viernes, 5 de septiembre de 2014

5 DE SEPTIEMBRE DE 1938: MATANZA DEL SEGURO OBRERO


EL CONTEXTO SOCIO-POLÍTICO DE LA GENERACIÓN LITERARIA DE 1938
 
 
E Anguita

M. Serrano
 










 

E. Zorrilla





B. Arenas




















E. Gómez-Correa
La de 1938 es la generación intelectual que choca de modo frontal con una clase política que hizo de su herramienta natural la demagogia. Es una vanguardia intelectual y social que toma conciencia de sí misma en función de un período protagonizado por el alessandrismo y el ibañismo. La política se expresa no tanto en las instituciones como en los disturbios callejeros, la militarización de la sociedad (milicias socialistas, milicia republicana, grupos de choque nacistas, brigadas rojas internacionales, etc) y los asesinatos colectivos cuyo último evento de máxima intensidad ha sido la matanza del Seguro Obrero y con él la cancelación definitiva de todo proyecto de revolución social de matriz nacionalista y anti-capitalista. Con ese hito se cierra una etapa y se abre otra sindicada por el contubernio de partidos asociados en el Frente Popular, que inyectan en Chile formas de burocracia elevada por primera vez a la categoría de estamento, lo cual engendra una nueva clase intermedia entre la burguesía (formada por una aristocracia terrateniente en decadencia y por una pequeña cúpula empresarial) y los sectores obreros. Éste nuevo segmento, la clase media, esperará consolidarse en base a la educación, el ejercicio de las profesiones liberales y las fuentes de trabajo ligadas al sector servicios.


C. Droguett
G. Rojas
V. Huidobro
Querrá ser receptora del Estado subsidiario y a poco andar verá que se ha vuelto dependiente e instrumental, resintiendo todos los golpes de la inestabilidad política, para terminar asfixiada y abandonada por los mismo partidos que la generaron, los que pronto dirigen su atención y su propaganda ideológica hacia los sectores más pauperizados e incultos, fáciles de adoctrinar y condicionar con la estrategia del clientelismo y la dependencia. Utilizada por derechas e izquierdas pero luego olvidada por ambas, la clase media se convierte en el campo de experimentación de los intelectuales, que provienen de ella misma, en un afán permanente de autoafirmación y buscando siempre una salida para su atolladero. Ella nutre la actividad literaria, amén de la administración del Estado. Los escritores del 38 en busca de asidero se refugiarán también en la burocracia o en el servicio diplomático, siendo aún inestimable o simplemente desconocido el aporte que realizan en esta área. Presentes en todas las embajadas y en todos los consulados, los escritores, en su mayoría profesores, abogados o simplemente desertores de las carreras humanistas de corte liberal, autodidactas e idealistas, hicieron de la administración su trinchera de sobrevivencia y concluyen sus crreras las más de las veces convencidos de haber servido una idea de país ajeno a sus principios, que los escucha pero no los atiende, que no tiene rumbo, que no es capaz de asestar el golpe decisivo al retraso cultural y económico chileno. Los jóvenes del 38 ven a sus mayores como la imagen abominable de aquello que les espera: ser funcionarios, ser piezas del sistema que detestan. Al oportunismo o al populismo le oponen el idealismo activo, la denuncia y la protesta. Al egoísmo y al tráfico de influencias le oponen la lealtad y algo que resultará decisivo: la capacidad organizativa como modo de resistencia y de protección de la identidad. Proliferarán los grupos literarios a manera de sociedades secretas o logias; los órganos de difusión se harán sustitutos de los libros que no alcanzan o no pueden publicar por falta de financiamiento. Sus fuentes bibliográficas pasan a ser las revistas: Acción Chilena, Mandrágora, Multitud, PRO, Claridad, Trabajo, etc. Las vanguardias intelectuales se articularán en torno al género editorial de revistas y antologías porque ellas tienen la flexibilidad que el dinamismo de la situación exige, facilitan la reacción rápida, permiten hacer causa común a un contingente nutrido de autores, generando una esfera de protección y complicidad, un compromiso compartido. La revista es capaz de dar una sensación de organicidad más allá de la cohesión interna o de una pretendida solidez ideológica que la sustente; infunde seguridad e intimida al adversario. Las revistas y antologías serán la herramienta de la batalla literaria. Son los años en que Braulio Arenas irrumpe en el Salón de Honor de la Universidad de Chile para interrumpir el acto de homenaje que la Alianza de Intelectuales -órgano de difusión de la Internacional Comunista enquistado entre los escritores- le brinda a Neruda. Y Braulio Arenas dice ‘yo protesto porque Neruda se atreve a usar de la palabra sin antes haber dado cuenta del resultado de las colectas que organizaba a favor de los niños españoles...’”. Acto seguido es prácticamente linchado por un grupo de incondicionales nerudianos apostados en el evento a la manera de comisarios personales. Son los años en que la honra es entendida como lealtad a toda prueba, como libertad de conciencia, como disidencia activa, como exposición directa al riesgo de la sanción social o incluso a costa de la propia seguridad física. Esta nueva ética entrará en colisión con los partidos tradicionales, aún aquellos de reciente formación, el Comunista (fundado en 1922) y el Socialista (fundado en 1933), cuya lógica se inspira más bien en la incondicionalidad con directrices dogmáticas y la práctica del cálculo y la oportunidad. Los escritores independientes serán vapuleados desde uno a otro extremo del espectro político. Algunos mantendrán militancias partidarias de bajo perfil en partidos de izquierda, que no les serán suficientes para blanquear su malditismo y mucho menos para blindar su marginalidad, cuyo corolario será las más de las veces un abigarrado cronograma de suicidios y muertes prematuras en extrañas circunstancias.

T. Cid
Poca cosa puede hacerse por entender este período si no se toma en cuenta el episodio del 5 de septiembre de 1938, al punto que nos atrevemos a dividir tal historia en un antes y después del Seguro Obrero, reconociendo en la matanza de 60 jóvenes rendidos en este edificio como la piedra angular o bautismo de sangre del régimen democrático liberal que se instala a partir de entonces y hasta el golpe militar de 1973, donde se abre un nuevo período marcado por la globalización y subordinación definitiva de Chile al capitalismo internacional, cuestión cuyo análisis nos parece del mayor interés, pero que escapa al objetivo de estas líneas.

Placa recordatoria Seguro Obrero
Dentro de las formaciones políticas de ese período probablemente no existe un caso más significativo de originalidad que el referido al movimiento nacional-socialista chileno y al Partido Socialista de Chile, con un segmento interno fuertemente resistente a la hegemonía comunista dentro de la izquierda. En efecto, las identidades políticas del movimiento socialista por un lado y del nacional socialismo o “nacismo” chileno por otro, no distan demasiado en aquellos años. Ambos usan camisas pardas, boinas y brazaletes con sus respectivos emblemas; ambos se declaran americanistas e independientes del dominio de cualquier estructura partidista internacional, es decir, ambos son básicamente nacionalistas; ambos conciben un modelo de desarrollo afincado en el control de nuestras riquezas nacionales como una expresión de autodeterminación económica a la vez que de soberanía; ambos se han hecho fraternos en la lucha callejera contra las milicias republicanas alesandristas y contra los grupos de choque comunistas, que los ven como rivales por igual. Los electores nacistas, que adhieren al ibañismo, luego de la masacre garantizan el triunfo del Frente Popular. Esta relación entre sectores socialistas y nacistas es tan estrecha que, extendida también hacia el radicalismo, es González Von Mareeés junto a González Videla quienes lideran la disidencia antialesandrista en el parlamento; cuando González Von Marées es detenido por pronunciar un discurso contra el candidato alesandrista y ministro de hacienda Gustavo Ross (el “ministro del hambre”) es Gabriel González Videla quien presenta su enérgico reclamo en la Cámara por la violación del fuero parlamentario del líder nacista y luego de la masacre del 5 de septiembre es González Videla y el diputado Raúl Marín (también radical) quienes lideran un proceso acusatorio en el parlamento (que no prospera por la oposición de diputados alesandristas y comunistas en colusión) para aclarar las responsabilidades de la masacre. Esto no debe sorprender, si se piensa que la lealtad entre ambos grupos ha quedado sellada ya el 21 de Mayo de 1938, cuando con motivo de la inauguración del período legislativo los parlamentarios nacistas, socialistas y radicales-ibañistas han abandonado el parlamento justo cuando va a tomar la palabra el Presidente Alessandri, momento en el cual se produce una refriega al interior del Congreso en la que González Von Marées dispara un tiro al aire. El Presidente del Senado ordena la detención del líder nacista para iniciar el trámite de desafuero en la Corte de Apelaciones, cuestión después de la cual, como dispone el reglamento, el diputado queda en libertad. Sin embargo durante la tarde Carabineros e Investigaciones irrumpen en el Congreso con el fin de detener sin cargos a González Von Marées, el cual es defendido en las puertas de su oficina por Gabriel González Videla. El diputado radical es arrastrado hasta un cuartel policial y el diputado nacista herido a culatazos es trasladado hasta la Asistencia Pública. Gabriel González dirá luego: “aquí estalla la violencia entre el Gobierno y la Oposición” (“Memorias” de G. González Videla). González Von Marées dirá por su parte el 23 de mayo siguientes, según consta en el boletín de sesiones respectivo de la Cámara de Diputados: 

Digo que son un símbolo esa pistola y ese balazo, porque ellos han sido la advertencia dada por la izquierda política de Chile, férreamente unida y a la que nosotros los nacional socialistas nos honramos de pertenecer, de que ella está dispuesta a imponer sus ideales, que son los del pueblo, por la razón o la fuerza, con ley o contra la ley.” 

(Adviértase con qué sentido distinto del actual era comprendido el concepto de izquierda política en la época.) 

Homenaje PS de Chile
Por otra parte Marmaduke Grove, líder natural y fundador del socialismo chileno se hace presente al otro día de la masacre del Seguro Obrero y acompaña las exequias junto a una brigada de jóvenes socialistas en la misma sede del Movimiento Nacista. Y desde el punto de vista doctrinario debe señalarse que no es extraña tal convergencia, ya que el socialismo chileno es originalmente un bloque de grupos de inspiración anarco-nacionalista y filantrópica, siendo el componente marxista sólo una de las facciones internas y no precisamente la mayoritaria. De hecho el socialismo inicia su vida política con el golpe de Estado del comodoro Marmaduke Grove, quien instaura sin el menor concierto democrático una República Socialista que suspende el Estado de derecho y gobierna en base al recurso del decreto durante 12 días. Cabe decir entonces que el partido político que más ha presumido de demócrata en los últimos 30 años inicio su vida organizativa como facción golpista cupular, más cercano al concepto de toma de poder de inspiración fascista que cualquier otra cosa.


HÉCTOR BARETO, EL PASAJERO DEL SUEÑO.

 
H. Barreto

El 23 de agosto de 1936 es asesinado en la vía pública el joven escritor Héctor Barreto de 19 años, militante socialista. La tragedia pasa a revestir las características de una fatalidad voluntaria. Esto sólo puede entenderse bajo el vértigo que produce el misterio del compromiso con una idea, con una causa que se sostiene desde el límite de la provocación a un orden cuyo único símil aproximado es la podredumbre. Bajo esas condiciones la convicción política adquiere ribetes de acto artístico alucinatorio, de conciencia alterada, de acto heroico, y por eso mismo será dramático. Aún más si se observa que las circunstancias que rodean el crimen tienen tanto de asesinato como de suicidio. Relata Miguel Serrano que la noche de su muerte Barreto salió del Café Volga junto a un grupo de amigos después de un intercambio de insultos con jóvenes nacistas que irrumpieron en el lugar. El asunto pareció diluirse pero las trampas del odio ya estaban tendidas y con esa ceguera que da el coraje mal conducido, los nacistas esperaron a sus rivales en la calle. Al llegar a avenida Matta los grupos se enfrentan, hay tiros, un socialista es herido en un pie. Barreto desafía al pistolero a pocos pasos, se quita su anillo y lo levanta gritando al tirador: "pasa la bala por aquí". Luego da la vuelta ofreciendo la espalda y se separa del grupo, caminando indiferente con las manos en los bolsillos del abrigo. Al doblar una esquina recibe una bala en el estómago para luego caer al pavimento dónde alguien patea su cabeza rompiéndole la frente. Estamos en los ámbitos de las iras desatadas por fuerzas primordiales donde la muerte es un rito propiciatorio. La historia pudo ser al revés, da lo mismo. Pudo ser Barreto el que disparaba y el nacista el que cayera muerto. Las razones poco importan o no existen, estos jóvenes han estado movidos por un impulso que los sobrepasa; son instrumento de un enfrentamiento mayor, que los trasciende; son el reflejo de una lucha que se libra en otras dimensiones. No es un modelo de economía lo que está en juego, sino un modelo de ser humano, la lucha de dos titanes que marcan su territorio, que se igualan en potencia y no caben en un mismo espacio. Es la época en que Chile fue movido por el espíritu colectivo así como los tiempos de hoy son los del individuo. Por eso el cuerpo de Barreto fue consagrado al panteón del socialismo chileno poniéndolo a celoso resguardo de cualquier otro que pudiera reclamarlo. Y así el joven Miguel Serrano no pudo cargar el féretro con el cuerpo de su amigo, porque este ya había sido arrebatado por el mito y una bandera de fondo rojo con un mapa de América pintado en blanco sería su pasaporte a la historia. Poco tiempo faltaría para que, del otro lado, otra bandera se tiña de sangre.


 
5 DE SEPTIEMBRE DE 1938

Aunque el incidente no es parte de ningún evento político programado, la muerte de Héctor Barreto prepara en cierto modo la masacre del Seguro Obrero que sacudirá el país 3 años más tarde. Ambos hechos tienen en común la crueldad inusitada. Sin embargo los hechos del 5 de septiembre de 1938 en gran medida no tienen precedente en nuestra historia. La imagen de 30 jóvenes rendidos caminando con los brazos en alto desde la Universidad de Chile hasta la Torre del Seguro Obrero donde serían ejecutados junto a otro grupo de igual número, son el signo y emblema de un país castigado, para el que no existe respeto ni piedad, mucho menos honor en la lucha. Se les ejecuta por orden presidencial directa, hecha cumplir sin dudas por el General Humberto Arriagada, Director de Carabineros. El testimonio del periodista Raúl Morales que transmite desde el interior del edificio durante las ejecuciones, da una idea de los hechos:

16 hrs. 15 minutos: Desde la ventana se ve el desfile de los rendidos en la Universidad. Pasan lentamente con los brazos en alto por la calle Morandé. Se pierden. Pero luego regresan. Están ahora frente a nuestras ventanas, heridos algunos, con los brazos en alto todos, en medio de la tropa hosca y enemiga. Las puertas del Seguro se abren. Vemos primero un muchacho alto, rubio, con un abrigo negro. Se llama Humberto Yuric. Tiene veintidós años. Estudia Leyes. Le siguen César Parada, Félix Maragaño, Francisco Maldonado y los otros. La larga caravana de los rendidos forman en filas de a cuatro en el hall. (...)

16 hrs. 35 minutos: ¿Qué pasa? Llega el eco de los disparos aislados. En detonaciones corridas de a cuatro o cinco. Luego silencio, y otra vez disparos. Parece que balearan en pisos o piezas separadas. A ratos algunos gritos, algunos gemidos extraños, como las palabras de un espantoso idioma. Quedamos alelados en nuestro escondite. ¡Los matan! ¡Los están matando! Hay una pausa en los disparos. Un silencio pesado que oprime.
 
Y Carlos Ibáñez se entrega en el regimiento Buin declarando “Yo no necesito golpes para ser elegido Presidente”. Desautoriza, pues, el pronunciamiento, aún cuando él mismo lo ha instigado directamente y les ha entregado el único armamento pesado con el que contarán los alzados, un fusil ametrallador que los jóvenes del Movimiento llamaban graciosamente “el saxofón del general”. Cuando lo recibieron Ibáñez les dio no sólo un incentivo sino su respaldo personal, dirigiendo a Óscar Jiménez  palabras inequívocas: “prepárense para actuar” ("La profecía política de Vicente Huidobro", Enrique Zorrilla.) Y es lo que hicieron.

El testimonio de uno de los 4 sobrevivientes, Alberto Montes, rescatado personalmente de entre los heridos por el diputado Raúl Marín Balmaceda, no deja dudas sobre el ensañamiento de los ejecutores: 

Después nos hicieron salir a nosotros, obligándonos a pasar encima de los cadáveres de nuestros compañeros y nos empezaron a balear con las carabinas, los revólveres y pistolas que empuñaban los oficiales. Después nos repartieron por las escaleras y allí nos repasaron con bayonetazos y culatazos. Yo quedé con 4 balas de revólver en el brazo y la pierna izquierda. Quedé finalmente botado entre el 5° y 6° piso con la cabeza abajo. El lugar de la ejecución tenía 6 metros de ancho. Un cabo iba disparando sobre los caídos. Comprendí que me daban por muerto. Algunos centinelas se sacudieron un momento sobre el estómago de los difuntos para comprobar su muerte.

Así mueren 59 jóvenes entre 18 y 33 años, en su mayoría estudiantes, más 2 funcionarios del Seguro Obrero que permanecieron en el lugar. La opinión pública se desconcierta. Los periódicos se saturan de testimonios y declaraciones de indignación. González Von Marées se entrega a la policía y queda preso junto a otros cabecillas. En una carta dejada en manos del militante Enrique Zorrilla, El Jefe, se hace responsable político de los hechos. El poeta Vicente Huidobro se presenta en casa de Carlos Ibáñez con el fin de exigirle explicaciones, pero sólo consigue exponerse a pesquisas y artificios policiales. Es detenido durante 6 días. A su salida el 13 de septiembre publica en el diario La Opinión un artículo llamado “Queremos Justicia” en el que aprovecha de responder a Neruda, que lo ha tildado de fascista y ha guardado riguroso silencio en relación a la matanza. Huidobro dice que esa actitud “sólo prueba la canallada de un bacalao (sic) enfermo de odios recónditos”.

A un año del brutal acontecimiento, en 1939, Miguel Serrano se incorpora definitivamente al Nacional Socialismo en su versión chilena, manteniendo una especial cercanía con el segundo hombre de la organización, Óscar Jiménez. Éste encabeza las columnas de manifestantes cuando una tarde el futuro embajador se incorpora a la lucha social sin ambages. En “El último Avatara” lo recuerda de este modo:

 “Es un mediodía, estoy de pie en la calle Ahumada de esos tiempos, que aún conservaba la atmósfera de una calle europea antigua. De pronto, se escuchan tambores y clarines. Por los confines con la Alameda comienzan a avanzar banderas, estandartes. Muy pronto se transforman en un bosque rojo ondulante, como olas y marejadas. Se elevan canciones, voces viriles, marciales. Es el nazismo, son las tropas aguerridas que marchan... Allí no había doblez ni hipocresía.”

Está lejos de ser el único en pensar que la crisis social puede tener su vía de escape a través de la disciplina y el compromiso organizado en una estructura de vanguardia integrada por jóvenes (en su mayoría universitarios) e intelectuales de clase media (en su mayoría abogados). Sin embargo muchos otros comparten este concepto sólo en lo referido a la disciplina, a la integración de lo civil con lo militar, poniendo el énfasis de la composición social de la vanguardia en otros estamentos, a saber, la clase obrera según unos y la oligarquía según otros. La táctica militar se extiende pues, a todas las capas sociales.

¿Cuál es la ejemplar democracia chilena de la que se enorgullece nuestra clase política? ¿Cómo pueden explicarse los tan erráticos y diametralmente opuestos comportamientos políticos de los principales líderes del siglo XX? Miguel Serrano lo responde de un modo bastante rotundo:

“El sistema marxista y el capitalista son igualmente destructores de la nacionalidad. En aparente contradicción, se apuntalan mutuamente, ya que uno no puede existir sin el otro. Porque arriba, en la cúspide, se encuentra aquel que hoy nadie se atreve a nombrar, porque se tiembla ante la sola presencia de su sombra, el dueño de los rayos y del trueno, que se reverencia hasta la genuflexión, por temor a que los destruya a todos junto al universo. Si todo esto que ha pasado en Chile, no es aún suficiente para abrir los ojos, entonces ya nada podrá lograrlo.” (“El Último Avatara”. El subrayado es mío)

 

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