martes, 6 de agosto de 2013

ARIA CON VARIACIONES

San Sebastian; Guido Renni.




Con la Cantilena* de Villa-Lobos en la memoria
se puede cometer un crimen de delicias matinales,
antes o después del desayuno porno
o las prácticas de tiro con el que vocea el diario;
propicia una dulce venganza o una profanación de templos,
de tumbas o de aulas;
se puede ir con un nombre ridículamente demodé
simulando accidentes por las calles de una aldea en ruinas
para poner en su lugar a los ancianos que la arruinaron:
los Ghoete, fundadores del cuerpo de bomberos;
los Voltaire, artesanos en estribos; los Lutero, caciques forestales;
los Ulianov contra los Romanov, los Arredondo contra los Montesco,
los Capuleto contra los García Calfunao. 

Con un buen argumento melódico en la mente
se puede fisgonear nalgas de curva lenta
imbricadas en los pasos peatonales,
los tumultos escolares o las heladerías
y la nota larga del murmullo final
podría coronar la caída de una rosa asperjada en semen
sobre el torso desnudo del San Sebastián de Reni, el extasiado
                                                                       con el placer de las ballestas.
Se podría recuperar el objeto usurpado por la madre castradora
o el sitio arrebatado por el padre abusador
así el parricidio ponga en orden otras cosas que no merecen justicia
pero el viaje sin retorno al genio, al loco o al mártir
deja estrías en el sueño profundo
y pone brillo en la indemnidad de la mirada
que reblandece la gesta de la amanecida
cuando se sale al disimulo urbano y se canta la Cantilena de Villa-Lobos
                                                                                                          sin motivo.


*Primer movimiento de la Bachiana Nº 5 llamada Aria o Cantilena,
de Heitor Villa-Lobos (1887-1959).






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