lunes, 20 de octubre de 2014

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS

Comparación entre la novela y la película


Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 1942) publicó La Virgen de los Sicarios en 1994. Junto a El Desbarrancadero (2001, Premio Rómulo Gallegos 2003) está considerada una de las 15 mejores novelas de los últimos 25 años, según una lista propuesta el año 2007 por 80 críticos y escritores de habla hispana. El 2000 fue llevada al cine por el director Barbet Schroeder. La cinta obtuvo Medalla de Oro en el Festival de Cine de Venecia del año 2000. El propio Fernando Vallejo tuvo a cargo el guión.



La Virgen de los Sicarios está narrada en primera persona con expresa objeción a la costumbre del narrador omnisciente, ya que "uno apenas puede saber lo que está pensando, ¡qué va a saber lo que están pensando los demás!". La temática central de la obra es la violencia y el odio entre iguales, miembros de la misma clase social, desplazados y pobladores de Colombia que han quedado a la deriva luego de la muerte del líder del Cartel de Medellín, que ha dejado una red de dependientes del comercio ilegal de droga sumidos en reyertas internas por el control del negocio en los barrios. Esta virtual guerra civil urbana se alimenta de la sed de venganza en un clima social donde el crimen organizado ha entrado en absoluta anarquía y el uso de armas de fuego es el modo cotidiano de resolución de conflictos que ya nadie sabe muy bien por dónde empiezan, tocantes a lo familiar y lo económico, mezclados con la delincuencia ordinaria en un esquema de consumo sin control, donde no existen valores de convivencia mínimos.

Otro leit motiv paralelo es el desgaste de la vida por el avance de la edad, el contraste generacional y el cambio del entorno, que sume al personaje en la confusión ante un lenguaje distorsionado, costumbres alteradas y transformaciones urbanas que lo vuelven un extranjero en su propio país. No obstante la relevancia de este contenido, cabe decir que el protagonista es un hombre de entre 50 y 55 años y su queja por el deterioro personal parece más bien exagerada producto de una tendencia a la fatalidad y un carácter esencialmente pesimista.

Un tercer tema paralelo está sindicado por la afectividad y el deseo sexual como pulsión de resistencia ante un panorama social aplastante. Algunos intérpretes, particularmente ligados al activismo de minorías sexuales, le han dado un énfasis especial al hecho de que los protagonistas son homosexuales, pero la historia está articulada de modo tal que esta circunstancia no aparece consustancial a la obra. De hecho la ácida crítica que tanto el libro como la película recibieron en los sectores más oficialistas y conservadores de Colombia hacían énfasis en la imagen del país como un estado de caos insoluble, lo que calificaban de "sabotaje a la imagen nacional", mientras que los matices homosexuales de la obra casi pasaron desapercibidos. Cabe mencionar que el tipo de relaciones sexo-afectivas que se presentan corresponden más bien el modelo de pederastia en su sentido clásico greco-latino, es decir, relaciones consentidas entre un adulto y adolescentes que se dejan guiar y proteger por éste en un proceso de intercambio y aprendizaje compensado con experiencias de placer. Esta temática no se desarrolla conceptualmente en la obra (ni en su versión literaria ni fílmica) sino que es presentada a partir de hechos y conductas consumadas.

El hablante-narrador de LA VIRGEN DE LOS SICARIOS es un sujeto arrogante e irritable que disfraza su neurosis con argumentos sociales, políticos o incluso gramaticales. Alter ego del autor, el Fernando de la novela ocupa toda su energía en ligar con muchachos de entre 14 y 18 años y elucubrar sobre las bajezas de la naturaleza humana, expresadas particularmente en el ser colombiano, al que atribuye la condición más abyecta que se pueda concebir. Sus experiencias sexuales con adolescentes están mediadas por el dinero, el oportunismo y la mutua búsqueda de aventuras. Son relaciones consentidas pero sospechosamente lindantes con el estupro y la prostitución juvenil. Más que relaciones ilegales parecen reflejar lo obsoleto de los códigos morales y la enfermiza hipocresía de una sociedad donde el trato sexual entre adultos y adolescentes puede inferirse como estigmatizado pero no se advierte dentro del desarrollo de la historia, sino que contrasta de manera tácita con la permisividad irrestricta de la violencia, el espíritu de venganza, la ambición y el irrespeto rotundo por la vida. El que sean relaciones pederásticas no agrega una connotación especial al argumento. De hecho no son advertidas por el entorno y no existe un juicio de valor de otros personajes respecto de ellas, a no ser por un ligero contacto de "ambiente gay" que involucra al protagonista al comenzar la película, en el departamento de su amigo Alfonso donde conoce a Alexis. La historia ofrece de manera neutra un código de relaciones homosexuales adulto-adolescentes signadas por el poder de seducción del dinero y el estatus social, pero que en honor a la verdad, tal como es en la vida, no revisten otra cosa que maniobras naturales y legítimas -legales o no- dentro de los juegos de conquista propios de cualquier persona, sea cual sea su condición sexual. Como tal, la historia documenta relaciones que prueban la incoherencia de los criterios de censura o de restricción del consentimiento sexual adolescente y desmitifican los conceptos tradicionales de inocencia o vulnerabilidad mezquinamente atribuidos a los o las jóvenes por imposición del canon jurídico decidido por las generaciones viejas -el peso del mundo "adulto". Pero esa declaración argumentativa se hace de manera no verbal, sin siquiera episodios teóricos explícitos dentro de la trama, más que la sola naturalidad con que fluyen las relaciones entre Fernando y los dos muchachos que co-protagonizan la historia: Alexis y Wílmar. Hay un tercer muchacho relevante en la obra: el "Plaguita", que es quien informa a Fernando de que Wílmar -su segundo amante- es el asesino de Alexis -el muchacho con quien transcurre la mayor parte de la narración, a quien Fernando declara haber amado sinceramente.

Hay ligeras diferencias entre la novela y la realización cinematográfica. En el libro la sensación de descomposición social es todavía más impactante. Los crímenes de Alexis se cuentan por 100 si bien no se relatan más de 10. La frivolidad y malignidad de los personajes, incluidos los protagonistas, también es mayor. Se diría que el odio y la violencia como tema central está refrendado desde ambos ángulos de la historia, tanto desde la sociedad hacia los personajes como desde ellos hacia sus prójimos. La versión fílmica aligera esto sutilmente con algunas modificaciones que el escritor hizo al guión respecto a la novela. Personalmente considero que estas modificaciones argumentales revisten el carácter de moderación de contenidos y por tanto de auto-censura.

 Las diferencias más notorias entre el guión y la novela son:

1.- En la película, en el minuto 11, Fernando llora escuchando una vieja canción en una cantina en la que solía refrescarse cuando joven. Esto no ocurre en el libro. Hace aparecer al personaje como un sujeto más sensible de lo que es en la novela.

2.- En la película, en el minuto 40 durante el viaje en metro-tren con Alexis, Fernando sostiene una absurda discusión gramatical con otro pasajero. Esto no ocurre en el libro.
3.- En la película, en el minuto 41 durante el mismo viaje en metro-tren, Alexis dispara y ejecuta a los dos pasajeros con los que discute Fernando. En el libro esto no ocurre pero se asemeja a un episodio en un bus urbano, el que es mucho más cruel, ya que en la novela Alexis ejecuta a una madre con sus dos hijos, un bebé de pecho y otro de unos 3 años, sólo porque molestaban llorando.
4.- En la película, en el minuto 42, luego del episodio de los asesinatos en el metro-tren, Fernando increpa a Alexis sobre sus impulsos asesinos y le instruye diciendo "antes de disparar, recapacita, cuenta hasta 10". Cuando Alexis responde "somos nosotros o ellos", Fernando le replica "nosotros y ellos; a mí me hacen falta los enemigos porque me dan de comer". Esto no ocurre en el libro.
5.- En la película, en el minuto 45 Fernando le dice a Alexis que se deshaga del arma y ya no cause más muertes. El muchacho le dice que no puede hacerlo porque está amenazado: "me quiebran, me la tienen sentenciada". Fernando reflexiona que "en este país cualquiera, que no un juez, lo va sentenciando a uno". Luego se ven fuegos artificiales desde las comunas, para festejar que ha "pasado" otro cargamento de coca. Nada de esto sucede en el libro.
6.- En la película, en el minuto 52 hay un gracioso episodio en que Fernando le compra una caja de pasteles al Plaguita y éste hace una fila de mendigos arrodillados para darles un pedazo como si les diera de comulgar. El precoz sicario parece así movido por un gesto de generosidad y espíritu lúdico. Esto no ocurre en la novela.
7.- En la película se omite que ha habido trato sexual entre Fernando y el Plaguita. En el libro esto queda de manifiesto como un "amor que no prosperó" pero que Fernando compensó económicamente puesto que se conocieron en el "cuarto de las mariposas" donde se concretan ese tipo de tratos. La razón por la cual se omite este pasaje en la película posiblemente sea porque la novela dice que el Plaguita "tiene quince añitos con pelusitas que te desarman el corazón". Aunque esto se omite en la cinta, se mantiene el perfil del personaje, para el cual el director escogió al niño Gustavo Restrepo, cuya apariencia no supera los 14 años.
Entre los micro-relatos internos de la novela es particularmente elocuente el episodio en que Fernando baja al lecho del río Cauca que cruza la ciudad, acudiendo al llamado de un perro callejero que está herido de muerte enredado en unas piedras en plena corriente. Cuando Fernando lo ve decide sacrificarlo para aliviar el dolor del animal y ordena a Alexis que le dispare, pero el muchacho se niega manifestando ser incapaz de un acto tan cruento. Fernando lo resuelve, luego de lo cual hace amago de llevarse el arma al pecho para dispararse. De esta manera se expresa la emotividad retorcida de los protagonistas, que son capaces de no sentir la menor compasión por otros seres humanos y que han recorrido la ciudad ejecutando mendigos, niños, mujeres embarazadas, bebés, taxistas, etc. Son capaces de dispensar la muerte gratuitamente y con jactancia pero colapsan de sensiblería al ver un perro herido, en un estado de cosas que es ya la distorsión y la bancarrota absoluta de todos los valores. Este episodio se reproduce al detalle en la cinta con apego estricto a la novela. Sin embargo en la cinta las ejecuciones de Alexis aparecen siempre fundamentadas como respuesta a provocación y en defensa propia, no así en la novela.
En definitiva La Virgen de los Sicarios como obra literaria prevalece sobre la película sin opacarla del todo sino más bien decantándola como otro producto. La novela es un relato magistralmente logrado en ritmo y lenguaje, de construcción argumental sin debilidades. La película es fresca, honesta, espontánea, pero ligeramente inverosímil. Algunos diálogos son forzados y artificiales, pero es en general una obra que merece verse y reverse, así como la novela merece releerse, sin dudas.

***

LA VIRGEN DE LOS SICARIOS
Fernando Vallejo; 1994, Alfaguara, Colombia.
Párrafos destacados:


"A mi regreso a Colombia volví a Sabaneta con Alexis, acompañándolo, en peregrinación. Alexis, aja, así se llama. El nombre es bonito pero no se lo puse yo, se lo puso su mamá. Con eso de que les dio a los pobres por ponerles a los hijos nombres de ricos, extravagantes, extranjeros: Tayson Alexander, por ejemplo, o Fáber o Eder o Wílfer o Rommel o Yeison o qué sé yo. No sé de dónde los sacan o cómo los inventan. Es lo único que les pueden dar para arrancar en esta mísera vida a sus niños, un vano, necio nombre extranjero o inventado, ridículo, de relumbrón. Bueno, ridículos pensaba yo cuando los oí en un comienzo, ya no lo pienso así. Son los nombres de los sicarios manchados de sangre. Más rotundos que un tiro con su carga de odio."

"Después de los dos sicarios de Aranjuez con moto ¿quién siguió? ¿Siguió la empleada grosera, o el taxista altanero? Aquí si ya no sé, con esta memoria cansada se me empiezan a embrollar los muertos. ¡Para Funes el memorioso nuestro ex presidente Barco! Como el orden de los factores no altera el producto, que pase primero el taxista altanero. Sucedieron así las cosas: frente a la antigua estación del Ferrocarril de Antioquia (ya desmantelado porque se robaron los rieles), tomamos un taxi entre buses atestados. Pues, para variar, llevaba el taxista el radio prendido tocando vallenatos, que son una carraca con raspa y que no soporta mi delicado oído. "Bájele al radio, señor, por favor", le pidió este su servidor con la suavidad que lo caracteriza. ¿Qué hizo el ofendido? Le subió el volumen a lo que daba, "a todo taco". "Entonces pare, que nos vamos a bajar", le dije. Paró en seco, con un frenazo de padre y señor mío que nos mandó hacia adelante, y para rematar mientras nos bajábamos nos remachó la madre: "Se bajan, hijueputas", y arrancó: arrancó casi sin que tocáramos el piso, haciendo rechinar las llantas. De los mencionados hijueputas, yo me bajé humildemente por la derecha, y Alexis por la izquierda: por la izquierda, por su occipital o huesito posterior, trasero, le entró el certero tiro al ofuscado, al cerebro, y le apagó la ofuscación. Ya no tuvo que ver más con pasajeros impertinentes el taxista, se licenció de trabajar, lo licenció la Muerte: la Muerte, la justiciera, la mejor patrona, lo jubiló. Con el impulso que llevaba el taxi por la rabia, más el que le añadió el tiro, se siguió hasta ir a dar contra un poste a explotar, mas no sin antes llevarse en su carrera loca hacia el otro toldo a una señora embarazada y con dos niñitos, la cual ya no tuvo más, truncándose así la que prometía ser una larga carrera de maternidad. ¡Qué esplendida explosión! Las llamas abrasaron al vehículo malhechor pero Alexis y yo tuvimos tiempo de acercarnos a ver cómo ardía el muñeco. De lo más de bien, como dicen aquí con este idioma tan expresivo. "¡Que una soda para apagarlo!" pedía a gritos un transeúnte imbécil. "Y de dónde vamos a sacar una soda, hombre. ¿Acaso somos James Bond que lleva todo lo que se necesita encima? Déjelo que se acabe de quemar para que ya no sufra". Treinta y cinco mil taxis había en Medellín; quedaban treinta y cuatro mil novecientos noventa y nueve."

"Ver a mi niño desnudo con sus tres escapularios me ponía en delirium tremens.  Ese angelito tenía la propiedad de desencadenarme todos mis demonios interiores, que son como mis personalidades: más de mil. Bajé en el acto la escalera, salí a la calle, compré una pesa o balanza, y volví a subir y lo pesé desnudo para descontarle, digamos, unos doscientos gramos de los balines. "Yo no sé si vas a crecer más o no niño, pero así como estás eres la maravilla. Mayor perfección ni soñarla". La pelusita del cuerpo a la luz del sol daba visos dorados. ¡Cómo no le tomé una foto! Si una imagen vale más que mil palabras, ¡qué no valdría mi niño vivo! "Vístete mi amor no te vayas a resfriar y vámonos a la Avenida Jardín a comernos una pizza". Fuimos y volvimos vivos, sin novedad. La ciudad se estaba como desinflando, perdiendo empuje. ¡Qué va! Amaneció a la entrada del edificio un mendigo acuchillado: les están sacando los ojos para una universidad..."

"De los muertos de Alexis, cinco fueron gratis, por culebras propias; y cinco pagados, por culebras ajenas. ¿Qué son "culebras"? Son cuentas pendientes. Como usted comprenderá, en ausencia de la ley que se pasa todo el tiempo renovándose, Colombia es un serpentario. Aquí se arrastran venganzas casadas desde generaciones: pasan de padres a hijos, de hijos a nietos: van cayendo los hermanos. Bueno, ¿que cómo supe lo de Alexis si yo no pregunto? Sin preguntar, me lo contó La Plaga. Él es un niño divino, maldadoso, malo, que se quedó también sin trabajo. Tiene quince añitos con pelusita que te desarma el corazón. Creo que se llama Heider Antonio, un nombre bello. Y cuando no está matando está jugando billar: en el Salón de Billares X... (No digo el nombre porque de pronto le da al dueño por iniciarme una "acción de tutela" como marca la nueva Constitución, y después me cargan todo el peso de la ley.)"

"Mientras almorzábamos los dos faquires le pregunté su nombre: ¿Se llamaba Tayson Alexander acaso, para variar? Que no. ¿Y Yeison? Tampoco. ¿Y Wílfer? Tampoco. ¿Y Wílmar? Se río. ¿Que cómo lo había adivinado? Pero no lo había adivinado, simplemente eran los nombres en boga de los que tenían su edad y aún seguían vivos. Le pedí que anotara, en una servilleta de papel, lo que esperaba de esta vida. Con su letra arrevesada y mi bolígrafo escribió: Que quería unos tenis marca Reebock y unos jeans Paco Ravanne. Camisas Ocean Pacific y ropa interior Kelvin Klein. Una moto Honda, un jeep Mazda, un equipo de sonido láser y una nevera para la mamá: uno de esos refrigeradores enormes marca Whirpool que soltaban chorros de cubitos de hielo abriéndoles simplemente una llave... Caritativamente le expliqué que la ropa más le quitaba que le ponía a su belleza. Que la moto le daba status de sicario y el jeep de narcotraficante o mafioso, gentuza inmunda. Y el equipo de sonido ¿para qué? ¡Para qué más ruido afuera con el que llevábamos adentro! ¿Y para qué una nevera si no iban a tener qué meter en ella? ¿Aire? ¿Un cadáver? Que se tomara su sopita y se olvidara de ilusos sueños... Se rió y me dijo que anotara a mi vez, por el reverso de la servilleta, lo que yo esperaba de esta vida. Iba a escribir "nada" pero se me fue escribiendo su nombre. Cuando lo leyó se rió y alzó los hombros, gesto que prometía todo y nada. Le pregunté si se le ponía tilde a "Wílmar" y me contestó que daba igual, que como yo quisiera. "Entonces digamos que sí"."

"De regreso a Medellín le compré a Wílmar los famosos tenis y la dotación completa de símbolos sexuales: jeans, camisas, camisetas, cachuchas, calcetines, trusas y hasta suéteres y chaquetas para los fríos glaciales del trópico. De pantalón en pantalón, de camisa en camisa, de tienda en tienda recorriéndonos todos los centros comerciales con resignación y constancia (resignación mía y constancia suya) fuimos encontrando poco a poco, exactísimamente, lo que él quería. Los muchachos son tan vanidosos como las mujeres y más insaciables de ropa. Y de un tiempo a esta parte les ha dado por ponerse en el lóbulo de una oreja (pero no sé si en el de la derecha o en el de la izquierda) un arete. Que por qué no me compraba yo algo. Le dije que por cuestión de principios no despilfarraba plata en ropa para mí, que yo ya no tenía remedio. Que con el traje negro que mantenía en un closet planchado me bastaba para los entierros. Ni me oyó. Iba y venía por los pasillos como enajenado buscando trapos entre trapos. Haga de cuenta usted un gato revolviendo en un cofre mágico y sacando de entre sus sorpresas la felicidad. Mensaje al presidente y al gobierno: El Estado debe concientizarse más y comprarles ropa a los muchachos con el fin de que ya no piensen tanto en procrear ni en matar. Las canchas de fútbol no bastan."

"Salimos de Sabaneta por la vieja carretera de mi infancia caminando, y caminando, caminando, conversando como en mis felices tiempos, Wílmar me preguntó que por qué si tenía una fábrica tenía que andar a pie como pobre, sin carro. Le expliqué que para mí el mayor insulto era que me robaran, y que por eso no tenía carro: que prefería mil veces seguir andando a vivir cuidándolo. En cuanto a la fábrica, ¿de dónde sacó tan peregrina idea? ¿Darles yo trabajo a los pobres? Jamás! Que se lo diera la madre que los parió. El obrero es un explotador de sus patrones, un abusivo, la clase ociosa, haragana. Que uno haga la fuerza es lo que quieren, que importe máquinas, que pague impuestos, que apague incendios mientras ellos, los explotados, se rascan las pelotas o se declaren en huelga en tanto salen a vacaciones. Jamás he visto a uno de esos zánganos trabajar; se la pasan el día entero jugando fútbol u oyendo fútbol por el radio, o leyendo en las mañanas las noticias de lo mismo en El Colombiano. Ah, y armándome sindicatos. Y cuando llegan a sus casas los malnacidos rendidos, fundidos, extenuados "del trabajo", pues a la cópula: a empanzurrar a sus mujeres de hijos y a sus hijos de lombrices y aire. ¿Yo explotar a los pobres? ¡Con dinamita! Mi fórmula para acabar con la lucha de clases es fumigar esta roña. ¡Obreritos a mí!"

"Bajé el puente y entré a un galpón inmenso que no conocía. Era la famosa terminal de buses intermunicipales atestada por los muertos vivos, mis paisanos, yendo y viniendo apurados, atareados, preocupados, como si tuvieran junta pendiente con el presidente o el ministro y tanto qué hacer. Subían a los buses, bajaban de los buses convencidos de que sabían adónde iban o de dónde venían, cargados de niños y paquetes. Yo no, no sé, nunca he sabido ni cargo nada. Pobres seres inocentes, sacados sin motivo de la nada y lanzados en el vértigo del tiempo. Por unos necios, enloquecidos instantes nada más... Bueno parcero, aquí nos separamos, hasta aquí me acompaña usted. Muchas gracias por su compañía y tome usted, por su lado, su camino que yo me sigo en cualquiera de estos buses para donde vaya, para donde sea. Y que te vaya bien, que te pise un carro o que te estripe un tren."


Germán Jaramillo, es Fernando















Anderson Ballesteros, es Alexis










Juan David Restrepo, es Wílmar






















Gustavo Restrepo, es Plaguita
















Enlace para descargar LA VIRGEN DE LOS SICARIOS (libro pdf):
http://www.mediafire.com/download/dr35m2m5cro8z2g/La+virgen+de+los+sicarios.pdf

Enlace para descargar la película mp4:
http://www.mediafire.com/file/vsz294t9gv7wln9/La+virgen+de+los+sicarios.mp4


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