martes, 14 de enero de 2014

EL AGAVE, LA FLOR SUICIDA


La pita o agave es una planta suculenta, con una extensa familia de especies. Es una planta antisocial, que prospera en los suelos arcillosos o pétreos, en ubicaciones dificultosas, laderas, grietas, sitios eriazos, desiertos. Convive mal con otras plantas porque reclama para sí todo el espacio. La llamada pita es genérica y tiene la particularidad de florecer sólo una vez en su vida, después de un lento desarrollo de al menos 20 y hasta 30 años. Y una vez que llega a la madurez, eyecta desde el nudo de las hojas concéntricas un tallo arbustivo que en pocos días puede alcanzar los 12 metros de altura. Este verdadero árbol instantáneo en realidad es una espiga gigante, que contiene las flores predilectas de los murciélagos. La flor se toma alrededor de un mes en terminar su ciclo. Es dulce y pegajosa, por lo cual muchos insectos mueren en el goce de libarla, convirtiendo su fuente de placer en su lecho de muerte. Luego de la floración, la planta se marchita en cuestión de días, y desde abajo, los rizomas de su raíz generan un renoval que repetirá el proceso. Es decir, una espera de 20 años para una floración única que significa su suicidio y a la vez su reencarnación. Con su tallo se puede fabricar el didgeridoo, ese extraño aerófono ritual que invita al vértigo, aunque su vida está hecha de silencio. Vivir para florecer; florecer para morir; morir para germinar. Su nombre científico es amarilis pita.







AMARILIS PITA

Me lo habían advertido:
un silencio de treinta años 
concentrando el glauco
ennegrece el iris; 

la retención del simiente
endurece el azúcar,
irrumpe de rayo el tótem
primo y genio, irrumpen
coloso y suicidio, falo de flor
póstuma en la descarga.
Después viene el sueño que dimidia,
redime la vida. (Sólo él sabrá
por quién ha levantado ese cadalso).
Me lo tenían prometido:
como el agave habrás de amanecerte
dilatando el éxtasis, el verde noche,
la tensión del nervio que prepara el derrame
de seis o siete metros de potencia
fijando a plomo esa estaca de poder
en el menos advertido de los mundos.

(de PIEDRA NEGRA, Mosquito Editores, 2009)







Fotografías del autor: por Sergio Huerta.



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