jueves, 28 de marzo de 2013

POETA LUIS HERNÁNDEZ, DE PERÚ


Publicó 3 libros y luego nunca más. Hacía cuadernos manuscritos con unos dibujos horribles y apuntes que insinuaban poemas, siempre jugando. Tenía una caligrafía preciosa. Anotaba trozos de partituras entre las líneas de sus poemas y buena parte de su motivación tópica era inspirada por la música. Parece que derrochaba ganas de vivir pero algo le dolía. Era médico así que se autodiagnosticaba y prescribía drogas fuertes. Se habla de un dolor de espaldas. Se habla de cáncer. Fumaba como un condenado a su último cigarro. Usaba unas patillas de prócer, nada sexys.

Ahora tiene su momento de fama y fortuna póstuma. Todos quieren presumir de tener algo que ver con él y aparecen reliquias y se suceden las leyendas urbanas. Alguien me dijo que era homosexual pero es uno de sus varios secretos bien guardados. Su poesía en todo caso, es prácticamente asexuada. Pasaba sin aviso de la erudición a la vulgaridad, casi siempre con giros lúdicos. Lo que más me gusta de su obra es que impide las entelequias y sus comentaristas naufragan con facilidad en lugares comunes, repiten anécdotas o le definen por lo que no es, ya que es difícil asegurar con algún brillo qué exacta cosa pueda ser su poesía. 

Acompaña bien. Un libro suyo puede estar al lado de uno por varios meses y siempre encanta, abierto en cualquier hoja. Pese a sus anárquicas aristas se entendía bien a sí mismo y logró dar una apariencia orgánica a su poesía a partir de varios nudos temáticos que forman micro-conjuntos. Concibió su obra como un total caleidoscópico al que llamó "Vox Horrísona", lo cual suena muy bien. Pero él no era horrísono. Usaba superlativos conceptuales cursis pero efectivos, tales como "Una impecable soledad" o "La soñada coherencia". Era de movimientos breves en espacios pequeños pero siempre se proponía definir lo absoluto.

En una ocasión pensó que la música podría devolver las ganas de vivir a un suicida. Y él, que también era músico, se suicidó a los 36 años, arrojándose al paso de un tren.

Le dediqué un poema en mi libro Imbunche. Y hay unas cuántas de sus piezas y dibujos que me gusta volver a ver. Lo que más me gusta de su poesía es el infantilismo. 




Crispado por una luz que puja


Si yo tuviera la caligrafía de un pianista
podría escribir sobre un papel sin líneas:
caricia de agua, viento en los ojos cerrados
para ver ambos lados del soplo,
rumor de las praderas al frotarse las espigas
en un acto de atracción que repite
un movimiento único, frases de sonata
que se reproducen mutuamente.
Si yo tuviera caligrafía de oído completo
llenaría un pentagrama con los ojos cerrados
para oír ambos lados del sonido,
mi desnudo sería un dibujo de Fidias
o un niño orinando al centro de una fuente;
podría aplacar la lengua horrísona
de mi propio dolor, servirme de él
para justificarme en la cadencia
de las ondas concéntricas de un charco
cuando cae un guijarro desde el conocimiento.

Pero mi letra se retuerce, nudo
a punto de estallar
crispado por una luz que puja desde adentro.




(Frente a un manuscrito de Luis Hernández, de Perú.)



******

Sus poemas







A un suicida en una piscina



No mueras más
Oye una sinfonía para banda
Volverás a amarte cuando escuches
Diez trombones
Con su añil claridad
Entre la noche
No mueras
Entreteje con su añil claridad
Por lo que Dios más ame
Sal de las aguas
Sécate
Contémplate en el espejo
En el cual te ahogabas
Quédate en el tercer planeta
Tan sólo conocido
Por tener unos seres bellísimos
Que emiten sonidos con el cuello
Esa unión entre el cuerpo
Y los ensueños
Y con máquinas ingenuas
Que se llevan a los labios
O acarician con las manos
Arte purísimo
Llamado música
No mueras más
Con su añil claridad.





Cantos de Pisac. Canto primero


Digamos que eres un muchacho,
Acaso el que tallara
La sortija del durazno,
Pensemos que ella fue creciendo en tu dedo
Hasta hacerse lejana como un astro.

Digamos que eres un muchacho
Que juega en una nave de piedra
Al abordaje.
Pensemos que atrapaste tu vejez
Con unos garfios,
Inútilmente.

Inútilmente dibujaste sobre tu cuerpo
Al vagabundo cruel
De las islas aladas:
Sin deseo, sin prisa, sin belleza,
Eres solo en la noche del espacio.



Endecha


Extraño es tu corazón.
Más extraño aún
quien lo ama.



(Nervio...)


Nervio del Serrato. 
Nervio del Deltoides. 
Nervio del Angular. 
Yo soy quien sospecha, 
solitario en las noches, 
que alguien lo ama.
Serrato. Deltoides. Angular. 
Son los nervios de la espalda.





(A todos los que...)

 

A todos los que, alguna vez,
Me abandonaron:
Dios los ilumine con la luz
Que cubre lo perdido.
(Nunca he sido feliz...)
Nunca he sido feliz
Pero, al menos,
He perdido
Varias veces
La felicidad. 





(Si creyera alguna vez...)


 
Si creyera alguna vez
Con orgullo extravagante que me amas
Tú soñarías que en tu alma se reúne
El dorado vacío de la hierba.
Quizás así tu sueño
Te sirviera de descargo
Pues alguno te acusa
De excederte en belleza. 




Lied


Habiendo robado
Lluvia de tu jardín
Y tocado tu cuerpo
Me duermo
No se culpe a nadie
De mi sueño


Luis Hernández (1941-1977)




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