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jueves, 7 de marzo de 2013

POEMAS COMPLETOS DE ENRIQUE VILLABLANCA (1944-2001)



Enrique Villablanca nació en Concepción en 1944. Se trasladó a Talca a fines de la década del 50. Profesor especializado en psicopedagogía, crítico literario y poeta. Publicó: “Maulina. Antología Poética de Emma Jauch”, 1993 y “Antología Esencial de Manuel F. Mesa Seco” en co-autoría con Naín Nómez 1995, ambas en Ediciones de la Universidad de Talca; “Vacíos” en el libro colectivo “La Casa Abandonada”, 1995, y “Llovizna y otros poemas” en Poetas del Maule, Muestra Literaria, Talca, 1998. Fue coautor junto a Matías Rafide, de “Nueva Antología de Poesía del Maule”, Ed. Mataquito, Curicó. Recibió la Medalla al Mérito de las Artes de la Región del Maule en 1998. Falleció en Talca el 4 de julio de 2001.












POEMAS COMPLETOS DE ENRIQUE VILLABLANCA
(Recopilación de L. Rubio)


I.- VACÍOS
(En "La casa Abandonada",
libro colectivo, autoedición, Talca, 1995)


Entre la flor que tomo y la que doy
la inexpresable nada.

(G. Ungaretti)
 

IMAGEN

Dios hizo al hombre
a su imagen y semejanza.
Pero soy torpe, tartamudo, tacaño,
tardío, cojo, gibado, paralítico,
peludo.
Dios se equivocó conmigo.
Me hizo cuando estaba cansado o dormido.



EL OTRO


Quiero ser mi hueso.
Mi esencia. Dios, lo mío.
Pero soy anécdota,
cuento,
sombra colgando
de una silla.
Rama de otro árbol.
Mortal de otro costado.
Lenguas anudándose a la mía.

¿Soy yo el invitado
de mí mismo
que llegó a esta cena equivocada?


BUEYES


Bueyes
rumian soledad
que siempre es mía.

Me voy
animal adentro,
babeando vacíos sueños;
consumiéndome en la paja
que masco y piso.

Y a trancos lentos, lento, curtido,
cabizbajo camino castrado
entre reses, al matadero.

El buey dice Mu
y yo repito mu empezuñado y solo.

¿Qué resta de mí
después del Mu abismal y hueco?



CAMISA


Enemiga del sol y amiga al mismo viento;
sacudiendo mojada blancura, la camisa
es puntada de mi sino.
Colgado así me observo
amarrado por puños,
conteniendo gritos de dolor;
suspendido entre cielo y tierra,
lleno de terror, de aire y de vacío.
El alambre tiembla en ondas grises.
La tarde se ensucia. Se abotona.
La camisa gira mansedumbre
y dentro del humano lienzo
-yo domesticado-
goteando la condena.



SILLA

 

La quietud inminente derrama nada.
Los vasos escanciados no se vuelven
a llenar con el mismo vino. Duele la rosa.
Y en mi lento atardecer
la silla espera complacida albergar nalgas,
bulto de paja que aún cuelga del vacío.
¡Humana madera serenada!
Soy menos cada día o más,
depende del número mortal de suma o resta.
Mi presente no anula la muerte.
Viviendo me entrego a la evidencia.
Vaciar el saco día a día. ¿Hasta cuándo?


RATAS

Ratas roen
mis nudos capitales
que desatará la muerte ratonera.
¡Qué temprano acuden los buitres a devorarme!
A sosegar mi pie todavía callejero.
Mi mano no merece llamarse izquierda,
porque no cabe en los puntos cardinales.

Hortensias funerarias, cielo vinagre,
corren por mi río que corre por túneles amargos.

Detén, rata, tu obra roedora.
Carne soy. Ni tuyo ni mío.
Sólo del viento que tiembla en los rosales.


 SÁBADO

Deslizan apetencias sobre el vidrio
y dentro está la presa exhibiéndose
en lila, en verde, en impúdico amarillo.

Nubes de mujer o masculino barullo
acechan, regatean, atacan. Rumor de jungla o gula.
Y pasan velocísimos. Sábado de cacería.


S.A.

Hombres sentados
sobre ceros
en febril actitud de empollarlos.
¿Qué atesoran?
Tiempo huero,
escombro material.
Sociedad anónima vacía
gira en el cero universal
de la nada.


BARES


Machodumbres
concurren a bulliciosos bares.
Giran borrachos sueños
en estúpidos cristales.
Despilfarro de tristísima alegría.


BUS


El hombre
que va a mi lado
me anula.
Astilla mi cara
en muecas planetarias.
No soy yo el que ha extraviado
su oreja.
Soy el mismo que cambia de vacío.
El ojo cae en otro
ojo solitario.
Soy el otro o el mismo:                                                                                                
pie, mano, agraz ceja                                                  
que sube y baja del bus
y se reparte en máscaras
entre la bruma bulliciosa
de la tarde veloz.



BORREGOS
 


Borregos: idénticas caretas
muerden la calle.

La tarde amontona
sinos.

Regresan al redil: fulanos.
Manojos de balidos.

Rebaños, rebaños cierran la noche boba.



NATURALEZA VIVA


Limones
sobre paño blanco.

La luz esculpe
la forma ilesa de los senos.

Mis dedos espían –redondos-
la inocencia niña.

Púber, se agita el silencio.



BAÑO MATINAL

 
El día abre ventanas
nuevamente para mí.
Respiro luz. Las formas de las llaves
arrancan la niebla de la noche.
El jabón, risueño gorrión,
canta en mi pecho.
Espumoso en mi oreja
pía secretos.
Y el agua juega con mi sexo
y regreso a niño otra vez.
Y juego con mi sombra retráctil,
con mis ropas domésticas,
con la dimensión burbujeante
de este día regalado.



CIEGO


El sueño digital
se esfuma en oscuros laberintos.
Febriles cinceles garabatean
volumen neutro de paloma o piedra.
La palabra tienta
el color insomne de amapolas.
El concepto descubre un mundo sin rostro.
¡Intacto tú,
amarrado a tu sombra!

Exiliados los ojos
olfatean la luz
y chocan fatigados
en vano intento de resolver enigmas.

 ESQUINA


Otros esqueletos
se adueñan de mi sombra.
No identifico mi muerte.
Caen ojales al vacío.
Estoy en otra esquina
esperando vivir.


LECTURA

Leí
y extravié mi cabeza
entre Saint John Perse: islas Viernes
y Cántico, aireado de luz
y la veo reflejada en los espejos de Borges.
¿Soy yo
o mi cercana calavera?


FOTOGRAFÍA


Intento fotografiar.
Pero la cámara vomita
manchas ratas.
Escenas. Paisajes
pudriéndose en la axila
de la noche.
Tiempo,
orgasmo de la nada.


 S.O.S.


“Ojo agónico” del siglo
copia paisaje apocalíptico.
Sobrevuelan,
pájaros desnortados
de tristísimas plumas;
desdibujados adolescentes
en desesperados gestos de garabatear
en el aire murciélago:
S.O.S.




II.- LLOVIZNA Y OTROS POEMAS

(En "Poetas del Maule. Muestra Literaria",
libro colectivo, autoedición, Talca, 1998)


 

Y nosotros hechos de aire en la mañana...

(S. Quasimodo)



AMANECER


Alguien dejó olvidado
en mi ventana
un canasto de silbidos.


ACRÓBATA


Soy el acróbata de Dios
en un circo sin redes.


RANAS


Croan ranas.
¿Poetas?
No. Escricharlatanes
en medio
de ilusorias charcas.


POÉTICA

Recojo hierbas
que otros botan
y con la robada retórica
alimento metáforas de barro.

Me corto la lengua
para que hable
por sí misma.

Me corto un brazo
para que señale el camino.


COLUMPIOS


La tarde desordena
niños
en patios interiores.
Van y vienen a mí,
remolino de risas
en el azul del viento.
Pero la infancia
se descuelga
de ágiles columpios.
Se separa cielo y tierra.
Niños................Hombres,
frente al mar, desnudos.


ROSA


Nombro rosa
y sus sílabas
rompen en mi boca.
Pienso en su sellado silencio,
sombra y condena.

Vivo. Vives presurosa,
ovillo de luz en el aire.
Aire en el aire, pasajera.
Soy tu instante


PESEBRE


La luna abuela
rueca pañales
para el Niño
que nace
entre corderos.
Diminuta luz. Amanecer unánime.
Paja y oro.
Hombre y asno
hermanamente unidos
en humildad de pesebre.

 ABRIL


El que cuelga del madero,
sus llagas aún calientes.
¡De tanta herida tanto amor!
Me persigue tarde encenizada.
¿Soy yo o tú el desamparado
sobre el viernes y el vinagre?
Arde el madero en olas de amor
que a mí me inundan.
¿Quién soy en abril, próximo al milagro?
¡De tanta herida tanto amor!
Y sigo mar, de tumbo en tumbo,
entre rocas va mi río,
golpeando otras aguas
más violentas que las mías.
Cristo, espina de eternidad,
mortaja de luz, clavos de perdón,
sostenme, porque voy muerto
a la muerte, en carrera,
encadenado hacia la nada.


III.- Otros textos





TRES DE LA TARDE

(Al margen de Humberto Díaz Casanueva
y Rosamel del Valle)


Palomas disueltas
en tarde sin nombre.
Primavera negra lanza
vertiginosas víboras
sobre cielo sin límites.

La muerte inclina
grandes girasoles alimañas
a las tres de la tarde de Octubre,
acacia oscura sin alas.

Todo el dolor del mundo
cabe en la extensión pálida
y agonizante de la almohada.

La rosa roja
estalló en tu corazón
cansado, Emma.

(¿La muerte pasó sobre tus huesos
o permanecerá fija en tu retrato
en negativo?)

Amiga, te imagino viva, libre, desatada,
en la cinta de mi memoria.
Siembras estrellas en ayunas,
pintas el zumbido amarillo de la abeja,
la inocencia de las flores.

Y enhilas con hilos de lluvia
el trino del zorzal con el zureo del palomo.

Te observo tras una cortina
que espesa el tiempo con su niebla.

Viajas sin equipaje, sin paradero
con una violeta amarilla por pasaporte.
Llevas el gallo colorado bajo el brazo.
No olvidas tu boina; lirio abandonado.

Saludas en tu tránsito terrenal
a los seres más pequeños, forastera
de la lluvia,
a Don Diego de la noche,
al pájaro de pata coja
y a la lechuza azul.
Te espanta el grito ruidoso de la perdiz.
Te despiertas ¿Sueñas o ensueñas?

Trenzas el batro de tu existencia
con alegría de racimo y con manzanas
optimistas
enciendes la llama del aromo.
Peregrina, Cristiana del antiguo
testamento,
amiga del orégano, de los gatos, de la menta
y melisas otoñales
y de las tardes primaverales que alargan su
retiro
del jardín y dibujan arreboles que puedes
alcanzar con tu mano.

Guardas con el mayor celo el sabor
de las uvas doradas del Maule
y en tu caja de mimbre el río de las nieblas
permanece niño.

Con tu sabiduría no libresca
aprendida del viento de la costa,
contagias a tontos graves, a ignorantes e
indiferentes,
con tu palabra sólida, rotunda, sarcástica y
agridulce
pones en claro las cosas (¿La claridad es
atributo del hombre o de los dioses?)

Sacudes a aquellos que flotan
en un mar de conceptos vacuos
giran en redondo presuntuosamente,
desconocen la tierra donde pisan
y revuelven las aguas para hacerlas más
profundas.
(¿Quiénes?)

Alguien grita en la oquedad del mundo.
Carezco de lengua para repetir tu nombre
compuesto por dos sílabas directas: “Mema”.
No tengo que decirle nada a nadie,
multiplico pantomimas
entre fantasmas y máscaras. Mundo de
pesadillas. Levantan estatuas negras
a la estupidez humana.

Escondo mi llanto en la luna oscura del
espejo.
Entrego mis lágrimas a la tórtola
que gime a mediodía.
La salmuera de mi rostro triste
la calca la indigencia del viento
que rompe caretas en los acantilados
donde aúllan perros feroces.
Estoy solo ladeado al borde de la nada.

“Ser o no ser” entre el cielo y la tierra (gran
camino).
Entre nacer y partir, dos accidentes, dos
vacíos.

Ser, en plenitud de planeta (gran mentira).

He perdido mi lámpara terrestre,
la profundidad de mi muerte
y sueños devorados por insectos.

La muerte me dio golpe de palos y cebollas.
Me voy yendo en llantos, en llamas quemando
mi futuro que se adelgaza como humo.

Ven, Emma, desde tu cuarto oscuro, óyeme.
Acompáñame y recoge mi cabeza ciega, ebria,
equivocada
y ayúdame Emma “a reunir el resplandor del
mundo”.


(En Acontecer,
julio-agosto 1999)

CALABAZA CON FRUTAS
(En memoria de Pedro Olmos)


Calabaza morenamente voluptuosa,
cadera de mujer tendida
entre frutas frescas,
seductoras amarillas.

Pedro lucha con ángeles y demonios
con la luz y las sombras,
feliz de sacarle sonido a un cobalto
y transparentar en azul oceánico, dos ciruelas
y el rojo carnal de una manzana.

En el claroscuro del taller
la mujer sale del cuadro, desnuda,
ilumina con sus pezones rosas
el ámbito sensual.
Olmos la sigue con la mirada.

¿Se repetirá el inocente acto del paraíso?


 (En Acanthus Nº 49, Talca, julio de 2000)



(Sin titulación)


Amarrado a mis venas vivo.
Me corto una
y se abre una ventana
al mundo.

...

La muerte me rasguña por dentro
y me contengo.

Por mis oídos entran pájaros,
aparejos con luz tímida
del día.

...

Toda mi sangre responde
responsos gota a gota,
acelerando rama, cargada de cerezas.

Cambio de reino, pero soy el mismo.

Estatuario, inmune. Vuela un colibrí
y sigo su vuelo como iris.




(Inédito, correspondencia a Leonidas Rubio,
del 4 de julio de 2000)




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