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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

domingo, 5 de enero de 2014

LIBROS RECIBIDOS


ALACRÁN DE LA BELLEZA; Tulio Mendoza Belio; Ediciones Etcétera; Concepción, 2008.



Libro de poesía sin desperdicio, aunque sí reiteraciones que dan una circularidad temática siempre bien sellada. Tulio Mendoza es un poeta de voracidad cultural, que signa sus intereses con referencias dialogantes a través de alusiones musicales, pictóricas, poéticas, cinematográficas, históricas. El tópico prevalente en la poesía de Mendoza es la genitalidad, la irrupción del erotismo como motor estético. Lo que hace particularmente original este discurso es la ausencia de una filiación de género o de identidad sexual en el objeto de deseo del hablante. De Mendoza se podría decir lo que cierto especialista ha dicho sobre el contenido sexual en la pintura de Caravaggio: que no es ni homo ni hetero ni bisexual sino omnisexual. Y con esto ha querido denotar de aquella obra la pujanza sexual en todas direcciones como lo es en esta poesía del penquista, donde no hay barrera de contención definitiva para la proclamación del deseo, la nostalgia del cuerpo de un otro, con realización masculina o femenina indistinta. Ciertamente se deduce un énfasis al canto de los encuentros homoeróticos a través de citas cómplices y guiños inequívocos: la poesía de Gil de Biedma, Luis A. de Villena, el film Eclipse Total, la Venecia de Von Platen y Mann, etc. No obstante se intercalan en el discurso las interpelaciones a una presencia femenina también resuelta. En todos los casos, la doctrina de este relato es el encuentro efímero o imposible, la fusión frustrada, la cópula interrumpida, la distracción, el no verse a tiempo, el no definirse, la imagen fugitiva, la melodía deshecha. Esta poética de Mendoza es plasmada en textos unitarios de verso medido, de ritmo prolijo y factura oficiosa, las más de las veces con tratamiento minimalista. Es poesía que apuesta por el lenguaje y por los procedimientos técnicos. Sólo es de lamentar la costumbre autorreferencial con que abulta sus libros, lo que no merma el goce visual y táctil de los productos de Ediciones Etcétera, de la que es responsable.


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BALANCE DE BLANCO EN EL ÁNGEL TRISTE DE DURERO; Lila Calderón; Editorial Offset Color; Santiago, 1993.


Este es un libro que ya ha cumplido 20 años de existencia y, como todo lo genuino, se mantiene fresco. Alterna secciones epigramáticas con otras rapsódicas en un juego de ritmos e intensidades de decir un mundo tenso entre la defensa de su belleza interna y una atmósfera de opresión que lo acecha. El tono profético y parabólico lo cruza, con una intención de ejercicio de poder. También apuesta por lo visual, por la indicación de la página como soporte intervenido donde los signos tienen una sola oportunidad de realizarse. El vocativo es a través de versos en mayúscula a pie de página, que devienen nuevos títulos con fuerza retroactiva en la lectura, o al contrario, que se atenúan en cursivas minúsculas espaciadas de modo insólito, como operando en susurros. La diagramación es el segundo hablante de estos poemas. El ángel de Durero no es otro que el personaje del grabado La Melancolía, ese temperamento que pasó a ser una filosofía y una estética, por no decir una visión de mundo y una elección de vida durante el romanticismo, particularmente en su vertiente anglosajona. Pero la melancolía es también un estado de la materia, una estancia alquímica, una utopía de redención a través de las percepciones irritadas al máximo, hiperlúcidas, expansivas. Así es este poemario donde el laúd de los personajes de Poe, las atmósferas de peso claroscuro y los intramuros, las nieblas, los visillos, son la escenografía de un montaje urgente, con un hablante que no perdona a su pasado: "Me entretuve tanto / hice una historia de siglos / con originales de barro", dice en un texto donde los espacios ejercen el balance en el blanco de la página para un ángel suspendido en una melodía de notas largas. Y los viajes referenciales no se ciñen al provecto pasado clásico: hacia el final del libro los textos-balances son casi un guión fílmico y el hablante pasa a re-presentarse en enunciados severos, como de antífona. La tragedia larvaria se sella con un imprevisto futurista: el mejor relato de una vida que se presiente determinada por ajenidades oscuras, queda reflejado en el Nexus 6, el personaje de la película "Blade runner", de Ridley Scott, que imposta un Durero cuyo ángel es un ente programado que aprendió el amor fuera de libreto por no conocer del todo las reglas del juego. Y así el libro se cierra con un saldo apropiadamente barroco, grisáceo a los objetos que se propuso balancear. La cita de Kafka no asiente la desambiguación del episodio visto/vivido/representado: "Me da la impresión de que entonces sobreviví". Mal, desde el punto de vista de la plenitud; bien, desde el punto de vista de la muerte vencida. De cualquier modo, el libro en que Lila Calderón nos participa de ese itinerario es una potente restitución de la capacidad poética, en la estirpe de las sibilas, con procedimiento certero, verosímil, transparente, pleno de dolor y pleno de belleza humana que trasciende y fascina por el peso honesto de su confesión. Libro para ser releído mil veces.



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ENTEÓGENA; Sergio Alfsen-Romussi; J. C. Sáez Editor; Santiago, 2011.

Cuando Antonin Artaud visitó Mexico y se internó en la sierra donde sobrevive dudosamente la cultura tarahumara, encontró el rito del peyote, llamado Ciguri. Creyó percibir que encontraba el punto de convergencia de sus yoes superpuestos, caóticos, descentrados. Fue un momento de expansión de la conciencia en el viajero. En esa estirpe se encuentra el libro de Sergio Alfsen. Ya desde el título se propone escribir por inspiración sobreviniente, apostando a fuerzas tutelares, de arquetipo desatado, pero no confiadas a la exterioridad celeste o telúrica -por bien que conecte con aquéllas- sino a la interioridad de su nudo genitivo. Es un lenguaje que prolifera sonidos y sentidos, con vocación mitogénetica, productora de nuevos hitos epónimos pero que no se resuelven en la palabra sino en la vida, a la manera de los viejos vanguardistas, o mejor, de los exploradores en procesos iniciáticos en la línea de Gurdjieff o del citado trágico autor del Pesanervios. Es poesía que se goza en lo rítmico, en el poder evocador de lo sonoro y lo gráfico, como la letra manuscrita de Sergio, que traza desde un estado liminal un gesto conjurador, que reclama significaciones urgentes. Un libro que puede ser fácilmente incomprendido, porque su materia espesa y específica es de vibración selectiva. Sin embargo la maravilla y el placer que nos son comunes a todos, reúne a la tribu en este libro.


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ABISAL; Javier Del Cerro; El Momo Editores, San Juan, Argentina, 2012.


Este libro atrapa desde la forma, signada por su frontis, con sentido y ritmo espiral y llamado al vértigo. Este peso embriagante no es por ascenso como en los cantos finales del Altazor, sino todo lo contrario, por inmersión. Un hablante ungido de poder declarativo, que se declama y se proclama en acción visionaria. Es poesía pura, de dolor embellecido por el oficio. Hay también una dimensión teatral en el poema extenso: es inevitable develar al autor leyendo en una estancia oscura con el apoyo incidental de una luz de mano, o de ojos, como en los peces del abismo submarino. El poema juega a la parodia del relato biográfico, se apoya con destreza en referencias domésticas (en el sentido de lo gregario) que hagan discernible los parámetros de una biografía: se intuye personajes, cronologías, episodios. Pero este hablante aedo-pez de los abismos no se propone un argumento sino una comprensión simbólica de sus fatalidades: genealogía, país, historia, hábitat devienen en sentidos alternos, aleatorios, acuosos como el elemento en el que se definen. A su vez este hablante es un cuerpo a la defensiva, que se pone a resguardo de la depredación y de la propia violencia de sus órganos (que son armas cortantes, escamas, dientes, aletas), de sus impulsos (voracidad, agonía, cansancio), y de sus propias visiones que son espejismos, reflejos, juegos de significaciones espectrales en la sustancia densa del fondo de mar. Es un poema de verso epigramático, de ritmo minimalista, que no tiene excesos formales, porque el exceso está en su contenido. Hay un tono de decir que trasunta el drama: la voz de este poema es un relator teatralizado por su tragedia de ser. Libro que intimida por su poder evocador, por su don hipertélico, por su épica interna; que se lee con resuello. Libro para atesorar, sin parecido a nada que se esté haciendo actualmente en poesía.

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EL IMPERIO DE LA INOCENCIA; Santiago Azar; Pequeño Dios Editores; Santiago, 2013.


Si la poesía fuese una conversación distendida, el libro de Azar sería su fiel reflejo. Ya antes en diversos tiempos y lugares, como diversos entornos idiomáticos, ha habido corrientes de poesía coloquial, y este modo de entender la poesía sobrevive cualquier efecto. Así, en el libro de Azar prevalece el argumento, la técnica narrativa, la desaprensión rítmica, la intención de contar algo a sus amigos. Eso lo expone ligeramente a lugares comunes o a tópicos pedestres, pero el libro se sostiene sin más dificultad que ésa. Es poesía no grandilocuente, pero en cambio gana elocuencia. Se propone demasiado lo ameno, en detrimento de lo profundo. Lo anima una anti-épica urbana, posmoderna, de fuentes nutridas de la cultura popular. Su fortaleza está en lo sincero, lo espontáneo, aunque a ratos surge una retórica de la no impostación premeditada que deviene en otra forma de impostación de voz. La estirpe irreproducible del pragmatismo poético de Lhin está por testigo. El juego, pese al título que convoca, no puede ser inocente. Con todo, es cosa segura que se trata de un libro de poesía bien articulado, que no escatimará lectores. También estimo que se trata del libro mejor logrado de este abogado avecindado en una ciudad que pudo hacer de su río su bien más preciado, pero optó por ensuciarlo.

Leonidas Rubio

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