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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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martes, 16 de febrero de 2016

CARAVAGGIO

(de ÍNDEX, Ed. Etcétera, Concepción, 2015)




















1



Yo sí que he decapitado hombres,
no tengo indulgencia ni espero recibirla,
no conozco color que aplaque los odios
siempre en aleación con otros deseos:
la rabia ocre y la lujuria añil, por ejemplo
dan escarlata de labios extasiados
por inminencias que aproximan a la muerte;
el miedo marfil y el hambre cielo
dan el esmeralda que induce a la música
y al espectro ondulante de la piel de los enfermos.
Estuve enfermo, lo recuerdo, y sé de lo que hablo.
Decapitar no es nada, hay que saber
qué hacer después con la cabeza, tener el gesto
incubado en las manos, intuir el olor
de la médula mucilaginosa
que no da tiempo al arrepentimiento.
Hay que saber lo que siente un condenado.
Yo lo sé, porque lo estuve, y no hablo
ni dibujo algo que no he visto.


2


Yo sí que he desnudado ángeles,
soy cazador avezado de sus señas,
los reconozco en el aire,
sé qué partículas dejan cuando se desmaterializan,
cuando ejecutan su inocencia de animales narcisistas,
cuando persiguen el placer obstinado de las manchas
y huyen de las dimensiones aéreas
persiguiendo plasmaciones donde dejar sus nervios.
Yo sé cuánto de niño y cuánto de ave
hay en ellos, los he poseído sin remordimiento
porque los niños saben cómo detenerse
pero prefieren el vértigo de anunciar mundos imposibles
y encender en la carne los colores del secreto.
Los he visto en las gradas de suburbios
intercambiando besos, silbidos, dándose uvas en la boca
o tañendo el laúd sin haber recibido lecciones
porque no hay maestro que instruya los instintos.
Fui ángel, lo recuerdo, y sé de lo que hablo.


3


Yo sí que he visto reinar a las mujeres
con su velocidad de sabias vengativas,
las más diestras en actuar muertes sagradas;
madres y esposas de profeta son las más costosas,
cobran en poder, en oro de maldiciones.
He sentido lo que siente una mujer al ser poseída,
he comprado hijos y he pagado por engaños bien escriturados
donde el cliente pertenece a un lienzo vivo.
He sido prostituto, lo recuerdo, y sé de lo que hablo.
Tenía un tono de arlequín en las mejillas
y las crenchas revueltas por la trementina.
Me amaban en hospicios los condes y los cardenales
y escribí en un cuchillo: "sin esperanzas, sin miedos"
porque así fue mi pérdida de fe: el nombre químico
del plomo que se me adentró por inhalación en la sangre.
Yo sí que he visto objetos dispersos
después de un sueño agitado
y sé de las nuevas conexiones
que la fiebre deja, y el placer maligno.














(Todas las obras pertenecen al catálogo Caravaggio. 
El "Sacrificio de Isaac" que se muestra en el último lugar es de autoría controversial, 
atribuido también a Bartolomeo Cavarozzi aunque esta hipótesis no se ha confirmado.)


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