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jueves, 26 de febrero de 2015

COMPONER DESPUÉS DE ZBIGNIEW PREISNER




La cofradía polaca




Zbigniew Preisner (1955) debe ser una de las mayores mentes creativas del siglo. Un cerebro musical y conceptual que excede con mucho su ámbito disciplinario, como lo fue en otro momento de la historia un Erik Satie o como lo es hoy en día también un Philip Glass. Su alianza con el cineasta Krzysztof Kieślowski (1941-1996) no es casual, ya que ese otro polaco fue con mucho el mayor artista en su género en su país y uno de los más prominentes en varias generaciones y naciones a la redonda. La intención de ambos de hacer una síntesis musical y cinematográfica los lleva a ser prácticamente creadores a dos manos, al punto que el director consideró -según se sabe- la idea de nombrar al músico como co-autor de su trilogía "Los Colores: Blanco, Azul y Rojo". Cabe citar también como parte de la conjunción magistral al escritor-guionista Krzysztof Piesiewicz, colaborador inseparable de Kieślowski, así como el pianista Konrad Mastylo o la soprano Elzbieta Towarnicka lo son de Preisner.


Música para ver y oír


El cine ha sido así el punto de partida habitual en la obra musical de Zbigniew Preisner, digamos, su germen creativo. Parte de su propuesta ha sido dotar a la música para cine de un valor autónomo, a partir de un tratamiento temático de piezas conceptualmente íntegras, no sometidas al acompañamiento visual. Es decir, no ha sido impresionista sino clasicista. Su uso de los grandes formatos orquestales alterna con los instrumentos solistas en piezas dialogantes, con casos melódicos minimalistas desarrollados en grandes formatos armónicos. La reiteración y la variación forman parte esencial de su lenguaje, con énfasis en las construcciones tonales mayores con alteraciones internas basadas en intervalos audaces que llevan la composición casi al borde de la atonalidad. Sus melodías son insólitas, impredecibles, no obstante acomodarse rápidamente al oído. Son provocativas pero "orejeras" o "pegajosas" como se suele decir en la jerga musical.


La vanguardia

Su obra musical no cinematográfica es ya simplemente una hazaña auditiva, cuanto más interpretativa, como lo atestiguan sus "10 Piezas Simples para Piano" que recrean y resumen en perfecto equilibrio conceptos expresivos que van desde el barroco hasta el minimalismo y el post-romanticismo, en una síntesis que lo ubica como el mayor compositor de vanguardia actual para ese instrumento, en la estirpe que abriera Debussy y Fauré hace mucho más de un siglo. 


El heterónimo

Zbigniew Preisner con la complicidad de Kieślowski se hizo de un heterónimo para dar vía de escape a otras aristas de su complejo temperamento creativo. Es así como a partir de 1988 empieza a aparecer en los créditos de las bandas sonoras de las películas de Kieślowski un misterioso compositor llamado Van den Budenmayer. De éste sabemos que es holandés, que vivió entre 1752 y 1793 y que su música es paradigmáticamente romántica, de grandes orquestaciones y con preeminencia de bronces y percusión mayor. Los géneros a los que recurre Van den Budenmayer son reconocibles de las suites post-barrocas y su lenguaje instrumental es de fuerte acento alemán clasicista. Pero ocurre que este compositor no es otro que Zbigniew Preisner. La broma es demasiado seria y va tan lejos que un pasaje medular de la música que está escribiendo por encargo de la Unión Europea el protagonista de Blue, el también conjetural músico Patrice de Curcy, le pertenece a Budenmayer, es decir, al alter ego clasicista de Preisner. El gazapo llega al punto de crear una polémica. Así lo señala Ana Mainer Martín (Conservatorio Superior de Música de Aragón) en su ensayo: "Música Que Hace Cine: El Compositor Zbigniew Preisner*: 

"La ficción resultó tan creíble, que todos los melómanos se lanzaron a la búsqueda del misterioso compositor holandés. Años después, la prestigiosa editorial Oxford University Press se interesó por tan brillante compositor del siglo XVIII, pidiendo a Kieslowski toda la información posible para incluirla en la “Enciclopedia Universal de la Música”. Cuando el director contestó que la música había sido escrita por un compositor actual polaco (Preisner), los británicos le reprocharon haber sido poco serio ocultando información."

En Blue incluso podemos apreciar en pantalla una partitura de Budenmayer, que es en realidad un manuscrito de Preisner. Tal parece una invención de Borges o de Umberto Eco, pero en realidad es la determinación de estos dos hombres la que lleva más lejos, con la ventaja del género audiovisual, las posibilidades de la heteronimia.


La "Canción por la Unificación de Europa"


Basada en un hipotético fragmento musical del holandés Van den Budenmayer, es la obra que compone Patrice de Curcy para la inauguración plenaria de la Unión Europea en la película Blue de la Trilogía de Kieślowski. Es entonces la música que compone Zbigniew Preisner a través de estos dos alter ego suyos. La obra es conmovedora y ligeramente épica, como es natural al espíritu de Budenmayer. Su texto está cantado en griego y se basa en la primera Carta a los Corintios del Evangelio de San Pablo. Si prescindimos de su denominación y de su origen contextual bíblico, es en definitiva una oda al amor. Está compuesta de un preludio coral a capella, luego del cual se incorpora la orquesta filarmónica en un pasaje andante ligero que concluye con timbales. Luego entra la voz solista, que en la banda sonora tiene dos versiones, una de mezo soprano en canto llano, de estilo música popular y otra enteramente lírica con la soprano Towarnicka a cargo. El carácter y el vibrato de la intérprete son estremecedores, cuanto más que los énfasis y el texto llevan ambas versiones a la extenuación, resultando una experiencia auditiva de una carga emocional pesadísima. Cada estrofa tiene un tempo diferente. Es casi una suite de piezas breves en diversos movimientos. Reconozco al menos 6 dentro del texto coral y un par más en la coda. Si existiera un ranking de las canciones más bellas y perfectas compuestas este siglo, si hubiera un modo de medir o definir la belleza, esta canción de Zbigniew Preisner (o de Patrice de Curcy o de Van den Budenmayer) debiera estar entre las primeras sin dudar.


El ecléctico personaje


Gilmour, Preisner y Konrad Mastylo
Preisner es tan móvil en su ser creativo que se le puede ver en los más diversos roles: interpretando la flauta dulce como un músico popular por puro gusto o dirigiendo la Orquesta Filarmónica Báltica con más de 40 músicos a su cargo. Es un hombre de presencia abrumadoramente humilde pese a su estatura -artística y física-, pese a la mirada penetrante de su azul eslavo. Habla despacio, se mueve tímido, sonríe con facilidad infantil. Eso sí, su ceño espontáneo es adusto y las líneas en su rostro acusan tensiones que el hombre público sabe moderar. Ha hecho todo lo que un músico puede hacer. En una cota más lejana pero no menos alta de su inquietud creativa, colaboró con David Gilmour en el disco "On an island" (2006) y lo acompañó en el monumental concierto en Gdansk con que se estrenó el disco en Polonia tomando como marco un homenaje al aniversario número 26 del Sindicato Solidaridad, que inició el camino al derrumbe de la tiranía comunista en 1982, con efecto en toda Europa del Este. El flamante concierto ante un mar humano fue inmortalizado en DVD. Allí se ve a Zbigniew Preisner a un costado del escenario aplicando el empaque armónico de las canciones del ex Pink Floyd que dio el sello sonoro a esta banda legendaria. Vestido casual, sin pompa ni ceremonia. En el making off del concierto se le ve junto a los otros músicos jugando como un chiquillo con un improvisado armónico de copas de agua que Gilmour graduó hasta alcanzar las notas del preludio de "Shine on you crazy diamond". Parece mentira, pero allí está el autor de 30 partituras filarmónicas ejemplares, poniendo su genio al servicio del mejor rock sinfónico del siglo. 

La Orquesta Filarmónica Báltica junto a D. Gilmour en Gdansk, 2006

Entre el plagio y la admiración, su influencia


La historia de la música para cine bien podría llamarse "Componer después de Zbigniew Preisner". Su influencia arrebatadora se deja sentir en múltiples géneros, en la música popular y en la clásica, de la que es tierra común el género del soundtrack fílmico. La compositora Jocelyn Pook le debe varios pasajes de su banda sonora para "El Mercader de Venecia", donde "La canción de Bassiano" tiene frases melódicas y cadencias completas tomadas de "First Time Outside" de "Secret Garden" de Preisner. Pero qué más da. Los legados son aleatorios y las deudas creativas se remontan a Homero. Allí está Van den Budenmayer para comprobarlo. Si no, que lo diga Patrice de Curcy cuya obra la terminó de componer su esposa y su secretario.

***

CANCIÓN POR LA UNIFICACIÓN DE EUROPA
Texto: Basado en la 1a Carta a los Corintios, San Pablo, Nuevo Testamento.
Música: Zbigniew Preisner
Texto original en griego


Ean tais glosais
toon antropoon lalo
kai toon angeloon,
agapen de me echo,
gegona chalcos echoon
e kumbalon alaladzon.

Kai ean echo profeteian,
kai eido ta mysteria panta,
pistin mineral metistanai,
agapen de me echo, 
outen eimi,
outen eimi,
outen eimi.

Él agape makrotumai, chresteuetai
él agape ou dzelloi, erpereuetai,
ou fysioutai.

Panta stegei,
panta pisteuei,
panta elpizei, 
panta upomenei.

Él agape oudepotte piptei
eite de profeteiai, katargetezontai,
eite glosai, pausontai,
eite gnossis katargetesetai.

Nuni de menei, pistis, elpis, agape,
ta tria tauta.

Meidzoon de toutoon, que agape.
Meidzoon de toutoon, que agape.
Meidzoon de toutoon, que agape.



CANCIÓN POR LA UNIFICACIÓN DE EUROPA
Texto: Basado en la 1a Carta a los Corintios, San Pablo, Nuevo Testamento.
Música: Zbigniew Preisner
Versión al español desde el inglés: L. Rubio


Si yo hablase todas las lenguas
de los hombres
y de los ángeles
pero no tengo Amor
sería como metal que rechina
o címbalo que retiñe.

Y si tuviese el don de la profecía,
conociera todos los misterios,
una fe que moviera montañas
pero no tengo Amor
no soy nada,
no soy nada,
no soy nada.

El Amor es paciente, benigno.
El Amor no siente envidia, no se jacta,
no se envanece.

Todo lo sufre,
todo lo cree,
todo lo espera,
todo lo soporta.

El Amor no pasará jamás.
Las profecías se acabarán,
cesarán las lenguas
y la ciencia desaparecerá.

Entonces ahora
la fe, la esperanza, el Amor,
esas tres fuerzas permanecen.
Pero la mayor de ellas es el Amor,
pero la mayor de ellas es el Amor,
pero la mayor de ellas es el Amor.




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Enlaces recomendados:

CANCIÓN POR LA UNIFICACIÓN DE EUROPA


Preisner's Music, álbum

David Gilmour, Live en Gdansk.