martes, 13 de mayo de 2014

NUNCA ESTARÁS EN TAORMINA

de MALAS COSTUMBRES, Ed. Mosquito, 2013









































































































































Nunca estarás en esas calles sepia, en entresijos de historia,
en ruinas de presente que empeoran el futuro;
nunca verás esos acantilados donde anida el estornino pinto
ni el mármol de las canteras siracusanas
con que se hacen las terrazas orientadas al Poniente y al Naciente
de los reinos de Alejandro en una sola mano.
No te asomarás a los bordes coralinos de la isla
donde Roger Peyrefitte multiplicó Capri
ni tendrás trato con esos feos prodigiosos
de ébano y cristal, de aceituna en extensión lampiña
porque recorrerías esas calles mil veces
en el soponcio de los adolescentes de miembro masivo,
en el gracejo de los niños desnudos
y nunca podrías conocerlos a todos
ni aún asistido por Von Gloeden el Barón
que los embrujó por miles con su lente,
nunca llegarías ni a una décima parte
aunque el asedio del sueño también contara.
Nunca verás la bandada-cardumen
de exocétidos salidos de la espuma del ansia;
nunca hallarás los vestigios de la espléndida Naxos
ni serán tuyos los encantos consagrados por Andrómaco
cuando el año 365 a. c. -que no tuvo ese número para ellos-
compró la ciudad con sus habitantes sólo para hacerlos felices.
No verás a los seráficos cruzar a nado hasta Isola Bella
para recoger geodas o jugar con pómez lanzadas por el Etna;
nunca estarás en el aparcadero de botes
donde los muchachos personifican helenos antiguos
con vergas del tamaño de los peces
y el género no se advierte en la redondez de las nalgas;
las cartas de tarot no te darán una estrategia de viaje
ni se podrá cartografiar la ruta de este lado de tus miedos;
nunca entenderás que Taormina no está allí,
que no hay un domingo para esos atardeceres
porque no hubo siete días en que pudiera crearse
esa isla tragada por el mar de tus deseos
y en vano buscas que algo permanezca a flote
porque envejecieron todos, tú mismo envejeciste
y ya no puedes distinguir tu lugar entre los cuerpos,
en las páginas, en las voces de ayer
y en los planes que nunca manejaste;
recorrerías mil veces esas calles con nostalgia de recorrerlas
y nunca tendrías todas las ciudades que hay en la ciudad
y todos los que eres nunca estarían satisfechos.
































































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