domingo, 19 de abril de 2015

REINOS DE LA LLUVIA

en MURMULLO FRENTE A SILLAS VACÍAS (2001)
en PIEDRA NEGRA (2009) 




Tal y tanto adentro, tal y tanto afuera.


Dormía yo en espera de convenio
y vino a removerme la estentórea lluvia
de megalitos y lunas caedizas.
Me dio el don de la Imagen
con la numeración de cuerpos,
edades en racimo aconteciendo
en el aire, el toque a muerto del barro.





 

Sol, viejo ídolo que mueres en mis manos,
¿qué vienes a perder en estos laberintos?
Padre exánime, caes
entre tus propias alas, quebrándolas.
No te debo ni me debes,
no es por ti ni por mí que estamos reunidos
en torno a estas hojas que acaso también caen
por el peso de cada palabra.
La urna se partió por el embate
de entrantes y salientes bajo tierra,
con el rumor de dioses siniestros
a la diestra de célebres demonios.

En el centro de su noche se abre la carroña
y en el muro una pátina se ensancha
opacando al espejo.

Nuestros gestos son el círculo
que ata frutos inalcanzables
como años colgándose a las ramas más altas.

La penumbra a bruces llovida
transluce el rastro de una romería que avanza
con toda la memoria de otra que regresa,
se intercambian los deudos, los rostros
son arrastrados por el agua.



II 



El agua baja en el vaso,
irrumpe en los ojos hasta inundar la campiña.

La flor macho de calabaza
busca a la flor hembra
para hincharla con su primera sed del día
pero agosto es su vejez
y todo llamado es inútil en invierno.

Una bandada en busca de refugio
deja caer huevos de piedra
en los cántaros sin fondo de la noche.

Y el hongo gira
en una sola sílaba que lo repite todo,
en una gota de llanto, suficiente
para ahogar en un ojo estas regiones.



III 


La baraja enmudece.
La santa retira utensilios
donde ha puesto todas sus edades.
Se brinda por el muerto,
por el hijo,
se brinda por buen sexo,
por pan y poesía
pero no se sabe quién
perderá la cabeza
antes del amanecer,
o si alguno
conoce que aquí
se ha dictado una sentencia.



IV 


La sal no debe ir al suelo, ni a la ropa,
sino al fuego cuando pasa un ave mala.
El diapasón de gotas
da la señal al puño que apaga la candela
para no dejarse ver matando
en el reencuentro con los rostros 
rezagados de otro invierno
y los nimbos dejan en la cima
un jirón de su cansancio
convirtiendo en victoria su eléctrico destello
mientras en los galpones los huesos maduran
tal que ídolos agrupados
en torno a su tristeza.



V 


Regresan turbios hombres río abajo
y el discurso del gallo es su último contacto
con la luz en retirada. Nos levantamos
con nombres arrebatados al delirio,
nombres apenas murmurados
de aquellos que no son o están silentes
y van con su identidad a cuestas
surcando espejismos, sorteando el velo
de las aguas, con la memoria hecha un fardo
humedecido de ojo en ojo,
recuperando el aliento después de una plegaria
o desprendiéndose de a poco
antes de abandonarse a un vuelo
que otros atestiguarán
despavoridos.



VI 


La noche se extiende
hermanando a los objetos.
Vendaval sobre el rostro en el umbrío
donde ninguno es libre
                        sino instrumento de libertades ciegas,
ninguno es móvil
                        sino presa vidente del movimiento
y el cielo vuelve a verterse sobre fosas tremedales
mientras el niño finge dormir
oyendo en una sala contigua el tintineo de copas.

Alguien llegará más puntual
que la caída de un reino a los pies de su árbol
y se sabrá que la ventana
abarcó una lluvia ajena al mundo
antes de ser velada por un presentimiento negro.

Un manto de nubes me otorga la lengua madre
que se debate sólo para hundirse
con el poder y el ceño de aquél que ya no siente
y en vísperas de tormenta ensilla su caballo.



VII 


¿Seguirá lloviendo
                                   ayer?

Tan largo, niña, largo
ha sido
el día
que has vuelto a nacer
de la misma tierra, sin ella.
El tiempo se nos pega a la piel.
Es el barro dejado por la crecida de una calle
El alquimista; Remedios Varo
que arrastra en su cauce a la criatura
destinada a arrojarle sal al fuego.

Temo no atrapar
lo que depende únicamente de mis ojos
para poder definirse en la espesura.
Viviré en lo blanco de la muerte
pero a la hora del canto veré a otros
llovidos por la misma resina.

Te guardo, niña, en una palma abierta
y tras luna nos iguala el aguacero
por bosques deshojados,
                        villorrios de hojalata,
                                               libertad de ortigales,
hija,
            lamidos
por el pabilo que cubre los campos,
hilados por una soledad
                        anterior a la piedra.

Viene el viento
y el descenso de las hojas

nos atraviesa el dedo índice en los labios.


lunes, 13 de abril de 2015

HISTORIAS DE NIÑOS TRISTES

de ACTAS DE (MALA) FE















No latigazos,
no flechas de centuriones para seducir santos,
no alarma de incendio o bombardeo.
Nada para lo que estuviéramos preparados.
Un deseo nuevo o como no visto, una pregunta
parecida a una polilla
con las alas pegadas al fondo de un vaso,
una maña eléctrica desde el cóccix a la nuca.
Era un rumor de concordancia, las nimias criaturas,
la euritmia del vicio,
los ojos ubicuos de un dios-mosca.

–Tengo un nudo ciego
y lo que importa no es cómo lo arreglo
sino cómo lo cuento.

–Necesito la pared del fondo para empezar mis curaciones.

–No dormí en tres días
y aún así no supe nada
como orina que simplemente amanece.

–Un parecido obligado a mis enemigos.

–En mi barrio me dicen Jesucristo
porque maldigo toda esperanza.

–Mientras más bello más perverso.

–La forma de rascarse era la forma
de hacerse una y otra vez la misma pregunta.

–Lo que hagas con tu lengua es asunto mío.

–Hay una inocencia
de la que deberé dar pruebas algún día.

–De pronto no hubo necesidad
ni órgano de desear ausencias.

–Por causa de la peste nos infligimos este amor.
Dispuestos a ajusticiar al padre
trajimos nuestra mala suerte a este mismo suelo.

–Tengo un enorme pasado que aún no termina.

–Descubierto en mi vicio solitario
por los míos más tus ojos
después hubo un accidente compartido.

–En la próxima canción está mi origen.

–Las ánimas cruzan a través de los humos de colores.
Huele profundo y ve por ti mismo.

–Todo grito se transforma en sacramento
y tengo la aureola hasta el cuello
de esperar mi minuto.

–Nudos ciegos a escala de sus deseos.

–Estar dentro de una melodía,
una belleza boba que dure sin comienzo,
el agua donde caen los angélicos
cuando se para el motor del aeroplano.
¿Recuerdas Calypso, de John Denver?
¿Sabías que los delfines tienen sexo por juego?

–No puede dañarnos si es lo único que entendemos.

–Sólo porque no es amor
puede durar hasta el fin del mundo.

–Voy a regalarte una palabra que no has oído nunca.


















































Todas las fotografías: Evgeny Mokhorev

martes, 7 de abril de 2015

MOMENTOS MISTRALIANOS



La Judía Esther



De "Índex" (inédito)
Libro 3: Antifonario
Fragmentos




3ª meditación
 La dama de hierro


Soy maestra de primeras letras. Trabajo con niños campesinos. En verdad les tengo lástima. Tienen los pies azules. El cabello como paja seca. Niños así eran mi pesadilla durante mi infancia. Una vez fui lapidada por ellos. Me gritaban “ladrona, ladrona”. Sí, lapidada como Magdalena. Y no tuve ningún cliente llamado Jesucristo que viniera a rescatarme. Mi padre era un calavera. Quisieron retirarme de la escuela por incapaz. Por suerte la señora Petronila Alcayaga (imagínense a alguien con ese nombre) hizo caso omiso. Las cosas no mejoraron para mí así que empecé a hacerme un moño con el pelo, una especie de bollo, como las judías del Antiguo Testamento. Me creía Esther, esa puta que sedujo a un príncipe persa y lo empujó a pasar por cuchillo a cuanta cosa se moviera en las aldeas cercanas. Yo hago mi propio Purim por la mala suerte que he tenido. Sacrifico pájaros. Una vez me enamoré de un tipo que conducía trenes. Cuando asomaba de su locomotora parecía un titán metido en el Caballo de Troya. Nos separaban 7 años que parecían ir en aumento. Se suicidó. No por mí. Por deudas. Me puse a escribir versos como enajenada. Sonetos. Le agregan dolor a las tragedias. Me propongo ganar un poco de plata con ellos. Me lo merezco después de todo ¿o no? Si alguna vez tengo un hijo pienso esconderlo. En realidad me gustan las mujeres pero como me odio a mí misma las obligo a alargarse los faldones hasta el tobillo. El peor trabajo del mundo es ser maestra de primaria. Cuando tenía 9 años fui abusada. Ojalá ese perro maldito se pudra en el infierno.




11a Meditación
  Servicio Nacional De Menores

  
Caso 1


No sé muy bien mi fecha de nacimiento. Según dicen tengo 12 años. Nací en la casa de mi abuelo. Cuando yo nací mi papá tenía 58 y mi mamá 16 pero a ella le inventaron unos papeles con ayuda de los curas para subirle la edad, porque él es poderoso. Dice que es  Rey en otro país. Cuando llegaba al campo había que decirle Su Majestad. Y le ordenaba a mi abuelo que en la noche le mandara a su niña más hermosa para que lo acompañara en el cuarto. La trataba bien. Vestidos y joyas de oro del Cuzco. Le prometió matrimonio y convertirla en reina. Después que nací nunca más se vieron pero nos mandaba plata. Después me dejaron encargado y mi mamá se fue a trabajar de nana porque tuvo más hijos con otros viejos. Yo soy colorín y tengo pecas. Siempre me molestan en el colegio y me bajan los pantalones porque se ríen de mi poto tan blanco. Me escupen y me quitan la lonchera. Los inspectores dicen que me tienen envidia porque parezco irlandés y tengo las mejores notas, pero a mí me da lo mismo. En realidad yo quería tener amigos. Me metí en la droga por aburrimiento. Me arranqué del internado para volver a mi casa pero no había nadie. Parece que los echaron y vendieron la parcela después del terremoto. Llegué a Santiago el 2012 y empecé a trabajar en los carritos de comida de Pío Nono. Cuando me da rabia me dan ganas de formar un ejército y arrasar esta mierda de país y fundar otro nuevo, para que exista una patria hija del estupro. Toda la culpa la tiene el viejo verde de mi padre. Cuando me pegaban en la calle siempre soñaba que vendría a rescatarme. Nunca he sido feliz. Nosotros éramos de Chillán hacia adentro. Allá es muy tranquilo. Mi apellido es Riquelme.



Caso 2


Tengo 14 años. Desde que tengo recuerdos odio ser tan blanco y tenerlo tan pequeño. Me da vergüenza mear delante de mis compañeros porque lo tienen grande y negro. También me dan deseos y eso es lo que más odio. Me dediqué a estudiar y desde el año 2008 fui el mejor en todos los cursos. Aprendí francés y portugués y puedo recitar de memoria El Barco Ebrio y Tabaquería. Los recito escondido mientras me masturbo. Mi mamá se llama Lucila. Es una vieja loca que andaba con grandes faldones y fumando todo el día. Tiene un aliento agrio a café y tabaco. Colecciona fotos de locomotoras. Me ordenaba que le dijera tía y dormía con su secretaria, una mujer que siempre sonríe y me llevaba galletas a la cama. La quise  más a ella porque pasaba más tiempo conmigo. Mi mamá siempre decía que mi padre era un malnacido. A veces decía que era un fantasma o que yo era hijo del Espíritu Santo porque ella era virgen. Siempre me pedía que le pasara el agua pero no se la tomaba. Decía que era sólo para recordar el gesto. Cuando me escapé dormí en las estaciones, en los vagones vacíos o abandonados. Los guardias me dejaban solo, como a un perro tolerado por la gerencia por ser inofensivo. Siempre encontraba alguien con quien cumplir esos viejos deseos corrosivos. Total en la oscuridad no se nota tanto el tamaño. Pero en verdad he sufrido demasiado. Toda luna es atroz y todo sol amargo. Una vez me encontré un billete rojo con la cara de mi madre pero nadie me creyó. Ella se fue del país porque tenía miedo de que descubrieran sus secretos. Además todos le tienen envidia porque hacía clases sin ser profesora. Nunca me gustó que me obligara a mentir que yo era su sobrino. Ahora estoy acá vigilado pero en cuanto se descuiden voy a colgarme. Ya lo tengo decidido. He sabido que antes de morir, se siente un placer sin comparaciones.



Caso 3


Tengo 12 años y hace poco me explicaron que me cortaron el pellejo del pene por orden de un anciano con la barba hasta el pecho. Cuando nací mi mamá tenía 14. La echaron de la casa por quedar embarazada así que después de mi nacimiento se fue a vivir con un viejo de 60 años que la maltrata pero la mantiene. No sé si él es mi padre o si es el joven rubio llamado Gabriel con el que ella conversa a escondidas. En cuanto me llevaron a conocer el Mall Center me escapé porque me tenían aburrido con los gritos. Mi padrastro siempre se emborracha y empieza a interrogarla sobre quién es el padre de mis hermanos ya que él es impotente y apenas tiene fuerza para trabajar de carpintero. Pero ella se reía y hacía bromas en voz baja con su prima Sara, que siempre le presenta amigos guapos. Por eso siempre soñé con escapar de esa casa y de ese pueblo hundido y apestoso. He conocido muchas personas y hombres buenos que me han protegido. No aprendí a leer ni escribir pero a veces me inspiro y empiezo a inventar unos cuentos largos que la gente se reúne a escuchar alrededor mío y después me dan monedas. Me hice un grupo de amigos que saben manejarse bien en las calles. Roban en la feria, saben apostar, hacen préstamos y cobran el triple. Los que no pagan de verdad lo lamentan. Pedro, mi mejor amigo, una vez le cortó la oreja a un guardia con un cuchillo. Pero mi sueño es aprender magia negra y ser hechicero: caminar sobre el mar, hacer ver a los ciegos, levantar a los tullidos. Quiero vivir de eso y que pase el tiempo hasta que mi madre me crea muerto y aparecer para vengarme por la mala vida que me dieron. Juro que voy a descubrir quién es mi verdadero padre y sólo a él le daré mi respeto porque estoy seguro de que me ama y no tiene ninguna culpa de lo que me ha pasado. Le obedecería aunque me ordenara crucificarme. Por lo demás, siempre manipulo a los adultos poniendo cara de cordero.



sábado, 4 de abril de 2015

PRESENTACIÓN A "ACTAS DE (MALA) FE", POR PAULO SAN PÁRIS





El ágora fecunda: edictos, 
iluminaciones y alucinaciones
en cuanto a las Actas de (Mala) Fe del poeta Leonidas Rubio

Paulo San Páris


Hay
Una tierna curva que al dolor adeuda
La aventura de su torrente de luz
Una lupa que une los errores
Como entrañas supinas que arrojó la suerte…


Sinuosidad, O. Elytis. 



    Ayer no lo sabía
    pero ayer es otro. 

Postal de verano, L. Rubio.


Un acta de fe, entendemos, es un acto de la jurisprudencia ligada al ámbito civil que guarda relación con que un notario da fe, a través de sus sentidos, de un hecho, y con ello entrega una constancia; de este modo se transforma, el acta, en una prueba de manera incontestable del hecho que constituye su objeto, sin que sea discutible ni siquiera en una sede judicial, salvo ante querella de falsedad. Si lo pensamos en el ejercicio poético que nos aventura el poeta, elevar un acta puede ser de natalidad o defunción, pero acta de constancias al fin y al cabo, desde allí entendemos que la posición de observador del poeta es contemplativa, pero no deseo usar esta palabra en su sentido bucólico, sino en un sentido culturizante y dialogante. Es por ello que creemos que Actas de (mala) fe pretende, en su estado prístino, hacer una poética de la ética.

Actas de (mala) Fe (Editorial Mosquito, 2014) contiene casi 300 páginas que están agrupadas en cinco secciones: Leyenda del deseo, Zona Cero, Cartomancia a Alejandro Gutiérrez, Las Flores son para mañana y Actas de (Mala) Fe, consecutivamente. Esta última sección es la que homónimamente titula al macizo léxico. 

Leyenda del deseo está marcada inicialmente por textos de carácter ligados al Génesis. Marcan el comienzo de un nuevo mundo. El autor está consciente de su posicionamiento y de la multiculturalidad del libro, vale decir, también en este punto en que los textos ligados al acápite bajo el título de ECLOSIÓN, se toma el origen del mundo señalado en diversas versiones del comienzo de la humanidad. Cabe destacar que el poeta versifica este origen en voz de culturas que ya han desaparecido, como los Selkman. 

Los segmentos de VESTIGIO y JERARQUIAS DE VUELO, respectivamente, tocan temas ligados a la alquimia sexual. El primero de ellos son movimientos musicales: Adagio, Canon, Rondó, Solemne, etc. Que indagan sobre las posibilidades libertarias de los antepasados. En Jerarquías… el juego es aún mayor y con una intensidad y densidad poética impresionante. El poeta instala la voz de su hablante versificando entrevistas a niños que entendemos por los títulos de los textos, son niños vulnerables. Al comienzo de esta sección se deja entrever una breve nota a pie de página que señala lo que decimos: los poemas de esta sección son entrevistas realizadas a niños que de alguna manera sufren una marginalidad social, y a los que el poeta realiza un estudio de campo. Singularmente nuestro hablante interpela a los sujetos bajo tres preguntas: 

“1.- ¿Cuándo fue tu primer miedo?
2.- ¿Belleza o conocimiento? 
3.- Si te privaran de todos tus deseos, menos uno ¿Cuál sería?” 

(Rubio, 2014)

Los sujetos de estudios son individualizados con alias y responden a las preguntas, respuestas que pasan por el tamiz del poeta que impregna una locución poética versificada, en lo que no sabemos si las respuestas sean fidedignas o estén trasmutadas por la resignificación poética. De cualquier modo, es innegable que el juego se vuelve sumamente interesante.

El siguiente acápite de esta sección, HUELLAS ENTRE RIELES, tiene el sentido develador de homenajear el pasado y la memoria. Y cómo esta puede ser a veces una neurosis traumática. El acápite señala referencialmente a su antepasado, su abuelo, y las enseñanzas y vicisitudes de su formación, el lirismo del sujeto; tajantemente, en su comienzo declara: 

“Mi abuelo el emigrante caminó tres días por los rieles
Huyendo sin saber de qué,
Llevando el traje viejo de su raza…” 

(Rubio, 2014)

Más adelante continúa señalando su sentencia:

“Yo si sé de qué huía mi abuelo.
Se delató al hablar de la luna atrapada en la ventana.
Yo sí sé de qué huía mi abuelo:
Es que no existe el amor
Pero a veces muere” 

(Rubio, 2014)

El cuarto acápite de la sección, EL MAL OJEADO, nos remite a textos corazonados bajo la forma de la memoria, la apetencia erotizada de las cosas que recoge a través del juego del pasado con un yo infantil. El último acápite de la sección, NIÑOS TERRIBLES, se cierra con una serie textos de homenaje a diversos personajes infantes que han marcado, creemos, la vida del poeta. Las referencias son exactas para su distinción. Notamos homenajes a Rimbaud, Demian (Herman Hesse, 1919), Tadzio (Muerte en Venecia, Thomas Mann, 1912), etc. En este apartado encontramos textos de carácter autobiográfico como A la edad en que alcanzaba entre mis piernas con la boca el cual nos entrega una visión personal y situacional histórica de su memoria. Finaliza el segmento total con el poema En pleno sepulcro que parece ser un ejercicio tanático de enfrentarse a figuras memorables. El poeta se incluye dentro de este panteón autojerarquizado señalando en el fragmento 5:

“Aquí yace Leonidas
Muerto de deseos.
Le lloran sus palabras” 

(Rubio, 2014)


Cabe destacar a modo informativo que el periodo de gestación de los poemas de esta sección fue entre 2007 y 2010. Algunos de estos textos fueron incluidos dentro de una edición de la Municipalidad de Talca, bajo el sello del premio Stella Corvalán. Esta versión a la que tenemos acceso es una edición definitiva y corregida. El mismo poeta señala de esta sección su finalidad rotunda: 

Esta sección quiere girar en torno a la sexualidad entendida metafísicamente, con la infancia como fuente de inocencia salvaje e instinto primordial sujeto a la desintegración en el proceso de incorporación social. El cuerpo se sobrepone exaltando la percepción del placer como forma de expansión de la conciencia. Por eso no le es extraño el lenguaje visionario y mítico. Las dos primeras secuencias tienen sus primeros esbozos en poemas de alrededor del año 2000, cuando leía "Rosa Alquímica" de William B. Yeats” 

(Rubio, malafepiedranegra.blog.spot, 2014)

La segunda sección titulada Zona Cero, recala en textos dedicados al desastre del terremoto del 27F. Recordemos que nuestro poeta estuvo en pleno epicentro durante la fatídica fecha. De esa experiencia nacen una serie de entrevistas que el poeta versifica con un hablante más transparente y direccional. El poeta es un cronista y recopilador. No se queda con su impresión personal, sino que hay un afán de resguardar la autenticidad de los hechos con relatos de personas que sufrieron el acontecimiento telúrico, lo que también guarda una similitud procedimental con lo realizado en los trabajos de Jerarquías de vuelo. El acápite se abre con una serie de Coordenadas, que posee una obertura explicativa y situacional. Le siguen Bitácora del deseo y Cartografía sísmica, estos textos son poemas que tienen un tono arrebatado, efervescente; el hablante enardece los acontecimientos para de esta forma tensionar el ambiente poético. El poeta mismo señala, refiriéndose al penúltimo acápite de esta sección:

Como curiosidad puedo consignar que el poema final [sic, por penúltimo] de 'Memorial del epicentro' fue conversado con el poeta y amigo Américo Reyes, del que prácticamente es co-autor.” 
(Rubio, malafepiedranegra.blog.spot, 2014) 

La tercera sección titulada Cartomancia a Alejandro Gutiérrez es la de menor extensión: sólo ocho textos la componen; en ella el poeta busca posicionarse como un tarotista arrojándole las cartas a un personaje real, Alejandro Gutiérrez, poeta curicano que está dentro de los anales de la poesía curicana vinculado a ella en las primeras décadas del siglo XX. El poeta señala lo siguiente: 

Este personaje fue amigo de mi abuelo Francisco Leonidas Rubio González, quien guardó originales mecanografiados suyos que se conservan en un archivo familiar.” 

(Rubio, malafepiedranegra.blog.spot, 2014)

Siguiendo a nuestro autor en esta apuesta, creemos pertinente conjeturar que el poeta comienza a crear movimientos frente a cada sección del libro. Pasa de ser un periodista poético a un especie de tarotista poético; entonces el hablante instalado, es vidente, es periodista, es cronista, y ahora tarotista. 

La penúltima sección llamada Las Flores son para mañana encontramos textos de carácter tanático, ligados a un religare lárico. Los cruzan puntos de convergencia como del ámbito del intimismo: lo familiar. Interesante de esta sección es la autopercepción corporal, la identidad que genera el cuerpo y el Eros presente a través de la naturaleza y la identidad sexual:

“…El beso ácido de la ruda, el cosquilleo 
de su aroma en las manos de las viejas parteras, 
las hojas restregadas, resentidas 
hasta alcanzar la intensidad del glauco…”

(Rubio, 2014)

Resuena en este poema la palabra glauco, poco común, poco utilizada, muy de la dominancia del poeta de la luz, Odisseas Elytis, de quien creemos Rubio tendrá una correspondencia y lectura, sin lugar a dudas. Aparecen en todos los textos las correspondencias de otro, William B. Yeats, de quien el poeta no niega un intimismo lector.

Finalmente, llegamos a la sección que entrega homónimamente, como hemos dicho, el título del libro: Actas de (mala) Fe. Esta es la sección más extensa del libro. Lleva la adjetivación mala como una resignificación del registro formal Actas de fe, y que nosotros hemos partido esta presentación delimitando su significado desde la jurisprodudencia, el juego visual y textual. Como decimos, provoca una reorganización del sentido y del significado de la sección. Podemos entonces entender que se elevan actas de fe, pero también de mala fe. El poeta confiere a esta última una significancia mayor en la obertura explicativa, señalando que la mala fe, es cotidiana, artera y holística, está presente y tiene sus variantes, como malas lenguas, malas prácticas, mala causa, mala hierba, mala leche, etcétera. Es decir, el poeta introduce esta adjetivación necesaria como un doble juego. Tal vez sea una burla al lenguaje jurídico, tal vez un guiño a la recepción popular del adjetivo “Mala”. Los poemas tocan temas dinámicos y todos distintos, funcionan como poemas desplegables en tiradas y secuencias como también independiente cada uno de ellos. Podemos intencionar la lectura y fijarnos en las correspondencias literarias y culturales del poeta, Yeats, Artaud, Sócrates, Whitman, Cocteau, Lizard, Debussy, Phillip Glass. 

Memorable de esta sección es el poema, Lamento de Adriano, el cual trata sobre la congoja del emperador Adriano frente a la muerte de su consorte Antinoo:

“Más de una vez irrumpió en el salón
Y se echó a mis pies mejor que un cachorro…
…No termino de entender esa página de historia
Que dirá muerte…
…Me amó más que a su belleza
Y eso es decir fronteras no mesurables en mapa.
Obedeció 
el llamado del cielo.” 

(Rubio, 2014)

Elytis señala que los poetas siempre indagan en la poesía de la oscuridad. Dice el poeta que “los europeos y los occidentales hallan siempre el misterio en la oscuridad, en la noche, mientras que los griegos lo hallamos en la luz, que es para nosotros algo absoluto… El sol y el mar están indisolublemente ligados a la luz, la transparencia, la increíble hermosura de las islas griegas”. Hacia allá nos conducen las Actas, hacia dictar iluminaciones y alucinaciones, hacer y rehacer nuestros propios edictos frente a la fe, ya sea mala o buena, hacia sancionar la oscuridad de los momentos y entretejer la memoria, no como un estado perjudicial, sino como aquel mismo ángel de Doré que encontramos en la portada del libro, cuyo trabajo ilustró la edición de 1866 del Paraíso perdido de J. Milton. Este ángel que cae sentenciado por la caverna de las manos, y que de alguna forma también es un llamado a registrar lo que es necesario para cada uno de nosotros: la memoria y la identidad en un acta elevada a las manos abiertas siempre por el recuerdo. Eso es actuar con ética del recuerdo, con ética de la memoria, con ética del pasado, eso finalmente, es hacer una poética de la ética.


Leído en la presentación del libro "Actas de (mala) fe" de Leonidas Rubio, 
en la Feria Internacional del Libro y la Lectura de La Serena; febrero, 2015.









***


Paulo San Páris nació en La Serena en 1987. Ha publicado los libros de poesía Sogol Gaza (2010, autoedición),Travestia (2012, Editorial Torrente del Pánico), Lucila, Marca Registrada (2013; Caleidoscopio Editores) y Lucila, Marca Registrada (2014; 2da Edición; Borde Libros Ediciones). El 2014 recibió el Premio Stella Díaz Varín de poesía inédita por su obra ISOHILE, de próxima aparición.