lunes, 29 de junio de 2015

GRUPO CONGRESO Y EL POETA FRANCISCO SAZO






















Ni falta haría decir que Congreso es una banda imprescindible dentro de la historia musical de Chile, pero a la hora de situarlo dentro del desarrollo cualitativo de nuestra música es muy probable que habría discrepancias sobre el parámetro más justo para encontrar su lugar. En lo personal mi parámetro es la limpieza instrumental, la amplitud de lenguajes musicales, la originalidad y el nivel lírico de sus letras y en todas esas categorías me resulta imbatible, con mención honrosa de muchos otros. Sobre las 3 primeras observaciones el mérito recae en gran medida en los hermanos González, particularmente Sergio “Tilo”, su director. Pero es bien probable que ningún producto hubiera sido lo que es sin la concurrencia de pianistas geniales como han sido Jaime Vivanco y desde la muerte de éste el brillante Sebastián Almarza cuya capacidad de exploración armónica ha llevado al grupo a horizontes insospechados. Pero es la cuarta categoría del parámetro que propongo la que nos hace detenernos en un hombre muy particular: el vocalista y letrista habitual del conjunto: Francisco Sazo Barison.

Sazo nació en Quilpué en 1953 y en paralelo a su carrera musical en Congreso (del que es miembro fundador en 1969) ha desarrollado la carrera de profesor de filosofía de la que es titular en una universidad de la quinta región. Entre 1979 y 1983 siguió estudios de post-grado en Bélgica, especializándose en la filosofía de Michel Foucault, que es el eje de las clases que imparte actualmente. 

Como músico es autodidacta, instrumentista de vientos menores, melodista y vocalista. Posee un registro vocal amplio (al menos 3 octavas), con matices nasales y guturales bien equilibrados, ligeramente metálicos, muy expresivo y de un timbre sumamente original, de difícil comparación. Estas características sumadas a su carisma lo han convertido en la imagen más emblemática del conjunto, pese al liderazgo técnico de Tilo González. Sus textos son poesía pura, a menudo no sacrificada por las necesidades rítmicas o melódicas de la composición. Es una lírica rica en metonimias, paradojas, giros coloquiales, ironías, conceptos humanistas y contemplativos que se sintetizan en perfecta coherencia con la métrica minimalista, casi de aforismo. Sin embargo el propio Sazo ha dicho en una entrevista (The Clinic, octubre, 2009) que es escéptico de sus dotes como poeta:

Soy un rumiante y no soy muy bueno para escribir. Dicen que tengo fama de poeta, y hay algunos que creen que lo soy, pero no, tengo la pinta no más: me parezco a Zurita y esa sería toda mi veta de poeta.” 

También dice sobre sus dos actividades: 

Hay cosas que ningún filósofo podría decir respecto a la música. Para mí el hombre unidimensional no debiera existir.” 

Por cierto que a nosotros nos parece que hasta la más humilde de las canciones es un ejercicio más provechoso que la lectura de Zurita y sus 3000 páginas megalómanas. 

Detrás de la autocrítica de Sazo más bien opera la feroz modestia del filósofo y hombre honesto que es. Él podrá decir lo que quiera pero las cosas son lo que son y no lo que uno quiere admitir.

En las siguientes versiones he guardado concordancia métrica con el sentido y he diagramado de un modo que favorezca la lectura poética sin el aliciente de la música a la que están destinados los textos. La transcripción y la lectura me ha parecido un rito admisible para conjurar una atmósfera, un juego de analogías y una melodía interna que pertenece a la banda sonora de una generación pero ya se proyectan universal e intemporalmente por la fuerza de la poesía. Ésta es la verdad de Francisco Sazo.



IMPRESIONES DE AGOSTO


Alquitrán en la mañana,
un invierno de humaredas,
en el suelo un pañuelo verde
o una lechuga muerta agusanada.
Y un periódico de abrigo de un pescado
y un andamio endeble
que despide un olor a té quemado
y un perro ciego
con un niño-viejo entumecidos.

Un entierro sin un muerto amortajado
con deudos que lloran de pura memoria.
De cerca una fonola con ojos
es un gato.
¿Qué estarán haciendo estos zapatos
sin los hombres que los caminaron?

Y un grito me hace pensar que la esperanza
está amarrada en esas casas del cerro
donde nacerá un día un poeta victorioso.

Una campana rota
tañe debajo de la tierra
mientras una muchedumbre olvidadiza
compra remedios, pan y talismanes
a un ladrón reconocido.

Y camino hasta perderme
con tu rostro en los bolsillos
y perdona que en esta hora
no esté aún convencido
que el corazón de la sal
sea de azúcar fabricado.

Vuelvo a mi pieza
y no me puedo ver las manos
¡Están temblando!




IMPRESIONES DE AGOSTO (II)*


*En los discos grabados en vivo “Congreso de exportación” (agosto, 2003) y “Congreso a la carta” (Abril, 2012) esta pieza fue incluida con el nombre de “Impresiones de agosto” coincidente con el nombre de la pieza n° 7 del álbum de 1986 “Estoy que me muero”. En ambos casos el arreglo instrumental sigue la misma progresión de acordes aunque varía el desarrollo instrumental y la duración. En ambos casos el texto se registra recitado.


A un niño con vientre de pergamino
le clavan lágrimas de cristal debajo de los ojos
y lo cuelgan de cartel luminoso
sobre un famoso restaurante.
Lástima que se cayera para el terremoto.

(¡Terremoto!)

Terremoto gritan unas viejas.
Es la luna que se derrama
sobre la sábana negra del cielo
mientras un marciano soñador
encuentra un aeropuerto en una isla:
lo corretean a patadas

(¡A patadas!)

A patadas sacan a un sordomudo
que no ha hecho caso de los guiños
y recibe una andanada de flores.

(¡Flores!)

Flores se llamaba el jardinero
que cuidaba en el zoológico metropolitano.
Qué raro que amaneciera suicidado
por dejar abierta la jaula del gorila.

(¡Gorila!)

El gorila se queja que lo utilizan
a cada rato como ejemplo
y agrega con voz cansada
que entre los de su especie
esa denominación no es peyorativa.

El problema con los héroes
es que una vez que están muertos
no pueden cobrar derechos de autor.

(¿Y quién los cobra?)

Al autor del libro de poesía
“El manantial inagotable”
le cortaron el agua con un sable
y ya no escribe poesía:
la anda gritando voz en cuello por las calles.

(¡Por las calles!)

Por las calles de la selva
se escucha el siguiente grito:
“Todos contra Tarzán.
Tarzán es un miserable.”
(Chita)

¡Chita! se dice el sapo radiactivo,
el sapo que lee las cartas del correo pantano,
el sapo con ojos de láser funcionario.
Al leer la última carta de amor de uno de afuera
sin disimulo escruta las letras que lo incendian
pues arriba de la P.D.
le gritan con letra firme y manuscrita:

“Sapo, arriba, detrás de ti hay otro sapo
y otro sapo y otro sapo. Pero un día enorme
le sacaremos el tapón al charco
y todos los sapos se irán con el agua sucia
¡Al infierno de los sapos!
¡Al infierno de los sapos!
¡Al infierno de los sapos!



EL TRAPECISTA


Aquí usted me tiene, noble señor,
del alto trapecio fui el mejor.
En mala hora bebí esa poción
minutos antes de mi show.

Desde mi vientre raudo hasta el portón
un ruido enorme me voló el pantalón.
El secretario que me disparó
gritó que el acto era pura traición.

Y en este hospicio donde me envió
pillo palomas con miga y arroz.
Les cortó sus alas con un gran alfiler.
espalda emplumada. ¡Quiero volver!

¡Subiendo! ¡Bajando!



CANCIÓN PARA LOS ARQUEÓLOGOS DEL FUTURO


Estas fechas fueron las del año del lobo.
Aquí estamos en este pozo ciego,
aquí fuimos entre tanta semilla quemada,
aquí nos arrojaron apresurados.

No fue el cólera.
No fue el SIDA.
No fue el volcán Vesubio.
No fue Hiroshima.

Nadie dormía cuando nos eliminaron.

Reconstruyan cuidadosos
nuestras últimas pisadas.
Las claves del miedo en estos
nuestros cuerpos enterrados.

Recopilen amorosos
nuestras vidas separadas,
o el beso inconcluso
en estas bocas mutiladas.

Éramos: ni buenos ni malos.
Éramos: simples seres humanos.
Éramos: con botes en la mar.
Éramos: con canciones en los labios.
Éramos: con libros de poesía.
Éramos: con deudas y escapularios.
Éramos: con amores luminosos.
Éramos: con hijos y con hermanos.



CANCIÓN POR ENCARGO

¿Acaso el Rey detuvo al tiempo en esos cerros?
¿Acaso el mar también enmudeció?
¿Acaso el viento me nombró al pasar volando?
(Diga señor si eso pasó.
Jure señor que algo cambió.)


¿Acaso el novio suspendió su beso largo?
¿Acaso el rico sus tesoros dio?
¿Acaso el sabio se acostó a dormir llorando?
(Cante señor si eso pasó.
Jure señor que algo cambió.)

Estaba arriba de esas latas cartoneando
y de repente el basural cedió
y un tiburón de fierros me estaba esperando.
(Cuente señor, eso pasó.
Cuente señor qué sucedió.)

Me descuidé porque buscaba en las estrellas
a un principito parecido a mí
que recogía luz y no basuras negras.
(Cuente señor, eso pasó.
Cante señor qué sucedió.)



CALYPSO INTENSO CASI AZUL


¿Cuántos ojos posee la aurora?
¿Cuánta araña queda en tu memoria?
¿Cuántas risas son de mi niñez?
¿Cuánta puerta la cierran sin gloria?

¿Qué precio tendrá un día mi piel?
¿Mis versos los dirá un papagayo?
¿Cuánto miedo debo aún conocer
antes del último cumpleaños?

Y el sol y la luna
no saben:
nada.
Y el sol y la luna 
se quedan:
mudos.

Y nunca, ya nunca, ya nunca más,
volverá el ayer
por ti.

¿Cuánta mano mantiene el futuro?
¿Cuánta paciencia falta mi amor?
¿Cuánta lluvia para un arcoiris?
No creas en el Emperador.

Y el sol y la luna no saben...
Y el sol y la luna se quedan...

Y nunca, ya nunca, ya nunca más,
volverá el ayer
por ti.




(Todos los títulos, texto de Francisco Sazo.
Versión musical original: F. Sazo/S. González)





1 comentario:

Manuel Muñoz dijo...
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