recomendado

"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

viernes, 6 de enero de 2017

IMÁGENES DEL CUERPO EN TRES AUTORES DE LA LITERATURA REGIONAL DEL MAULE (2)

2
El cuerpo como campo de batalla en Pablo De Rokha



Carlos Díaz Loyola -más conocido como Pablo de Rokha- nació en Licantén, Provincia de Curicó, en 1894. Su poesía, como él mismo señalaba, se explica bajo el concepto de "épica social americana" y "epopeya nacional" que en la práctica es una síntesis entre el realismo socialista pregonado por la Internacional Comunista, particularmente desde 1934 (I Congreso de Escritores Socialistas Soviéticos) hasta 1953 (muerte de Stalin) y el barroquismo vanguardista propio de las corrientes post-simbolistas europeas, en particular el surrealismo y su influencia en Chile. Esto no deja de ser una paradoja, ya que el realismo socialista confrontó duramente las corrientes vanguardistas, atribuyéndoles una inspiración propia de la sociedad liberal-burguesa.

En lo referido al realismo socialista cabe recordar que fue la doctrina oficial de la Unión Soviética, en especial con posterioridad al decreto de reconstrucción de las organizaciones literarias y artísticas (1934) y su puesta al servicio de la política de Estado en materia de arte y cultura. Sus preceptos se definían como "método artístico que exige una representación verídica, históricamente concreta de la realidad en su desarrollo revolucionario y orientada hacia la transformación ideológica y educativa de los trabajadores en el espíritu del socialismo" (R. Service, Stalin, una biografía, 2006, ver bibl.). En la práctica esta doctrina implicó la instrumentalización del arte y la literatura en función de un objetivo puramente propagandístico y en la negación del arte como un ejercicio de libre expresión de valor en sí mismo.

En ese sentido lo primero que cabe decir es que la sola adscripción a este postulado doctrinario lleva la complicidad hacia los efectos de su aplicación policial en regímenes de partido único articulados en torno a burocracias de culto a la personalidad, tanto en su versión estalinista como maoísta, con el consiguiente resultado de artistas y escritores que fueron perseguidos, torturados, encarcelados y eliminados físicamente en muchos casos (recuérdese sólo a modo de ejemplo el secuestro y ejecución de los escritores Boris Pilniak, Isaak Babel y Osip Mandelstam en la URSS). Es decir que la primera observación básica sobre la instalación de la imagen corporal en la poesía de Pablo De Rokha implica circunscribirla dentro de una adscripción totalitaria hacia la coerción física como aplicación de un dogma de carácter ideológico. Esto como veremos a continuación no es meramente teórico sino que explica una forma de imaginar y expresar el cuerpo y la sexualidad dentro del código poético rokhiano.

La segunda matriz ideológica de la poesía rokhiana procede de su identificación tácita con el ideario judeo-cristiano, el que no es anulado por la profesión del ateísmo sino que subyace dentro del imaginario simbólico en el autor, caracterizando un lenguaje paródico de los códigos bíblicos y las tradiciones proféticas. Esto es más relevante en sus libros "Los Gemidos" (1922), "Satanás" (1927), "Jesucristo" (1933), "Moisés" (1937). También recordemos que el primer seudónimo de Carlos Díaz Loyola fue Job Díaz. Esto no debiera extrañar si consideramos que el autor fue interno en el Seminario Conciliar San Pelayo de Talca -sujeto a la Orden Jesuita- entre 1902 y 1911, es decir, entre sus 8 y sus 17 años. Habitualmente se destaca el hecho de que fuera expulsado del Seminario acusado de leer literatura no autorizada por el reglamento de la orden (Nómez; 1995). Pero otro ángulo digno de observar en ese hecho es que hasta esa fecha el joven Díaz Loyola no emprendió ningún quiebre formal con la institución y su retiro de ella no fue voluntario sino resultado de una medida de fuerza hacia él: la mentada expulsión. Es decir que durante 9 años de su vida y en plena etapa formativa, De Rokha fue confesionalmente jesuita.

El primer poema que se conserva de Pablo de Rokha es "Genio y Figura", datado en 1916, es decir de cuando el poeta tiene 22 años. Ya aquí se observa una imagen corporal sindicada por la destrucción y amenazada por la muerte:

"el cuerpo se me cae sobre la tierra bruta
lo mismo que el ataúd rojo del infeliz".

Esta visión tanática nos advierte una autoimagen en declinación, esencialmente anti-erótica, ya instalada en su producción temprana. Esta auto-percepción física fatalista tiene afinidad con el modernismo y su impronta trágica de carácter más bien ritual, por no decir teatral, impostada, con un culto al carácter oscuro y melancólico heredado del romanticismo en su etapa decadentista.

En un texto también temprano, “Epitalamio” de Los Gemidos (1922) la representación de la imagen corporal va buscando sobredimensionarse a partir del contraste entre lo masculino y lo femenino basándose en cánones convencionales de relación entre los binomios opuestos fuerza-debilidad. Así es como se suceden los adjetivos de magnificación para los atributos del hablante masculino, en tanto el interlocutor femenino es caracterizado con diminutivos e imágenes de fragilidad. Ejemplos:

Morenita quemante...”
“Sus pasitos breves...”
Frasquito de perfumes y semillas el vientre
“Mimosa, regaloncita y frágil, te escondiste en mis brazos enormes gimiendo”
“Dos pájaros de nieve-rosa asoman el piquito y aletean detrás de la camisa” (Metáfora de los pezones”)
“Los ojos te quedan grandes
“Sólo mi voz grande, voz oscura, irá cantando...”

Y en “Retrato de mujer” (op. cit. 1922):

Pequeña y sutil, morenita, como las esposas de la Biblia...”
“En aquel montoncito de carnes flacuchas, sumisas, humanas...”

En este mismo texto el licantenino fija una expresión que da cuenta de la costumbre rural (actualmente en declinación pero no completamente abolida) de consagrar la posesión del cuerpo femenino con la convención matrimonial a la vez que blanqueando la adultización del cuerpo adolescente a través de un código de permisividad autorizada por el control sexual legalizado. Con esto no me refiero a una negación del deseo o de la determinación sexual adolescente sino que aludo directamente a la idealización del matrimonio como medio de interrupción de la adolescencia, en función de la posesión corporal y su codificación en clave poética, con un alto contenido de tensión sexual basado en el dominio adulto-masculino respecto del cuerpo femenino infantilizado en lo sexual pero adultizado en los roles. Así nuestro autor señala:

“Diríase que viene saliendo de la escuela, seriecita y juguetona, diríase que viene saliendo de la escuela con el hijo en los brazos pueriles...”

“Esposa que fuese aún niña, niña de diecisiete primaveras, (…), esposa que fuese aún niña sonríe atando a la pierna infantil la fragante liga de las colegialas.”

Mención aparte merecen los escritos rokhianos que caben dentro del sub-género de la diatriba, esto es, la pendencia literaria; escritos destinados al enfrentamiento por razones políticas, estéticas o personales, las más de las veces todas ellas mezcladas, con el fin de confrontar a un adversario ideologizado (o contra idealizado) que opera como personaje en tercera persona, del cual el hablante pasa a ser un narrador omnisciente que maneja todos sus pasos y conoce sus intenciones más recónditas, información real o figurada que maneja como inquisidor orientado a socavar los argumentos y la dignidad del opuesto. Dentro de este ejercicio rokhiano es el cuerpo, los órganos, la sexualidad y las funciones corporales las que tienen un rol predominante para conseguir el objetivo del autor: liquidar al adversario. Una de las estrategias más usadas como veremos, es la de cuestionar la virilidad en el entendido de una conducta estrictamente heterosexual y una moral espartana. En este pasaje de su expresión, De Rokha canaliza sus visiones más profundamente arraigadas en el patriarcalismo de origen rural y su desprecio visceral por las conductas sexuales no convencionales o diversas. En ese sentido, el epíteto que más variantes tiene dentro del lenguaje de batalla rokhiano es el de “marica”, con una amplia gama de fórmulas equivalentes que se basan en una conducta sexual no hetero-normativa atribuida al adversario o en conductas civiles o literarias que De Rokha asimila como lo “no masculino”.

Consiguiente con lo anterior, observamos que en “Tercetos Dantescos a Casiano Basualto” desde la sola titulación ya tenemos un signo corporal estigmatizado. El alias, -dedicado como es sabido a Pablo Neruda- caracteriza al adversario como menos que un ano, es decir, algo-alguien que ni siquiera llega a ser un “ano”. También cabe notar que el apellido materno del interpelado es “Basoalto” y el giro “Basualto” parece buscar alguna homofonía con “basural alto” o cosa parecida. Es el patronímico signado por este rol protagónico de lo anal no realizado el que condiciona esta función-imagen de “basura” reducida a menos que su integridad. Por tanto en principio tenemos dos cosas: (1) la negación del ano como fuente de placer y (2) la negación del ano como órgano de purificación incluso reducido a su mera función excretora, la cual tampoco alcanza a plasmar porque está disminuido, no es tal sino un casi-ser, un “casi-ano”.

Así el interpelado aparece en el texto bajo una permanente caricatura de feminización forzada, a la vez escatológica y anti-erótica, en expresiones tales como:

“Defeca en el portal de los maracos...”
“...si el escribir con menstruación te abruma.”
“...exhibe al sol la criadilla seca.”
“...en el gran orinal «crepusculario»”
“¡debiste ser hijo de puto y rana!... “
“necio-anormal de «un puntapié en el culo»...”
“Tu verso inmoral se ha «enriquecido» / de un mil de pederastas de prontuario.”
“Por tu gran colección hermafrodita...”
“...lamiendo por debajo de la cola...”
“Tu comunismo es farsa de Casi Anos...”
“...auspicias guardaespaldas maricones.”
“herido / de vanidad añeja de ramera,”
“(a) tu camarilla le dio pedorrera.”
Sodomitas, rufianes, proxenetas, (...te corretean)”
“Un rebuzno mundial de homosexuales, / monta la máquina cosmopolita / de tus negocios internacionales.”
“...son los sucios eunucos amarillos / de tu harem...”
“tu gonorrea literaria has ido / vendiendo...”
“Como un bruto o eunuco patológico / estás sobre las clases defecando...”
“Sabat Ercasty te dejó con pujo / sangriento...”
“Como a chancha «matada», los culeros / te lastiman el lomo y las verijas...”
“A tu «realismo» échale formalina / (…) / porque muestra su lengua femenina.”
“y tu canción de amor es epicentro / (...) / de maricas...”

Cosa análoga hace con otros adversarios a propósito de similares inquinas, como en el caso de la publicación de “Historia Personal de la Literatura” de “Alone” Hernán Díaz Arrieta a quién lo caracteriza con las siguientes expresiones en la tercera sección de “Neruda y Yo” (1955):

“Además, lo fregado del proceso y "cahuín" aqueste, radica en que a Ud. no le atribuyen errores masculinos, sino errores femeninos, y nadie le dice: "¡burro!" sino: "¡mula!", lo cual me parece injusto... para las mulas.”
“es UD. una gran masa sangrienta con la pluma metida, como un corcho en aquella parte pudenda...”
“...está, "Alone", Ud. yacente, desprestigiado y "pilucho", como una vieja ramera del Mapocho”
“Su "Historia vaginal de la literatura" se la escribió Ud. a Neruda...”
“...juzga a Ercilla por ejemplo, con infantilismo y criterio de "cocotte" mimada que se aburre y bosteza entre sus eunucos...”
La comedia glandular es su régimen, Díaz Arrieta...”
“La ternura viril le ofende la insensibilidad...”
La malevolencia estéril del envidioso y rencoroso anormal de la literatura, que es Ud., al cual porque le fallan las glándulas, rebaja el poema…” (correspondencia entre lo “anormal” y la falla de “glándulas”)

Cabe observar que esta idea de menoscabar al adversario con el recurso de atribuirle una condición femenina caricaturizada constituyó una obsesión para De Rokha y a su vez nos informa de su percepción de las conductas sexuales en dos modos que se retroalimentan paralelamente: (1) lo que De Rokha considera torcido en un adversario lo atribuye a su feminización y (2) para De Rokha la feminización de un individuo es la máxima expresión de la patología y el argumento irrefutable para su descalificación en cualquier plano, sea político, sea literario, sea otro aspecto de la actividad humana. Esto queda de manifiesto con toda claridad cuando en el mismo texto que venimos citando, expresa lo siguiente:

“Primero, "el amor de los marineros que besan y se van", la vida portuaria completamente calcada a Blomberg, el mar de los que se ahogan en un escupo y recitan el amor ajeno, es decir el amor abstracto, homosexualoidemente…”.

Otra línea de la misma fuente insiste:

entona la "oda" de las falsas fanfarrias a la pava que lo desprecia por fanfarrón y por maricón de gallinero.”

Que la moral de De Rokha en lo referido a materias sexuales, muy por el contrario de lo que se suele interpretar, no es de carácter rupturista sino conservadora, castradora y anti-erótica, lo deja demostrado el propio autor cuando expresa (op. cit.) que su adversario:

“…ni siquiera conoce el lenguaje de las necesidades y la relación de vecindad, el lenguaje forjado a hachazos y a patadas, jamás grosero, jamás protervo, aunque él emplee la palabra brutal, pero no se deleita con la pornografía, no es cochino, porque no es libidinoso.”

De este modo el autor caracteriza un lenguaje que llama “del pueblo” como un lenguaje idealizado a partir de una condición asexuada, imputando en forma tácita que el lenguaje de su adversario sería “pornográfico” y “cochino”. Para concluir esta aseveración fundamentalista e inquisidora el licantenino apela a la autoridad dogmática de la Biblia judeo-cristiana, la que a su vez añade dentro de las virtudes que confiere a esta entidad supraconsciente que llama “el pueblo”, diciendo que Neruda:

“Como "Alone" encuentra tan grosera la violencia popular de Isaías, de Ezequiel, de Jeremías y Habacuc…”.

Otra arista de la codificación del cuerpo en este autor está dada por el recurso de la personificación de objetos o situaciones en una fórmula de analogías que operan en sentido doble vinculante: (1) se personifica el objeto comparado con un atributo físico humano y (2) se cosifica el atributo pasando a adquirir la persona o atributo humano aludido una realidad objetual. Esto es particularmente patente en el caso de los atributos sexuales femeninos o caracterizaciones corporales donde lo que importa no es tanto el objeto personificado a través suyo sino la caracterización humana que se propone, con rasgos de segmentación del cuerpo y la funcionalización de sus rasgos. Lo que hace la diferencia de este recurso a cualquier otra forma habitual de analogía en la poética rokhiana es el hecho de que el atributo humano elegido tiene una carga sexual y un rol asignado siempre, creando una expectativa paralela en el lector donde la decodificación del simbolismo no está dada por la interpretación libre sino por el contenido tácito evidente, directo, casi diríamos burdo, del objeto-cuerpo-persona que se ha elegido. Esto es precisamente el carácter del “doble sentido” o sentido figurado en su uso coloquial, referido a la metonimia que apela al conocimiento público de mayor divulgación, que concita la mayor cantidad de decodificaciones coincidentes y de sustitución mental más rápida dentro del sujeto colectivo, cual es la experiencia sexual.

Así en la célebre “Epopeya de las Comidas y Bebidas de Chile” de Carta Magna del Continente (1949) aparece que:

“…la alta manta doñiguana es más preciosa que la pierna de la señora más preciosa…”
“…las pancutras se parecen a las señoritas del lugar: son acinturadas y tienen los ojos dormidos…”
“el jamón (…) maduro en sal (…) está dorado y precioso (…) como una hermosa teta de monja que parece novia…”
“la media-luna de arrayán repleta como (…) desnudez de abadesa, canta…”
“…el chunchul trenzado, como cabellera de señorita. Oloroso y confortable a la manera de un muslo de viuda, tierno como leche de virgen…”
“ (a) …una olla en la tierra la recalentamos con fuego de peumo (…) embelleciéndola con hojas de nalca como a una desnuda y feliz muchacha…”
Y “estará abierta la sandía como guasa (sic) sin calzones…”

En este mismo texto se expresan otras fórmulas equivalentes de este recurso con expresión retórica más compleja, en que los enunciados tienden a una abstracción de contenido psíquico mayor, remitidos a la cosificación metonímica de conductas sexuales concretas. Así por ejemplo se dice que: (Son)…felices quienes conocen lo que son caricias de mujer morena y lo que son rellenos de erizos de Tocopilla…” en una analogía cruzada sin aparente ilación directa.

También aparece la asignación de roles estereotipados de la interacción masculino/femenina expresada como: “el varón dibuja la escritura de la varonía fundamental de los rotos chilenos / y la mujer fija la huida de la coquetería en los zapatos”; donde “escritura” como rasgo de la “varonía fundamental” se corresponde con “coquetería” de la contraparte así como la acción de “dibujar” la escritura se corresponde con la de “huir” en los zapatos respectivamente.

En una línea similar a lo que ya fue analizado a propósito de “Neruda y Yo” aparece que en las celebraciones de los personajes ilustres de la aldea “la niña de la casa os convida a que recitéis, como un cualquier maricón del Pen Club…”, donde se denota que la recitación es un acto elitista y no “viril”, en la acepción ya comentada en este autor. Aún más interesante es la expresión de la violencia doméstica como manifestación de afecto de acuerdo a las dinámicas de articulación de la pareja rural, que queda de manifiesto en el versículo: “y un roto apalea a una patagua, creyéndola su mujer querida…”. En una línea afín basada en la condición burdamente patriarcal de la cosmovisión rokhiana aparece también que la fertilidad descontrolada, que en la realidad ocurre a costa de la salud y autodeterminación de la madre, en nuestro autor se expresa como un rasgo de plenitud megalómana digna de orgullo. Así se hace la ya explicada comparación de doble sentido  a través del uso profuso de adjetivaciones hiperbólicas, diciendo que:

“el mantel ancho y blanco y la gran botella definitiva y redonda, que se remonta a los tiempos copiosos de la abundancia familiar y cuyo volumen (…) recuerda los cuarenta embarazos de la señora.”.

Consiguiente con esta línea de exposición cruda de la genitalidad femenina hablada desde una condición de autoridad masculina omnisciente, encontramos en este texto (op. cit. 1949) un referente metonímico de la masturbación femenina que contrasta con la ausencia absoluta de este tema que hemos visto en la bibliografía rokhiana consultada. La expresión da una visión idealizada y gozosa que induce a una caracterización voyeurista de la acción referida, diciendo que:

“cuando el gato de los tejados toca su rabel mojado,
acalora a las señoritas en la cama, las cuales sollozan y suspiran demasiado y bastante / en acariciándose la propia belleza”.

Distinta es la referencia al autoerotismo que hace en el fragmento profusamente corporal “Los suburbios” perteneciente a “Los Gemidos” (1922), donde dice que:

“Las viejas y los perros orinan dolorosamente la sombra trágica de los borrachos y tus vírgenes ciegas, oh! antro inicuo, abortan rascándose el ano, abortan en la vía pública, en la soledad de la vía pública; los organilleros aúllan la masturbación azul e igual de sus polkas errantes…”

De manera que la imagen-conducta del autoerotismo es asimilada acá, entre otras señales, a una atmósfera urbana caótica, con un sesgo claramente moralizante en que el suburbio de la ciudad es expuesto como espacio de descomposición social. Consecuente con eso las expresiones “orinan”, “abortan”, “ano” y “masturbación” serían contenidos señalados como signos de decadencia, desprovistos de su especificidad dentro de la naturaleza humana, y aislados de su contexto corporal para insertarlos dentro de una significación alarmista e inquisidora de la vida contemporánea. En este pasaje de la obra rokhiana es aún más patente la observación de Michel Foucault (Foucault, 1975, ver bibl.) en cuanto a que el lenguaje de la represión catequista se nutre de una interpelación directa del cuerpo y una exposición detallada y abusiva, incluso exhibicionista de las conductas propias del deseo sexual, pero no lo hace para desenfadar el lenguaje sino para censurarlo, a partir del juicio de valor moralizante y la amenaza implícita de la penitencia, con un registro literal de la codificación expuesta del cuerpo a manera de invectivas. En este sentido podríamos decir que el lenguaje corporal de De Rokha procede de una visión de sí mismo como evangelista y responde siempre a un afán de adoctrinamiento autoritario basado en una autopercepción acrítica, perfeccionista y megalómano-narcisista.

La forma de significar el cuerpo y los rasgos femeninos en De Rokha tienen, adicionalmente a lo ya expuesto, la particularidad de recoger un bestiario imaginario de carácter erotizante permisivo que contrasta con el tono represivo de la sexualidad caracterizada dentro de una retórica descriptiva antropomórfica. Es decir, que lo sexual en cuanto a lo humano adquiere en De Rokha un carácter reproductivo y de articulación seductora ritual pero es evasivo de la acción sexual concreta, a no mediar la metonimia zoomórfica, incluso zoofílica, o la cosmovisión omnisexual panteísta –donde participan las frutas, las verduras, los elementos del paisaje y los animales domésticos- que parece introducir en un mundo salvaje e inocente de realizaciones inconscientes plenas, no obstante, siempre, estrictamente, enmarcado dentro de una experiencia hetero-normativa. Este es el caso de  “Escritura de Raimundo  Contreras” (1929) donde lo corporal es codificado a través de una retórica críptica, es decir, camuflado, metamorfoseado. Aunque los órganos sexuales son nombrados en forma directa no son puestos en función de la acción sexual sino a través de una triangulación de sentidos metonímicos. El cuerpo más que exhibido es diluido, enfatizando el instinto pero no su objeto -que es la cópula-, con un subyacente deseo no realizado sino insinuado, infantilizado y no consumado.

Así se dice en “Descubrimiento de la Alegría” (op. cit. 1929):

“(...) y Raimundo arremangándoles las polleras a las lechugas.... besándole las tetas a la tarde.... mordiéndole los pechos a la muerte.... y de vez en vez.... durmiendo en la guatita de las cabritas.... (…) y la Julieta y la María que imponen sus potos calientes y muy buenos.... en las arenas.... tan maduras.... por debajo del fruto de sombra del sauce humilde.... y la Carmen Gómez.... que parece lloica.... y tiene gruesas y negras las trenzas sobre la pechuga de diamante .... y oloroso a jarcia naviera el melón de las verijas .... y la rubia Lucía .... lánguida como yegua gorda .... y Rosalía .... la colorina.... la que es semejante a una frutilla de julio .... la pequeñita que se esconde en Raimundo .... y desnuda y mimosa ....y la negra Marina ....pálida ....como mula nueva....y la bruta rabona de la Pancha .... arruinándole a culazos....revolcándose.... lo mismo que golondrina salvaje .... en los cementerios de la porquería .... hermosa y babosa.... como dios borracho hasta la cacha (…)”

En relación a la matriz ideológica de la poesía de De Rokha es fácil advertir que a partir de ella se incuba una obra inmediatista, didáctica, funcional, panfletaria, esto es, que se agota en la emisión de la consigna. No obstante esta observación remite a la punta de iceberg de la obra rokhiana, donde la cosmovisión que le da sustento es una síntesis bastante más compleja entre un simbolismo psíquico que fluctúa entre el procedimiento religioso (el mecanismo de la fe ciega) y el procedimiento filosófico basado en una observación sesgada de la realidad. En este sentido la cosmovisión rokhiana confesional es una sola, donde el espíritu religioso sustituye la racionalidad, produciéndose una suplantación entre la promesa de un Paraíso terrenal ofrecida por la doctrina judeo-cristiana y la promesa de una sociedad más justa ofrecida por la doctrina marxista. De esta síntesis resulta que el lenguaje rokhiano reviste las características de una prédica: es tautológica, maniqueísta, dogmática y fuertemente inquisidora.

Como es de esperar, por consiguiente, la enunciación del cuerpo bajo este prisma es sacrificial, victimista y mediatizadora, donde el cuerpo y la existencia física responden a una “necesidad de la historia”, que indefectiblemente (en la fe) está implicada en la idea de “lucha de clases”. Esta idea se complementa con la visión de influencia nietzschana sobre la fuerza de voluntad y la capacidad de sometimiento como constructo de interacción social, con un culto exacerbado a la fuerza bruta concitando efectos incluso sobrenaturales, tal cual se deriva de la metafísica de Nietzsche. En este ejercicio retórico doble vinculante, como ya hemos comentado, la dimensión de la fuerza (sobre)humana no es atributo de especie sino de género puesto que excluye a la mujer, la cual es siempre caracterizada como receptora de la fuerza, por tanto, débil y sometida.

Así en este catastro aparece que:

“(los) anarquistas (…) crean un individuo y una gigante realidad nueva, (…) algo que antes no estaba en la tierra, prolongan mi anatomía terrible hacia lo absoluto, aun existiendo independientemente. (…) ¡tocad su cuerpo y os ensangrentaréis los dedos miserables!”. (op cit. 1922)

El box es “síntoma del instante gravísimo en que fluctuamos e himno a la santidad del cuerpo, pedagogo del esfuerzo, la energía creadora, el puñetazo inteligente…”, momento en que se aplica “el uppercut con todo el cuerpo, con todo el cuerpo y la oblicua del cuerpo sobre el mentón idiota…” (sic, 1922)

Las rosas son “capullos de rosales-carne enloquecedores, pies, rodillas, sexo, vientre, muslos de las caderas tranqueando hacia el pubis, (…) rosal del cuerpo femenino, panal de botones olorosos a lujuria, sembrados desde el cabello a la uña del piececito chiquitín…” (1922)

En el libro de contenido explícitamente evangelizador, “Jesucristo”, de 1933, se consigna a la perfección la imagen autoprofética con que se percibe el autor. En definitiva todo lo que dice del Jesucristo personaje es coincidente con lo que dice de sí mismo en otras obras, de manera que este poema en prosa viene a ser un relato sobre el personaje Pablo De Rokha registrado en tercera persona. Así dice por ejemplo: “La antorcha del cuerpo es el ojo; si tu ojo es claro tu cuerpo es resplandeciente y si tu ojo es turbio tu cuerpo es tenebroso y gemebundo…”; o bien “su amor era su pasión y su amargura, y la verdad le gemía en el cuerpo y la verdad le crecía y le entristecía como la naranja al naranjo…”. Estas líneas re-direccionadas hacia un “él” épico son equivalentes al “yo” o al “nosotros” épico de “Los Gemidos” en las que la relación con el cuerpo propio está mediatizada por una percepción exteriorista, que elude la identificación plena con su integridad material y evitando por completo la concreción sexual del cuerpo para sustituirlo por una dimensión mesiánica, trascendente y grandilocuente. Ello cuando dice:

“He ahí mi cuerpo, yo no soy mi cuerpo, él está allí botado lo mismo que un mundo botado y sobre su apariencia se desarrollan los acontecimientos…”

“Hay santas albas claras y crepúsculos sobre el gran cosmos enorme que es mi cuerpo, el cuerpo de aquel que veis ahí, porque su radio que es el radio posible de ese cuerpo abarca los cuatro horizontes y el total de los sucesos…”

“…el hombre actual camina sobre el mundo deshecho, quebrado que parece mi cuerpo; ¡he ahí que mi cuerpo es un mundo y sobre él suceden todas las cosas del mundo contra todas las cosas del mundo!”

(op cit 1922)

Por otra parte en su faceta más burda y violenta, como decíamos al principio de este estudio, es a través de la incondicionalidad militante que De Rokha canaliza la condición de sometimiento del cuerpo y su máxima funcionalización objetual, cuando admite el culto a la personalidad y el control de las conductas sexuales de acuerdo a un objetivo programático doctrinal de carácter estalinista. Es así que en “Cinco cantos rojos” (1938) sintetiza la definición del adversario y la sujeción al dogma con estas palabras:

“mientras las jaurías de la burguesía braman
y ladran al pie de tus murallas de pechos (…),
ladran echando babas y calumnias y balas
y trotskismo y gusanos y dineros y espías y prostitutas y artistas homosexuales
(…)
pero grandemente nuestro Stalin está seguro y tranquilo en su chaqueta de soldado (…) y los obreros acumulados gozan la libertad como el cuerpo nacional de sus mujeres…”

Finalmente cabe observar que dentro de la frondosa obra rokhiana las alusiones directas a los órganos sexuales masculinos son sumamente escasas, evasivas y subrepticias. Es así que en su legendario mamotreto “Antología 1916-1953” (1953), donde el propio autor reunió casi toda su obra hasta esa fecha en formato mayor, la única alusión a su propia genitalidad figura en el poema en prosa “Suramérica” (1927) donde dice:

“…yo era valiente y alegre y venía enarbolando aquella gran verga de montañés confianzudo…”

Mientras que en “Sancho Rojas, Capitán Del Sur, Define Los Actos Mágicos” de “Morfología del Espanto” (1942) vuelve al lenguaje de la diatriba con el recurso de la interpelación sexual cruda del adversario, suponiendo un carácter rupturista e incluso señalizando un oponente confesional supuestamente inquisidor, pero que al replicarlo, el hablante implica un lenguaje cuyo sustento es una visión aún más conservadora que aquella que interpela. A la par el hablante caracteriza a un personaje ritualista que opera como un guardián de mitos sexuales mezclados con tradiciones ancestrales. En este último pasaje temático la estrategia usada vuelve a ser la metonimia de doble sentido pesquisada anteriormente. Así queda dicho:


“la antigua voz de los caballos, asesinados por el Arcángel de las inmensas batallas, y el animal esotérico de las iglesias, la canción trizada y maldita de los masturbadores sagrados, la ojera neutra de la pollera del sodomita, y el culebrón de alcanfor negro del pederasta, investigando lo absoluto, y la unidad, en sus traseros, las cinco ciudades, llorando las cinco mujeres, violadas por setenta degenerados, los moluscos petrificados y viciosos, amándose a tres millones de años de la existencia…

(…)

…la ollita en donde, eternamente, come el muerto de las razas primarias, y cuya gran figura va a recordar un dios con los testículos hinchados de sagrado vino, y el pene hirviente, como la ostra de la diosa, a todo lo alto y lo ancho de la divinidad, enarbolado, entre sahumerios y cocimientos, el terror-horror con que aúlla el ensangrentado altar-tótem-tabú del druida…”. (op. cit. 1942)

Finalmente cabe consignar la especial virulencia en la descripción corporal y la estigmatización de conductas sexuales que De Rokha aplica cuando se trata de oponentes políticos, los cuales son interpelados desde la condición de representante-aedo-guía de la épica popular que este autor se atribuyó como una especie de misión apostólica en la cual canalizó particularmente sus fobias corporales más recurridas y sus ideas fijas de carácter hetero-normativo. Así tenemos que, como hemos visto, al dictador Stalin lo presenta como paradigma de la virilidad, en tanto a los dictadores de ultraderecha los refiere con expresiones de descalificación sexual que a juicio del autor son imbatibles, son el recurso definitivo, basado en su afán de exposición física lacerante, donde se señala el cuerpo, lo femenino y especialmente los deseos homo y autoeróticos como el epítome de lo despreciable. Así aparece que, incluso más que en el caso de las rencillas estéticas con Neruda y sus seguidores, en el caso de la diatriba política no se ve ningún tema de fondo de carácter ideológico; no aparece un cuestionamiento a la militarización en sí misma, puesto que la militarización es también un rasgo del estalinismo; no se ve interpelación a la obediencia ciega, a la manipulación de masas, al control y la vigilancia del partido único, ni en definitiva a ninguno de los efectos de la aplicación de las doctrinas totalitarias del período histórico en que escribe, cuestiones en las que tienen rasgos comunes tanto el estalinismo como el nazi-fascismo. Antes bien esta tensión ideológica se ve reducida a una contienda de competencias, de mediciones de fuerza, que aparece banal y arbitraria, insustancial, reducida a preferencias y no a hondas diferencias doctrinarias, que como hemos visto, no son tales en el simbolismo profundo y en la conformación psíquica de este autor en cuanto a su relación con el cuerpo, y no aparecen en contraste, dada la matriz fuertemente judeo-cristiana que lo informaba, con su consiguiente carga de represión, segmentación sexista y complejo de culpa y penitencia.

Coherente con lo anterior y a modo de ejemplo final, anotaremos que en “Apóstrofe al Fascismo” aparece que

“las bestias con los sexos cambiados y los traseros al revés, por la gran miseria del homosexualismo y la sodomía (…)
son las bestias de los mercenarios y las prostitutas,
son las bestias del Fhurer y el Duce, los lacayos afeminados que cantan la guerra…”

y en “Enjuiciamiento y Abominación Popular del Falso Profeta” dedicada a Adolf Hitler se dice de éste:

“…andrógino dramático”
“tú meneas la cola de eunuco y de conejo”
“con tu risa de gran capón…”
“alza tu espanto de mujer, mujer de ti mismo”
macho y hembra, hembra y macho cuajado en un orate
delirante espantable del lenguaje endocrino
“te paseas con tus azahares de novia…”
“te bajaste los pantalones de anormal contrahecho”
“haciendo calzones de impotente
has llenado con barro esa religión sorda
de tus homosexuales y el asombro de tu horda…”
“quién te crucificara en una cruz de luma (…)
del gran horizontal capado
“estás con el trasero tremendamente ardiendo
coronado de criadillas, corrigiendo
la rotura de las maracas
“todo lo inmenso y lo viril
lo pisoteó (…) tu terror militar-femenil
“Los capones, los necios, los maricas, la falla
crepuscular y horizontal del siglo te protege (…)
bestial te adora como un mito y la canalla
homosexual bendice el Eje.”

En resumen, la imagen corporal de Pablo de Rokha es subsidiaria de un lenguaje de guerra basada en una formación patriarcalista y reductora de la sexualidad, con matrices doctrinarios de una temprana fe religiosa y su posterior militancia marxista también abrazada con características de fe ciega. Conscientes de que no hemos agotado el tema, damos por consignados satisfactoriamente estos rasgos de enunciación y codificación corporal en este autor, con lo cual creemos que este ángulo crítico de su obra ha sido tratado en profundidad por primera vez en la historia de nuestra literatura contemporánea.
© L. Rubio
RPI: 265.821
Toda cita conservando fuente y autor

No hay comentarios: