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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

domingo, 24 de noviembre de 2013

PACO DE LUCÍA EN CHILE


 
Escenario del Arena Monticello.
 
 
 
Paco de Lucía se presentó anoche 23 de noviembre, a las 21.15 horas, en el Arena Monticello ante unas 3300 personas. Es su tercera presentación en Chile, después de sus visitas en 1984 (si mal no recuerdo) y 1996. El lugar no pudo estar peor elegido: el casino está en una confluencia de cerros que rodean el valle de Angostura, regido por un brazo del río Maipo que está a unas 8 cuadras hacia el poniente. Es un microclima muy caprichoso y esta noche hacía un frío intolerable, de castañetear los dientes. Además el casino Monticello se encuentra enclavado en una explanada central de la carretera, con las dos calles rodeándolo. El viento llevaba el ruido de pesados vehículos, que no fue poco decir en un ambiente abierto. A eso se puede sumar el hecho de que el Casino Monticello es una especie de templo de la ignorancia y el mal gusto, la ostentación del materialismo y la vulgaridad más penosa -aquélla de un segmento social que tiene todo para elegir otra cosa-, repleta de personas que no valoran su tiempo ni su dinero; algo así como la antítesis de lo que representa Paco de Lucía y la música en general, pero ese era el sitio.
 

La amplificación era deficiente en pureza y volumen. Se optó por un balance plano que regulaba las frecuencias intermedias, de suerte que los instrumentos no se oían diferenciados, salvo en los momentos solistas. El escenario decorado como es habitual en sus conciertos, con palmas de Canarias. Paco vestido con camisa blanca y chaleco negro sin mangas, comenzó acusando percepción del clima. Se disculpó por afinar la guitarra "que se pone loca... se desafina mucho con estos fríos". (Preguntó dos veces si teníamos frío, lo que no dejaba duda de que él lo tenía). El público seguía con atención y devoción cada gesto suyo y al parecer se trataba en su mayoría de entendidos porque seguíamos sin dificultad los ritmos flamencos, con las palmas y los pies que ayudaban a atemperar el cuerpo en una noche de pésimo ambiente.
 

El primer tema fue su única entrega solista: una versión alargada de "Camarón" con fragmentos y cierre de "Mi niño curro", unos 8 minutos. Luego ingresa la banda con Alaín Pérez en el bajo, Antonio Sánchez en segunda guitarra, el asombroso Antonio Serrano en la armónica y teclado ocasional (que ojalá no tocara nunca), Piraña en las percusiones y 3 cantaores excepcionales de los cuales uno era virtuoso bailaor. El repertorio estuvo conformado por piezas largas de estilo mix, donde fusiona temas ya conocidos de sus últimas giras, casi todos extraídos del álbum "Cositas Buenas" (2004). La entrega fue fluida, con más concepto de una banda instrumental donde el guitarrista es líder, que de un show de lucimiento personal.
 
 
Paco es un genio humilde, que nunca ha olvidado sus orígenes de niño de pueblo pobre. Eso ha permeado su personalidad. Es un hijo del rigor y la disciplina, no en el sentido marcial de la expresión sino en el del sacrificio por la obtención de una técnica instrumental y un lenguaje musical de excelencia. Ese trabajo sumado a condiciones privilegiadas de oído y motricidad (es un verdadero fenómeno de la naturaleza) lo han hecho ser quien es. Su inspiración y sensibilidad no tienen parangón, aún en la tradición de la guitarra, atiborrada de grandes maestros.
 

Numerosas entrevistas dan cuenta de su timidez y carácter sencillo. Ha dicho que antes de un concierto siempre se siente inseguro pero que una vez comenzado se conecta con algo especial, la energía del público y un nivel de su mente que le "dicta" la música. En su estilo toda pieza debe ser recreada. No existe una versión igual a otra, máximo desde los años 90 en que la improvisación propia del jazz fusión pasó a ser parte integral de su lenguaje. No cabe duda de que esta conexión misteriosa es parte de su método, pero en la misma medida me atrevo a afirmar que anoche no consiguió esa conexión. Vi a un Paco ausente, diluido en la banda, posiblemente desconcentrado, con pasajes crípticos donde sólo la base armónica mantenía el tema en desarrollo. Los momentos melódicos de las largas piezas fusionadas daban cuenta de un trabajo de memoria grupal sumamente depurado. Mientras menos pie hubiera para la improvisación mejor se dejaban sentir las piezas. Los contrapuntos con Antonio Serrano en la armónica eran de una coordinación "a la nota" como quien dice al dedillo, de puro placer auditivo. Alaín Pérez estuvo discreto sin que por eso se opacara su brillo, habida cuenta de haber sido castigado por la calidad de sonido, donde pareció un rutinario bajista de sesión y no el genio que sabemos que es. Pocas veces he estado tan consciente de la distorsión del sonido amplificado en la guitarra acústica, cuyo principal virtud es la limpieza de sonido integrador de detalles: la madera, las cuerdas, las yemas. Paco utilizó con frecuencia la técnica de pulgar, que da menos volumen pero hace la nota más cristalina, con una sutil "suciedad" de la uña grande que le da calidez. También es evidente que está en una etapa de su vida en que no necesita del virtuosismo aplastante que lo hizo célebre antes. Cada vez menos amigo de las fusas y semifusas y más amigo del contenido de la pieza, la creación de atmósferas universales, la euforia y el dramatismo propio del flamenco junto a la melancolía y la dulzura de la guitarra clásica, más el ingenio emocional del jazz.
 

Probablemente no es su mejor concierto y definitivamente no era el mejor lugar ni la mejor noche para verlo, pero es el único que tendremos quienes -en este Chile del siglo XXI- hemos adorado el mensaje sin palabras de este hombre legendario. Y ese es el momento que tendremos para atesorar como recuerdo indeleble.

 

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