viernes, 11 de enero de 2013

CHLAMYDIA PARA PRINCIPIANTES




No vi los girasoles de Van Goh
pero llegué temprano a tardía soledad
para hacer una canción enconada
o escribir una penúltima carta de despedida.
Tengo poca trayectoria, me explico mal,
recién cumplo 21 desde que tengo 20,
no es edad para contagios leves
y sólo sé hacer bien el papel de juez y parte.
Entonces me miré el corazón
y daba pus, me apreté el dedo meñique,
el ombligo del alma daba pus,
mi mente daba pus y mis pies tasaron
una arena que caía de mis ropas
de hace dos tallas atrás
cuando la fiebre me empujaba sonámbulo
a las faldas de un monte de migas de pan
en movimiento. Eso pude ver
y calas de agua con raíces de cera
y medusas de cama. Pero no todo olía
a aniversario, también el desmayo
sugería a Bach en variaciones o fugas de otras vidas.
Y picaba una zona delgada
entre el espíritu y el vacío, conectado éste al cuerpo
por un hilo rojo que también picaba.
Pregunté sobre eso al curandero; me dijo: es normal,
se quita cuando hayas visto colores mal nacidos.
Los trigales de Van Goh eran flor de loto
y zancudos los cuervos, me acerqué
con el impulso de la TETRACICLINA
que comprueba quel universo es una falacia
o a lo más un virus que aún no tiene cura.


Los protozoos muestran a las claras que no hay expansión
sino contracciones atenuadas con KETOPROFENO,
responsables de la luz cinérea
y de ese ahogo congénito
o temor reverencial ante el abismo
que empuja a las supercherías de la ciencia.
Derrocado en medio del ajedrez,
embotado del olor a levadura del escroto
y el sabor de unas almendras amargas
que estoy seguro de no haber comido
regresé de los climas pegajosos
sin ver los girasoles, sin ver el túnel
por donde vuelven a la vida los vagabundos,
sin ver la aguja de pespuntear edades,
regresé. Un desconocido reclamaba como propios
mi nombre y mi rostro. Me estaba haciendo guardia.
Dijo: no puedes quejarte, la tuya
es la mejor mala suerte que haya visto.

El principio fue bacteria
y el único Mesías es un vibrión corrosivo,
epónimo de las vidas
que orbitan al margen
de los amores venenosos
sin posible prescripción que tenga resultado.



© Leonidas Rubio 2013

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