lunes, 7 de julio de 2014

APUNTES SOBRE LOS BEATNIKS


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N. Cassady y J. Kerouac
El concepto mismo con que se denomina este movimiento es una de las costumbres más repetidas y menos comprendidas de la literatura contemporánea. Es un comodín: beat por beatífico, desde beat down como indicio de 'ángel caído'. Más aún si el acrónimo sarcástico beatnik se remonta a cierto periodismo amarillista que sintió golpeado su orgullo norteamericano por un pedazo de chatarra que los soviéticos pusieron en órbita. Hay que empezar por asumirlo, por extraño que parezca: parece que de verdad Kerouac se sentía un poco santo y parece que de verdad Ginsberg no se sabía inofensivo.




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Lucien Carr, W. Burroughs y A. Ginsberg
No cuenta exactamente como generación. Las edades son dispares. Allen Ginsberg nace en 1926 y la publicación de Howl! es en 1956, cuando tiene 30 años. Jack Kerouac nace en 1922 y la publicación de On the road es en 1957, a sus 35 años. William Burroughs nace en 1914 y Yonqui se publica en 1953 a sus casi 40 años. Ese mismo año aparece Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques en co-autoría con Kerouac; pero el libro capital de Burroughs, el Naked Lunch, no será hasta 1959. Más bien cabría hablar de promoción. Los 3 miembros principales lo son por su trayectoria posterior, no por su influjo inicial, donde todos coinciden en que los grandes inspiradores de sus vidas fueron Carl Solomon, Lucien Carr y Neil Casady, que no participaron del desarrollo del movimiento y prácticamente no publicaron obras literarias. Y ese sería el concepto más pertinente: movimiento, aunque conspira contra ese enfoque la poca capacidad operativa, la dispersión, la escasez de adherentes y la falta de voluntad programática. ¿Qué son los beat, en definitiva? De todas las respuestas posibles hay una sola, me temo, que puede resultar irrefutable: una marca registrada.

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J. Kerouac
El movimiento beat se consolida como la expresión tardía pero resuelta del fenómeno de vanguardias que tuvo su máximo apogeo unos 30 años antes, y que en lengua inglesa se hallaba pendiente desde el romanticismo. Los conectores están dados como piezas dispersas en el desarrollo del movimiento: Ginsberg invoca a Blake en los pasajes alucinatorios de Howl! y es sabido que la primera seña de identidad de un grupo de vanguardia en una lengua es la búsqueda de patriarcas en el estadio anterior de la literatura de esa lengua. Así los surrealistas empiezan por plantar sus banderas en los románticos y simbolistas franceses: Nerval, Baudelerie, Rimbaud, etc. La tardía vanguardia en habla inglesa, el movimiento beat, no podía menos que vindicar a los suyos, y lo hace en Blake, Yeats (The new vision), Byron y Whitman. Carl Solomon lanza un conector hacia la vanguardia francesa cuando dedica un ensayo sobre el electroshock a Antonin Artaud. Este texto se ha incorporado a recientes ediciones de Howl!. Pero el aspecto más significativo de esta concordancia vanguardista tardía de los beat es el ejercicio del lenguaje como forma de pensamiento súbito y conexión con los rezagos oníricos y los impulsos sexuales. De allí el método que Kerouac llamaba prosa espontánea o el bosquejo, que no es exactamente la escritura automática de Breton (cuya mejor obra es aquella donde no usó ese método: Nadja) pero es resueltamente un modo de comunicación subversiva de los géneros literarios en la línea de síntesis vida-
W. Burroughs, muestra pictórica 
escritura-acción que fue paradigma de las vanguardias. Está en la línea de supresión máxima del ruido en el proceso de concreción de vínculo pensamiento-palabra-acción. Tampoco es casual el modo en que una experimentación extrema decanta en una técnica. Burroughs toma de Brion Gysin el método del cut-up que viene a ser dadaísmo en su mejor forma. Pero le introduce una variante: no inserta trozos cortados sino dobleces en el papel como un sistema de pliegues textuales, un palimsesto. Kerouac usará a su vez un rollo de papel, como si se tratara de un papiro. Es la refundación del acto de escritura desde el soporte hasta el sentido, afectándose mutuamente. Por eso las principales obras de Burroughs o Kerouac no se pueden desprender de su factura. Los textos aislados de su plasmación original sólo son relatos lineales e incluso convencionales, como lo prueba la traslación al cine de On The Road (Walter Salles, 2012): pálidos remedos.


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W. Burroughs y Lewis Marker (inspirador de Queer)
El autor epónimo del movimiento es Jack Kerouac y el más divulgado es Ginsberg. Ambos han sido ícono pop y material súper rentable. Pero el autor más arriesgado en proyecto creativo y más consistente en obra es sin duda William Burroughs. Su caso está lleno de paradojas. Es el miembro del grupo de mayor edad y a la vez es el que publica más tarde. Su obra pasa por narrativa pero es en la plasmación de su prosa donde se lleva a cabo la ruptura de géneros más avanzada que la literatura contemporánea conozca, desde el fenómeno de las vanguardias poéticas francesas. La literatura anglosajona estaba en deuda con este proceso, salvedad hecha en Joyce y Eliot que no pertenecen a un movimiento sino que son casos aislados. Lo que hace diferente el episodio beat es que las obras se continúan mutuamente y en su gestación acusan la influencia mutua deliberada, con un claro propósito de diálogo abierto a partir de personajes, situaciones y formas de lenguaje empleadas. Pero la presencia de Burroughs cruza todas las otras propuestas como fierro al rojo vivo. Burroughs es el sujeto que no admite disociar cuerpo, vida y escritura y no descansa hasta integrar esas materias, no como metáfora sino como el cambio de vida pregonado por Rimbaud. En Burroughs el deseo homosexual se convierte en conducta o identidad a partir de la experiencia de la escritura. Antes de Yonqui o Queer el deseo es sustrato del anecdotario biológico de su vida pero no de su expresión como disparo trascendente. El hecho capital en ese paso es la muerte de la cónyuge producto de su negligencia con una escopeta. El hecho mismo es una performance, un episodio de teatro de la crueldad que Artaud habría envidiado. Al mismo tiempo es una teatralización a la inversa o una consumación de lo teatral en un acto de autentificación vital, ya que con el homicidio involuntario de la esposa asesina también su actuación en el esquema familiar de la heterosexualidad. Burroughs es un loco no clínico, perverso y arrogante. El homicidio es su parto literario y luego la escritura será su nueva escenificación del jugar con fuego, al tiempo que su penitencia.
Burroughs y Kiki, su acompañante en Tanger, ca. 1954
Escribió Nova Expres y Naked Lunch utilizando el método del doblaje, es decir, en la ruptura misma, literal y materialmente. La plástica explosiva que desarrolló más tarde con el ejercicio de tiro al blanco contra una lata de pintura -painting shotgun-, es consumación y continuidad del action painting de Pollock, donde el gesto de la plasmación perdura intacto en el resultado. Su experiencia con la droga, el sexo marginal, la delincuencia y las armas fueron una forma no deliberada de literalizarse. Entró buscando paraísos artificiales -¿qué más va a ser?- entre el spleen y el orgasmo eterno con ojos punto fijo en el vacío. Luego del ritual de iniciación del homicidio pasa a la suplantación de su persona en personaje, un otro más auténtico que el Yo. Se retrata con armas y se viste de caballero. Presume de eso. Su obra es traducible sólo como aproximación, al igual que ocurre con la poesía. El ritmo y la desarticulación sintáctica son parte del contenido, sin ruptura fondo/forma. Lo multidisciplinario surge por extensión natural, como en Jean Cocteau pero más apresurado. Son los Leonardos de nuestro tiempo. No por nada  Burroughs inventó una maquinaria inútil, el acumulador de orgones, (para orgon, ver Wilhem Reich) que talvez un día será el prototipo de un arma de destrucción masiva o una cámara de resucitación. Tuvo una vida larga que no se merecía y al menos 3 ciclos de escritura. Sólo el primero es beat y cuando deja de ser, el movimiento mismo declina para fundirse en el hipismo. Su última etapa lo convierte en rock star
Burroughs y Mark Ewert hacia 1990
sin haber tocado jamás un instrumento. Y el colofón erótico de su vida es en sí mismo una coronación lírica: a los 74 años conoce por intermedio de Ginsberg a un muchacho de 17, el entonces pecoso y ahora calvo Mark Ewert, que había cruzado varios Estados para llegar a Naropa con el fin de
consumar una experiencia artística por aprendizaje pederástico con cualquiera de los dos íconos vivientes del beat, al más puro estilo helénico. Hasta avanzada edad Burroughs duerme esporádicamente con Mark, por cierto, compartiendo la cama con un rifle cargado que causaba miedo al efebo (ver A Man Within, Yony Leiser, 2010). Eros y Thánatos en el mismo lecho. La última performance del viejo yonqui.



Burroughs, pieza de shotgun painting

Mark Ewert en 1988 
Burroughs y David Bowie

Portada de Queer, ed 25° aniversario

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Ginsberg y Burroughs hacia 1988
Allen Ginsberg es un mal poeta pero es un prosista aceptable, tampoco brillante. Debe su fama a la bien administrada imagen de Howl! que tuvo la mejor publicidad que un libro puede tener: un juicio de censura por obscenidad en 1957. Lo ganó con palabras redentoras de un juez tolerante, lo cual significa que ganó perdiendo, así como dicen que Jesucristo perdió ganando. Howl! es un poema grandilocuente y desparejo que pudo ser peor. Comienza como una crónica atiborrada y la prosa encabalgada pasa por zonas visionarias donde Blake se hace explícito, para ir a dar a zonas retóricas donde Whitman se hace implícito en una compulsión de oxímorom santificadores que lindan en la paráfrasis. A Ginsberg siempre le gustó aparentarse comunista y una de las cosas que santifica en la última parte del poema ('nota al pie') es la Quinta Internacional, al tiempo que pone a Carl Solomon a cantar el himno del imperialismo soviético en una psicodélica sala de Manicomio que se inspira en otro tan real como el socialismo que en esos mismos años sumaba unos 25 millones de rusos muertos bajo la mano de Stalin, según denunciaba el nuevo flamante Secretario General soviético Nikita Kruschev. Es una manía de jugar con fuego que persigue a los beat pero que en el caso de Ginsberg tiene menos efecto poético que en Burroughs, aunque en cierto modo los lindes de la realidad brutal le dan equivalencias, si pensamos que el homicidio involuntario de uno se corresponde con la expulsión de Cuba y Checoslovaquia que debió enfrentar el otro, como expresiones extremas de sus histrionismos irresponsables. Ginsber quiere una poesía holística, ecuménica y ecléctica. En lo tocante a la libertad sexual que asume como programa socio-político, sus poemas son puestos al servicio de la causa. Cumple un rol de destape que hace visible las conductas homosexuales como un identidad legítima y un espacio social amenazado, que se juega sus garantías en la transparencia. Pero la poesía instrumentalizada no siempre es buena poesía. Ginsberg es rara vez erótico y con frecuencia es pornográfico. 'Please master' y 'Sweet boy give me your ass' son poemas menos que mediocres, pero son entendibles como reflejo de compulsiones clandestinas y socialmente subvaloradas en una época en que la industria del cine porno aún no canalizaba esa necesidad humana de ver, oír e imaginar sexo explícito, energía suplente y complementaria de la necesidad de practicarlo en todas sus formas. Es probable que la dimensión socio-cultural de Ginsberg siempre haya prevalecido sobre la artística. En sus adeptos genera una adhesión casi religiosa: 'profeta de los vagabundos y los marginados...' bla, bla. Eso por sí solo debiera ser mirado con sospecha. Su propósito de derribar todos los mitos no debiera escapar, a estas alturas, a él mismo, pero lejos de aquello se le han consagrado largometrajes donde se tiende a una idealización de su imagen incluso física, particularmente en la película homónima a su libro-poema principal, donde la actuación de James Franco tiende a mejorar su desalentadora figura. A la vez se intenta ponerle como un ícono de la fidelidad y el romance homosexual, imagen que contrasta con el relato permanente hecho por él mismo de sus ultra expuestas hazañas sexuales, aunque Luis Antonio de Villena prefiera centrarse en la idea de la poligamia como factor de unión en el homoerotismo que termina en amistad platónica. En esa línea compartió con
Mark Ewert y Ginsberg hacia 1988
Bourroughs la compañía y el favorecimiento sexual del adolescente Mark Ewert a partir de 1988. Ginsberg no obstante se declaraba budista, con el mismo grado de insufrible pose con que se declaró comunista. Al mismo tiempo es el anti-glamour y el anti-intelectual por excelencia. Disparatado y desaseado, viene a ser la imagen estereotipada del beat queer esnob en la resaca del movimiento, más contracultural en la forma que en el fondo, que en este caso no llega a ser lo mismo.

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