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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

jueves, 2 de octubre de 2014

WALT WHITMAN Y EL VÉRTIGO ADOLESCENTE EN "L.I.E", LA PELÍCULA


 

Dirección:  Michael Cuesta
Producción: Michael Cuesta, Linda Moran, René Bastian
Guión: Michael Cuesta, Gerald Cuesta, Stephen M. Ryder
Reparto principal: Paul Dano, Brian Cox, Billy Kay
Banda sonora: Pierre Földes
Productora: Alter Ego, Belladonna Producciones
Distribución: New Yorker Films, Lot 47 Films
Estreno : 20 de enero 2001
Duración: 97 minutos (20/01/2001)

L.I.E. es la ópera prima que Michael Cuesta (1963) estrena el año 2001 con todos los códigos del cine independiente: sin ánimo de lucrar, sin farándula ni ruidoso estrellato, sin encandilamiento de súper exposición mediática. En paralelo, desde luego, lo hace con arte, con sentido de trascendencia, con poesía.

La producción a cargo de un casi hipotético estudio ALTER EGO/BELLADONA FILM/LOT47 no tiene desperdicio, aunque pudiera tener, talvez, algún giro predecible un par de veces, dentro de las circunvoluciones de un relato poliédrico, asimétrico, no lineal, de punta de rieles siempre abierta. El título de la cinta es la sigla de la autopista de Long Island Expressway (L.I.E.) pero en su difusión hispanoparlante se ha conocido como "Frente al Abismo". Así comienza precisamente, con Howie (Paul Dano), el protagonista (16 años), balanceándose sobre un pasamanos en una pasarela de la autopista, a muchos metros del suelo, a pocos centímetros de la muerte, en su abismo privado, que es una proyección del otro, el que lo acecha desde su orfandad demandante y excitante. También cabe hacer notar que "lie" en inglés significa "mentira". ¿Quiénes mienten en esta historia?

"Hay carriles que van al este y carriles que van al oeste. También están los que van al infierno", dice  Howie al comenzar y al concluir la cinta. Howie está enamorado platónicamente de Gary (Billy Kay) y hará cualquier cosa por agradarle, incluido asaltar residencias del vecindario. Gary es prostituto y disimula bien su homosexualidad, llevando con Howie un trato ambiguo que al sensible muchacho no le hace sentir culpable. Gary promete a Howie "un gran golpe" a la propiedad ajena que los hará del capital suficiente para salir del Estado y empezar otra vida juntos en la tibia California que aún suena a la canción de Mamas&Papas con su promesa de sol y libertad. Howie delinque con él y fantasea que esa complicidad los mantendrá unidos. Su madre ha muerto en la carretera que conduce al infierno y su padre (Bruce Altman) es un sujeto violento y ausente con el cual tiene un trato mutuamente invisible. El padre es contratista de albañilería y ha cometido un incendio intencional para cobrar un seguro. Entretanto Howie y Gary han dado un "golpe" bastante ridículo a la casa de Big John (Brian Cox, Agamenon en Troya), un marine en retiro adicto a los púberes. Los entresijos de la trama llevan a Howie desde el desengaño con Gary y la detención-prisión del padre hasta el sórdido pero acaramelado apadrinamiento de Big John, sutil pederasta -en el sentido clásico, greco latino del término- que ama la ópera y la poesía, que no vulnera la integridad de sus muchachos, si no que toma ventaja de la indefensión y los impulsos naturales de aquéllos. Su amor no es menos torcido que el de cualquiera, oscila entre la dominación y la ternura, la manipulación y el respeto por el otro; sólo ocurre que en su caso el objeto de deseo quebranta todo tabú y se interna en márgenes de sentimientos que son callados: la norma social quiere adolescentes asexuados, disciplinados, obedientes, bobos, sin discernimiento y adultos resignados a la insatisfacción. Por consiguiente, la sola idea de una relación sexo-amorosa entre adultos y adolescentes es un estigma, una herejía.

Billy Kay, Michael Cuesta and Paul Dano
Todos los personajes de L.I.E se mueven en un extraño ámbito que podríamos llamar consentimiento involuntario. Por tanto sus vidas son tautológicas, como sus expresiones y sus decisiones. Big John vive con Scott (Walter Masterson), un muchacho ya casi adulto al cual ha acogido desde niño, pero no duda en expulsarlo para iniciar un nuevo plan con Howie, el cual sabe bien de qué se trata porque ha sido advertido desde el principio tanto por sus deseos ocultos como por los deseos explícitos del dudoso caballero protector. La historia se mueve en un dulce limbo de seudo inocencia, de estética, de entredichos, de cosas no nombradas. Finalmente tiende a la destrucción y la desproporcionada tragedia, que transparenta un juego donde se ha abusado de las pasiones contenidas. Se podría estar en desacuerdo con el desenlace. Pero se podría estar en desacuerdo con todo y no es esa la invitación que hace Cuesta, el director. Su apuesta es la moral no preceptiva, la confusión de los códigos en el ámbito de las vidas privadas y los deseos escondidos dentro del intenso mundo adolescente, donde de pronto hay adultos que se hacen invitar y las confluencias buscadas desde ambos lados escapan al mundo rígido de la tradición y las leyes. El relato de L.I.E. no induce un juicio moral ni ofrece una conclusión. Sólo pone a correr los irreversibles carriles que llevan en un sentido y otro, algunos al infierno.

La película tiene matices de ironía e incluso de humor -negro y blanco- con pasajes que podrían ser cabos sueltos del guión pero que en general, contribuyen a un relato amistoso, tentador, como de confidencia. La banda sonora es atinada pero no brillante.

El tratamiento del color y los encuadres es significativo. Los exteriores y las casas de los adolescentes son estridentes y sobrecargadas. Los interiores en la casa de Big John son oscuros, íntimos pero opresivos. Podría estar ahí la clave del juicio de valor al que invita, sin sobrepasarse, esta historia en que los adolescentes son sólo niños desmesurados que buscan refugio y satisfacción a deseos sobre los cuales no se habla en la escuela. Pero esta posible certeza entra en el juego de ambigüedades tragicómicas que da la atmósfera a toda la historia. Todas las certezas se deslizan peligrosamente por el mismo pasamanos.

 
Un momento perdurable del film lo constituye Howie recitando a Walt Whitman mientras conduce el auto de Big John:
 
"Canta pájaro, dijo el alma del niño.
¿Es para tu pareja que cantas o lo haces para mí?
Porque desde que era niño mi voz no era escuchada
y ahora que te escucho comprendo lo que soy
y despierto.
Nunca más el llanto del amor insatisfecho falte en mí.
Nunca más me dejes ser el niño quieto que antes era.
¿Qué es lo que la luna refleja,
mensajera erguida, fuego,
el dulce infierno interior,
los deseos desconocidos
o el destino mío?"
 
La cita es un discreto resumen del pasaje del Canto a Mí Mismo en que el poeta recuerda -o finge recordar- el momento en que el canto de un ave le revela el don de interpretar las voces, que es el itinerario democrático trazado por el hablante whitmaniano:

"Pues yo, que era un niño cuya lengua estaba dormida,
ahora te he oído;
ahora, de pronto, sé para qué sirvo; despierto
y ya mil cantores, mil cantos, claros,
más fuertes y más melancólicos que los tuyos,
mil ecos melodiosos han comenzado a vivir dentro de mí
para no morir nunca."

¿Por qué el director ha elegido ese pasaje de Whitman? Howie está cristalizando un sentimiento generacional con ese poema: el nosotros épico de Whitman. Esta paradoja del personaje no debe extrañar si consideramos que con ella se han invertido los papeles. No tenemos al adulto que intenta seducir al muchacho con poemas sino al revés, mientras que el menor se dejará seducir por el flamante auto y la figura paterna del hombre. Además toda la cultura de Howie excede las de su entorno: reconoce la pintura de Chagall, sabe de cine y recuerda Casablanca en detalle. Propiamente no tiene inocencia, a menos que confundamos ésta con la vulnerabilidad. Así como Howie no es del todo inocente, Gary no es del todo perverso ya que no indujo a su amigo hacia la prostitución, que habría sido una salida rápida y fácil para la avidez de dinero y aventura que ambos comparten. Big John tampoco es del todo un hedonista sin criterio, ya que no consuma la acción sexual con el muchacho cuando tiene la oportunidad. Estos son los personajes que Michael Cuesta propone para sacudir esquemas y despercudir conciencias blanqueadas por las comodidades normativas. Estos son los puntos de contacto entre seres que se aferran y convergen accidentalmente en el vértigo de los desesperados deseos, tan parecidos a las luces de una carretera mirada desde el borde del abismo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 


 

 
 
 
 
 
 

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