lunes, 25 de agosto de 2014

OUROBOROS FUGIENS

 

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
“...sus colores aumentan con su muerte...”

Lambsprinck, "Lapide Philosophico Libellus" (1599), sexta figura.

 
"Aquel debería ser domado mediante hierro, hambre, cárcel,
mientras se devore y se evacue, se mate y se vuelva a parir."

Michael Maier. “La Fuga de Atalanta” (1618), epigrama XIV.

 

 

 
 
 
Hijo, tuve una visión
que apenas sostengo entre mis ojos. 

No escuché la Misa de Réquiem
por temor a que la lluvia se detuviera.
Pero he soñado
y aquellos que van conmigo
no volverán a ser libres.

Créeme, hijo, la materia se reduce al monocordio
y el fuego
al caudal que toca y se retira
en piedra, en sangre, en rosa,
en muerte umbría que fecunda al huerto.
Y porque el fuego es la vida de la piedra
hemos, he tenido la paz: florecen cruces
tras la visita del cuervo que agita alas en el barro
y se posa sobre un cráneo en el oro.

Ay, hijo, se cierne tormenta sobre la urna.
He podido ser yo bajo esa losa
concluyendo y comenzando
una vez y otra el baile de luces.
Se cierra el día sobre el cuerpo.
Ya no lo veremos sino hasta entrar en él
rompiéndonos las uñas en el metal hirviente. 

He tenido una visión, hijo, perdona mi estado,
mi trazo débil bajo la llovizna, mi beso sin aliento:
el ouroboros es llave que hiere la noche
y aquel que le ve ya no cabe en su lecho
y en vano girará por desatarse de visiones.
 
Corre entonces, hijo, ve tras ese heraldo
y que en tu fuga jamás te den alcance.
 
 


Ouroboro, Atalanta Fugiens, figura 14

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