sábado, 1 de agosto de 2015

ESTANCIAS CARCELARIAS

Mensajes (para) internos

Exclusivo para Revista La Otra Costilla N° 14. San Bernardo, Chile. 
Especial Talca.
Mónica Montero F., Editora General.
Colaboración de Silvia Rodríguez B., Gestora de Taller Literario, Penitenciaría de Talca
Colaboración especial: Leonidas Rubio

Maqueta borrador de portada




1

Vallejo fue recluso en la cárcel de Trujillo por la acusación injusta de participar en el incendio y saqueo de una casa de acaudalados comerciantes de ganado y alcohol. Vallejo estuvo encerrado 4 meses sin juicio y sin audiencia por sospecha calumniosa.  Recuperó su libertad bajo palabra en marzo de 1921, libertad y palabras vigiladas para una suerte que haría de ambas herramientas su única ley. Trujillo es la capital provincial del departamento de La Libertad, en la costa norte de Perú. Durante los meses de verano el calor húmedo y salado habrá sido el segundo castigo dentro del calabozo. Vallejo salió de allí con los cuadernos sucios de Trilce y un cuento que le daría la fortuna en un concurso poco después de su prisión. A veces es justa la venganza y casi siempre es dulce. La de Vallejo, llamado César Abraham, nacido en 1892 en Santiago de Chuco, Perú, fue cambiar el curso de la poesía hispanoamericana, estar hoy en todos los libros de historia de la cultura del continente y en todas las calles de Trujillo, la ciudad cuya cárcel mira al mar.



2

Verlaine y Rimbaud, 1870
Paul Verlaine cumplió una condena de un año y medio en una prisión de Bélgica por disparar contra Rimbaud, el joven campesino que decidió a su vez disparar contra todos los moldes de la vieja poesía francesa. Verlaine tiene 27 años cuando conoce al joven de 17 y lo amará y lo odiará tan arrebatadamente como la prisa que tiene por vivir y romper las estructuras de su tiempo. Antes de la prisión de hierro tuvo otras: la familia burguesa, un matrimonio teatral, un lenguaje castrado. Verlaine estuvo en prisión entre 1871 y 1873. Durante ese período escribió 32 poemas dedicados a la locura que lo hizo levantar el arma contra el ángel demoniaco que escribió “Toda luna es atroz y todo sol amargo”. Cuentan que el desafiante vagabundo llamado Jean Arthur levantó la mano derecha con un anillo entre los dedos índice y pulgar, diciendo “pasa la bala por aquí”. O talvez no fue así y eso ocurrió en otro sueño fatal que la historia guarda en la incógnita de las calles y las noches. Paul Verlaine apretó el gatillo contra esa mano, ese rostro, esa voz que atestigua que la belleza no es la armonía sino el caos perfecto. Su prisión duró 18 meses pero luego, fuera de ella, nunca más supo ser libre.



3

En 1895, a la edad de 40 años, el irlandés Óscar Wilde entró en la cárcel inglesa de Reading condenado a dos años de trabajo forzado por “ofensas a la moral e indecencia” después de probar que ni las clases sociales, ni la edad ni los reglamentos del sexo establecido son obstáculos reales frente al instinto, la ambición de amor o deseo o la naturaleza franca y desatada del sujeto humano. En el centro del castigo victoriano de piedra y hierro Wilde comunicó el pozo final de su caída con una carta extensa hacia la posteridad, tomando como pretexto a su joven amante Alfred Douglas para hablar de la traición y la mentira. Tituló De profundis su consigna trágica para un tiempo en que las puertas cerradas guardaban los secretos e hipocresías de uno de los reinos coloniales más poderosos y criminales de la historia, que se permitió la esclavitud y la matanza pero no la poesía de amores diferentes. 4 años después de cumplir su condena, Wilde moría en la pobreza y la vergüenza, pero hoy la historia de la literatura inglesa no puede ser contada sin un sitio de honor ocupado por él.
Wilde junto a Alfred Douglas


























Cárcel de Reading, Londres, sig. XVII





Cárcel de Reading, Londres, actualidad


























4



Reinaldo Arenas nació en Cuba en 1943 y murió a los 47 años en Nueva York después de salir de la isla por el puerto Mariel en 1980 cuando el Comandante autorizó salir a cerca de 200 mil cubanos despreciados por el régimen. Fueron despedidos por activistas contratados con carteles que decían “Afuera la escoria”. Entre esa “escoria” estaba Reinaldo Arenas, después de pasar 2 años en prisión por “conducta impropia”. Estuvo recluido en El Morro, una de las mejores réplicas del infierno de Dante que puedan caber en una pesadilla en tiempo real y carnal, el que se cuenta sin pausa. Reinaldo Arenas escribió 14 novelas y 3 libros de poemas que sintetizan la tradición y la ruptura cultural de un país, un continente y una lengua bajo amenaza, donde todos los cuerpos y todas las voces hablan de la libertad como reclamo urgente. Conoció el trabajo forzado y la tortura pero en las noches de La Habana también conoció los amores clandestinos. Se suicidó en 1990.


















Cárcel de El Morro, Cuba














5

Miguel Hernández murió a los 31 años de edad, en la cárcel de Alicante. Fue condenado a 30 años de prisión por la recién instalada dictadura del General Franco, pero no alcanzó a cumplir 3. Dicen que se le sepultó con los ojos abiertos.








6


Leopoldo María Panero ingresó en un hospital psiquiátrico en 1970, a los 22 años de edad, por petición de su madre. Por 10 años tuvo ingresos temporales hasta que en 1980 estableció su residencia en el hospital de Mondragón. La salud y la norma socialmente correcta fueron su cárcel de por vida, durante 34 años, hasta marzo del 2014. En la prisión-hospital instaló el reino imposible de la hiperlucidez poética, esa que con otro vestuario es llamada locura. Su palabra no acepta una libertad fácil.



Hospital Psiquiátrico San Juan de Dios de Mondragón, Guipúzcua, País Vasco, España

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