recomendado

"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

sábado, 9 de marzo de 2013

CARTOMANCIA A ALEJANDRO GUTIÉRREZ








Me aboqué a este juego con el conocimiento de 3 versiones sobre la muerte de Alejandro Gutiérrez: la primera, sostenida por mi abuelo Francisco Leonidas Rubio González, quien dejó dicho en su Antología de poetas curicanos (1945) esta frase enigmática: “Un tiro de pistola borró su huella bajo la sombra protectora de un mañío”. La segunda, según la cual “se le encontró muerto colgado de un árbol.”, (Desarrollo Intelectual de Curicó; F. Francisco Pavez, 1943). La tercera, de tradición oral, dice que pudo ser asesinado. Así es como barajé la incógnita en el inveterado ejercicio del Tarot, concentrado en el poeta nacido en Rauco, Provincia de Curicó, en 1905. Hice dos preguntas. Primero: ¿Cómo ocurrió la muerte de Alejandro Gutiérrez? Resultado: Arcano VII, El Colgado, indica que el cura Pavez y no mi abuelo acierta la hipótesis. Luego: ¿Qué lo llevó a tal determinación? El arcano VI, Los Amantes, en posición invertida, cruzado con el XV, El Demonio, sólo pueden indicar que la preparación de la soga en Selva Oscura, Malleco, en 1934, fue precipitada por l’amour fou, ese viejo proveedor de tumbas:. Y escribí esta “Cartomancia...” entre la noche del 30 de octubre y la noche del 3 de noviembre de 2006. Fecha inmemorial de convocatoria a los muertos.

(Alejandro Gutiérrez publicó el libro “Pescador de Estrellas”, en Quillota, 1926, en co-autoría con Luis Enrique Délano, más algunos manuscritos inéditos conservados en archivos privados.)

LR




**************************************************************************





¿Quién osa alzar el Tarot vertiginoso?

E. Anguita


¿Lo que fue? ¿Lo que queda? –Nada,
sólo mi canción de pescador viejo, entristecido,
o el viento marino triturando mi llanto salado,
o en el pasado sosteniendo las columnas de mi canto maldito.


A. Gutiérrez



El arcano IX llamado Justicia inicia el ciclo


No ciego, el ojo es la idea fija en lo invisible,
el punto vacío en un destello
donde el Juez se absuelve de vivir
y se condena a un estallido de sangre,
luz líquida, oro deshecho en un parpadeo.
La posición hierática del que bebe cicuta
para un encuentro con la sombra que espera el veredicto:
serás sombra, no polvo. El alma está hecha
de metales innobles. Deberás trabajarla
en plazos diversos. El retorno
es tu trampa y también tu salida.
Tesoro cubierto de mala hierba.
Lo justo se opone a lo extraordinario. La belleza
existe porque no es suficiente. Tú mismo, Alejandro,
allá en el valle imprecaste a los vientos
para hacerlos tuyos, y el valle respondió sumiso.
Ahora, la muerte es tu adultez,
tu punto maduro en caída espontánea, tu dehiscencia,
y frente a ti mismo en el reflejo de la Fuente de las Ninfas
te has dicho por qué me has abandonado
para que en ti se cumpla el sortilegio.
La belleza te escupe y te hace suyo (Me refiero a la perfecta:
esa que es "un poco fea" según dicen sus adictos).
Así poseso, expulsado del ágora,
lo cotidiano te excede:
sólo puedes participar de un milagro.
La tiranía de la belleza te empuja a una última representación
en que tú mismo eres la ofrenda;
junto al templo de la Razón levantas tu cadalso.



El arcano III llamado Emperatriz
se opone y complementa


Y es la tierra que llama
con su útero de estrellas,
su panal de raíces, sus vísceras
de metal fundido
destinado a prevalecer en sueños febriles
de ebrios y convalecientes.
El llamado de la tierra es la señal para reunir fieles
en la liturgia atávica del apareamiento.
El impulso tiene un nombre a veces, tú lo musitas
y el resuello de esas sílabas conjuran potencias
capaces de corregir cursos de agua. El río mismo
es un instinto y su fruto te sorprende a medianoche
con un desfile de aparecidos que agitan la sangre.
Huye de la madre, Alejandro
como debió hacer el otro, aquél de Macedonia
para no ceder al baile de la sierpe,
y no besar esa vulva enloquecida.
La madre va a vaciarte, llenándose de ti
en matriz de alquimia urgente.
Su tarea es castración. Sólo te queda
antes de caer, matarla despacio: debes hacerlo
como si fuera tu última cena. Después, huye.




El arcano VIII llamado Fuerza
soporta el peso del presagio


De ti, acaso una palabra se divisa.
No llegaste a la cumbre
pero dejaste el pellejo en la ladera.
No existe la magia y sin embargo funciona.
Tú mismo a un lado de la mesa
y del otro lado tú mismo: vidente y consultante.
El pasado es la base del templo. Por él
te escurres a la voz del fin de siglo. La belle èpoque
llegará a la aldea en entreguerras:
cuando el mundo arda y la estampida se desate
alguien será llamado para sumarse al duelo de rapiñas.
Te recluyes en un antro con vista al domingo
donde pintas de día un paisaje nocturno
y la palabra erambe estalla bajo tu sombrero de bujías
al igual que otros internos, pero sin color
sino en el vértice mismo del prisma
porque a ti ya no te quedan orejas por cortarte:
el filo de la navaja
se gastó en oraciones frente a un crucifijo giratorio
en el espiral de agua de un caño de evacuación
que te expulsa de ti.
Te ofrecen un caramelo tóxico, tus compañeros de juego
sonríen con sapos en la boca,
encuentras un diente debajo de la almohada
y te lo implantas a la fuerza
para no lucir como Antonin, ese malhablado
que calumnió los beneficios del proceso curativo.

El pasado te conjura y yo te invoco:
a las ruinas las confrontamos cara a cara, no intentes
ocultar la mirada en un chambergo de cuello alto;
el niño desnudo que sale a tu encuentro
aplacará al león y lo pondrá a sus pies
para que el lúbrico deseo de poesía
nos haga despertar al borde de algo.
Si irrumpe el fuego irrumpe el cuerpo,
se plasma el poder, penetra la palabra.
Todo comienza con la piel.
Desde el légamo negro
emerge la serpiente eléctrica del sexo
para despertar la flor en la cima del árbol
y envolver al mundo y reunir los elementos 
con la ecuación obsoleta de la conciencia.


Aparece el arcano XV llamado Demonio
y su experiencia arrebata incluso si declina


Al principio es el vértigo,
sólo después el fuego reduce la carroña
a su más dulce expresión de amante vencido.
Y entonces viene el dado que cae de la mesa,
la carta enredada en el tapete, el clic no previsto,
el paso de fox-troot descuadrado entre dos tiempos,
la arista no euclidiana, la polución nocturna.
Saltas al vacío vestido de bufón
como en aquellos Juegos Florales en que solías
poner un lirio instantáneo en la oreja de la Reina: antes
los soles se encendían al primer contacto.
Partes de casa con una alforja y un perro, tu madre
teme que padezcas delirium tremens.
El hocicón De Rokha te diría:
"nada que no cure una moza robusta",
con pachorra rampante. Mientras,
sales de atrás de los árboles como un fauno sin quicio
o sueltas palomas mensajeras que regresan heridas:
un mago se prueba en la insistencia.
Te cuelgan carteles en el cuello:
melancólico discreto,
                                 huidobriano sonámbulo,
                          poetastro de tercera,
                                                 mentalista de remate.
 



Se instala el arcano 0 llamado Loco
abriendo el horizonte posible


Esta vez el lirio se esconde en la bruma
que emana de los hedores
y no habrá beso cuando lo recojas:
los magos se desintegran
al último contacto. Perdona a los que vengamos después
a colectar esquirlas para guardarlas en un relicario.
La fiebre es una buena estación
para definir dogmas, las cosas por las cuales
valdría la pena morir sin dejar una carta.
¿Pólvora o soga? Adivina, médium
hacia dónde se moverá el vaso sin ser tocado.
Pero perdiste la edad pródiga, entras y sales a portazos,
te explicas a gritos sin usar palabras
o cantas, durmiendo, en idiomas extraños.




El arcano VII llamado Colgado
en posición invertida
da la orden


Vertiste la juventud en un cuerpo antiguo
como vaciado de mezcla sobre molde equivocado
y el rostro ya no te acompaña, quiebras espejos
que reflejan desconocidos.
Algunos proponen colgar ajos en las puertas
para prevenir tu paso. Basta de secretos.
Precisabas el perfume agrio
de la mandrágora, aquella que crece
con el semen de los ahorcados,
clímax letal que electrocuta por dentro
para despertar del otro lado
con la boca llena de estrellas apagadas.
Comienza el ritual. Las calles de luna llena
rielarán la hediondez de la melancolía
en un refugio de luciérnagas proscritas: el vuelo
de un último deseo. Te pondrás el sombrero de tu mejor cita
como Nerval aquel amanecer en que hizo de sí mismo
una carta de tarot cruel que los otros merecían.




Comparece el arcano XX llamado Mundo
en posición invertida
y es el ambiente


Ahora tan blanco, debieras volver
al amnios para mearte adentro.
Demasiado puro, no hay espacio en el mundo.
Transparente, salido del mar, salido del cielo
no cabes en el polvo: apenas un eco de materia.
Los otros te disipan, te cruzan como a humo,
no pueden detener la inercia, los eslabones de su peso.
Excedes su memoria. No hay comparsa
para esta ceremonia. El desnudo inverso es el Demonio
en cópula con el Ángel
y Lázaro será el único testigo
de los amantes que penden de cabeza:
colgados del pie como becerros
para el sacrificio, reflejando mutuamente sus soledades,
compartiendo el hálito
en un beso que intercambia veneno.
Pero Lázaro padece catalepsia
y tú prefieres la licantropía, Alejandro,
hijo de ti mismo.




El arcano VI llamado Los Amantes
en posición invertida cierra la tirada


Lázaro ha sido tu rival, ese que despierta, se levanta
y anda dentro tuyo
para encabritar a los perros
justo cuando tendías al Amor una carnada
y ya casi sumergido en el terror de esos pezones
-el placer de toda pesadilla-
fuiste interrumpido por la campanada que llama al rebaño.
Preparaste la soga en una aldea
bautizada por tu herencia: Selva Oscura.
No tendrás tumba en tierra consagrada
y no tendrás resurrección. En suma:
estás a salvo para siempre.




 


No hay comentarios: