lunes, 22 de julio de 2013

MONDRAGÓN


…y que a nada sino al azar y a ninguna voluntad sagrada
de demonio o de dios debo mi ruina

L. Mª Panero


Suena a saga de reyes,
(el Sabio Alfonso o el Pendragón Arturo),
monte de dragones o salamandra de libelo alquimista
pero es un cementerio para vivos.
                                                           Estás ahí
porque te recluyó tu madre
para curarte de la precocidad:
bisexual y drogadicto a los 16
es demasiado excitante para una madre
y tiene que esconder en algún lado su lascivia. 

¿Y qué hay en Mondragón
                                               que no haya en cualquier sitio?

Un bosque de agujas,
una madeja de sondas
que te va
                        -me va-
                                               te vas tragando;
un poco de sexo sordomudo
contra el blanco sepulcral de los azulejos.
Eso se permite en cualquier lado,
incluso si manchas una sábana
después de un orgasmo atómico
te puedes convertir en Jesucristo. 

Oí una canción de tortura
que decía “respeto a sí mismo”.
                                               ¿Pero quién es ese tal sí-mismo
                                               para que yo le tenga respeto?
Ha de ser otro desgraciado
que su madre quiso ahogar con una almohada
o su padre le metió el dedo en el ano
un poco antes de posar sonriendo para el álbum de familia.

Ven a izar tu sábana sagrada
con la mancha del electroshock
en el mástil civil de los putos y los locos. 

Verás que aplauden y se sienten a salvo.





(en Malas Costumbres; Mosquito Ediciones;
Santiago; 2013)

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