sábado, 18 de octubre de 2014

TRES POEMAS ADMIRABLES DE ALEXÁNDER OBANDO


DATOS MÍNIMOS

Alexánder Obando Bolaños nace en San José, Costa Rica en 1958. Es narrador y poeta.

Ganador del Certamen de Poesía Centroamericana Juan Ramón Molina auspiciado por el CSUCA (Consejo Superior de Universidades Centroamericanas), EDUCA y el Instituto Cultural Costarricense-Salvadoreño, 1991.

Ganador de una beca taller para dirigir un colectivo de poesía en la ciudad de Heredia, Costa Rica, otorgada por el Ministerio de Cultura de su país, 1991.

Premio Nacional Aquileo J. Echeverría de poesía 2010 por Ángeles para suicidas

Ha publicado las novelas El más violento paraíso (2001 y 2009) y Canciones a la muerte de los niños (2008); el volumen de cuentos Teoría del caos (2012); el poemario Ángeles para suicidas (2010) y La gruta y el arcoíris. Antología de narrativa gay/lésbica costarricense (2008).

 Actualmente reside en Estados Unidos.

 



***
 
 
MAREA BAJA
 
                                                                                                            Make a tomb for men and boys…
(Haz una tumba para hombres y niños)
A. Ginsberg
 
Cuando baja la marea
quedan restos de automóviles
sobre la playa, fierros
bañados en plancton y sal. 
El muchacho emblanquecido
deambula buscando
latas y vidrios enteros;
y sin embargo,
camina sobre tierra de marisma,
sobre casas barridas anoche
al mar de los huracanes. 
Por la playa
va caminando él, Ganímedes,
pantaloneta blanca y sucia,
piernas, llenas de arena.
Encuentra el esqueleto
de un viejo asiento de Chevy
y se imagina,
                        sentado en él,
cómo hubiera sido ser raptado a otro planeta
por un águila antigua,
por un dios todopoderosa ventisca,
al filo de las ocho
                        de un jueves cualquiera. 
Tal vez asustado,
                        como anoche;
tal vez invisible,
                        como ahora.
 

 
CONTRADANZA
 
As I have trod rumorous midnights, too.
(...he pisado medianoches rumorosas)
 
 
Hart Crane
Me decía que su casa estaba
lejos,
ya no sé dónde. 
Si hubiera dicho que Puerto Montt
o Aquisgrán
sería indistinto para lo que me queda de recuerdo;
un cuerpo desnudo, como el suyo,
no tiene otro domicilio sino
yo mismo.
Y esa noche,
hospedado en el vino
bailaba constantemente junto a la ventana.
El overol y el calzoncillo en el asiento
me recordaban a Mille e tre,
a los obreros adolescentes en
los cuartuchos de Verlaine;
Lucien Létinois volteando paja
en una pequeña granja del sur. (1) 
Si yo recordara de dónde es,
podría quizá prejuiciar el recuerdo con
el danzón, el trepak o la milonga;
pero no recuerdo su origen
al igual que siempre he supuesto
que lo suyo / era una contradanza,
un baile deshaciendo los pasos hechos;
una forma de viajar hacia atrás
en el amor o la caricia,
como esa noche
junto a la ventana.
Un beso leve en el vaso de licor
que yo sostenía
y luego otro en la pequeña boca;
apenas un suave contacto de labios,
apenas una caricia
sobre la humedad del vino. 
Volvía a su danza en medio de las
cobijas y la ropa esparcida,
hasta que horas después,
como un gato ebrio,
se acostaba exhausto sobre mi pecho
            a dormir.
Y esa madrugada,
mientras él maullaba suavemente
sobre el lomo gris de la soledad,
yo cerré la puerta
por última vez.
 
(1) Tras la excarcelación y el abandono de Rimbaud, Verlaine se enamoró de otro joven muchacho, Lucien Létinois. El poeta compró entonces una finca en el mediodía francés y ambos se dedicaron a vivir como granjeros. Pero con tan mala suerte para el escritor, que el chico, a los pocos meses de iniciado su bucólico idilio, contrajo tifoidea y murió en los brazos de Verlaine. De ahí en adelante el poeta se dedicó a vivir el resto de su vida borracho en un puterío de París. (N. d A.) 
 
 
ÁNGELES PARA SUICIDAS (POEMA GOTH)
(Fragmentos)
(Debe leerse letánicamente y un poco rápido.)
 
Por momentos
            duermen los ángeles para suicidas
ángeles negligentes
            en los basureros del amor 
ángeles cuchillas de luna nueva      de fuego fatuo
            de cartón y contrabando
 ángeles para el paralítico enano
            y para el gran Botero
            maquillado antifaz
            de gresca en balde y orinal y mierda 
ángeles  de Archimboldo
            sin sexo bajo la túnica
            del maniático F. Bacon
con pene     vagina y tetas
            contorsiones de triste zarzuela
 ángeles para sufrir por dentro
            para tener adentro
            con caras de Cerbero
            para el cuerpo de un efebo
            nariz quebrada     brazo en llaga     hedor de ácido fresco 
ángeles para el bacanal de invierno
            para los bares de San Pedro
            entrenados en náutica
            perdidos en noches de sangre
            dormidos y corruptos     pútridos antes de tiempo 
ángeles delfín perdido en el mar de los Sargazos
            muñeco desvestido
            por una virgen loca
            escondida en el metro 
niños pacientes comiendo limones en mi patio
            mientras reposan a la sombra de Abadón el Tierno 
ángeles sólo ángeles sin profesión u oficio conocido
            acólitos de Azrael afilando las uñas y la guadaña
            de luna embravecida en noches de lobo
            de los muertos
            de los cuerpos corruptos
            de las sepulturas abiertas
            de los cadáveres adolescentes
            de la grima verde en el borde de los ataúdes 
ángeles que ya no tienen cliente
            porque reposan en el olvido de las ciudades árticas
            en el paraíso de flores de vidrio y casas de vidrio
            de noches de tormenta y negra nieve
            que aparecen en este poema porque siempre sueñan con la muerte 
ángeles para todos los errabundos borrachos y suicidas
            pero sobre todo:
ángeles que son santos patrones del olvido
            sombras que cubren las tumbas nuestras
            con flores blancas     viejos poemas
            humor vaginal y un poco de vino. 
Porque el gran Ángel de la Guarda
            siempre es el Ángel de los Sueños. 
Azrael nocturno
            sombra de Dios 
            temido entrañable 
            Señor de los delirios
  
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 






















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