martes, 28 de enero de 2014

DISCURSO POR WHITMAN


-En 'Actas de (mala) Fe', Mosquito Editores, próxima aparición.



Sepa usted lo acontecido de este lado
de las puertas batidas, lapsos que caen
del dios suyo, dios de las praderas
con luenga barba y testículos ingentes
aunque con eso bastara, sepa usted, si acaso
me figura deificando, yo, el menos crédulo de los hombres,
por demás suscriptor de sus adeptos
para sufragar el rancho de su veteranía
cuando en Cándem tuvo ese retiro sumo,
misma aldea donde pluma y verga suya
fueron al reposo, sombrero cucalón y rifle suyo
de todo lidiar por las setenta y dos marcas
de cuchillo en sus dinteles, hacha y vientre suyo
de patriarca estéril señor de hijastros y ahijados,
cuáquero de río, semental en andrajos,
soldado y bardo por enfermería y linotipia,
usted, asístame la talla para deciros esto
en locuaz soliloquiada,
a mí, el menos hombre-masa que haber se pueda, déjeme
le lleve no sé cómo con este rol magro mío,
le cargue con su mole la hermandad pasmosa y populosa
que no menos incita no obstante ser Caín
uno de mis nombres, admítame estos ritmos tardíos,
estas silvas percutidas en pulso reverente, modo arcaico
que no me consentía otro tono de decir
de tanta ley como va corrido, de tanta lengua
farragosa o zalamera
de pablos esos imitadores suyos de lección varia,
el de roca y el de arena y leones otros
que le hirieron de adular donde el saqueo y el babeo,
ellos de tan hétero-fanfarria, justo a usted
tan homogéneo diverso. Pero seamos llanos
de franqueza corriente en las aguas de embriagarse,
ésas del desnudo fluvial adolescente:
le viene a usted, demagogo y dable el preciosismo,
le viene y cabe, le toma en peso
todo ese pregón si el cuerpo luce al otro tanto,
el cuerpo vivo muerto adentro, el sexo vuestro
que es el nudo, el vértice y el eje,
el rayo y la circunferencia,
porque tórrido todo y democrático silvestre
es cierto cuanto se toca, así lo invisible y lo imposible
y el hueso de las almas palpita o vibra en pieles
puras de poblar y ser, pares de probarse
en unos y unas, unas y unas, unos y unos
hasta la más mínima palabra
tocándose ellos de letra en letra,
de verso a labio abierto, silábico latido
con esta racha de decir, verborrea puede, o sea,
la marca venérea del verbo
de vocal en vocal, boca a boca
hasta hacer crujir el esqueleto del lenguaje.
Sea pues que a los veinte más veinte de mi edad
lo ponga a usted mismo entre nosotros,
a usted de mediador de mí en mí y en sus sí mismos,
de puente entre mayores y menores
que eslabones le veneran.
                                               Por lo mucho
que acontece, tenga a bien saber,
desde usted a este lado.










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