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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

jueves, 12 de septiembre de 2013

"DESPUÉS DE TANTOS AÑOS" DE "EL DESENCANTO"


"Después de tantos años"; R. Franco; tumba Panero.
"En 1962 murió en la ciudad de Astorga el poeta Leopoldo Panero Torbado, considerado por el régimen franquista su poeta oficial.  

En 1974 el director Jaime Chávarri y el productor Elías Querejeta emprendieron el rodaje de "El Desencanto". En la película la viuda de Leopoldo Panero y sus tres hijos diseccionaban su historia familiar. 

En 1976, un año después de la muerte del General Franco y los últimos fusilados por su régimen, se estrenó "El Desencanto". Inmediatamente se convirtió en un fenómeno social y se interpretó como una metáfora del franquismo.

En 1990 murió Felicidad Blanc, la madre de los Panero, de un proceso canceroso que se había iniciado 10 años antes.

Hoy el mayor de los hijos, Juan Luis, vive en un pueblo del Ampurdán (Gerona), desde donde sigue publicando poesía. 

El segundo, Leopoldo María, también poeta, está internado en el hospital psiquiátrico de Mondragón (Guipuzcoa). 

José Moisés "Michi", el pequeño, tras superar un principio de cirrosis y aquejado de polineuritis crónica, escribe la crítica de televisión en un diario de Madrid."


Así empieza "Después de tantos años", dirigida por Ricardo Franco, estrenada en 1994. Si consideramos que "El Desencanto" de Jaime Chávarri fue filmada en 1974, se puede decir que entre ambas median 20 años justos. El tiempo suficiente para comprobar que el fin de raza pregonado por Juan Luis, el hermano mayor, era un hecho consumado.  Ambas cintas engarzan fácilmente con su retrato en primera persona de la disfuncional y enigmática familia Panero Blanc, sobre la cual -familia y películas- se han vertido ríos de tinta. A casi 40 años del estreno de la primera y 20 desde la segunda cinta, es posible mirar los personajes con la suficiente panorámica, habida cuenta de que sus roles no son fruto de un guión, sino que resultan de la representación dramática que eligieron y/o aceptaron por vida:

 I

"Michi" José Moisés (1951-2004): el Michi juvenil se proyecta a la perfección en la honestidad descarnada y descarada del Michi maduro, decadente y vencido, con trazas de ángel apaleado después de caer a plomo desde ese fuero bizarro que es la precocidad: la belleza , la inocencia del niño y la lucidez del adulto en un embutido desparejo. Así fue que el niño precoz llegó a anciano prematuro sin un atisbo de autocompasión ni el menor remordimiento en despojar a los demás de todo indulto. En las palabras del Michi de 1974 tanto como en el de 1994 se percibe a un hombre que disfruta lo que dice empalagado en la crudeza. Se ha dicho con razón que Michi es el poeta sin libro de los 3 Panero hijos. La forma de articular sus expresiones es estética y retóricamente intachable, sin pérdida de autenticidad ni la menor traza de histrionismo. No deja títere con cabeza: la familia, la izquierda española, el franquismo,  los esnob del ambiente literario madrileño, sí mismo. Es inolvidable recordarlo en el minuto 8 de "El Desencanto" espetando: "desde luego todo lo que yo sé sobre el pasado, futuro y sobre todo el presente de la familia Panero, es que es la sordidez más puñetera que he visto en mi vida". Sin embargo es obvio que tanto él como sus hermanos están en todo momento conscientes de su actuación en cuanto tal, y tanto la padecen como la disfrutan. Implacable con sus dos hermanos mayores, hace una hagiografía casi gótica de ellos, contribuyendo sin querer a la imagen romántica de ambos, especialmente de Leopoldo. Se hace querer sin dificultad. Su frase emblemática en 1974-76 es la ironía "Éramos tan felices". En 1994: "En la vida se puede ser cualquier cosa, menos coñazo".

 II

Leopoldo María (1948): El poeta loco por elección y por inducción, admirable y repugnante. En el decir de Michi es paranoico, sucio, violento, mentiroso, teatral, desquiciante y cada vez escribe más mal, "lo que para él debe ser terrible porque yo creo que se da cuenta". Es posible que así sea, pero hay una cosa que es irrefutable: no ha habido un poeta desde Artaud en adelante que pueda refrendar su poética de la locura con una veracidad y legitimidad superior a la de Leopoldo María. En "El Desencanto" habla con la lengua medio trabada, parecida al efecto de un estupefaciente o del alcohol. Habitualmente su dicción es confusa y su relato lleno de muletillas. La descripción grotesca que le hace Michi y la autoimagen macabra de Leopoldo es llevada a lo obvio en la película de Ricardo Franco con la superposición de escenas de Frankestein, (1931, James Whale). Leopoldo está exasperado por la coherencia. Su cabeza es una máquina analógica. Su odio interpela a la psiquiatría y también a la locura, pero lo hace desde una arista de la normalidad: la hiperlucidez. En verdad no se entiende por qué Leopoldo lleva casi 50 años dando vueltas en casas de orates. Se sabe que la madre lo metió allí por un intento de suicidio en la adolescencia y nunca se le dio el alta. Pero el hecho biográfico o técnico sale sobrante. El hecho práctico no cuadra. Michi afirmaba que su hermano no quiere salir del manicomio porque no tiene dónde ir ni quién lo atienda. El director Chávarri declara lo mismo en una entrevista. Pero Leopoldo se empecina en construir su propia leyenda y darle a su internación un carácter épico: "Me las di de chulo, me quise meter con toda España y toda España me ha metido aquí", dice en la cinta de 1976. Es cosa sabida que antes del manicomio pasó por la cárcel por actividades antifranquistas de su adolescencia y que la madre vio el hospital como un mal menor. Bien o mal, es el poeta por excelencia en un país con más tradición libresca que poesía viva y verosímil. Por su presencia España recupera tardíamente el eslabón perdido con el romanticismo francés y las vanguardias, en un proceso que quedó pendiente hace más de un siglo, que a lo más Becquer llegó a esbozar pero no logró agotar ni por asomo y que luego a principios del siglo XX se pasmó, se dispersó en la generación del 27 y sus pobres remedos ambivalentes entre el surrealismo y el realismo socialista, y que la guerra civil y posterior dictadura de largos 40 años truncó definitivamente. Habría que hacer justicia al eslabón perdido en Pere Gimferrer, por cierto, y su recuperación de la música verbal post-romántica, talvez impresionista o modernista. Pero en Panero está la consecuencia reclamada por la videncia-acción. No es del todo claro por qué pero sin duda tampoco es casual que esta continuidad atorada se haya dado a partir de un poeta nacido bajo el alero de otro mayor que fue en su momento considerado el poeta oficial del franquismo, como fue Panero padre. Es así que Leopoldo hijo no es esencialmente contemporáneo de sus pares. Es un guiño a otra tradición, una sustancia anacrónica que subyace en el pensamiento español. Su locura era una deuda morosa en la poesía y la cultura de España. Él ha sido el becerro propiciatorio y su cautiverio es el sentimiento de culpa y a la vez la venganza del viejo país inquisidor. Como poeta lo sabe y lo repite: "Conmigo la cogió toda España como Hitler con los judíos", no se cansa de repetir. Y otra consigna emblemática suya, corrigiendo precisamente a Becquer: "Dios mío que solos se quedan los locos!!", donde "loco" desde luego se superpone, complementa y alterna sentidos con el original "muertos". Sin Leopoldo María Panero la poesía de España tendría pésima salud mental. En la cinta de 1976 y en la 1994 se da ese testimonio.

 III

Juan Luis (1942): es el mayor de los hermanos y el más consolidado de ellos. En el decir de Michi es egoísta, cobarde, avaro, sin identidad y aburrido. Como poeta es el más pulcro de la dinastía, con cierto encorsetamiento retórico que lo hace falto de emoción. En "El Desencanto" es el más sobreactuado y lejos el más desagradable. No lo hace mucho mejor en "Después de Tantos Años". Posee una dicción y un tono de voz que infunde solemnidad a todo cuanto dice, aunque la mayor parte son lugares comunes sobre la vejez, la soledad y la muerte, en todo caso, no por cliché menos ciertos. Su rol preconcebido frente a la cámara y de seguro fuera de ellas, es diferenciarse de los hermanos. Juan Luis sólo tenía como camino ser metódico y oficioso en su escritura para poner una valla con su vida a un lado y la vagancia de Michi más la locura de Leopoldo por el otro. El resultado es una porrada de premios y prestigios que los otros no han tenido pero a costa de credibilidad pasional y poder de encantamiento. Entre los jóvenes para qué decir. Su causa está perdida en la medida en que Michi se vuelve legendario y Leopoldo una figura de culto. En "El Desencanto" se le ve arrogante y corajudo. En "Después de Tantos Años" se le ve cansado y resignado, pero ilustre. Su frase emblemática es una cita de Scott Fitzgerald: "Evidentemente toda vida es un proceso de demolición".

IV

Felicidad Blanc (1913-1990): Es el clásico prototipo de la dama: distinguida, hermosa, compuesta, medida en sus declaraciones. Enfrentó con entereza la aguda memoria de sus hijos Michi y Leopoldo que no pierden rastro de su infancia y juventud inmersos en el autoritarismo del padre y la obsecuencia cuando no cobardía de la madre. Felicidad es interpelada y cuestionada en los diálogos, donde escucha a sus contrapartes casi sin hacer un gesto y siempre consciente de estar siendo filmada. Sus respuestas son francas pero templadas. Se defiende de acusaciones que Leopoldo le lanza a raíz de su primera internación. Cuando está sola maneja el relato como una anfitriona de velada, con gracia y estilo. En más de un momento desliza cierta ironía lúgubre o usa giros literarios en la conversación, reflejando a la escritora impecable que había en ella, que se postergó a la sombra del marido y pudo florecer en la viudez. Los hijos reflejan una relación bipolar con la madre, especialmente Leopoldo, que hace explícito su amor-odio hacia ella. Cuando Felicidad muere el poeta loco la trata de resucitar respirando en su boca. En "El Desencanto" queda de ella una imagen de víctima. En "Después de tantos años" se conocen sórdidos detalles sobre su enfermedad y muerte, pero a todo se asiste como a una ficción tragicómica. Felicidad es el personaje que mejor equilibra esa condición maligna e inocente de lo angelical.


V

Sobre Panero padre cabe decir que, no obstante su historia oficial, su actividad literaria se confunde con la de toda la generación del 27 e incluso se le sabe involucrado con la República antes de la guerra civil. Su franquismo más que ideológico fue ciudadano. Optó por quedarse en España y trabajar al alero del poder sin ningún escrúpulo. Esta decisión lo hizo ser célebre en España pero quedarse solo en el ambiente literario internacional. Los escritores adherentes a dictaduras marxistas son mayoría y conquistarán el halo del honor de lo políticamente correcto, en tanto un escritor solitario al servicio de una dictadura de inspiración fascista está condenado a desaparecer en la ignominia. Compartió esa suerte con su mejor amigo, el poeta Luis Rosales, de quien Felicidad Blanc dice haber tenido celos, ya que pasaba más tiempo con Panero que ella misma. Michi dice recordarlo como a un sujeto siempre borracho, profiriendo gritos y estruendos, "capaz de sacar a las 4 de la mañana a un niño de 6 años y hacerlo cruzar un bosque oscuro para comprobar que es valiente". Leopoldo dice que se sintió querido por el padre "a pesar de los palizones". Juan Luis dice sobre la muerte del padre: "...sentí que caía una enorme loza sobre la historia. Cuando murió mi abuela sentí que había caído el único ser que me había querido".

 VI

En "El Desencanto" se puede percibir un salto en el audio a la altura del minuto 77 y 30 segundos. Allí ocurre que Leopoldo María, hablando de sus 19 años, le dice a su madre que en un manicomio no se puede tener grandes amantes pero aún así "conseguí que me la chuparan unos cuantos subnormales por un paquete de tabaco". En la película se escucha desde "subnormales" en adelante. Esto lo ha revelado Jaime Chávarri en numerosas entrevistas, agregando el dato crucial de que aquélla fue la última cinta afectada por la censura cinematográfica del régimen franquista. El pasaje está entre los mejores momentos de la película, dentro de la secuencia tomada en un banquillo a la sombra de los murallones del Liceo Italiano, donde se producen diálogos de antología en torno a la permanente desarticulación de la normalidad de una familia sobrepasada por su imagen externa y su crisis interna, venida ésta no tanto de desavenencias sino de la interacción tensa de 4 personalidades complejas -la madre y los 3 hijos- a la sombra de una figura de autoridad -el padre- que al morir produce un efecto de olla a presión o de despeñadero. La conversación en el banquillo recuerda las charlas posteriores a un funeral.

VII

"Después de tantos años" cuenta con el aventón de su predecesora pero consigue un vuelo rasante autónomo por las verdades de la familia, y ya consumados los peores pronósticos sobre cada integrante. Es muy mala la música incidental (Loreena Makennitt le queda pésimo a todas las escenas) y algunas ideas como la ola reventando o el desenfoque en blanco y negro no se justifican, pero tiene aciertos conceptuales como el golpe en el vidrio esmerilado en tres ocasiones de las cuales sólo se entiende la última, cuando Michi explica su significado dentro del recuerdo. Ver una cinta es obligarse a ver la otra y luego recorrer los libros de Leopoldo y no menos los de Juan Luis o Leopoldo padre o las memorias de Felicidad Blanc o los escasos registros de y sobre el adorable Michi. Aún faltan ríos de tinta para agotarlas.

"Un análisis aplicado a mi familia me enseña, pues no sé, cosas como que mi hermano Michi es un esquizofrénico. La esquizofrenia es una cosa preciosa y mi hermano Michi por eso es un ser encantador, aunque me meta pullas y me diga Pipí Calzas Largas, sin embargo es un ser que está muy bien. Y el otro es un paranoico y la paranoia es una cosa bastante desagradable. O sea la paranoia significa dudar de, tener temores, en fin: es la locura que lo pasa mal. Yo creo que he sido el chivo expiatorio de toda mi familia. Me han convertido en el símbolo de todo lo que más detestaban de ellos mismos, pero que estaba en ellos mismos quizá más que en mí. Lo que pasa es que, no sé, la locura o la sinrazón o la desviación de la norma, de lo que se deduce no es de la palabra, sino del gesto. Entonces como a nivel de gestos he sido, digamos, más desrazonado que ellos, pues han aprovechado eso para convertirme en su chivo expiatorio. Pero sin embargo a nivel de pensamientos, en fin... más vale callarme sobre ese tema."


Leopoldo María Panero Blanc
El Desencanto; J. Chávarri; 79'' a 81''.


  


 
 



  (Imágenes en blanco y negro: "El desencanto"; J. Chávarri, 1976.
Imágenes en color: "Después de tantos años"; R. Franco, 1994.) 

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