martes, 5 de agosto de 2014

JOHN DENVER SE ENCUENTRA CON EL ANCIANO DE LOS DIAS DE BLAKE



Soy el country boy con cabellos de panoja
y vengo a restregar mi prepucio perfecto
entre los muros de esta fétida gruta.
Traigo mi violín y mi banjo a prueba de gorgonas
aunque bien mis cabellos podrían ser áspides doradas
según se active la lencería de mis alas
hechas con fibra de vidrio
y escribiré al menos 3 canciones sobre estas alturas,
una por cada lustro que me ha costado
aprender a planear en vuelo rasante.

¿Y tú quién eres, anciano, que tus barbas y vello púbico
huelen a crines de semental encerrado?

W. Blake
Soy el bibliotecario del primer antro.
¿Y tú no sabes lo que le ocurre a los muchachos
con cabellos de panoja que se internan en los socavones
de los montes análogos donde René Daumal tuvo crisis de asma?

No temo a nada, señor. Si alguien se ofusca por mi aliento a confetti
-no hay metafísica mayor que saborear confetti-
o Zeus pretende convertirme en su copero,
unas seguras notas de mi violín country podrán neutralizarlo.

¿Piensas que la vida consiste en encarnar la forma de las runas,
insuflarle melismas a las criaturas del bosque,
imantar halcones de pupila agrimensora
y aparearse como delfín en aguas turquesas?

He permanecido bajo el agua sin respirar por seis minutos
y el cableado hace una estática en los parietales
parecida a campanas de pequeña muerte
y el surtidor hacia adentro destapa los oídos
cuando el licor seminal se devuelve a la savia y después a la sangre
y es oro líquido, señor, visita cada estancia del cuerpo
con una queja de metal que asciende portando un secreto
y se aclara entre los ojos, se abre flor entre gravillas
sin pérdida de sustancia. Similar es el ahogo
de la hiperventilación por rostro expuesto
burlando las cumbres.
                                               Esa es mi respuesta.

Sabes que las madréporas tienen rabia
pero el color es su reclamo y en su cieno no se sueña
sin alcanzar una altura equivalente a sus abismos;
la cripto-orquídea no admite fisgones, no es tocada sino
por diestros pajes escapados del tarot semoviente.
¡De sobra sabes a qué me refiero!

Me remito a mi declaración anterior.

Tus canciones entristecen.
Tu belleza es un perjuicio.
¿Olvidaste a Fred Hollan Day
Fot: Holland Day
o no sabes cómo tituló su álbum de retratos?

Me he visto desnudo en los bordes del lago
y he recibido mi voz que rebota en los farellones.
Ahora mismo, lloro.

No es suficiente.

Sunshine on my shoulders makes me happy,
sunshine in my eyes can make me cry.

Posees el reloj que marca la muda de piel de las serpientes.
Esos de los que hablas, los Hermosos y sus Batallas
esperan del otro lado
pero los muertos sobre el campo
no saben que los mata la semilla.
Suffering the Ideal, niño inepto!

¿Hay un lugar dónde pueda esconderme,
llevar allí mi banjo y mi violín
para no ofender con mi manía?

La manzana cuando cae es idéntica
al peso del agua que desaloja en la bañera
y dada tu experiencia no necesito decir
cuantos mundos y sexos se funden bajo el agua.
El autor de estas crónicas fue también
un perverso polimorfo en estado de cuarzo,
rubio como tu pubis, con una uña de caracola
en el pie diestro y una pata de oca
que delata su destino.
Ahora mismo rotaré mi compás
y uniré las puntas del pentáculo
antes de sellar la contradanza de todas las caídas.

¿Qué ven los seráficos, señor, cuando descienden?

Lo único que no pueden seducir, niño bobo:
su sombra

                        intentando mantener el equilibrio.


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