viernes, 24 de julio de 2015

LA POESÍA MASTURBATORIA DE DANIEL CORTÉS


El autor


La poesía de Daniel Cortés Ramos (La Serena, 1992) es un raro producto pulsional que interpela violentamente al tabú sexual y social a través de un lenguaje híbrido-ambiguo, que oscila entre un neo-simbolismo preciosista y un feísmo prosaico ligeramente gótico. Esto lo vuelve una isla, si bien no la única, dentro de las tendencias creativas de las nuevas generaciones. Es claramente un instinto brutal de diferenciación que marca su frontera deliberada con la contingencia políticamente correcta que suele nutrir los esfuerzos creativos de los jóvenes que publican a partir del año 2010, todavía imbuidos del clima del 2000, que a su vez no pretende cortar su cordón umbilical con el estilo de los 90, de resultas que hace más de 20 años los jóvenes vienen escribiendo de lo mismo y casi con las mismas palabras. Este panorama de repeticiones bellas pero inútiles está marcado en gran medida por la influencia de los poetas de las promociones del 2000 que han sido discípulos de los inmediatamente anteriores, donde el influjo de la última década del régimen militar es poderoso. Algunos exponentes de las promociones ya viejas de los 80 lograron fincar su huella en el nuevo escenario en base a la arrogancia de los talleres y las antologías canónicas, estrategia de figuración en la que por ejemplo un Zurita o un Harris se han hecho especialistas. Con todo eso rompe Daniel Cortés, escribiendo no frente a ese cuadro sino de espaldas a él, aunque por momentos prefiere hacerlo explícito y deja declarado su escepticismo a través del doble filo del sarcasmo, como cuando dice en “Dos ficciones. I.”:

“Este sólo puede soportar la vida con aplausos
Este necesita soportar la vida con discípulos
Este no quiso tener un hijo pero lo tuvo
Este prepara una antología para sus amistades
Este siempre es incluido en los libros de Raúl Zurita”

O aún más directo cuando dice en la editorial del número 51 de la revista “Escarnio” (de la que es co-editor): “Estoy más vacío que la escritura de los poetas chilenos del 90”. Desde aquí señala que no le interesa la política, el testimonio social, la temática de género, la crónica urbana, la épica generacional ni ninguna de las ideas predominantes en la poesía del último período. Pero todos sabemos que la poesía no es tanto lo que se dice sino el cómo se dice. Para D. Cortés la jugada se resuelve en ambos planos.

Hay un afán de autoficción en sus palabras, por cierto, con el viejo pero siempre fresco motor de crear una obra y en paralelo crear un autor-personaje. O es también el ya conocido tópico de hacer una obra que se concluya en la vida y no en lo libresco, como esperaban los simbolistas post-románticos y las vanguardias de principio del siglo XX, con las que la poesía del joven serenense tiene su sintonía y su indisimulada denominación de origen, aunque, como veremos, no necesariamente logra ese cometido.


Sus despliegues tácticos


Daniel Cortés publicó “El depravado y otras masturbaciones” el 2013 a través de las Ediciones Municipalidad de La Serena después de haberse hecho acreedor del premio de poesía inédita del Fondo Editorial Manuel Concha. Desde su título este libro intenta crear una tensión provocativa de triple dirección: (1) entre el contenido y su lenguaje, (2) entre la identidad del hablante y la identidad del autor, (3) entre el autor y su lector. Lo primero lo hace a partir de la paradoja y el sarcasmo permanente, con un repertorio verbal amplio y mixto, que va de lo culto formal a lo coloquial, lo escatológico, lo esteticista (su preciosismo puede lindar en lo cursi, por ejemplo al preferir la palabra “saudade”), con un juego de movilidades tonales expresivas que se activan desde la improvisación, suerte de jazz lírico que mantiene su espontaneidad pero enuncia su impericia insertándola dentro de las mismas significaciones, porque no quiere ni necesita hacer “poemas perfectos”. Lo segundo lo logra involucrándose y distanciándose de lo que dice para crear una identidad semivelada, fantasmal, medio teatral, acaso impostada, sobreactuada, con un rol tan internalizado que ya es difícil encontrar las fisuras entre el personaje, el hablante y el autor pero sabiéndose que los límites crujen, son frágiles, son en definitiva un precioso artificio. La tercera tensión prolonga a la anterior, puesto que en el tono de simulación busca incomodar, irritar, interpelar al lector con intervenciones que accidentan el mensaje. Digamos en términos comunicacionales que el joven Cortés le mete ruido a su discurso, se hace y nos hace trampas, le mete interferencia. Esto queda de manifiesto claramente por ejemplo en el poema “Adiós”, donde construye un fascinante micro relato de necrofilia e incesto pero arruina el cuadro escribiendo a pie de texto entre paréntesis una especie de indicación de libreto, innecesariamente instructiva, que subestima al lector, como cuando en otros textos subtitula “leer pasivamente” o “inspirado en…”.

Similar efecto de esta estrategia de accidentación textual aparece en “Carnicería turística” de “Pesadillas del perezoso” (Plaquette, autoedición, 2014), con el uso del vocativo hacia el final del texto. En esta misma publicación anota otra idea de su juego de significaciones imprevistas y su sentido lúdico al ilustrar la portada con una imagen de Sasha Grey, la que es referida en el interior como “novelista norteamericana”. En realidad cuando uno se entera de que la ex-estrella porno (varias veces premio AVN por papeles tan ilustres como “mejor escena de sexo oral” o “mejor escena de sexo grupal”) abrió giro en un nuevo “emprendimiento”  como autora de prosa (dicen que) erótica y se dedica a firmar libros en las universidades yanquis donde hasta Don Francisco ha recibido doctorados honoris causa, uno se pregunta ¿qué más falta por verse? Y bueno, Daniel Cortés lo responde: faltaba por verse una portada suya con la imagen de Sasha Grey mostrando parte de su material de trabajo.

La dimensión sexual es el código más persistente en esta poética y su mayor potencial. Es el erotismo como ejercicio de enunciación fonética, rítmica y lírica, así como su concreción carnal urgente, explosiva, polivalente, en las lindes de una inocencia quebrantada y quebrantadora de sistemas. La ruptura del tabú se ejerce desde la transferencia ritual propia de los estados de éxtasis. Así las parafilias (necrofilia, hematofagia, incesto, sadismo, formicofilia) y la violencia se hacen explícitas en una interlocución no recargada, sólo transparente, donde los cuerpos son objetos de deseos compulsivos, movidos por un apetito omnívoro de belleza, al punto que lo erótico y lo tanático, lo degradado o lo más enfermizo aparece sublimado por la conciencia expandida del placer. Cabe observar la dimensión onanista explicitada desde la instalación de la primera parte de su libro (10 poemas) como “masturbaciones”, es decir figuraciones para episodios autoeróticos donde se hacen relevantes las interacciones articuladas dentro del código heteronormativo y lo homoerótico es velado o está designado desde el estigma o el castigo, como en el caso del poema extenso e intenso “El Depravado” que forma la segunda parte del libro con 3 secciones y 12 paginas en total (y que por momentos recuerda a Jean Genet).

Algunos referentes intertextuales que el propio autor hace evidentes en su poética son E. E. Cummings en el poema “¿Y qué has hecho con tu perro de ojos azules Señor Muerte?” que dialoga con la resolución del poema “Búfalo Bill” del norteamericano. Y Dylan Thomas, George Bataille, el pintor Paul Devaux, Alfred Jarry, Knut Hamsun, Miguel Serrano, Marcel Proust, Leopoldo M. Panero, entre otros que va implicando en sus textos sin falsa modestia de sus lecturas.


El personaje de sí mismo


A D. Cortés le importa definirse por sus propósitos y no sólo por sus acciones. La autodescripción es parte de su plan de autoficción y por esa vía ilustra otro capítulo de la era de los manifiestos o programas de neo-vanguardia. Por la misma razón se siente cómodo en el formato de las revistas, que son un género de difusión de batalla por excelencia. Las revistas se hacen para la declaración, para el apremio identitario, para las afinidades electivas. Cosa parecida aunque aún difusa es el formato virtual, destinado a vagar por el ciberespacio y por tanto sin garantía de recepción consciente, con escasa réplica, contrastado por un espejismo de interacción cuyo soporte son impunes mensajes en gramática bastarda. A Cortés también le acomoda esta escena porque, según dice:

“Esparzo formas con la basura de mi época. No tengo coherencia de ensayista o articulista, me aburre acercarme a lo correcto. Escribo con ripio, no edifico una bonita casa, preparo una playa de ripio para que salgan y se escondan insectos, cadáveres de pájaros, carroña marina y ropa desmembrada.”

(A flor de colmillo, arte poética; blog del autor)

Naturalmente al incurrir en este plan de acción se sobredimensionan las percepciones y se atribuyen conceptos mesiánicos o anti-mesiánicos, discursos tribunicios, categóricos y pedantes, suplantaciones de prédica, pero entrelíneas no deja de asomar la poesía cuando es auténtico el declarante, y Daniel Cortés lo es:

“Cuando uso la obscenidad pocos reconocen su clase, aun con la pornografía a la que todos acceden, hay miedo a trabajar esas imágenes que la censura, la religión, la política o el arte tachó de inadecuadas; a pesar de que sospechamos que un poeta no debe tener miedo de escribir, la fama evita lo penado por la ley o las editoriales. Esta negación es la que ansío mostrar en mis versos: un cielo estrellado en la entrepierna afeitada de una mujer como Valentina Nappi; o graficar el pene de un perro, para referirme al sexo unido al lenguaje en el habla del chileno. Bajo palabra muestro los repetidos tópicos de la naturaleza, sin la oscuridad de los malditos, sin el morbo hilarante por arranques coloquiales.”

(op. cit.; íd.)

Nosotros consideramos que la enunciación del cuerpo y lo sexual en la poesía de Cortés no alcanza tan claramente el nivel de lo pornográfico sino que sigue oscilando dentro de los márgenes del erotismo. Lo que hay es más bien una enunciación explícita de órganos o funciones corporales puestas en acción a través de fetichismos que redimensionan los hábitos del deseo y el amor sin llegar al nivel de la exhibición cruda, pues están siempre en el ámbito de la ambigüedad y la polisemia poética. En este sentido pienso que el concepto “porno-gráfico” alude (sólo) a una expresión visual y personalmente me atrevo a sentar la idea técnica de que toda literatura es (sólo) erótica por mucho que exprese de modo explícito lo sexual, ya que su resolución visual (sólo) se produce en el plano del intelecto o la imaginación y su vehículo es la palabra, la imagen abstracta y no visual externa. En ese sentido creo que la mayor parte de los debates que históricamente se han dado sobre este tema tienen relación con la percepción de “lo obsceno” y la imprecisión de ese término es la que se ha arrastrado al concepto de pornografía, que aparece tardíamente y vinculado a la irrupción tecnológica visual. El tema puede ser llevado aún más lejos si nos preguntamos ¿Es la moral individual la que lleva a que un sujeto perciba como pornografía algo que para otros es erotismo? ¿Existe un parámetro objetivo para definir entre uno y otro grado de representación sexual? La respuesta escapa a los propósitos de este artículo y corremos el riesgo de que Susan Sontag se levante de su tumba y nos fulmine, de manera que declinamos esta digresión por ahora.


El francotirador


Mención aparte merece la revista “Escarnio” ya citada, de la que Daniel es co-editor junto a la narradora underground Pía Ahumada. Una revista fundada el 2009 en La Serena y que ya cuenta 51 números ininterrumpidos, conceptuales, de unidad temática. Es una revista de facturación artesanal dedicada y autogestión laboriosa, con un diseño audaz que se nutre de una estética pop y retro, neo-clásica y en definitiva ecléctica, post-modernista. Las fuentes de procedencia textual son diversas, con intención antológica en función del tema incidental, alternando autores consagrados con emergentes, canónicos dentro de cierta tradición alternativa, donde la reunión de textos y el juego de contextos refrescan las significaciones mutuas. Hay predilección por los autores contraculturales, eclipsados por la historia más oficial o de la literatura mejor instalada o que tuvieron una presencia fugaz: autores mal etiquetados como malditos para asimilarlos dentro de las nuevas convenciones que alguna vez fueron rupturistas. De esto hace un valioso acopio la revista “Escarnio” y acumula ya un dossier respetable, adictivo, digno de atesorarse, necesario de consultarse.

Consecuente con su estilo de asertividad agresiva, D. Cortés toma el espacio editorial para continuar su definición mediática. El desgaste de la primera persona y la insistencia autorreferente podrían afectar la recepción pero un manejo desenfocado, subrepticio, de soslayo propio de la mirada oblicua de quien evade encapsularse, va consiguiendo que finalmente todo sea admitido como una producción literaria, talvez a pesar de su autor, a contrapelo de su propósito anti-libresco. Admitido como tal y en proporción inversa, aparece el sustrato de irrealidad, de absurdo, de tomadura de pelo. Esa es su eficacia narrativa, sea o no un relato biográfico: que se instala únicamente como posibilidad dentro de la página. Así por ejemplo en el número más reciente de “Escarnio” en el que se ha escogido el humor como eje aglutinante, la Editorial firmada por D. Cortés consigna las siguientes expresiones:

“Las diversiones y preferencias de los otros no me producen gracia; es que los bebés me dan repulsa, no me gusta el fútbol, no disfruto de las danzas populares ni de la marihuana, no me gustan las juntas, me cuesta reírme con Parra, y Bertoni no me parece chistoso. Si trato de acordarme de mi última risa fue imitando a un personaje que, como yo, tiene las encías hinchadas de tanto comer huesos.”

(Revista Escarnio; N° 51, abril, 2015)

Llama a inquietud este aserto no del todo creíble, puesto que Daniel Cortés ha sido editor y antologador de Samuel Núñez (Premio Stella Díaz Varín a la trayectoria poética, 2014) que, por confluencias voluntarias o casuales, por asimilación cultural o por tendencia de carácter, está dentro de lo más cercano al estilo de Parra o Bertoni que puede leerse hoy en día, sin ser por cierto el único.

En este mismo número de “Escarnio” Daniel Cortés incluye un ominoso relato anunciado como “Fragmento de ‘La Matanza’”, que no se salva de ser más que un panfleto homofóbico habida cuenta del pobrísimo nivel ficcional que ofrece, con personajes demasiado burdos, clichés, estereotipados, que expresan la caricatura de conducta que se le atribuye al mundo homosexual en los espacios más heteronormativos y violentamente convencionales de toda época y lugar. El texto es predecible, mal estructurado, sin control, como una especie de irrupción de matonaje callejero o una campaña de destrucción de imagen gratuita y caprichosa. No consigue ni por asomo el nivel de intensidad y autojustificación creativa de un Dennis Cooper, un William Burroughs o ni siquiera de un mal Bukowski, por citar algunos que han desarrollado magistralmente las posibilidades del tema. Ni siquiera si el personaje principal no se llamara “Podeta Maricón” ni el co-protagonista Dionisio sino de cualquier otro modo que resultara de un mínimo esfuerzo. Ni siquiera evitando el desenlace de cine aficionado con expresiones como “el pene de Dionisio estaba cubierto de caca, parecía barro adherido a una rama de sauce” (sic). Ni siquiera aunque tuviese mejor gramática y evitara las adjetivaciones inútiles. Éste no es él. No hay danza en ese sonido que se impuso. Está rígido, crispado, desfilando.


Saldos

Con todo lo dicho y por si no estuviese del todo claro, quiero señalar mi entusiasmo por la poética de Daniel Cortés, cuya originalidad no está en discusión. Es una voz definida detrás de un tono en su propio proceso de definirse. Sus textos invitan a la lectura íntegra y no a la cita fragmentaria. También son una melodía porque su autor tiene el poder del oído, aunque no infalible (no quiere serlo), pero tiene el don y el afán del poema como canto. Así este poeta serenense de 23 años que ha elegido para la solapa de su hasta ahora único libro una fotografía donde fácilmente podría confundirse con el gato de Cheshire, este sujeto a medias entre el enfant terrible y el vampiro, este provocador duro que sin embargo en su trato personal es gentil y algo tímido, ha emplazado la piedra basal de su edificio en desarrollo poético temprano y seguro con el poder germinal de los lenguajes que problematizan la realidad y no que la acogen descriptiva o pasivamente. Desde acá sólo podemos desear que sepa decantarse y liberarse de lo que le sobra (el exceso de artificio y hermetismo talvez, cierta erudición oscurantista, puede ser), de lo que pueda pasmarlo como a los frutos demasiado sobajeados en los huertos de su maduración. Y puede prevalecer lo que tiene de rotundo (su fuerza genital, su desenfado, su musicalidad, su ingenio, su trabajo directo con el inconsciente y lo onírico en estado puro, lo sexual herético, lo ritual, la agudeza híper lúcida, la búsqueda de la belleza no como armonía sino como caos perfecto). Llegará su plenitud, que es como decir más de sí mismo.


Brevísima muestra poética


De “El Depravado y otras masturbaciones”, 2013:



PRIMER POEMA A LOS MOOMIN

¿Qué son los Moomin?
Se pregunta Dios
¿Qué son los hoombres?
Se preguntan sus ojos
donde no hay nadie
donde no hay nadie
En sus ojos
Ya no hay nadie
donde no hay nadie
donde no hay nadie
En sus ojos
ya no hay nadie...

Responde el niño.


ADIÓS

Adiós hermana, me voy a jugar a las tumbas
donde se sacuden las magnolias
iré a recolectar huesos
bailaré frente a la corona
y escupiré a la calavera,
gargajos de un azul sombrío
como el de la lengua de Satán
cuando lame el durazno
de nuestra madre hipnotizada.

Adiós hermana, iré a escarbar a otras tumbas
y no volveré jamás a pensar en tu lápida.
Ya saca el paño de tu cabeza
y limpia la espuma de mi boca.
No quiero que llores más.
Silencio, silencio…
cierra mansamente tus labios.
(eyaculación)


EL DEPRAVADO (Fragmento)

III

Allí van dos hombres
ambos acusados de quebrantar la moral.
Uno abusó de una sombra en una pescadería,
el otro,
es acusado de trazar contra su patria.
Bajo la lámpara azul de la cárcel
ellos se conocen

“Ven, alondra y absenta
ya que aún me siento solo
¿corazoncito por qué no cantas?
La sangre de plata
chilla entre mis dedos”

“Mi glande soporta el témpano de la escalera pulida
y dos caracoles siembran sus huevos en mi escroto.
Las uñas de mi madre crecen por mis encías.
Los dragones buscan al sapo que sube por la escalera,
sus hocicos son como trompetas de glorias antiguas.
Veo sombras de humo y semen en la pieza iluminada.
El rostro desfigurado del hombre
busca con su lengua mis párpados.
Quiere vomitar,
es por mi corazón
que eructa como un pedo.”

Amor a primera vista.
El egoísmo en ese laberinto
tejía rabiosas batallas por el arco.
Guerras de familias:
flatos contra pedos, ideales del hongo
que cambian de sexo sin el permiso de Satán
que se sienta en el retrete
a contemplar el caleidoscopio:
espejos de mierda
son los mundos que registra la cañería.

“Amo sus labios que son como una esponja.
Amo sus manos fuertes que juegan con mis pelos.
Amo su verga que moja mis calzoncillos
como si fuera una mosca hambrienta.
Siento, siento el hilo alzarse
sobre la selva que esconde mi pene
que está asustado en la guarida,
en el nido del faisán desnudo.
Abandonadas, todas sus plumas
adornan tu espalda,
que se vuelve roja cuando muerdes mi oreja
mientras susurras que me deseas.”

-No necesitamos el moco de pavo.
Deja prender con mi cirio negro
a la vieja que no muere,
a esa viuda blanca
que ora por tus testículos-

“Si sólo pudieras penetrar también mi boca
para no sentir el frío del diablo
que respira por el magma de tu carne.
¡Dolor! Marismas de noche en mi columna.
El universo expandiéndose en el ano.
La máquina de coser tejiendo mis huesos
porque tú me desarmas como un telar griego,
que se pudre como los ritmos del mar.
¡Dame de mamar yerba, mi amor!
¿No hueles mi boñiga engrasada?
también la siento en mi nariz.
Mi amor violento y sexual,
deja tu sangre en mi interior
antes que la época oscura
salga de los templos.”


De “Pesadillas del perezoso”, 2014-15:



CARNICERÍA TURISTICA

Inspirado en  El Faro, La Recova y todas sus otras mentiras

El mar parece un grueso filo de carnicero
que rebana el paisaje antes de conocer la playa.
Allí se pueden ver huesos y mariposas,
tetas de yodo, medusas de piel, algas oscuras;
todo desmenuzado por la mano invisible del sol
entregando la crudeza del Pacífico.

Hiede así la costa como si fuera una llaga
como el piso de una carnicería
cuando no se atiende más público.
Gueón, nunca vengas a Serena 
sólo verás mentiras.


LO SÉ

Seguirán naciendo hombres sin padre
que se lo chuparan gratis a otros hombres
y seguirán habiendo maestros
que rían mientras sus discípulos
pregunten al techo
«Padre, dime, ¿por cuántas monedas de cobre
me diste a dios?»  


LOZANO SEXO DE UNA LITERATA

Aún admiro la scutigera que llevabas en la frente
que amaste como el abrazo de las garras
cuando el crepitar era sometido.
Hoy te recuerdo muy lejos del poema
de esta tinta azul
de estos zafiros que esparzo
sin poder hablar de tus textos
y de tus labios,
pues sólo me atrae una fotografía de tu cara
con una inmensa scutigera en la frente.






***

Enlaces recomendados:




No hay comentarios: