sábado, 12 de julio de 2014

PARA SER BACALAO HAY QUE TENER MUCHO CUIDADO (1a parte)



A diez años de la santificación


El año 2004 se cumplió el natalicio centenario de Pablo Neruda. La fecha revistió el carácter de celebración ecuménica para el gobierno de turno y los profesionales del menudeo cultural focalizaron sus esfuerzos en las actividades onerosas que se programaron a propósito. El gobierno mandó a  hacer un timbre que estampó en toda su correspondencia oficial durante el año 2004, sello que decía “el niño de Parral cumple cien años”. No es casual la resonancia navideña de la frase; parece que se dijera “el niño Dios” o “el niño de Belén”. De hecho no es más que una variante del slogan pontificio estrenado con ocasión del nuevo milenio, que decía “el hijo de Dios cumple 2000 años”. Vemos que el juglar español de tono vinoso, Joaquín Sabina, estaba en el preciso espíritu de la fiesta cuando en el recital del 4 de julio, en Madrid, espetó su arenga de resonancia apostólico-romana: "Salve San Pablo Neruda", vitoreado por los feligreses.

La dramaturga Flavia Radrigán tiene un modo menos canónico de sumarse a los recordatorios: estrena una obra consagrada a Neruda bajo el nombre de “Un ser perfectamente ridículo”, que es en todo caso el mote que aquél le atribuyó a su hija Malva Marina, de la cual se aparta en 1936 y según el decir de muchos, la deja en abandono. Por entonces la pequeña contaba 2 años y padecía hidrocefalia. Pero ni este episodio ni el Premio Stalin de la Paz, ni la más que presumible colaboración con la KGB en altas misiones como el asesinato de León Trotsky, ni su prosaica habilidad de inversionista ni sus intrigas intestinas contra brillantes intelectuales de la época fueron suficientes para aplacar el apetito de santidad que los pactos democráticos del período buscaban darle a la fecha.

Otros festejos revistieron características dignas de la serie de caricaturas Los Simpson: el “poema más largo del mundo”, un rollo de papel con versos que se extiende desde la mansión La Sebastiana en Valparaíso hasta Parral siguiendo toda la línea de ferrocarriles, desplegado en el “Tren de la Poesía” donde se trasladó el propio Presidente Lagos junto a un comité de 300 ilustres con todo el mérito de un nuevo récord de Guinnes junto a la salchicha de 3 kilómetros o a la torta de 6 metros de altura. Chile, país de poetas, no podía ofrecer menos en el natalicio del sumo pontífice de su historia oficial.

Desde Nicaragua fue comisionado para venir el poeta, ex sacerdote y ex ministro sandinista Ernesto Cardenal. Su veredicto al llegar a Chile es bastante predecible: “Neruda para mí fue un profeta”. Por si fuera poco agrega: “Los poetas deben seguir escribiendo como Neruda lo hiciera. Contra los opresores, contra el imperialismo y el capitalismo, a favor del pueblo, de los oprimidos, de la patria de Bolívar y cantar a las nuevas revoluciones”. Las declaraciones constan en Diario El Mercurio del 10 de julio de 2004. En el mismo ejemplar del diario puede leerse una columna de opinión titulada “Chatos con Neruda (la recta final)” firmado por Carolina Andonie Dracos donde se lee:

Otra vez el vate será una excusa de socialización, una plataforma para hacer lobby, como lo ha venido siendo desde que empezó la cantata de su centenario. Y a quien le extraña si vivimos inmersos en un carnaval constante, con saltimbanquis y fuegos artificiales para que no cese el calor popular, como si la cultura sólo prendiera en formato fiesta. Puedo entender que ciertas manifestaciones ameriten espectacularización para transformarse en pasión de multitudes, pero ¡es necesario hacer de todo una pachanga? Creo que estamos perdiendo el norte”.

Pero hubo otro hecho aparentemente discordante que tuvo lugar aquel año: la publicación del libro "El Bacalao, Diatribas antinerudianas y otros textos", una compilación bajo la responsabilidad de Leonardo Sanhueza, que en ese momento tenía dos particularidades: haber ganado un premio en España manteniendo muy bajo perfil en Chile y tener un rostro de edad incalculable. Este libro cumple 10 años este año de 2014 y es un buen pivote para revisar cómo viene adaptándose ese lastre imperecedero de la literatura chilena que se llama Pablo Neruda. Por cierto, con ocasión del susodicho centenario el poeta Gonzalo Rojas declaró en su momento: "Tanto escándalo, quién no cumple cien años!". Todavía menos original es que un libro cumpla 10 y su consiguiente epónimo, 110. Pero en este caso, si no es una ocasión para saldos, filtros y balances, la inventaremos.

Digresiones que prometen

Leonardo Sanhueza fue valiente cuando publica "El Bacalao", pero pudo haberlo sido más si hubiese dejado en claro su posición al respecto. Antes bien, endilga el libro con un prólogo que abusa de la digresión con tono ligeramente burlesco y deja consignado los documentos transcritos como testimonio de época, con una aparente intención de objetividad periodística cuyo argumento implícito es la necesidad de exhibir todas las partes. En esa medida hace su contribución a equilibrar el pesado panorama de la adoración oficial, pero da la sensación de ese juego infantil de tocar el timbre y salir corriendo. Sospechar que esta publicación pudo traer escollos a su carrera literaria es menospreciar la capacidad de asimilación centrípeta que tienen las instituciones del canon oficial. Todo lo contrario: Sanhueza recibió el Premio Neruda para poetas menores de 40 años el 2012. Si el proceloso personaje fue llamado una vez bacalao, cabría admirar la capacidad de depredación de sus legatarios que más lo acercan a un escualo. La Fundación que lleva su nombre es capaz de sortear todo escollo y blanquear cualquier conflicto de imagen. No menos efectiva fue en este sentido la entrega del mencionado premio al poeta Jaime Huenún cuya obra dizque se articula en torno a la identidad mapuche, el mismo año en que el albacea y representante legal de Neruda, Sr. Juan Agustín Figueroa, enfrentó cuestionamientos por haber conseguido la prisión de varios lonkos en una causa por violencia política en su extenso fundo agro-forestal. Cuando concluye el juicio el poderoso abogado Figueroa declara: "Hace falta una nueva Pacificación de la Araucanía", aludiendo con muy mal gusto a la intervención militar del Estado chileno en la zona durante el siglo XIX. Por cierto la cuestión mapuche no me involucra más que como observador ciudadano. Pero sí es el asunto de Huenún, y yo en su lugar no habría recibido ese premio, así como no lo habría recibido de ser Sanhueza y haber publicado "El bacalao". Pero no soy ninguno de ambos y sólo fui becario de la Fundación Neruda en su versión de becas-taller 1991, cuestión que no compromete mi conciencia para las posturas que he venido adoptando con posterioridad respecto al personaje tras la marca registrada. Dicho esto, al igual que en el prólogo de Sanhueza para su libro compilatorio, paso a empalmar con el tema de fondo, si es que tiene fondo el "caso Neruda".



Los archivos desclasificados


Los documentos que se recorren en "El Bacalao" ilustran una trama donde las conductas humanas más protervas eclipsan las intervenciones artísticas de sus actores. La historia de desencuentros de Neruda con el medio literario chileno comienza prácticamente a un mismo tiempo que su propia carrera. Su primer accidente notorio acaece con motivo de la publicación de los "Veinte poemas de amor...", donde se permite el poema XVI en el que realiza una paráfrasis a un texto de Tagore. El episodio es ampliamente conocido a estas alturas pero cabe recapitularlo: un joven (¿lo fue alguna vez?) Volodia Teitelboim descubre el plagio y publica en la revista PRO (N° 2, 1934, es decir 10 años después de la publicación de "Veinte poemas...") dirigida por Vicente Huidobro, ambos textos, el 16 de Neruda y el 30 de El Jardinero de Tagore, sin agregar comentario. En el libro "El Bacalao" se da por sabido el episodio y se comienza con los documentos aparecidos en revista Vital, también bajo responsabilidad de Huidobro. Recorrer estos documentos se va haciendo cansador, si bien el sentido del humor los salpica con frecuencia. Los textos bajo iniciativa de De Rokha son penosos, con un nivel de virulencia que consigue el efecto contrario: hacen que uno se compadezca de Neruda, aun cuando uno jamás llega a dudar de su cretinismo, su oportunismo sin medida y lo insustancial de su poesía, en efecto. De Rokha queda al descubierto como un paranoico delirante, enceguecido de resentimiento, que echa mano a cualquier recurso para aniquilar la dignidad del adversario, particularmente los escarnios de carácter sexual. Por cierto que Neruda es proporcionalmente equivalente: son tal para cual. Aquí estriba la primera conclusión que se puede sacar de estos archivos: las voces que se atrevieron a interpelar a Neruda y su cohorte oficial muy rara vez logran remontar el mero escándalo y la histeria. Por otra parte De Rokha se equivoca cuando dice que juzga a Neruda pero salva a su Partido, que por un tiempo fue el Partido de ambos. Todo lo contrario: el fenómeno Neruda es inherente al Partido Comunista, es inexplicable sin él y la historia de ambos se confunden. Neruda es el típico militante comunista: obsecuente con su cúpula, inescrupuloso,  maquiavélico, intrigante, demagógico, incapaz de intervenir sin recurrir al proselitismo y por supuesto, diametralmente inverso a lo que profesan: es acaudalado, celoso protector de sus propiedades, inversionista diligente, poderoso capitalista de Estado, toda vez que su fortuna la hace gracias a sus redes y granjerías  de funcionario público y comisionado del gobierno para diversas tareas oficiales. La fortuna que logra amasar no es del todo explicable al calor de los ingresos de un burócrata intermedio de la carrera diplomática. En "El Bacalao" se consigna el episodio en que Braulio Arenas declara, el 11 de julio de 1940, interrumpiendo un acto de homenaje que se llevaba a cabo en el Salón de Honor de la Universidad de Chile:

"Yo protesto porque Neruda se atreva a hacer uso de la palabra sin antes haber dado cuenta del resultado de las colectas que organizaba a favor de los niños españoles".

La proclama deja abierta una interrogante que en su época sólo recibió como réplica los denuestos y la violencia incluso física contra su pregonero, extensiva a todo el grupo disidente Mandrágora. A la sazón Neruda era encargado de negocios en destinos estratégicos para el comercio de hoja de té y parafina sólida desde Birmania. ¿Recibía comisiones por sus gestiones? Si así ocurría no sería delito. Pero tampoco sería la sacrificada vida que se quiso atribuir cuando adoptó la militancia comunista como una suerte de fe religiosa, suponiendo, digo, admitiendo provisoriamente que ser comunista signifique ser humilde. Antes como después estuvo en posiciones altamente lucrativas. No lo digo por mero afán de sospecha. Quiero decir que, a mi juicio, la injerencia económica de Neruda en la historia político-cultural del país es oscura y compleja. Neruda compra una imprenta para donársela al diario El Siglo, órgano oficial del PC. Neruda compra la propiedad de Almirante Simpsons N° 7 para transferírsela a la Sociedad de Escritores de Chile. ¿Puede haber independencia de estos organismos respecto a la imagen oficial consagratoria de Neruda? Si en política se ha cuestionado el conflicto de intereses respecto a los financiamientos de empresas a políticos, cabría decir con la misma lógica que aquí existe un conflicto de intereses. Neruda también compraba lealtades. Pero sus hilos son transversales y póstumos. La Fundación que administra su patrimonio se funda durante el régimen militar que se supone es su más enconado perseguidor. Su albacea es un abogado radical que tiene buenas relaciones con el régimen militar y que comenzó su carrera durante el gobierno de Gabriel González Videla, que también se da por canónicamente sabido, fue enconado enemigo de Neruda. El Partido Comunista hasta la fecha tiene frías cuando no malas relaciones con la Fundación Neruda. ¿Por qué?

Dentro de los documentos más valiosos de "El Bacalao", a mi juicio, está el que revisa el incidente con Juan Larrea, a quien Neruda dedicó su vergonzosa "Oda a Juan Tarrea", que habla por sí sola del carácter de su autor. Sus arbitrariedades literarias en cuanto a la técnica de escritura -o ausencia de ella- son revisadas con detención en un ensayo firmado por Ricardo Paseyro. Pero no se puede decir que este ni otro documento del libro sea especialmente inteligente o libre de visceralidad, señas que le restan peso intelectual y lo que es peor, le restan agrado. Se hacen tediosos casi tanto o más que el propio Neruda. Con todo, la segunda sección de "El Bacalao", los textos que el compilador llama "textos que muestran diversas facetas de un Antineruda desconocido e históricamente soslayado", son lejos los más interesantes.

Textos omitidos de "El Bacalao"

En el libro antológico de Sanhueza no figuran textos que bien merecen estar y darían un seguro sello a la compilación desde el punto de vista de su calidad como fuente de consulta. Por mi parte echo de menos los textos del propio Volodia Teitelboim que hacen un seguimiento de la postura que este oscurísimo personaje de la política y la literatura chilena (entendida como frente de acción laboral, no como arte) tuvo respecto a Neruda, los papeles que le tocó jugar desde el descubrimiento del plagio a Tagore hasta la aparición de la biografía "Neruda", pasando por el momento en que declaraba:

"El imperativo ético de hombre y poeta que impone el deber de situar cada valor al desnudo, sin súper-estimación ni menosprecio, reconociendo sus virtudes y denunciando sus caídas, es el móvil que me impele a intervenir y el que me movió y me mueve a descubrir ante aquellos que están compenetrados de la nueva poesía, la ausencia de una originalidad absoluta en la poesía de Neruda."

Otro texto que bien podría figurar es el perteneciente a Mario Ferrero, quien fue delegado al Primer Congreso Mundial de las Juventudes Democráticas en Viena, una de las tantas instancias impulsadas por la Internacional Comunista en los años 30. Mario Ferrero, comunista también, fue respetuoso de Neruda como poeta, respeto que intentó equilibrar siempre con la amistad y admiración que profesaba hacia Pablo de Rokha. En su libro “Escritores al Trasluz” Ferrero rememora su primer contacto con Neruda en medio de actos proselitistas a los que ambos eran enviados como representantes del estalinismo chileno. No es, bajo ningún punto de vista, un disidente de la cultura comunista oficial. En un artículo llamado “Desde París a Varsovia, con Pablo Neruda” incluido en el mencionado libro, tras describir distintas anécdotas del comportamiento en público del entonces Cónsul en Madrid, Mario Ferrero no puede evitar también hacerse preguntas sobre el personaje que tiene ante sí. Y dice:

¿Serán los gestos del actor, grande o pequeño, que todos llevamos dentro? No lo sé, pero en Neruda es visible, más que en otros, esa imperiosa necesidad de halago, el perfil estudiado ante el espejo, las entradas a escena a fin del primer acto, la certeza absoluta de ser centro de mesa. Esta espontánea gracia calculada, el múltiple reflejo de su egolatría lo convierte, a su vez, en estatua de piedra, en caricatura previa de su psiquismo. Quienes lo hayan observado de cerca y de lejos, notarán de inmediato la diferencia: hay un Neruda multitudinario, teatral, que persigue un efecto finisecular (sic) con hábil naturalidad; y hay un Neruda íntimo, manido, artificioso, que no entra ni sale de sí mismo”.

Por cierto este retrato es fielmente compatible con el que ofrece Octavio Paz en el artículo "Historias de Laurel", que constituye otro de los puntos altos de "El Bacalao": la bipolaridad maniática de Neruda, el temperamento ciclotímico que determinaba sus relaciones de poder. Cosa parecida se atribuye a Stalin. Es una suerte que Neruda no haya tenido nunca bajo sus manos los destinos de un país, pero tuvo en gran medida los de su ambiente literario.

Otro texto que hubiera sido justo intercalar es el relato que hace el propio Neruda en la página 46 de "Confieso que he vivido" donde recuerda un episodio sexual con una 'mujer' que hacía el aseo en su retrete cuando era Cónsul en Ceilán. El relato dice en lo medular lo siguiente:

"Entró por el fondo de la casa, como una estatua oscura que caminara, la mujer más bella que había visto hasta entonces en Ceilán, de la raza tamil, de la casta de los parias. Iba vestida con un sari rojo y dorado, de la tela más burda. En los pies descalzos llevaba pesadas ajorcas. A cada lado de la nariz le brillaban dos puntitos rojos. Serían vidrios ordinarios, pero en ella parecían rubíes. Se dirigió con paso solemne hacia el retrete, sin mirarme siquiera, sin darse por aludida de mi existencia, y desapareció con el sórdido receptáculo sobre la cabeza, alejándose con su paso de diosa. Era tan bella que a pesar de su humilde oficio me dejó preocupado. Como si se tratara de un animal huraño, llegado de la jungla, pertenecía a otra existencia, a un mundo separado. La llamé sin resultado. Después alguna vez le dejé en su camino algún regalo, seda o fruta. Ella pasaba sin oír ni mirar. Aquel trayecto miserable había sido convertido por su oscura belleza en la obligatoria ceremonia de una reina indiferente. Una mañana, decidido a todo, la tomé fuertemente de la muñeca y la miré cara a cara. No había idioma alguno en que pudiera hablarle. Se dejó conducir por mí sin una sonrisa y pronto estuvo desnuda sobre mi cama. Su delgadísima cintura, sus plenas caderas, las desbordantes copas de sus senos, la hacían igual a las milenarias esculturas del sur de la India. El encuentro fue el de un hombre con una estatua. Permaneció todo el tiempo con sus ojos abiertos, impasible. Hacía bien en despreciarme. No se repitió la experiencia."

Pues bien, el texto que precede relata ni más ni menos que una violación. Incluso si desatendemos el presumible dato de que en los países orientales destinan a estas faenas a las niñas o niños de escasos 12 o 14 años, asumiendo que ese factor no nos consta, lo que se lee en el trozo es el encuentro sexual forzado de un diplomático con una persona del servicio ("de la casta de los parias") que está en evidente desventaja ante él. No hay cortejo correspondido ni erotismo compartido alguno. No tiene nada que ver con los episodios eróticos que involucran relaciones asimétricas en edad o estatus social pero que se legitiman por la voluntad o la conquista. Abuso de poder y violación premeditada es lo que confiesa que ha vivido. Ahora bien ¿será verdadero el episodio? También podría tratarse de una fantasía. Entonces, en honor a la verdad y ciñéndose a sus propias palabras, habría que limitarse a decir que Neruda relata una violación que cometió o que hubiera querido cometer. Pero entiendo que no había modo en que este episodio pudiera aparecer entre los textos de "El Bacalao". Estoy haciendo un dossier alternativo e imposible, que creo necesario.

Sí podría haber figurado con holgura, aunque fuese como fragmento, el texto que le dedica Jorge Elliot en el prólogo a su Antología Crítica de la Nueva Poesía Chilena, aparecida en 1957, texto reconocido como fundamental para la comprensión de nuestra poesía contemporánea, reconocimiento unánime que ha sido corroborado el año 2002 con la reedición de este libro con aporte económico del Estado. En él dice el profesor Elliot sobre Neruda:

(...) Nos parece que Neruda levantó una dicción poética especial cuando se hallaba sometido a ciertas presiones psíquicas definidas y ese lenguaje no opera con igual eficacia fuera de ellas. Su nueva poesía confirma, claro, su brillante barroquismo, su poder metafórico y su riqueza imaginativa, pero le falta centripetación. En su poesía agnóstico-existencial había una fuerza gravitacional en el núcleo emotivo que atraía hacia su centro y engendraba densidad. Al faltarle este núcleo su poesía se resiente y se suelta, por lo cual el lujo verbal se torna decorativo. Podría habérsele reemplazado por una apretada e interesante estructura formal, pero no surge en su ayuda un instinto estructural equivalente al que opera en las obras de Quevedo, Garcilaso o, posteriormente, en Cernuda, Jorge Guillén y en la poesía del argentino Ricardo Molinari. No obstante, nuestra desilusión es relativa, ya que si él no hubiese escrito Residencia en la Tierra siempre hubiera sido uno de los grandes poetas de América. Su poesía posterior, aunque de menor potencia, posee, es claro, una altura.


(Continúa;
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2014/07/para-ser-bacalao-hay-que-tener-mucho_12.html)

En la tercera parte se puede descargar el artículo completo en pdf

No hay comentarios: