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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

jueves, 13 de noviembre de 2014

NOTAS SOBRE "THE ENDLESS RIVER", PINK FLOYD 2014




































El río infinito que bautiza el nuevo-viejo álbum de PINK FLOYD (1965-2014), suena a abandono, a expansión posesiva, a soledad irritante, a placer de orgasmo vencido, es decir, a las mil formas de la muerte. El canoero que va sobre las nubes en la gráfica y en el video clip tiene algo de Caronte. La presencia fantasmal de Richard Wright en armonías y protagónicos pasajes de teclado, por si fuera poco la voz del diálogo inicial, es un signo trágico de esta música continua, sin silencio entre las pistas, de material recuperado, venido de momentos que ya no son, de un conjunto que es un estado de ánimo, una calidad de alma, más que una banda. Un grupo musical que ya no es para un tiempo que vuelve a ser por la magia del sonido y algún truco de laboratorio, donde los oficiantes alquímicos han sido estos dos hombres, David Gilmour y Nick Mason, que han aceptado convertirse en arquetipo, desaparecer de una vida natural para prestarse a una leyenda. ¿Cuánto de sacrificio o de padecimiento les cuesta hacer este ejercicio y echarse sobre la espalda ese peso de significaciones que trascienden nombres y cuerpos para entrar en la dimensión del inconsciente colectivo? En este álbum podemos intuirlo. Es la despedida, el obituario definitivo.

¿Qué ha sido PINK FLOYD por espacio de casi 50 años?

Una máquina de sonidos, ideas, colores, espacios, palabras, ruidos, con todos los géneros verbales sintetizados: la poesía, el relato, el drama de ser sujeto con identidad y sobrevivir en el intento, entre la segunda mitad del siglo XX y la primera década del siglo XXI. Ha sido rock porque ese es el lenguaje del instinto, el punto actual de desarrollo de la primera materia: en el principio fue la vibración de las esferas, mucho antes del verbo. El rock es el lenguaje con el que no contaban los renacentistas. Y PINK FLOYD fue sinfónico porque se dio a sí mismo la misión de ser lengua de la tribu y a la vez espina dorsal de esa socialización sensible que llamamos cultura. Esta misión cristalizó en base a la conjunción de 5 espíritus conectados directamente con el inconsciente colectivo. Allí donde otros elaboran, ellos traducen. Su producto es la locura y la catarsis porque ellos lo capturan allí, de la fuente directa, desde el rayo, sin mediación.

¿Quiénes fueron los organismos que soportaron el peso arquetípico de ser PINK FLOYD por espacio de casi 50 años?

Syd Barrett (1946-2006): El loco, el líder germinal, el fundador de la voz, el primer arquitecto. Su etapa es el limbo sucio, el ruido, la alianza entre la música y los artefactos más vulgares: un encendedor para hacer efecto slade en la guitarra, una pinza en lugar de uñeta. Syd fue el nervio eléctrico. Fue también el primer desborde de la palabra. Su poesía de psicosis, de irritación urgente y descomposición de todos los sentidos revisitó a los simbolistas por obra del mismo cómplice, el alucinógeno. Resultado: la inhabilitación para la vida diurna, el vampirismo, la licantropía. En menos de 3 años Syd Barret pasó al lado oscuro de su propia luna, antes de verla. Pasó a vegetar en vida, se le dio por muerto y se convirtió en gurú invisible para una historia tragicómica en que un muchacho con todo para ser feliz sale a conquistar la belleza y regresa deformado por sus propias visiones.

Richard Wrigth (1943-2008): El armonizador, el joyero sigiloso, el pianista sutil. Nunca virtuoso, su trabajo era abrir espacios, expandir percepciones, reunir fragmentos. Su carácter apacible le dio una ubicuidad peligrosamente invisible. Ahora los sobrevivientes reconocen no haberlo valorado bastante. Fue el más herido cuando se desató la arrogancia desaforada de los egos al interior de la banda. Su pulso es el eje temático en los momentos más altos del "sonido Floyd" que son los más profundos porque, con Nietzche, las ramas de un árbol pueden llegar al cielo si sus raíces han tocado el infierno. Su trabajo solista lo consolida aunque lo aleja de las multitudes. Su partida temprana lo convierte en ángel tutelar que se las arregla para retornar a través de los cables y los discos duros.

Roger Waters (1943): El poeta cruel, el incontinente verbal, el dramaturgo, el hombre con síndrome de Asperger, el neurótico demandante, el ególatra paranoico, el megalómano genial, el discreto bajista , el político frustrado. Tomó el liderazgo a la salida de Barret como quien va llenando de muebles una casa para marcar territorio. Una etapa de transición antes, entre 1969 y 1975, es el período de mayor trabajo de equipo de la banda, donde los derechos de las obras suelen tener 4 nombres. No está claro cómo fue posible la distorsión. En algún momento el auto-torturado se sale de control y no parece haber más motivo que un padre desaparecido en la guerra y un ratón que fue su amigo secreto y le contagió una peste. Resultado: la mayor obra de arte contemporáneo y probablemente la mayor de la era moderna en artes integradas, multimediales, desde "La Flauta Mágica" de Mozart. Esta ópera de la nueva era se llama "The Wall" y rastrear su polisemia sería enciclopédico. Después, un último trueno antes del desastre: "The final cut" es en rigor el primer disco solista de Waters con el sello de PINK FLOYD a su mediático servicio pero eso no es importante frente al hecho de que es el más desgarrado y fatídicamente bello álbum que la poética del rock ha dado en décadas. Por lo mismo, es casi desconocido.

Nick Mason (1944): El ingeniero, el percusionista que compone inventando ritmos imprevistos inspirados en el organismo, el traductor del corazón, de los parietales, del estómago, del oído medio, el sincronizador infalible. Un hombre que en el registro legendario de Pompeya (1968) posee la mirada de las mil millas de la que hablan los instructores de artes marciales y los agrimensores del nirvana. Después la perdió, es cierto, y la buscó en las carrocerías de alta velocidad. Es el hombre que toma distancia durante los enfrentamientos y consigue tender puentes entre los dos egos más densos de la familia mal avenida. Su opinión mesurada de observador detallista lo revela como un esteta que no transa. Es el mejor baterista de la historia del rock, junto a Robert Wyatt probablemente, o sin parangón.

David Gilmour (1946): El músico, el surrealista, el ocultista, el tañedor eléctrico con pulso de laudista, el fraseador limpio, el poeta inseguro, el lector de T.S. Eliot y de Milton, el conjurador de la belleza apolínea. Hay más años de PINK FLOYD bajo su alero que bajo otros liderazgos. Es el artífice que sobrepone la música al palabreo grandilocuente de Waters y defiende su oficio demorándose, gestando lentamente. Es perfeccionista y detallista en todo lo que hace y concibe el tema-rock como un poema sinfónico donde concede a cada compás un valor de unidad significante. Casi no admite la repetición. Su trabajo solista paralelo a la banda lo delata como el poseedor del secreto del "sonido Floyd", desde 1978 hasta la fecha. Está detrás de los riffs identificadores de The Wall y aunque los créditos de ese álbum digan mayoritariamente otra cosa, sabe de qué es dueño y lo suministra a su antojo. "On an island" podría ser un disco de PINK FLOYD perfectamente, así como "The division bell" podría ser un disco solista de Gilmour sin problema. El concierto "Live en Gdnask" (2006) es uno de los mayores acontecimientos musicales de la historia contemporánea. Sacrificó una de sus mejores músicas, "Dogs", a una letra irrepetible de Waters pero "Confortably numb" o "Wish you were here" son el triunfo absoluto de la armonía sobre la pesadumbre.
  
PINK FLOYD llega a su ocaso con "The endless river" abordando por mandato natural su barca de Caronte. El disco es un periplo de sonido Floyd casi sin palabras que planta la bandera en la cumbre con un pequeño ardid para poder llegar a los 50 años: el trabajo que contiene procede de sesiones de 1994 remozadas por un equipo que ya bordea los 70 años. Hubo que usar compresores y recursos digitales para despertar al gigante dormido y eso es notorio, pero lo que puede haber perdido en espontaneidad lo ha ganado en densidad. No tiene desperdicio, aunque su poder de evocación está ligeramente programado, pero es posible redescubrir ese punto de inflexión que implicó "Saucerful of secret" y escribió páginas que ahora, en la mirada hacia atrás, se potencian, minutos antes de convertirse en estatua de sal. Es el disco réquiem para sí mismo. El Wrigth espectral que recorre la placa no admite olvidarlo y lo lleva al clímax en el órgano barroco de la pista 12 (Autumn '68) que trasporta de vuelta los "Signos de tormenta" antes de las "Voces celestiales" y posteriores al "Pandemonium sincopado" que revive 50 años después en "Skin". La overtura es todas las overturas y es "Marroned" pero es sobre todo un canto de cisne, una saeta hacia la expansión que se repliega y apaga la pantalla con un último destello. La función termina y el telón ha bajado. La música que viene desde atrás tiene demasiado pasado como para poderse entender bien qué es o qué será. Dulce, impunemente, se aleja sobre nubes.




enlaces recomendados:

http://somosidolos.com/albums/a/2014-11-12-pink-floyd-the-endless-river
https://www.youtube.com/watch?v=pzICIrKzXu0
https://www.youtube.com/watch?v=ADOQQiwgU0Y
http://www.elmostrador.cl/cultura/2014/11/11/pink-floyd-pone-fin-a-su-carrera-con-el-tributo-instrumental-the-endless-river/

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