recomendado

"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

domingo, 1 de junio de 2014

CUADERNOS DE EMERGENCIA. XX Aniversario (1)


El mes de junio de 1994 fue publicado Cuadernos de Emergencia, mi primer poemario impreso. El libro vio la luz  por Ediciones Mosquito en la legendaria colección de poesía La estocada sorpresiva, en papel kraft de 60 gramos y sobrecubierta de ecograft color ceniza. Con una reproducción de "La muerte de Orfeo" en la contratapa, grabado renacentista invocado como recuerdo de ese crimen atávico que todos hacemos posible a diario. Y con estas palabras de Cristian Cottet en la solapa: " Como un reflejo yuxtapuesto de situaciones, su poesía entra de lleno en el mundo de soledad, abandono y desesperanza que genera la sociedad donde habita el poeta. Cargado también de sueños y esperanzas propias, refleja el sentir de una generación, de un tiempo". Cuadernos... fue el cuarto título de la colección inaugurada por "Poemas de Paco Bazán" de Sergio Parra y fue el título siguiente a "Noche de brujas y otros hechos de sangre" de Tomás Harris. El libro siguiente a Cuadernos... fue "Boleros son Boleros" de Américo Reyes. Mi primera hazaña venía, pues, bien acompañada, pero nada hizo que cambiara su destino de libro solitario, idéntico a su autor.

De las 48 piezas del libro hay 25 que fueron recogidas y reelaboradas o confirmadas en su estado original en Piedra Negra del mismo sello editorial, el año 2009. La bitácora del poemario entre una y otra fecha sería de inasibles entresijos. Algunas pruebas al canto: he encontrado lectores anónimos de Cuadernos... en los lugares más insospechados. ¿Cómo rodaron los magros 300 ejemplares? Parecido a las semillas silvestres, que no tienen suelo propio: se aclimatan.

Mi oficioso editor incluyó Cuadernos... en un lanzamiento colectivo (de 4 títulos) y puso a cargo de las palabras de presentación a un particularmente evasivo Jorge Teillier en una de sus últimas apariciones públicas. Si tuviera que juzgarlo por esa única noche en que lo vi, tendría que decir que era un pelmazo insufrible. Recuerdo que aquella noche de invierno encubrió sus impresiones con juegos de palabras en francés y chismes humorísticos mientras los asistentes lo miraban como se haría con un profeta o una estrella de rock, cuestión que no le disgustaba. Corría la década de los noventa y yo aún era demasiado irritable para dejarme afectar por las pretensiones de nadie. Después de ese episodio le dediqué un poema: "Calles son canciones", que he venido a publicar 20 años después.

Por entonces me proponía mi propia juglaría, y quisieron las múltiples inquisiciones de mis edades medias personales que terminara viendo separarse la poesía del instrumento. Con ese predicamento el libro era para mí un auto de fe del que no estaba dispuesto a tranzar ni una letra. Esta postura me llevó a entrar en contradicción con la vieja escuela de los talleres que yo había integrado unos años antes: el de la Universidad de Concepción en 1990 a cargo de Floridor Pérez y el de la Fundación Neruda en Santiago, en 1991, a cargo del mismo instructor junto a Jaime Quezada. Mi libro era el resultado de experiencias decantadas al fin de mi adolescencia y del clima cultural de principios de los años 90. Me propuse no ceder demasiado a la teoría del pulido y el recorte de textos, que son formas prestigiosas de la autocensura. Suelo reconocerme en cada página de ellos, y no paso de lamentar más que algún nombre propio inmerecidamente registrado o la torpe costumbre de apoyar algún episodio personal en una fecha de significación política, debilidad de la cual mi generación fue practicante moderada, a resultas del período inmediatamente anterior, cuyo único pivote creativo fueron las rutinas militantes y sus contingencia.

Dos décadas después, esta colección de textos me enfrenta al hecho sintomático de la primera polución expresiva: Cuadernos de Emergencia vino a ser mi pecado original,  mi acta de bautismo, mi pozo de extracción, el ADN de mi poesía. La divisa "emergencia" era para mí un tiempo que emerge y a la vez un tiempo que urge. Una arenga de mí mismo hacia el ejército diezmado de mis alias. Yo ya no sé escribir así: ha cambiado demasiado mi lengua, mi historia y mi cuerpo. La dicción de estos poemas, su respiración acezante, su imperfección insolente, sus feísmos, su dignidad visceral, el hablante mal comido y mal hablado en que reconozco al adolescente que lo escribió, al que aún me quiero parecer en la soberbia; toda esa vida escrita aún me dicta ritmos y signos por una auto-imitación a la que sin pudor me autorizo. Aún hoy logro deshacer nudos volviendo a la sintaxis luxada de este libro. Si reescribí algunos no fue por remordimiento sino por nostalgia. La sección de Piedra Negra que llamé Plazos de emergencia, no quiere ser otra cosa que un eco de esta melodía prima, además de un ajuste de conciencia: plazos fueron y en cuadernos quedaron fundidos.

Es junio de 2014 y mis páginas germinales cumplen 20 años: felicidades a su edad del heroísmo. Que la promiscuidad vuelva a multiplicar sus resonancias sin permiso de nadie.


L. R.
Curicó, 1 de junio de 2014
  

No hay comentarios: