viernes, 13 de diciembre de 2013

75 AÑOS DE MANDRÁGORA CHILENSIS





Mandrágora es el surrealismo con sabor a empanadas y vino tinto. Mandrágora es la expresión chilena de la rebeldía, la inteligencia y la emoción llevada a colmos irritantes, crispada de sentidos, trafagada de tensiones, estragada de instintos explosivos. Mandrágora es una flor venenosa según su dosis, por eso siempre poética, severamente curativa. Sus acólitos: Gómez-Correa llamado Enrique, Arenas llamado Braulio, Cid llamado Teófilo, Cáceres llamado Jorge Luis. Su grito de guerra estalla en julio de 1938 en el Auditorium de la Universidad de Chile. Antes de esta germinación resolutiva la semilla o huevo alquímico ha incubado en Talca, una aldea contraindicada para el espíritu, por mucho que éste sople donde quiera. Sobreponiéndose a la ruralidad mental que atrofia los talentos entre cascos de caballo y ruedas de carreta, trabucos feudales, sotanas parroquiales y visillos chismosos, 3 de los 4 francotiradores arriesgarán revistas, traducciones todavía escolares, manifiestos inofensivos. Son las escaramuzas previas al combate. En Santiago se les sumará un enfant terrible de 15 años que sólo sabe expresarse a través de la poesía. Como el otro, el legendario, cree que la Belleza es su mascota leal aunque escupida. Gonzalo Rojas pasa por ella como una estrella fugaz. Otro visitante será raro como la leyenda de su flor: Jorge Onfray, eternamente sumergido. Entre 1938 y 1941 serán alumbrados 7 números de la revista más insobornable e híper lúcida que haya dado la poesía chilena: Mandrágora, la flor que crece a los pies del cadalso con el semen de los ahorcados. Será también el estertor de placer de un momento de la cultura chilena. Braulio Arenas la llamará organización terrorista: "terror, sentido amenazante de la existencia, amor, poesía, libertad, revolución, videncia, automatismo, actos negros, entusiasmo, pureza, sueños, delirio...".

A partir de 1922 en Francia se ha fraguado un cambio de folio para la historia de la cultura. El intercambio de postas iniciado con la revolución romántica a fines del siglo XVIII conquista la gema de su corona con las vanguardias, que no por genuinas son menos artificiosas es ismos: dadá, las primeras palabras de un niño, el futuro, la sub-realidad o intra realidad, o súper realidad, engendran palabras nunca oídas y colores nunca vistos. En Chile un hombre que se maneja como pez experto en esas aguas hará lo propio con la palabra creación, gritando Non Serviam a la matriarca naturaleza. Son voces de insumisión integral. Este mismo hombre ha suprimido el García nobiliario de su apellido para ser nombrado con un Huidobro que ostente peso por sí solo. En 1925 ha dicho: "Necesitamos un alma y un ariete... Un ariete para destruir y un alma para construir". La década del 30 fueron años horrorosos para Chile. Un corolario de golpes, islas prisiones y sueños frustrados llega a su clímax con la irrupción de milicias rojas, azules y grises enajenando las calles: la insólita milicia republicana levantaba un ejército paralelo en nombre de una paz y orden que no se sabe a quién ordena ni a quien pacifica, con la autoridad soberana delegada por quién; socialistas, comunistas y nacionalistas hacían lo propio en un momento en que todos parecían desear el fracaso de la política, para continuar sus fines por otros medios. El epítome de la tragedia intuida y anunciada por los heraldos negros de la poesía llega, tal y como dijo Huidobro cuando arengaba su profecía ciudadana: "hay un grupo de jóvenes dispuestos a dejarse matar, si es necesario, por crear un Chile nuevo y grande." El 5 de septiembre de 1938 un grupo de 60 jóvenes, estudiantes y obreros, son acribillados en la Torre del Seguro Obrero, a pocos pasos del edificio presidencial en Santiago de Chile. Pocos meses antes ha muerto en una refriega callejera el joven cuentista Héctor Barreto. ¿Qué está pasando en Chile en esos años? Habría que decir someramente: lo mismo de siempre, modelos de sociedad en disputa, enfoques de desarrollo opuestos, poderes defendidos y amenazados en ruptura ideológica permanente. El nefasto año 1938 termina, como sugería el poeta René Char, con una salva por el porvenir: en diciembre, el primer número de la revista cuyo emblema es una flor maldita.

En la vanguardia originaria de la escuela francesa también han devenido suertes opuestas. Un sobreestimado André Breton había dicho "para mí el cambiar el mundo de Marx y el cambiar la vida de Rimbaud son la misma cosa". Pero Antonin Artaud, un genio volcánico que encarna el perfecto imprevisto no euclidiano, le replica: "Que el poder pase de una clase a otra es absolutamente insignificante desde el punto de vista del universo". Y el macro cosmos será reclamado en el micro-cosmos de la psiquis. Los sueños, el deseo, las pulsiones, los terrores, las disfunciones verbales, el placer, la locura, la expansión de la conciencia prometida por Blake, la videncia descrita por Swedenborg y los alquimistas heréticos, volverá a asomar la cabeza desde los miasmas de la Razón, esa viejita mimada por las buenas costumbres del positivismo. Y viene nuestro Sturm und  drang, nuestra tormenta e ímpetu criolla. Pero su causa, menos que aquella otra que comprometió a los patriarcas del pensamiento occidental contemporáneo contra las guerras franco-prusianas, será en este caso caóticamente política, ruidosamente insomne, escandalosamente provocadora. En un sentido más exacto, odiará la demagogia, la maquinaria militante, la falta de implicancia crítica, la desatención estética.

Un esfuerzo notable de recuperación del pensamiento de Mandrágora fue la edición facsimilar de los 7 números de la revista en 2000, bajo el cuidado de 3 editores. No obstante me permito refutar a uno de ellos, David Vassallo, que en el prólogo señala: "... la locura, el crimen, el incesto, el horror, lo demoniaco, la genealogía negra, devendrán hipnóticos en su plan demoledor de todos aquellos límites que la literatura burguesa ha instalado...". Pero, en honor a la verdad, es en la literatura burguesa desde el siglo de las luces en adelante, que estos temas han podido salvarse. La revolución burguesa por excelencia, la francesa, tuvo entre sus epígonos a un Nerval, una Aurore Dupin que prefería mostrarse como George Sand, un Dumas, un Sade, como antes en lengua inglesa hubo un Bram Stoker o el mismo Blake. Son los autores de la aristocracia decadente y los primeros enciclopedistas de formación jesuita y masónica los que han conservado la historia profunda de la cultura occidental, las mitologías, las herejías, el pensamiento analógico, onírico, sexual y explosivo en jaque con las preceptivas, desde el Renacimiento en adelante. Lo que los poetas de la Mandrágora hacen no es lo que dice Vassallo sino desafiar al realismo socialista extendido entre los artistas e intelectuales, poetas y novelistas los más, a partir de la hegemonía estalinista de un sector de la izquierda y sus redes en la clase media. Si bien los poetas de la Mandrágora se definen como antifascistas, no lo son menos en su anticomunismo, que los lleva a interpelar sin tregua a los poetas oficiales de la intelectualidad de izquierda, sus alianzas y sus prácticas en nada diferentes de las cúpulas partidarias tradicionales, corruptas, maquiavélicas y oportunistas en grados vomitivos. Mandrágora es una apuesta por el poeta independiente pero vigilante, libre pensador y libre creador a toda prueba, a su cuenta y riesgo. Mandrágora es el fuero del inconsciente trasparentado por el lenguaje, su ritmo y su imagen; una apuesta por el deseo allí donde se origina y donde se consuma, desde la palabra a la acción. Mandrágora fue el cambiar la vida de Rimbaud sin pasar por los contubernios que se proponían cambiar el mundo para empeorarlo como descubrió Gide en 1936, suponiendo que en el extremo de la aplicación del capitalismo no sea también cada vez peor. Los poetas de Mandrágora fueron vencidos por su propia noche, su alcohol, su opio, su belleza suicida como en Jorge Cáceres que apenas aceptó franquear los 25 años. Fueron vencidos también por su orgullo o su comodidad, que los convirtió en funcionarios e incluso en el caso de Arenas, en vergonzoso servidor de un régimen miserable. Pero hubo un momento en Chile en que la poesía fue una trinchera limpia, como un fenómeno espontáneo no controlado por sus actores. Hubo un grupo de hombres que fueron movidos por fuerzas invisibles, telúricas, metafísicas y parapsíquicas. Y ese episodio quedará grabado en el cuerpo doliente del Chile poético como un arrebato de energía similar al primer orgasmo. Lo que ocurre después, no puede contaminarlo.

 
NOTA: En el marco de la conmemoración del aniversario 75 del grupo Mandrágora se realizó desde octubre a diciembre del 2013 una seguidilla de eventos en Santiago, Talca, Corinto y Curicó. Desgraciadamente la incapacidad de los organizadores quiso que en la ciudad de Curicó la lectura poética del día miércoles 11 de diciembre se realizara sin poetas. Una pobrísima concurrencia de público coronó el infortunio. Por lo tanto en esta ciudad el acto de festejo de Mandrágora quedó vacante. Me permito rendirle honor con este artículo.


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