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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

jueves, 13 de julio de 2017

PÁGINAS MANCHADAS (3)



Viene de: 
1

2



A

Perros, a callar!
Tú, cierra ese libro cuyo papel absorbe
el humo, las cepas, el aire viciado de 4 x 6 metros,
el vaho de tu boca con dientes torcidos.
Desclava el falo de entre esas piernas.
El vómito azul cubrirá estas paredes.
Soy la libertad tumbando puertas.

Y rueda la cabeza de Luis XVI.

Y tú, atención, traga de prisa!
Detén ese placer que por tercera vez en el día
te procuras con tu propia mano;
no te distraigas, escupe, nace de nuevo.
El vómito blanco cubrirá estas paredes.
Soy la igualdad tumbando puertas.

Y rueda la cabeza de Robespierre.

Ahora escucha, respira, no respires,
responde, no respondas, reza, no reces.
Esta casa huele a hongos, a orines, a ictus seco;
afuera llueve, hay setas en las tumbas frescas.
Llueve afuera por tercera vez en el día
como tu placer, llueve
y los lirios bajo el agua permanecen secos.
El vómito rojo cubrirá estas paredes.
Soy la fraternidad tumbando puertas.

Y rueda la cabeza de Danton.


B


A las 11.10 horas de la noche de este lunes 29 de junio de 2017,
mientras los gatos copulan en el entretecho,
yo, partidario de Ezra Pound en la II Guerra;
yo, negador del progreso,
negador de la evolución y negador de la vida eterna;
yo, engendrado sin amor hace 47 años,
nacido el 18 de termidor, viernes, venéreo, virgo,
el año de la canalla dorada; yo, misántropo, ateo,
anarco-individualista, más bien reaccionario;
yo, ridículamente llamado Leonidas,
escupo blanco sobre la sábana
con la estrella patria en la punta del glande, uña quebrada,
padastro mordido, escupo rojo sobre la sábana
con la estrella patria en la punta de la lengua,
ojo de pez, víscera de gallo para leer la suerte, escupo azul
con la estrella patria en la punta del dedo gordo del pie
que chupaba cuando niño. Yo, opio del pueblo
escribiendo por desgracia con estas mismas manos
de darme el placer tres veces al día, levanto este frasco de tinta,
lo arrojo sin ficción, sin culpa, sin entusiasmo,
y me declaro autor de la muerte de Marat, el jacobino,
y me declaro responsable, comprometido hasta el cuello
de que la flor escarlata estalle en una piedra.

***


¿Todo bien por aquí?
El niño pegado a las faldas de su madre
asiente moviendo la cabeza
con una sonrisa de gato de Cheshire.

Cuando preguntan a la madre
por qué ahorcó al niño,
"para que se le pusiera duro"
ella responde
con una sonrisa de gato de Cheshire.

***



(TAT: TRATADO DE ADULTERACIÓN TÓPICA)

  
A

Nací en un circo. Mi padre era el Señor Corales. Descorchaba las botellas de aguardiente de un escopetazo. Su frase favorita era "Hechos y no palabras". Cada vez que lo decía apretaba el gatillo o liberaba un pedo con orgullo, la razón de ser de la estridencia. Su mejor número consistía en inflar globos con metano intestinal por medio de una manguera. Los globos de colores subían y se reventaban al tocar  las luces cubriendo al público con un manto pestilente. Los niños quedaban afónicos de risa y algunos se ahogaban con el algodón de azúcar. Los cadáveres eran usados para alimentar a los tigres de Bengala. Tenía una corte de borrachos que actuaban disfrazados de monos. Sólo se podía esperar lucidez de los payasos. La estirpe de mi padre se reducía al incesto de la casta de los faraones. Todos sus hermanos fueron estériles y orates como un clavel del aire. Con el pretexto de enviudar se aseguró el poder sobre mi ángel de la guarda. Los vi durmiendo juntos y conozco esa música. También los vi muchas veces haciéndose los muertos. Por eso pienso que mi padre fue enterrado vivo. Nunca fui más feliz que ese día.


B

Mi madre era trapecista. Por ser santa era la más deseada de la carpa. Tuvo 9 hijos y 16 abortos, todos de padres diferentes. Una vez sorprendió mi ritual de estiramiento del prepucio bajo las sábanas. Y prometió circuncidarme para hacer de mí un judío. Luego irrumpió en mi celda cuando yo me pelaba el choclo no más grande que un dedo meñique. Mi plan era aprender a hacer bailar a la cobra del circo. Entonces juró cortármelo y convertirlo en pífano para atraer a los ratones. Un día cayó del trapecio y se quebró el espinazo en 3 partes: la de arriba salió por la boca, la del medio por el estómago y la de abajo por el culo. Los brazos extendidos como un cuervo en una lámina de tinta. ¿Qué más podría desear una santa que ser empalada por su propia columna? Ese día me vi a salvo de la castración. Nunca fui tan feliz como cuando murió mi madre.


C

Mi medio-hermano era imitador de cantantes de moda. Usaba el pelo y la ropa de esa laya, según el personaje. Tenía cara de gitano y polidactilia, como todos los no aptos para el reclutamiento después de Babilonia. Nunca supe si era anarquista o de ultraderecha. Cuando cumplí 14 años tomó la carta astral y calculó mi pre-destino, mientras yo me hacía el dormido en un sillón y me pelaba el choclo a través de un bolsillo agujereado. Me lanzó una taza de agua fría con olor a amoniaco y decretó: "ya tienes edad para sacar los gusanos del florero". Y me llevó a una casa con techo de vigas a aprender latín y griego antiguo. Todas las palabras para nombrar ese lugar me parecieron molestas al oído: esdrújulas o agudas. En las radios sonaban los cantantes que él imitaba en una tarima con cortinas rojas donde bailaban las pulgas amaestradas. Una puta gorda y sus 2 hijas tetonas en camisa de dormir dijeron que yo venía después de su gato angora en la lista de objetos vivos más adorables del planeta. Y en seguida se sacaron al gato de entremedio de las piernas. Me devolvieron sin novedad, incapaz de endurecer la soga del ahorcado. Mi hermano me llevó de vuelta a paso marcial, como el ejército del cual fue declarado no apto por tener 6 dedos en las patas. Insistió en que yo orinaba sentado, lo que era cierto porque me daba más tiempo de estar solo en mi sitio favorito. También que yo sobajeaba demasiado el cirio derritiendo la cera y ésa era la causa de mis males. Luego prometió intentarlo de nuevo en un mes, para lo cual no debía tocármelo. Se fue de viaje con el elenco asegurando volver para cumplir su edicto. Yo llevaba la cuenta de los días como un condenado a la silla eléctrica. Una noche llegó la noticia de que fue aplastado por un carromato a la salida de una comparsa. Otras versiones: que fundó una religión y fue comido por los fieles. Otra: que cayó de un puente, borracho, imitando a John Lennon. Otra más: que fue apuñalado por un títere en una función clandestina. Nunca fui más feliz que ese día.



***


Cuando yo era murciélago
dormía 14 horas diarias.
Sólo seguía los consejos empíricos
trasmitidos durante el cortejo.
La cópula era sólo por error voluntario
                                   y la reproducción
era un signo de inminencia de la muerte.
Mi letra era diminuta, con élitros y patas.
Hablaba en rima consonante
y mi traje de papel plateado era una campana.
El radar-sonar detectaba las ondas
de trayectoria omega, las más inútiles
capturadas a discreción de la penumbra
por el nervio totémico central, mi antena-omphalo
del tamaño de un dedo meñique:
nací un día que Dios tuvo enuresis
y expelía cálculos renales de materia oscura
debajo de los sauces llorones de las vías,
los derrames lácteos de las esquinas yermas.
Shine on you crazy diamond*.
Encontré a otro de mi especie
atrapado en la ventila de una cripta.
Nuestros cuerpos casi invertebrados
se adosaron al escaso espacio remanente
donde se acoplaban nuestros movimientos,
se articulaban nuestras intenciones.
La proximidad nos hacía temer
por la existencia del mundo, tan apartado.
Ningún depredador se interesó en nosotros.
Nos convertimos en siameses
por fusión de manchas pasionarias.
Nunca fui más feliz que dentro de esa trampa
aunque siempre era más fuerte la tristeza de los otros.
Lloraba por efecto espejo
como se pegan los bostezos.
Luego se rompió el epitelio
y eclosionamos violento y sin atajo.
Reventaron nuestros tímpanos,
se dañaron las membranas
de nuestros brazos cartilaginosos.
Eso es más grave que la enfermedad de Dios
el día de cualquier nacimiento
puesto que mi visión se limita al rabillo del ojo
y mi única esperanza es el oído
para no quedar a merced del olfato
que sólo captura feromonas.
Con las cuencas desorbitadas
durante los dos veranos siguientes
dejé rastros de tinta para mi gemelo
con la nariz mojada encima del papel
para trazar un alfabeto minimalista
que nadie descifra.
Desde el oído medio un acufeno en Gm
repetía la estática de un biorritmo
con la mitad del corazón latiendo fuera del pecho:
Shine on you crazy diamond. *
Cuando yo era murciélago.


*"Sigue brillando diamante loco".
(Pink Floyd, 1975)


 
Proyecto financiado por
el Fondo del Libro
y la Lectura, Creación, 2017




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