domingo, 7 de julio de 2013

CONJETURA SOBRE LA CUEVA DE LAS MANOS



Alto Río, Argentina (10.000 AEC)









Tengo un momento que contiene al mundo,
he descubierto una puerta tan pesada
como el vértigo tras ella; requiero
invenciones que no caben en los números:
tiempo en las manos, sangre de bestias
empapando el oro reposado de la arena,
genealogías del temor a los abismos;
el poblamiento de las noches
pues el día es infértil
y las estaciones se mueven en la sombra;
un árbol que no cabe en la memoria
donde su follaje y sus raíces se topan y se enredan;
las aguas sin orilla de los odios, deseos, ascos, ruinas
y la única manera de retorno que toleran
las criaturas fugaces: el amor sin recuerdos,
las horas que acopian piel bajo piel,
anillo sobre anillo, ola bajo ola
en el turbulento error de la conciencia;
un mundo nacido precario en su vejez de ser nuevo
con tanto pasado a cada instante.
Me encerraré en un antro a registrar
el impulso de su crecimiento
en ocre, verde, opalino, cyan, magenta,
pigmentos que se absorben y desplazan
de los dedos a los muros
como si traspasaran sueños de permanencia,
rostros, rastros de asombro que los hombres venideros
juzgarán simples niñerías.
Conforme mis años las van acumulando
en ellas quedan los otros que hay en mí
si bien aún no poseo un idioma
para expresar estas cosas.

En el futuro creerán que soy multitudes.


(De "Actas de Mala Fe", en preparación)

No hay comentarios: