recomendado

"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

    Título: BETONIYÖ Directora: Pirjo Honkasalo Guión:  Pirkko Helena Saisio;   Pirjo Honkasalo País: Finlandia Año: 2013 Actor ...

domingo, 29 de marzo de 2015

POESÍA CHILENA ACTUAL DE MUJERES EX-CÁTEDRA (6 y final)



Para ver nota introductoria y nota dedicada a Ana-Rosa Bustamante, seguir el enlace:
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2015/03/poesia-actual-de-mujeres-ex-catedra-1.html

Para ver nota dedicada a Lila Calderón, seguir el enlace:
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2015/03/poesia-chilena-actual-de-mujeres-ex.html

Para ver nota dedicada a Mónica Montero F., seguir el enlace:
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2015/03/poesia-chilena-actual-de-mujeres-ex_15.html

Para ver nota dedicada a Marcela Reyes H., seguir el enlace:
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2015/03/poesia-chilena-actual-de-mujeres-ex_18.html

Para ver nota dedicada a Silvia Rodríguez B., seguir el enlace:
http://malafepiedranegra.blogspot.com/2015/03/poesia-chilena-actual-de-mujeres-ex_21.html





6.- Alejandra Ziebrecht



Nació en Concepción en 1959. Es profesora, poeta, narradora y ha sido fundadora de talleres y revistas de difusión literaria en la VIII Región durante al menos 2 décadas. Entre sus reconocimientos ha obtenido el Premio Municipal de Arte en Talcahuano en el año 2000. Entre sus publicaciones destacan "A través del espejo" (1999), "Nochedumbre" (2000), "El juego del condenado" (2001) y "El sueño" (2009).


Me detendré en "El Sueño", su última publicación hasta la fecha, no por simple comodidad cronológica sino por el peso específico que éste representa. "El Sueño" es un libro que alterna entre poema en verso y poema en prosa, dividido en quince secciones encabezadas por su numeración literal, sin guarismo. Se alternan acá los códigos de habla y las referencias temáticas: tono coloquial, tono hermético, culto formal, de crónica, de metapoesía, de cultura popular, tono biográfico, tono metafísico y surrealista, expresión desde luego plástico/onírica, son parte compatible y no diferenciada en este discurso heterogéneo en su plasmación y unitario en su contenido.

Cuentan que cuando el poeta Saint Pol Roux se retiraba a su habitación a dormir siesta ponía un letrero en la puerta que decía "Poeta Trabajando". Para Nerval por su parte el sueño constituyó "una segunda vida" de la cual se nutría la lucidez diurna . En efecto es el movimiento romántico el que hace del sueño y la imaginería onírica un cultivo nutriente de analogías y relaciones semánticas basadas en los símbolos, la intuición no racional y las pulsiones inconscientes. Son las vanguardias de principio de siglo XX las que remiten a este legado su procedimiento creativo y en particular el surrealismo verá en el psicoanálisis una fuente de justificación de sus afinidades electivas y las teorías expresadas en sus manifiestos. Más avanzado el siglo será el psiquiatra Carl Jung quien llevará lejos las posibilidades analíticas del sueño, arribando a una estructura de conceptos transversales de la especie humana que "visitan" las experiencias de cada sujeto a lo largo de su vida, comunicándolo con símbolos precognitivos que duermen en su inconsciente dados por el proceso de acumulación cultural. Estos son los llamados arquetipos, y su interpretación supone la recuperación de una potente energía impulsora del erotismo, la imaginación y la identidad individual (proceso de individuación).

Que "El Sueño" de Alejandra Ziebrecht se funda en estas convicciones está indicado por la elección de sus epígrafes (Víctor Hugo, Jean Paul, Nerval) y por sus referencias internas (Van Goh, Chopin, Maupassant, Hôlderlin, Musset), con frecuencia remitidas al romanticismo. Pero este libro bien fincado en el tiempo y lugar de las modernidades post scriptum que lo circunscriben, también está habitado por materiales más corruptos tales como canciones cebolla (el fado, el bolero cursi, el vals peruano), películas serie B y pésimos actores (Tom Cruise, Benjamín Vicuña), pero esto no es más que la periferia con que necesitan poblarse los muros de este sueño/habitación/casa del lenguaje en busca de un entorno para la polifonía temática que propone su hablante impersonal, como los cuadros de Dalí en sus entrelíneas, como la imagen de George Sand sacada de una estampa decimonónica en uno de sus textos.

La escritura de "El Sueño" excede lo autobiográfico porque no ofrece indicios suficientes, no ya al lector, sino a sí mismo/a, la autora y el hablante, a medias entre sus recuerdos, sus descripciones cinematográficas, sus delirios, sus excesos de elocuencia en primera y en tercera persona, sus hipercultismos y su generalizado estado de sonambulismo. Hay un debate pendiente con episodios  de semi vigilia que se organizan como certezas pero se vuelven controvertibles en el ejercicio dudoso de la memoria comprensiva y aprehensiva de un relator obsesivo, que apela a un "tú" evasivo cuya presencia impostada se va identificando con el "yo" de "la que escribe" en una permanente tensión de planos de realización de la persona física, a la par de la gramatical: ausencias tangibles, presencias fantasmales. Todo parece desatarse a partir de ese hito insoluble de testificar la muerte, el hecho disruptivo en que se interpelan todas las seguridades sostenedoras de una rutina de vida. Así el poema-relato parodia desde el comienzo el referente fílmico, como mecanismo de alejamiento de la realidad cantada/contada, incitando a un desdoblamiento de la voz omnisciente que muta en otra capaz de "actuarse" frente a su propia recepción espectadora como si se viera pasar o ser en una pantalla: "La Tarde era perfecta como en las películas con efectos especiales porque uno llega a pensar que no puede existir una cosa así. Perfecta porque nada cae de golpe, nada estalla a destiempo, nada ocurre para que todo sea. Era así la tarde antes de tu muerte.".

La doctrina de "El sueño" es la revelación de las claves de lo que entendemos racionalmente como existencia, cuyo orden y sentido se escapa a la apariencia diurna y se deposita en los simbolismos y energías desatadas durante el sueño: "En toda la existencia / hay una interrogante / un signo / absurdo /como si eso / nos mandase el cuervo / de sí mismo". Esa ave agorera que lleva el mensaje críptico desde un repliegue del ser hacia la lucidez sugestiva en que el sujeto cree estar instalado es la poesía espontánea del inconsciente manifestada a través de puentes significantes entre uno y otro plano de la realidad, hasta donde puede ser deducida: "En el sueño / eso es la vinculación / los mínimos destellos / el vuelco / un pensamiento / la pesadilla / abiertos los ojos / pero cegados / hundidos / temblando / Afuera es la vigilia / donde ocultamos /eso" (el destacado es mío). Ese temblor es el miedo numinoso del que hablara el teólogo Rudolf Otto y que fue tan caro al sistema creativo de nuestro poeta mayor Gonzalo Rojas. Es la visita de lo trascendente, el toque de lo sagrado que en algún momento irrumpe en toda vida por pragmática que sea, no llamando a la comprensión de un orden superior sino a la intuición o percepción fugaz de una coherencia, donde las cosas y los signos caóticos de la vida, misteriosamente se corresponden.

Una muerte o un recuerdo de muerte; una noticia de página roja sobre una prostituta asesinada (crónica freaky) en Talcahuano; un accidente de tránsito real o inminente; un calendario vencido y la acción compulsiva subliminal de recortar números, días, hechos que fueron o que no; una frase imprevista aparecida como flash en la mente durante una noche de copas; el parecido advertido repentinamente de alguien con un actor y una escena que se proyecta o se anuncia en otra que ha sido vista en una película; un objeto de cristal que se fragmenta; un crepúsculo ordinario que deviene en "agujeros de la tarde"; un nocturno de Chopin; un cuadro de Dalí o Van Goh; las hojas enrojecidas de cierta especie de árbol que las desprende por el viento de algunos atardeceres insignificantes en sí mismos, acumulativos como los son las mismas hojas; el ladrido de los perros en la noche; el ruido de la lluvia persistente que anega el patio; las expresiones recordadas de la madre fallecida que vuelve una y otra vez al sueño y al ensueño; una carta inconclusa que queda como otra forma de aquellas "cartas muertas", no reclamadas por nadie, que se almacenaban en el despacho de "Bartleby el Escribiente" (Herman Melville) y lo acostumbraron a no hacer nada y a quedarse siempre en el mismo sitio porque todo emprendimiento es inútil ante la irreversible violencia del tiempo, la soledad, la incomunicación y la lucha denodada contra el olvido como forma de recuperar o reasignar significados vencidos, la letra muerta de las promesas, etcétera: cualquier doblez espacial o temporal es germen de ese momento augural en que se desencadena el sueño, el orgánico, el espontáneo o el voluntario, el de soñarse desde afuera en el pasapelículas de la mente en un proceso de inmersión similar al que registra la fotografía de portada.

La autora ha probado con este libro que el costo de un ejercicio poético de profundo compromiso psíquico es renunciar a la estabilidad de la conciencia para optar por la problematización de la vida a partir de la interpretación de los símbolos que arrastra la experiencia. Si hay una aplicación literal a ese juego-mito de los aborígenes Dakota, que consiste en fijar pequeños objetos recordatorios a un tejido similar al que hacen las arañas, ritual que ellos llaman el "atrapasueños", si hay una plasmación lírica de ese evento, digo, es este libro. El juego se completa con un agujero en el centro, un vórtice por donde deben escapar las vibraciones negativas o "maldiciones" para que el objeto recupere su inocencia original. En este ejercicio lúdico-mágico-onírico Alejandra Ziebrecht ha hecho uno de los mayores libros de poesía escrita por una mujer en los últimos 50 años, si acaso no más (talvez el siglo, no sé, talvez toda la historia de nuestra poesía), y lo ha hecho así, con ese mismo silencio y sigilo con que se teje su rueda de signos-objetos-arquetipos hilados. A menudo al recorrerlo pienso, pensamos, (deberán pensar otros) que es demasiado libro para ser comprendido técnicamente. Si fueran justas las nomenclaturas y estridencias de consagraciones que sitúan a algunas entre las más aclamadas, candidatas al Premio Nacional de este tiempo o de otro, entonces, si fueran justas esas lides, Alejandra Ziebrecht debería estar ya por este solo libro entre aquéllas. Pero no es así y eso también tiene su sentido. Saber admitirlo y contar con este libro que ella nos regala, es compensación más que suficiente.


© Hugo Cárcamo, fotografía de portada de "El Sueño"
© Paulina Ibieta, fotografía de la autora



(Fin de la serie)



No hay comentarios: