesía en nombre de principios tan borrosos como sus finales, las más de las veces alentados por estertores del realismo socialista, que por gracia entre sus desgracias no sólo es un cadáver que respira sino que a veces hasta insufla respiración asistida a francos-tiradores de toda marca. A veces, con suerte, aparece alguna línea de auténtica poesía en esta clase de apóstrofes.

A la hora de mostrar su resentimiento los poetas no son mejores que un matarife de feria o un carterista. Yo mismo he tenido mis periplos de virulencia en varias calidades dentro de este teatro de roles, y debo decir que hasta mi expectativa más pesimista se ha visto sobrepasada por la capacidad de odio que se me ha remitido a partir de mis interpelaciones a la actual escena de preferencias literarias y dudosas fórmulas para el éxito de audiencia. No es el momento de dar los nombres ni reproducir las circunstancias o expresiones que he recibido por ciber-acoso. No sé si valdría la pena siquiera difundir esos hechos alguna vez, sabiendo de antemano que no son más que pasajes menores dentro de la historia universal de la infamia. La podredumbre de algunos es mi testigo. Cabe preguntarse si no sería mejor desterrar la condición de poeta al índice de las malas palabras.

 

miércoles, 4 de diciembre de 2013

PRESENTACIÓN DE "MALAS COSTUMBRES", POESÍA DE LEONIDAS RUBIO


por Lila Calderón *





MALAS COSTUMBRES, el libro de Leonidas Rubio, me ha hecho encontrar entre sus páginas a un hablante lúcido, que ha optado por mostrarnos la realidad sin cortinajes desde el otro lado del escenario, y sin la ceguera de las luces artificiales. El desafío para los lectores-espectadores está en seguir adelante y salir a la calle sin disfraces, vestido con la desnudez del propio personaje que elegimos o que nos elige.

MALAS COSTUMBRES, esa de hacerse imbunche en medio de un presente que se oscurece por la niebla de la Melancolía, en una imagen donde vemos "un ángel que no existe pero canta".

MALAS COSTUMBRES, esa de mirar hacia atrás para perder de vista los telones de fondo del pasado.

MALAS COSTUMBRES, esa de saberse presa y no huir de los referentes culturales. regocijarse en las redes intertextuales como un pez al borde de la muerte, liberándose de la materia y sus anzuelos.

MALAS COSTUMBRES, esa de tener "conversaciones en pasillos de mármol / donde un vitral conecta mundos contrarios", pero siempre hay "un gemido que obliga / a desconfiar de los secretos".

MALAS COSTUMBRES, esa de asumir del dolor del monstruo, perdido fuera de la caverna o del laberinto, abandonando las reglas del mito para hacerse ver dentro de la historia, recorriendo con horror "manicomios, cementerios, cárceles" para mimetizarse entre las sombras y las manchas que de todos modos nadie quiere ver. ¿Gesto inútil? "Me aparto rengueando al final de la función", confiesa.

MALAS COSTUMBRES, una y otra vez, ya que "Por su acústica: toda caverna es un diapasón de tierra, vibra en la frecuencia de una profecía". Así, la tragedia se anuncia una y otra vez y no hay cómo liberarse de ella, ni del eco de los oráculos que como flechas se insertan en los oídos del transeúnte que somos y que nos desplaza.

MALAS COSTUMBRES, porque Leonidas o su hablante, aparece ante nosotros como "Ex botánico, ex músico, ex alquimista, ex poeta", como una manera de ir desalojándose del ser para reconocer que incluso "quiso ser alguna vez Raskolnikov"... y para revelarnos que "El imbunche a menudo pensará / que hay otros como él en el mundo / pero debe vivir como si no lo supiera".


* La autora nació en La Serena en 1956. Es comunicadora audiovisual y escritora, Magíster en Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Chile. Ha publicado los libros de poemas Balance de blanco en el ángel triste de Durero (1993); In Memoriam (1995); Por suerte había otra vida y Piel de maniquí (1999). Durante el año 2002 publicó los libros: Animalia (cuentos), La gran fuga (cuento) y La ciudad de los temblores (novela infantil), Ediciones Books and Bits, Santiago, Chile. En 1994 obtuvo el Primer Premio de Video-poesía de la Feria Internacional del Libro de Santiago de Chile y el Premio de Adaptación de Guiones de Cortometraje Luchino Visconti del Ministerio de Educació. En 1998, obtuvo el Primer Premio en el Encuentro de Cine y Video del Caribe con La muerte de un poeta, dedicado al poeta cubano Ángel Escobar (Video-experimental). Recientemente (2014) ha publicado Lo que ocultan los vestidos. Ha sido co-autora de influyentes antologías de poesía chilena junto a su hermana Teresa Calderón y al poeta Tomás Harris. Junto a este último, participó en noviembre de 2013 en la presentación del libro de poesía MALAS COSTUMBRES, de Leonidas Rubio, en la Casa del Escritor, Santiago de Chile.











APROXIMACIONES A "MALAS COSTUMBRES", POESÍA DE LEONIDAS RUBIO



por Magdalena Becerra,
Universidad de Santiago de Chile (USACH)
 
 
 

 



El poeta Leonidas Rubio (1970), autor de obras como “Cuadernos de Emergencia” (Mosquito, 1994), “Murmullo frente a sillas vacías” (2001) y “Piedra negra” (Mosquito, 2009), presentó en el marco de la colección La estocada sorpresiva -dedicada a la poesía chilena-, su última producción “Malas costumbres”, mismo título de un conjunto de poemas que lo hizo acreedor del Premio Nacional de Poesía Eduardo Anguita en su 8a versión, premio otorgado por la I. Municipalidad de Linares y la filial SECH de esa ciudad.

"Malas costumbres", es esencialmente un texto de difícil clasificación; la mixtura de formatos, sistemas de entrecruces intergenéricos, variedad de recursos métricos, comporta la primera fachada de su estética; el trampantojo presente desde marcas paratextuales como encabezados, citas al pie de página, saltos tipográficos; nos hablan de una ocupación del espacio de naturaleza vanguardista. Otra característica visible en una primera aproximación es su puesta en diálogo con diferentes tradiciones literarias -y filosóficas del conocimiento occidental-, de la cultura tanto clásica como moderna, que transitan desde el imaginario mitológico, ciertas poéticas latinoamericanas hasta el pensamiento ilustrado, que a la vez matizan modulaciones de alta erudición con expresiones del todo coloquiales. Este modo de enfrentarse a la palabra le lleva a cultivar un lenguaje críptico, expresado en el gusto por lo apócrifo, el plagio, la cita, versos en forma de sentencias o acertijos, el pastiche, el uso de idiolectos extranjeros, el remake de autores íconos de la tradición literaria con quienes se enfrenta a cobrar antiguas cuentas travestido en múltiples voces identitarias; lenguaje exigente, cifrado, que demanda en el lector una sobredecodificación de las claves culturales que no deja de desmitificar como constructos ideológicos totalizadores. Palabra bivocal para Bajtín, que “posee una doble orientación: como palabra normal, hacia el objeto del discurso; como otra palabra, hacia el discurso ajeno”,  que pese a presentarse casi del todo carmínico, persigue en estos giros echar por tierra todo artilugio representativo dotando de aparente veracidad; puesta en escena de los recursos de una misma acción simuladora.

"Malas costumbres" es un texto visualista, plástico, en el que al bloquear las entradas de sentido racionales, apela a la intuición dejando -en un afirmarse en la cinestesia-, la única posibilidad de resistencia frente al detritus de la palabra, demandando en el lector una confianza en la discontinuidad y una aceptación del miedo que al liberar los signos, presenta una realidad forcluída; Leonidas establece: “Habrá que inventar nuevas palabras para recuperar los significados huérfanos” y parece hacerlo en la expresión pictórica, en la musicalidad fina de la estrofa, como en el laúd –también defensa de lo sexual, lo íntimo-, que refina los temblores en nódulos de sentido pestañeante, filtraciones o destellos hiáticos: "sobre los haces de luz pendientes de un hilo / batidos por párpados/que guardan el prisma tibio / de una gota negra". Otra es la recurrente remisión de la voz poética al imaginario de la infancia; el eterno niño en orfandad es una imagen que transversaliza el texto adquiriendo diferentes formas y sujetos de enunciación, "niño semejante a un arpa disoluta"; niño sin crecimiento en Neverland; niños adiestrados en los "cuentos para no dormir"; niño/muchacho más bello de la aldea; hijo tendido sobre hierbas peligrosas; tatuaje de un feto en el que el hijo se engendra a sí mismo; niño fauno; niño imbunche; niño que pregunta desdoblado en el imbunche; Mondragón niño, bisexual y drogadicto recluido por su madre; niños que rezan para no perecer. La "pavana" es la expresión suprema de retorno a lo materno, a lo umbilical, a la experiencia primitiva más próxima al no-lenguaje.

Del sueño, el delirio, la visión cabalística, la voracidad del sustantivo, se acoge a una de sus representaciones más arcaicas y regresivas, que en contraste con su utilización de intelectualismos, tensa la noción del lenguaje en la desconfianza de un ajuste natural entre las palabras y las cosas. Resalta la expresión antinatural del artificio representativo, indicando a los lectores evitar la trampa de ver el mundo directamente a través de las palabras, propuesta, por cierto, muy propia del discurso posmoderno.

Pero fuera de esta muy preliminar aproximación a la nueva producción poética de Leonidas Rubio, "Malas costumbres", queda una infinidad de sentidos por rescatar; la querella contra lo orpimente, la exaltación del cuerpo en sus más obscenas formas de representación, la dimensión servil de la naturaleza humana, lo débil y perecedero de la carne, los escozores de la conciencia, el placer, el asco, los vicios de toda ralea, la tentación a la reducción, las bajas pasiones, las malas intenciones, las fijación obsesiva en el objeto, todos los escorbutos que blasfema el alma entrampada en el más sordo de los instintos, el deseo, que en toda su sensualidad y liberado de su significante esencial, habla de las malas costumbres: "el placer sólo sirve para inspirar más placer/el deseo sólo sirve para inspirar más deseos / la poesía sólo sirve para inspirar más poesía / Pero el poder ah ese extraño maleficio / es la medida de la única libertad posible: / elegir cómo y cuándo someterse.



Nota pos scriptum: El lanzamiento del libro tuvo lugar el martes 3 de Diciembre a las 19:00 hrs. en el salón central de la Sociedad de Escritores de Chile, contando con la presentación de los poetas Tomás Harris y Lila Calderón, más la intervención de Cristian Cottet a nombre de Mosquito Editores.