viernes, 24 de mayo de 2013

RÉPLICAS AL SUICIDIO DE DOMINIQUE VENNER






El reciente 21 de mayo alrededor de las 4 de la tarde (hora local), el ultraderechista opinólogo y prolífico ensayista francés Dominique Venner se ha suicidado en un aparatoso episodio de apariencias rituales perpetrado en la Catedral de Notre Dame de París ante unos 1.500 asistentes. Llevaba al menos un mes en frontal campaña contra la aprobación en Francia de la ley de matrimonio igualitario, es decir matrimonio entre personas del mismo sexo. Había dicho que contra tal “infamia” hacían falta “nuevos gestos, espectaculares y simbólicos, para sacudir las somnolencias”. Por la mañana de ese día dejó en su blog personal algunas declaraciones, entre las que destaca, a mi juicio, la siguiente: "Bajo su forma voluntaria ilustrada por los samurais y los antiguos romanos, la muerte puede constituir la más fuerte protesta contra una indignidad, así como una provocación de la esperanza".



Cabe replicar brevemente a esas expresiones en la medida en que aluden de algún modo a la literatura, y en general es observable que los discursos de la ultraderecha moderna están altamente dotados de cargas simbolistas y figuras retóricas que conciernen inevitablemente a la poesía.

En primer lugar el occiso Venner alude al sepukku, también conocido como harakiri o suicidio de los samurais. En efecto el sepukku puede ser cometido, según el código samurai, por algunas de las siguientes razones:

- vengar a un amigo
- purgar una falta
- evitar una deshonra
- ejemplarizar a un discípulo
- evitar una segura derrota

Y. Mishima

El suicidio ritual estilo samurai más reciente en nuestra época contemporánea no proviene de la tradición samurai ortodoxa ni de la política, sino precisamente de la literatura. En efecto, un auténtico suicidio ritual samurai fue el cometido por Yukio Mishima en 1970 con el fin de llamar a la oficialidad joven del ejército japonés a un levantamiento contra el rumbo económico y cultural de Japón posterior a la II Guerra y la reposición del Emperador a la cabeza del Estado. En forma somera, podría decirse que los principios políticos que animaban a Mishima también eran tradicionalistas y de extrema derecha. Lo que no es discutible es la homosexualidad de Mishima, la que hizo expresa a través de al menos dos de sus libros, en particular “Confesiones de una máscara”, donde el hablante-narrador relata una experiencia de encubrimiento doloroso de la homosexualidad y un afán de exaltar y liberar la sensibilidad y el deseo homosexual. Mishima hizo un culto permanente del cuerpo masculino y realizó fotografía de estética homoerótica, entre las que destaca su performance sobre el tema de San Sebastián, del que además hizo una bellísima página -en el citado libro- sobre su primera masturbación observando una enciclopedia de pintura universal donde cedió al autoerotismo viendo la conocida imagen de Guido Reni. Por lo demás el San Sebastián es un ícono gay inconfundible de la cultura popular. Consigno estos detalles a partir de la alusión al tópico samurai que hizo Venner, a fin de poner en evidencia que esta clase de códigos pueden ser leídos o interpretados desde todo ángulo de la cultura y no existe sobre estas percepciones una especie de reserva patrimonial de los activistas anti-derechos de minorías sexuales. Pero la contradicción es flagrante y no deja de sorprender cuando es posible ver a estas corrientes ideológicas intentando blindar sus posturas con las ideas de Mishima, cuestión que más allá de la alusión al tema del seppuku samurai, se hace evidente en la página española de misceláneas ultraderechistas llamada El Manifiesto (.com) que en su post de ayer hace un homenaje a Venner encabezado con la siguiente cita de Mishima: “Será, entonces, que pertenezco a los cielos? ¿Por qué, si no, persistirían los cielos en clavar en mí su azul mirada, instándome, y a mi mente, a subir cada vez más, a penetrar en la bóveda celeste, tirando de mí sin cesar hacia unas alturas muy por encima de los humanos.”. El fragmento está tomado del ensayo fundamental del autor japonés, “El sol y el acero” donde precisamente desarrolla el tema del sacrificio como forma de conservar la belleza, asociando ésta con la virtud y el idealismo propio de la juventud. El culto a lo masculino estaba consagrado por el ejercicio y el afán de convertir al cuerpo en obra de arte. Inspirado en tales ideas formó la Sociedad del Escudo, movimiento de élite integrado sólo por jóvenes, donde al escritor le cupo ser guía y maestro. En este movimiento Mishima canalizó dos elementos claramente discernibles de su cosmovisión:
Y. Mishima
(1) el ideal de vida y pensamiento helénico y (2) la tradición ritual del antiguo código samurai. Con ello cifra otra paradoja de estas corrientes: tradicionalista oriental y occidentalista al mismo tiempo. De su organización paramilitar saldrán sus predilectos discípulos. A uno de ellos tocó completar el ritual suicida del seppuku en calidad de asistente o kaishaku-nin, el que debe aliviar el dolor del inmolado propinándole la decapitación. Pero el destinado a esta tarea fue en principio el joven Morita, al que se da por cierto que era su amante y tan amado que tuvo el extraño privilegio de acompañar al maestro en la determinación final. Morita fracasa en el intento por no aplicar la debida fuerza en la brutal tarea (se dice que asesta 3 golpes fallidos sin consumar la decapitación), la que debió ser completada por otro con la pareja que así se consagra unida en el ritual heroico. El asistente definitivo fue Furu-Koga, quien luego de la doble ejecución, según dice el relato a estas alturas ya legendario, se inclinó ante las cabezas de sus camaradas muertos y rompió a llorar como un niño. Tal el sacrificio samurai. De manera que Venner no lo ha practicado en rigor, por no observar ni las mínimas facturas de esta práctica por más que las haya invocado. Por otra parte, incluso si Mishima era de ultra derecha como muchos interpretan, ya vemos que se puede sostener estas ideas y a la vez ser abiertamente homosexual. También cabe mencionar que, en esto de las palabras, siempre nos quedaremos cortos si no hilamos fino, porque ser de ultraderecha no siempre coincide con ser católico o conservador. De partida la ultraderecha intelectual contemporánea ha impulsado un rescate de las tradiciones paganas, así como de los ritos y mitos propios del folklore y las culturas locales, afines al nacionalismo y al pensamiento arcaico. En Chile es el caso de Miguel Serrano y el círculo intelectual ligado a la Revista Ciudad de Los Césares, cuyas posturas políticas contra el capitalismo global y la destrucción ambiental son lejos más frontales que las sostenidas por cualquier izquierda contemporánea. No obstante en materia de libertad de expresión y de conductas de minorías sexuales, parece haber un irracional y transversal odio que no conoce fronteras ideológicas. Por cierto que los ultraderechistas podrían encontrar perfectamente un pivote moral en los argumentos dados, por ejemplo, por Fidel Castro en los años 60 para justificar los campos de concentración y la llamada ley de “conducta impropia” para “rectificar conductas sexuales” en la isla. 

 
Adriano sostiene a Antínoo; Arte Médicis, Florencia
Pero sigamos con Venner. La segunda alusión que el suicida hizo en su peripatética proclama final, es a la moral de “los antiguos romanos”. No hace falta extenderse sobre la contradicción de este punto. Baste recordar al más insigne emperador de la Pax Romana, Plubio Adriano, y su relación mejor que matrimonial con el joven Antínoo al que llegó a convertir en figura de culto. Por no decir adicionalmente que los más admirados filósofos, estadistas y artistas de la cultura occidental en la que dice inspirarse la ultraderecha, desde Platón a Da Vinci, fueron homosexuales y son la esencia de lo que podríamos llamar el pensamiento greco-latino. En la antigua Roma, particularmente durante el período helénico, la conducta homosexual fue parte de la cultura y las instituciones romanas de un modo similar a como lo fue en la Grecia clásica, con predominio de la relación maestro-discípulo que abarcaba la educación, la conducción moral y la iniciación sexual de los jóvenes, con exaltación y culto a la masculinidad como ideal de belleza y virtud.

Entre otras falacias proféticas de Venner cabe mencionar aquella de que “dentro de 15 años los musulmanes tendrán el poder en Francia y eliminarán esa ley ya que el rechazo al matrimonio homosexual es el único punto en común entre la tradición europea (que respeta a la mujer) y el islam (que no la respeta).”. En efecto una de las obsesiones del pretendido mártir era la expansión del islamismo en Europa y Francia en especial, a las que consideraba en proceso de colapso inminente por las “hordas salvajes venidas del Sur”. Venner creía en la superioridad racial y cultural de Europa, por cierto, no a la manera de una preferencia o identificación legítima sino con visos de vulgar racismo chovinista. De hecho Venner fue miembro de una organización paramilitar ilegal que cometía atentados terroristas durante la guerra de independencia de Argelia y consideró el fin del colonialismo francés como una renuncia a valores supremos de su nación. Sobre el aserto citado más arriba caben dos observaciones:

1.- No existe ninguna relación entre el “respeto a la mujer” y los derechos de las minorías sexuales. El matrimonio igualitario homoparental no quita espacio a los matrimonios heterosexuales porque quienes contraen el primero nunca contraerán el segundo. Por otra parte es bastante poco discernible qué se está queriendo inferir con la expresión “respeto” a la mujer dentro de un código de ideas que tiene por máximo valor el sentido de autoridad, el culto a la violencia y la ostentación de la familia jerárquica basada en roles biológicos definidos por la procreación.

2.- Llegue o no a cumplirse la profecía de Venner sobre la expansión musulmana en Francia, no es dable saber qué corriente dentro del amplio horizonte cultural del islamismo sería la que llegue a predominar. Existen pensadores islámicos como el catalán Abdennur Prado que consideran la persecución de la homosexualidad en países islámicos como resultado de una influencia cultural de Occidente y recuerda que en algunos países árabes la penalización de esta conducta es posterior a los años 70, siendo resultado de la polarización de las sociedades musulmanas producto del conflicto étnico, cultural y económico entre las potencias Occidentales y los países árabes.
Sha con paje; Riza Abbasi, Persia, Sig. XIV

A lo anterior hay que sumar que la conducta homosexual con todas sus connotaciones naturales sobre enfoques del placer y la emotividad o incluso la estética, son parte de la cultura islámica de data inmemorial. Está presente en Las mil y una noches así como en la poesía de Omar Kayam y Abu Nawas, este último dedicado exclusivamente al culto lírico de “el amor entre muchachos”. Y baste recordar que la tradición hispánica consideró los países del norte de África, los territorios islámicos del llamado Magreb, como paraísos de la libertad homosexual durante siglos, en contraposición a la represiva sociedad cristiano-europea.


Se podría abundar mucho más en consideraciones pero sería agotador ya que las falacias del discurso de Venner son innumerables. Estas posturas podrían no ser nocivas en sí mismas ya que están inscritas en el marco de la libertad de expresión y al igual que las posturas de extrema izquierda se ven a sí mismas como quijotadas, se identifican con la seductora consigna de lo “políticamente incorrecto” y se victimizan frente a la consagración de las libertades públicas en la sociedad moderna. También son minoría, también son reflejo de la diversidad humana y también son expresiones del poder figurativo simbólico ilimitado que puede tener la mente y el uso de la palabra. No obstante son ideas que revisten la ambición del poder político y presumen del ideal de pensamiento-acción. Suelen devenir en parodias del discurso religioso y apologías del martirologio. En esa medida buscan la elocuencia retórica para inducir convicciones masivas, pero están destinadas a desgastarse y fenecer por la persuasión, ante el hecho imbatible de la búsqueda de felicidad de los seres humanos, búsqueda incompatible con los dogmas. Se ha dado por repetir que Venner era una mente brillante y un escritor incansable. No lo era menos un Roger Peyrefitte o una Marguerite Yourcenar y nadie puede decir que las conductas y opiniones de aquéllos hayan sido fáciles o “políticamente correctas”. De hecho ante ellos la “incansable” escritura de Venner es un pálido remedo de cursilerías, clichés y tremendismos decadentes, aunque ¡cuidado!, decadentistas eran también los simbolistas y parnasianos franceses y su movimiento llegó a ser revolucionario de tan reaccionario, así como a la inversa, Napoleón llegó a serlo por caminos distintos.
M. Yourcenar
R. Peyrefitte

La historia como decía Borges, también puede ser mirada como una ficción literaria basada en hechos reales. O bien podemos decir con Nietzsche que “no existen los hechos, sólo las interpretaciones”. Si no existe el factor ideológico la historia y la literatura podrían ser meras estadísticas y compendios de efemérides. Pero incluso ese factor ideológico intervendría en la conservación selectiva de hitos. De entre estos caprichos se justifica la práctica literaria que tenga como fin la libertad integral del ser humano. Las otras quedan en el inventario universal de pequeñeces y grandilocuencias inútiles, como en poco tiempo lo será la “obra” de Dominique Venner.



© Leonidas Rubio, 2013

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