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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

miércoles, 27 de marzo de 2013

FLORES MÍTICAS DE ORIGEN GRECO-LATINO


NARCISO

Según cuenta Ovidio, Narciso desde el momento de nacer fue de una belleza deslumbrante. Su madre lo llevó ante el vidente Tiresias y le preguntó si el niño tendría una larga vida. El augurio fue que la tendría “a menos que se enamorase de sí mismo” pues siempre llevaría la carga de no hallar otro u otra más bello que pueda merecerlo. Sobre el modo en que se cumplió este mal presagio se cuentan dos versiones. Cuando contaba 16 años pudo pasarle alguna de estas cosas, o talvez ambas:


1.- La ninfa Eco había sido condenada por la diosa Hera (por otros asuntos luctuosos pertenecientes a otro mito) a repetir siempre las últimas palabras de lo que escuchaba. Narciso fue al bosque y preguntó en voz alta: “¿Hay alguien aquí que sea digno de mi belleza?” a lo cual la ninfa respondió “belleza, belleza”. Al verla Narciso la despreció por encontrarla insuficiente, además de su incómodo designio de repetir las palabras, lo cual hacía confusa la conversación. Némesis, la diosa de la venganza, decide castigar a Narciso y lo hace prendarse de su propia imagen, de suerte que el joven quedó hechizado al contemplarse en la orilla del río, al punto que va en busca de sí mismo y cae al agua, ahogándose.


2.- Aminias, un joven del mismo pueblo, declaró su amor al incomparable muchacho. Fue rechazado una y otra vez por el inconforme, pero cada tanto Aminias insistía en su proposición con el mismo entusiasmo. Como un modo de resolver el asunto y poner a prueba al pretendiente, Narciso le entrega una espada y le desafía a que se mate si es que el amor que dice profesarle es tan intenso y verdadero. Aminias no ve otro modo de ser fiel a su palabra que ejecutando el suicidio pero antes maldice a Narciso condenándole a enamorarse de su imagen con la misma intensidad que él lo ha amado. Narciso incapaz de separarse de su imagen habría muerto de sed con tal de no acercarse a beber de la orilla para no dañar su reflejo.

Según ambas versiones, del lugar en que cayó Narciso nació la flor que lleva su nombre.



JACINTO




 
El bello adolescente Jacinto mantenía una amistad íntima con el dios Apolo y ocupaba todo su tiempo y energía compartiendo con aquél. A su vez Apolo, aún estando acostumbrado a la admiración de muchachas y muchachos, tenía en Jacinto a su predilecto y pasaba sus días dedicado a este amigo. Una tarde los jóvenes jugaban al lanzamiento recíproco del disco de metal abstraídos en sus risas y trucos gimnásticos para la captura del objeto volante. En un turno, Apolo habría querido impresionar a su amado y al lanzarlo con tanta fuerza lo golpea en la cabeza, hiriéndolo de muerte. No se descarta, por cierto, la intervención del dios del viento del oeste, Céfiro, ya que era cosa sabida su amor por Jacinto y su amargura por la indiferencia de éste, que sólo mostraba atención por Apolo.

Del lugar en que cayó muerto Jacinto nació la flor que lleva su nombre.


NENÚFAR O ANTINOEA


En una estancia en Alejandría el emperador Adriano recibió el insistente reclamo de su consentido amante el joven Antínoo, por participar de la cacería de un afrentoso león cuya fama se difundía en las inmediaciones de la ciudad. Se dispuso el ritual y se levantó un campamento a fin de acechar la llegada del león, la cual se produjo esa misma noche. El joven Antínoo embistió con su cabalgadura a la bestia, lo desafió cuerpo a cuerpo y llegó a propinarle una herida. En un descuido del inexperto cazador, el león enfurecido por la herida recibida tuvo una oportunidad, pero el emperador Adriano -que seguía la operación a corta distancia para proteger al muchacho- se interpuso en el momento preciso y propinó con su jabalina la herida definitiva a la fiera. En el lugar en que la admirable criatura cayó muerta quedó de tal modo empapado de sangre oscura y densa, que las flores de la orilla próxima se tiñeron de un intenso bermellón. Con estas flores y tallos fácilmente moldeables Adriano ordenó hacer una corona trenzada para la frente de Antínoo. Se dispusieron juegos florales y competencias lúdicas para los adolescentes del lugar, donde el vencedor era coronado con estas guirnaldas en honor al amado del emperador más justo que recuerde Roma.



ÁRBOL DEL CIPRÉS


Otro amado de Apolo signado por la fatalidad es el origen de este árbol. Se cuenta que Cipariso, inseparable del joven Dios, compartía su fidelidad entre éste y un ciervo de los campos del sagrado bosque de Cartea. En una ocasión Apolo y Cipariso disfrutaban de sus tardes recreativas practicando el lanzamiento de la jabalina. En hora nefasta ocurrió que Cipariso tuvo un lanzamiento a larga distancia, con el resultado de un bulto cayendo pesadamente entre unos matorrales y la punzante arma mostrando su tensión. Al acercarse para conocer qué criatura había sido vencida en el accidente, Cipariso y Apolo comprobaron que se trataba del adorado ciervo. Al ver este resultado Cipariso prorrumpió en un interminable llanto que alternaba con lamentos para atraer para sí la muerte a fin de compensar su culpa. Y tanto lloró que su cuerpo se secó y se volvió leñoso, echó raíces y altas ramas oscuras de follaje diminuto a fin de poder conservar algo la humedad, volviéndose un resistente árbol capaz de vibrar contra todos los vientos en un lastimoso sonido que recuerda el llanto desconsolado. Apolo lloró junto al árbol la pérdida de su amigo y dispuso que desde entonces aquél sería la compañía de los afligidos y el lamento eterno por la irremediable pérdida de los que han sido tan amados. Es por esto que desde tiempo inmemorial se planta el ciprés en los cementerios, velando junto a las tumbas.








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