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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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domingo, 23 de marzo de 2014

DESCRIPCIÓN DE 'ACTAS DE (MALA) FE'


ACTAS DE (MALA) FE, poesía.

Leonidas Rubio

Santiago de Chile, Mosquito Editores, 2014.

Tiraje: 500 ejemplares.

Imagen de portada: "Ángel Caído", de Gustav Doré y composición personal.

300 páginas

Edición: febrero de 2014
Auspicio: Corporación Cultural de Curicó
Lanzamientos: marzo-abril 2014


***

La portada de este libro integra 3 imágenes:


1.- La imagen del Ángel Caído de Doré correspondiente a las ilustraciones que el artista hizo para la edición de 1866 de Paraíso Perdido de John Milton.

2.- Un fondo de muralla de ladrillos rústicos en fotografía del autor.

3.- Fragmentos extraídos de imágenes de la Cueva de las Manos.



Asumo que es un libro desmesurado: 300 páginas de poesía es una riesgo caro en varios tipos de costo. Su índice tiene 6 páginas y su total de textos alcanza los 172, sin contar los poemas divisibles en fragmentos numerados. El libro consta de 5 partes que bien pueden ser tomados como libros autónomos:

I.- LEYENDAS DEL DESEO: Desde la página 6 hasta la 80 (74 páginas) con poemas creados entre 2007 y 2010. Algunos de estos textos fueron incluidos en una edición colectiva en Talca, bajo el sello del concurso municipal de poesía Stella Corvalán, en cuya versión 2010 obtuvieron el tercer lugar. La actual es una versión corregida y definitiva de los mismos. Los poemas correspondientes a la edición primitiva son los que acá se incluyen bajo los títulos de "Eclosión", "Huellas entre rieles" y "El mal ojeado". La sección 'Jerarquías del vuelo' fue escrita a partir de conversaciones reales sostenidas con muchachos en plan de aventura sexual o de recreación urbana y nocturna durante un lapso de tiempo, a manera de trabajo de campo, con registro de audio y manuscrito para el caso. Es lo más cercano que puedo concebir a lo que podríamos llamar periodismo poético.

Esta sección quiere girar en torno a la sexualidad entendida metafísicamente, con la infancia como fuente de inocencia salvaje e instinto primordial sujeto a la desintegración en el proceso de incorporación social. El cuerpo se sobrepone exaltando la percepción del placer como forma de expansión de la conciencia. Por eso no le es extraño el lenguaje visionario y mítico. Las dos primeras secuencias tienen sus primeros esbozos en poemas de alrededor del año 2000, cuando leía "Rosa Alquímica" de William B. Yeats.

II.- ZONA CERO: Desde la página 82 a la 148 (60 páginas). Poemas escritos con posterioridad al terremoto de 2010, se articulan en torno a esa experiencia. Incluyen 5 secuencias enumeradas en cuenta regresiva. El ciclo se cierra con un texto impreso sobre 6 páginas continuas desplegables llamado 'Sismógrafo'. A esta sección pertenece el fragmento 'Fallas' que se incluye en la solapa de la contratapa. Tiene un pórtico explicativo. Las secuencias 'Bitácora del deseo' y 'Cartografía sísmica' son lo más cercano que he escrito al lenguaje quebrado y tenso de 'Cuadernos de emergencia', mi primer libro publicado en 1994, que este año cumple precisamente 20 años. Es decir que entre ese libro y el presente hay un tono circular tendiente a la exasperación, que mi poesía busca con insistencia. Como curiosidad puedo consignar que el poema final de 'Memorial del epicentro' fue conversado con el poeta y amigo Américo Reyes, del que prácticamente es co-autor. Esta secuencia por lo demás fue hecha a partir de un procedimiento similar al descrito en lo referido a 'Jerarquías del vuelo'.

III.- CARTOMANCIA A ALEJANDRO GUTIÉRREZ: Desde la página 149 a la 160 (11 páginas), es la sección más breve del libro. Se articula en función de una simulada tirada de tarot en la que se consulta sobre las circunstancias de muerte de Alejandro Gutiérrez, un poeta de menor cuantía vinculado a la historia cultural de Curicó de las primeras décadas del siglo XX. Este personaje fue amigo de mi abuelo Francisco Leonidas Rubio González, quien guardó originales mecanografiados suyos que se conservan en un archivo familiar. Esta sección es un solo poema extenso. Tiene un pórtico explicativo.

IV.- LAS FLORES SON PARA MAÑANA: Desde la página 162 a la 180 (18 páginas), con poemas cuyo título es el primer verso. Su contenido convoca otro registro de lo lárico, el panteísmo familiar, lo tanático y el punto de origen de la identidad corporal a partir de la relación con el entorno vegetal, las plantas como emblemas rectores de la infancia. Si bien son poemas de mayor autonomía individual, es una sección que también puede verse como poema único extenso.

V.- ACTAS DE (MALA) FE: Desde 181 hasta 290 (111 páginas) es la sección más extensa del libro, la que intitula el volumen general. Reúne 63 poemas unitarios de los cuales 12 son textos divisibles y 51 son textos unitarios. El título de la sección al igual que el título genérico de la obra lleva el concepto 'mala' en cursiva y entre paréntesis, condicionando una doble titulación. Se puede prescindir de la adjetivación y entender el registro como 'Actas de fe', o apelar a su intervención y referir 'mala fe'. La hipótesis de trabajo para esta ambigüedad está expresada en un pórtico en prosa como preámbulo a la serie, el cual dí a conocer con anterioridad en este blog bajo el nombre de 'plan de acción'.

 
Fotografía de solapa por Sergio Huerta.

 Muestra de poemas:

 de LEYENDAS DEL DESEO


EL MAL OJEADO
(2 de 5, sin epígrafes)


*

El portón y su ojo único, el umbral y su paso negro,
su peso hueco de mundo; el portón y su animal sin rastro,
su ojo de faro ciego, su animal sin rostro,
su peso negro, memo, su nudo de palo viejo de anillos,
su nudo de red, su trama de astillas, su cópula violenta,
su paso en la noche inmóvil, noche hueca de ojo único,
a tientas en la pared de adobe desmigada y tuerta.
Y buscó el niño tras el tótem, buscó su futuro.
Lo buscó entre sábanas sucias, camisas rotas,
libros vacíos en el ajuar de la pobreza. Y lo halló
extendida su sombra blanca, extendido
sobre el mesón de disecciones, marcado
con tiza y agujas allí donde sería recortado.
Lo halló abierto con dos alas vacías,
lo halló junto a las tijeras, lo tomó
y le dio la forma de su cuerpo,
se lo ciñó como mortaja para vivos
y salió del templo cuarto oscuro aclamado por la Araña.
Vestido así, con su traje de piel nueva
avanzó el niño hasta el portón esperando oír la cópula salvaje
pero era el silencio espeso que suspende al cuerpo
desde la tela recién tramada, silencio que multiplica los objetos,
silencio que antecede al canto del gallo.
Y el niño quiso oír el coito de los orígenes
y clavó el cuchillo en el portón en lanzamiento ciego,
al centro del nudo, en la red de anillos de madera,
lo clavó en el centro vivo donde ha sido atrapado el silencio
que antecede al acto irrenunciable de la carne.
Y tuvo pasado desde entonces.


**

Debajo del tótem grita el niño.
Las que corren son portadoras de tijeras,
van de puerta en puerta dando voces,
tocan campanas de alarma. Debajo del tótem
el niño ha manchado su traje blanco de futuro.
Y no hay dolor
porque el viento de los sentidos va aturdiendo al mundo,
va fragmentando espacios
con palabras de piedra recién inventada.
Debajo del tótem crece el niño,
mezclado de signos, salpicado de colores,
con su voz hilvanada en la madeja de hechizos,
tallando un rostro capaz de reunir
generaciones en torno al mismo fuego,
paladeando un nombre que le otorga más tiempo
por obra de un talismán hallado en las manos
tras cruzar un sueño de fiebre.



A la edad en que alcanzaba entre mis piernas con la boca

Había ratas con pupilas infrarrojas que venían del río
cargadas de buenos presagios despreciados por todos
y ánades que cruzaban mi barrio siempre a la misma hora
con mensajes demasiado rápidos para ser legibles.
El futuro era una superstición matriarcal
y las células cancerosas de Cristo
se extendían en las manchas húmedas de la pared
parecida a un espejo con el hálito de un agonizante.
Yo vomitaba antes de las clases de gimnasia
pero salía airoso de los secuestros voluntarios
en que ser violado era una delicadeza.
Un cancerbero de voz atiplada
era dueño del movimiento de las hojas
y era posible ver el Cascanueces de Tchaikovsky sin censura
con prominencias estéticamente irreprochables.
Las canciones prohibidas circulaban por mitosis
trayendo historias sobre islas de vellón concupiscente
donde el trabajo forzado era llamado paraíso.
Yo me limpiaba la boca con la manga
y posaba sin despertar retórica sospecha
cuando en la puerta del baño era Lázaro en la puerta de la cripta.
Un día el bambú se negó al crimen de esa curvatura perfecta
y no resucité pese a 3 días de esfuerzo.
Entonces empezó este mal humor,
esta era en que el cuerpo no responde al llamado del espíritu.


de ZONA CERO

FALLAS
(Fragmento)

Nací por accidente.
La sangre entrando en la sangre
por la fuerza. La carne entrando
en la carne. La tierra
entrando en la tierra por la fuerza.
Horizonte ocre las sábanas. Lunas
desparramadas por el placer violento.
Así mismo llegaron mis hermanos.
Sangre en la sangre,
carne en la carne,
tierra en la tierra
por la fuerza.
Los relieves mal pespunteados.
Las orillas pervertidas por el vicio.
(...)
Así los surcos de ir, filtros de volver,
nódulos de hurgar, pliegues de inferir,
en pendiente brusca, en transición
de gemido. Cuando se encuentran
y se atrapan, mala fe escombran.
Sombra roja del origen,
en su lugar un nombre, un acto
de irreversible instinto,
un pueblo y otro fundados al extremo,
aferrándose al margen por las uñas.
Así mismo llegaron mis padres
y otros antes de ellos. Solían decir
que alumbré demorado. No hay isla
ni abismo puntual. Sólo ruido
y erupciones sin cifra,
placa sobre placa,
piel sobre piel,
nombre sobre nombre
por la fuerza.
Tramas tejidas con parches.
Grava viscosa, limo amniótico las huellas
en los paños. Llanto inaugural
de respiración sellada por la fuerza.
Así se ve mi cuerpo desde lejos.
Así mismo el suelo de sus rabias.
Su forma se desplaza por lindes violentos.
Su historia se consuma en fricciones
por apremios opuestos de colores empalmados.
Su amor se consagra en episodios
de remiendos y fracturas.



de CARTOMANCIA A ALEJANDRO GUTIÉRREZ



El arcano VII, El Colgado, en posición invertida, da la orden


Vertiste la juventud en un cuerpo antiguo
vaciado de mezcla sobre molde equivocado
y el rostro ya no te avala, quiebras espejos
que reflejan desconocidos.
Algunos proponen colgar ajos en las puertas
para prevenir tu paso. Basta de secretos.
Precisabas el perfume agrio
de la mandrágora, aquélla que crece
con el semen de los ahorcados,
clímax letal que electrocuta por dentro
para despertar del otro lado
con la boca llena de estrellas apagadas.
Comienza el ritual. Las calles de luna llena
rielarán la hediondez de la melancolía
en un refugio de luciérnagas proscritas: el vuelo
de un último deseo. Te pondrás el sombrero de tu mejor cita
como Nerval aquel amanecer en que hizo de sí mismo
una carta de tarot cruel que los otros merecían.


  
de LAS FLORES SON PARA MAÑANA


El rito es tuyo, el juego, el sueño.

De momento el avellano pasa sin ser oído.
Se acompaña en su monólogo de aves raras
que distancian los sexos para asegurar su deseo.
Los niños nos abalanzábamos sobre las cayanas
para disputarnos las semillas en la rescoldera.
Era en otoño, juntábamos las manos en un cuenco,
entregados del todo, recibíamos la avellana tibia
en un puñado de promesas, los frutos secos
del oscurecimiento bajando por los muros,
la tostadura de días y trabajos
iguales a cuentas de un rosario menos cruento.
Y era después, en la sala mixta otra inflorescencia
de esa soledad arbórea: los hermanos en amentos,
las hermanas en umbelas, los roles repartidos
para trazar en los patios el enjambre
en busca del polen prometido a cada uno.
Tras el recreo de edades se enumeran las obras
según el tiradero de cáscaras donde no habrá simetría.
Así en el lecho en que los niños son puestos
alrededor de otro ombligo para proteger el propio
tras la cacería inocua de orugas y lagartos.
El avellano es un niño que olvida sus plegarias
con la nostalgia de un río siempre lejos
en esas noches en que entraban insectos al cuarto
atraídos por la luz de los cabellos
o el papel en blanco de un dibujo secreto:
árbol, luna, la resignación de los simples,
el instinto que declina en un estambre
reservado a vientos bajos y pacientes
igual que la espera de fuegos fatuos en el bosque.
El derroche de polen en el vientre de los niños
que se aman escondidos, la floración del avellano
cuanto más excitada más infértil.



de ACTAS DE (MALA) FE

  
Niño de barro

Tienes una paloma
y no sabes por qué.
En tus legiones de barro
quedan pocas cosas
que merezcan defenderse.
Ya viene el invierno
que ablandará tus soldados.
Sabes por qué los injustos
también dejan colores
al rozar con la punta de los dedos
y su amor no es diferente
al odio de los justos.
Sabes por qué los menos bellos
hacen maravillas con su cuerpo
igual que los salvados de las aguas
y sus canciones
siempre empiezan en domingo
aunque nada lava la sangre de la cacería.
La lluvia no agrada por igual
a todas las flores
y lo sabes
pero no sabes por qué tienes una paloma
y por eso eres feliz.


Discurso por Whitman
(Fragmento)


Sepa usted lo acontecido de este lado
de las puertas batidas, lapsos que caen
del dios suyo, dios de las praderas
con luenga barba y testículos ingentes
aunque con eso bastara, sepa usted, si acaso
me figura deificando, yo, el menos crédulo de los hombres,
por demás suscriptor de sus adeptos
para sufragar el rancho de su veteranía
cuando en Cándem tuvo ese retiro sumo,
misma aldea donde pluma y verga suya
fueron al reposo, sombrero cucalón y rifle suyo
de todo lidiar por las setenta y dos marcas
de cuchillo en sus dinteles, hacha y vientre suyo
de patriarca estéril señor de hijastros y ahijados,
cuáquero de río, semental en andrajos,
soldado y bardo por enfermería y linotipia.
(...)
Sea pues que a los veinte más veinte de mi edad
lo ponga a usted mismo entre nosotros,
a usted de mediador de mí en mí y en sus sí mismos,
de puente entre mayores y menores
que eslabones le veneran.
Por lo mucho
que acontece, tenga a bien saber,
desde usted a este lado.



Conjetura sobre la Caverna de las manos
Alto Río, Argentina (10.000 AEC)


Tengo un momento que contiene al mundo,
he descubierto una puerta tan pesada
como el vértigo tras ella; requiero
invenciones que no caben en los números:
tiempo en las manos, sangre de bestias
empapando el oro reposado de la arena,
genealogías del temor a los abismos;
el poblamiento de las noches
pues el día es infértil
y las estaciones se mueven en la sombra;
un árbol que no cabe en la memoria
donde su follaje y sus raíces se topan y se enredan;
las aguas sin orilla de los odios, deseos, ascos, ruinas
y la única manera de retorno que toleran
las criaturas fugaces: el amor sin recuerdos,
las horas que acopian piel bajo piel,
anillo sobre anillo, ola bajo ola
en el turbulento error de la conciencia;
un mundo nacido precario en su vejez de ser nuevo
con tanto pasado a cada instante.
Me encerraré en un antro a registrar
el impulso de su crecimiento
en ocre, verde, opalino, cyan, magenta,
pigmentos que se absorben y desplazan
de los dedos a los muros
como si traspasaran sueños de permanencia,
rostros, rastros de asombro que los hombres venideros
juzgarán simples niñerías.
Conforme mis años las van acumulando
en ellas quedan los otros que hay en mí
si bien aún no poseo un idioma
para expresar estas cosas.
En el futuro creerán que soy multitudes.


Dibujos de Jean Cocteau

La falta de compostura es la marca del héroe.

J. Cocteau

Faunos de ojear, barbillas de trabarse
en ceremonia de ondulaciones.
La línea achurada detenta el poder
y tiene el conocimiento, la ruda alteridad
o el imposible no
del que copula con la boina puesta,
apenas definidas las caras en descaros
de borradores que continúan sábanas
y miradas oblicuas de gamberro
montados entre el chivo y el antílope,
derrochados sobre copas
y embozos de altares en que ofician
la transubstanciación del semen:
tomad y bebed todos de él
antes que el porte cínicamente principesco
y el papel seda o piel se aje en duelos,
el santo y el canalla en mímesis
y precoz acoplamiento o resolución instantánea
de la floración eréctil en autocultivo;
(no obstante
la voluptuosidad es algo de lo que uso poco, ¿sabe?,
declara el infidente).
La madurez avanzada en impunidad
–modos de decirle a la inocencia–
y el severo discernimiento adolescente
en colisión de formas,
soportando el peso
de no todos los secretos.



Acta perdida del cronista

Vine a Tánger a aliviarme de la sífilis,
a recorrer esta ciudad sucia como si fuera mi cuerpo
limpiando con música sus calles, con leche de amanecer,
con saliva de lúpulo, con opio de nacimiento,
con humo de hierbas proscritas
que huelen a deseos quemados sin filtro.

Vine a Tánger para escuchar de otras maneras,
tocar o paladear las palabras de un modo curativo,
enrabiarme con Paul Bowles por no haber sido yo
ni por un segundo y en cambio yo que he sido Paul Bowles
en tantos crecimientos de mis uñas
no he visto el mismo desierto dos veces
y el cicerone me devolvió siempre las valijas vacías.

Vine a Tánger por el volumen de los acúfenos
en la memoria media de mi oído
y en la pobre moraleja de mi gentilicio.
Vine para ver el margen del Magreb, el amplio pecho
de su historia en las heces del Corán
y lamer sus zonas veladas hasta empalagarme,
seguro de que sólo la lejía de amor explica a la ceniza,
el pan de amor y nada más define a las migajas
y a la flor de musgo entre los dedos
que conduce a las más dulces formas de contagio.



Ecosistema del musgo

El musgo por ablandamiento,
el musgo por ahondamiento,
el musgo por entorpecimiento:
lo hay de pared verde fiebre, azul moco,
selva submilimétrica en mancha, selva en polvo.
Lo hay de ropa, lo hay de cuero,
lo hay de empeine. Musical por expansivo,
seminal por deseoso, crepuscular por ancho.
Lo hay de miseria solemne e hilarante,
parodia de otra vida o réplica a escala exacta suya
en sentido inverso a su adherencia: zonas de erosión
del seso, del goce o del entendimiento.
Desde el punto de vista del musgo es poca cosa
que la clase dominante de hoy atrofie las veredas
de la ardiente clase de mañana. Algunos marcharán,
harán contacto en el vaivén espumoso de su inercia
pero el idioma que perviertan no es nada,
el sexo que almacenen para simular otro apostolado
no es nada, el número que extiendan
no es nada desde el punto de vista del musgo
porque se requiere esporas, ante todo se requiere corcheas
y hormonas competentes para repartir,
si es que hubo esporas antes.
Poca cosa como tiempo, poca como ley, poca como verbo
pero aún más que dos o tres suicidios postergados,
que tres o cuatro balbuceos de doctrina
o de memoria –ese tumor benigno.
Quién fuera el hombre que oyó por vez primera
el Testamento de Amelia en el siglo XVI
o el primero en ver bailar un areito antes del musgo
pero uno se miente demasiado. Cuando uno rabia
por falacias de asamblea uno miente de entusiasmo
porque el musgo desdibuja un pentagrama
y nada se deshace mejor que la canción de los vivos.






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