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CRONOLOGÍA Naturalmente el propósito de esta nota no es el chisme sino iluminar algunos pasajes biográficos del más grande multiartista...

viernes, 8 de agosto de 2014

EL PESO DEL "URANIO" DE MARINA ARRATE



Libro "barroco” ha dicho Adriana Valdés en la contratapa de la edición y estaríamos de acuerdo, a no ser por la intensidad que cobra en este concierto de matices el negro, los huesos, las brumas, los abismos, apariciones, emblemáticos lobos, la noche y el vacío (que son accidental pero no casualmente páginas en blanco). Más bien parecen sacadas de una Danza de la Muerte medieval o de un decorado gótico. Uranio es “poesía neo-gótica”. Subyace en ella una visión de la muerte como prolongación del orgasmo, la vida como aventura luciférica, el amor como rebelión y como revelación, la imaginación como éxtasis.

De entrada habría que detenerse en los tres referentes pertinentes al concepto “Uranio”, a saber, un mineral, un dios y un planeta. Mineral: su presencia en infinitesimales cantidades es capaz de desatar una poderosa reacción en cadena. Quizás por eso esta poesía es minimalista, sintética, de dosis altamente concentrada. Hay también un mensaje entre líneas que podría sintonizar con lo que Octavio Paz llama la “ironía” del pensamiento analógico: el uranio es el último mineral de la tabla periódica de elementos, pero a la vez inaugura a manera de cortina un grupo de sustancias que sólo son posibles con él, todas las cuales son de carácter radioactivo y están, por decirlo así, más allá de la materia. En cierto modo el uranio es el último de la fila, así como lo es el planeta Urano que a su vez también es la cortina con “otro” espacio, un insondable “más allá” que escapa a las percepciones diurnas. Su regencia astrológica es Acuario, cuyo emblema mítico es un joven escanciando el agua entre dos jarras, del mismo modo que lo hace el querube en el arcano XIV del tarot, carta llamado “La templanza”, del latín temperare, o sea, mezclar, combinar con equilibrio. ¿Mezclar qué? Luz y sombra, vida y muerte, pasión creadora y pasión destructora en el juego de contrastes que anima la alquimia interna de este hablante visionario.

Por otra parte, desde el punto de vista de la mitología, Urano es el Dios del cielo, lo que quizás no sería nada si no fuera porque su esposa es Gaia, Diosa de la tierra. Alude de algún modo, entonces, a la totalidad, más aún cuando recordamos que ambos son dioses proto-históricos, que no fueron objeto de adoración oficial en el mundo helénico clásico, pero que sí heredaron un culto panteísta cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y cuyos alcances superviven hasta las sociedades secretas medievales y renacentistas. Dioses, por tanto,  que hablan de ritual sincretista, de magia y herejías. Por eso discrepo del análisis que pueda ver en este libro un préstamo de otras escrituras. Se ha dicho Nerval, Lautréamont, se podría agregar Novalis, pero ocurre que todos ellos toman a su vez préstamo de cauce mucho más antiguo. Este lenguaje es una especie de Áurea Catena que se remonta al viejo rol del poeta como augur, como chamán, e incluso como legislador. Y ella, la autora en cuanto tal o en cuanto voz hablante, está en la estirpe de las sibilas, donde la enunciación también es sentido en la música de las palabras. El cuerpo como templo y tesoro, el cuerpo hablado y el cuerpo símbolo irradian conciencia e identidad desde la tensión con el espacio privado, íntimo, reconfigurado desde el diálogo sensual.

La poesía de Marina sondea desde las capas más profundas de la conciencia un material poblado de arquetipos, en una suerte de excavación que obtiene los metales pesados y atómicos. Así como la prisa daña la escritura, en este caso patente se diría que amenaza la lectura.  Este metal no puede manipularse sin precauciones.


***
Texto representativo:
  
LA CIUDAD MUERTA (Fragmento 7)

El segundo esqueleto arrastraba una columna de mármol y en él a ratos se recostaba para tibia contemplación de sí mismo. Del cáustico reflejo de sus huesos sobre la redonda y rosada superficie, pálido fuego de un más allá sin nombre para luz de una osamenta sin deseo ya, ni memoria. Rojizas cabelleras que amor tornó doradas serpenteaban por las tibias y se elevaban por los fémures trocándose licor, medusa y lámpara, en una difuminación rosada que una oleada de garzas de tremol trizando la orilla de un plácido y largo lago azul y platinado. A lo lejos, veíamos volcanes y de ellos las volutas de humo, enroscadas primero y lilas hilos lentos después que el viento estiraba en una sola dirección. Barcos partían con secreto destino.



Marina Arrate (1956) ha publicado entre otros libros:

Máscara Negra (1990)
Tatuaje (1992)
Uranio (1999)
Trapecio (2002)
El libro del Componedor (2008)


1 comentario:

Bárbara Fernández dijo...

Estimado Leonidas, soy estudiante de doctorado, estudio poesía chilena y vi tu texto sobre Uranio, que es parte de mi corpus de investigación. Me gustaría citarte pero necesito datos sobre esa entradam desde Letras del proyecto patrimonio del 2009. Necesito contactarte, saludos desde Escocia, Barbara.