martes, 25 de agosto de 2015

PRÓLOGO A "ISOHILE (ḮϩṒҤ1Ŀ3)" DE PAULO SAN PÁRIS




LA CICATRIZACIÓN DEL NOMBRE QUE DEBIÓ SER


Los expertos en los engranajes de la usura dicen que las marcas ISO tienen 3 niveles de valoración del producto: 1.- un valor dado por la relación con las marcas asociadas; 2.- un valor dado por los costos de producción; 3.- un valor dado por los ingresos que genera. Siendo así habría que calcular cada uno de esos espejismos para contener (sin reducir) en una cifra/signo emblemático este territorio-cuerpo-página-país de la (no) maravilla que nos propone Paulo San Páris: "Isohile, es un cuerpo invertebrado aún, mezcla de “iso” la igualdad pura, y “Chile”, la desigualdad impura".

Para empezar, cuenta entre sus asociadas la marca registrada de una Lucila niña, vagabunda, a la intemperie de un país de ecos cuya dicción accidentada a la par de su geografía se hace voz-palabra-transparencia en la piel violentada, como una escritura de marcas de agua o como palabras cicatrices. "La niña es la sepultura de un País de Maravillas"; ese es un tramo anterior (2014) de ISOHILE (ḮϩṒҤ1Ŀ3), donde los recados de la niña huérfana Lucila son las voces en off de la Alicia en este nuevo tramo del mapa del Reyno, en que los mensajes de los otros llegan como ondas radiales mal sintonizadas, densas de espacio-tiempo intervenido, sin concordancias. Otras marcas asociadas entonces son estas escoriaciones de un locus de origen, un relato ab origine más bien, que es un registro de marcas y su hablante es la (de)marcada. Esas llagas-marcaciones en la piel o fisuras en la toponimia o cortes de tiempo en las dimensiones del registro son, entonces, la primera variable de estas asociaciones pervertidas por un valor asignado desde los lindes intermedios de la expresión, la historia y la memoria íntima de un/una hablante buscando su salida desde el otro lado del espejo.

En segundo término hay un costo sumatorio de intangibles para la obtención de este producto, resultado de ecuaciones que integran "La Tensión y los componentes del miedo" como ejercicio de comprensión química y física de "Las oligofrénicas Sustancias del amor Oscuro". Así un gráfico, así los ángulos para cartografiar un cuerpo-lugar de peso muerto y coseno de 73 grados, porque "Debemos ostentar la cabeza en forma de oscuridad, para provocar que ese 73 sea una carta jugable y dura (...)". Cifra que es edad y es año epónimo de un episodio colectivo de vigilancias y represiones que inciden en una corporización del miedo.
Por eso el libro está cifrado en su umbral con un número que es tirada de dados y abolición del azar en una réplica insospechada a Mallarmé, en la que 1973 se torna hito preciso y no casual de una fundación territorial alterna: el Reyno emplazado de la tribu en que una Alicia errante no es reconocida y debe repasar su historia desde la no-pertenencia a la (no) maravilla. Así el correlato de la historia del país real se superpone a una crónica sub-real de alucinaciones, de pulsiones visionarias, de sugestiones eróticas que interpelan personajes cruzados entre los determinismos de un/una hablante y los determinismos de un país en un intercambio donde el padre deviene tirano o víctima de su propia tiranía y la madre-matriarca deviene en reina ilegítima de la no-maravilla, luego niña herida, luego arquetipo de la orfandad, luego voz del propio poeta en su dimensión polarizada de identidades sexuales signadas con la X del cruce y de la tachadura-censura. Es ecuación compleja la apuesta de Paulo San Páris en este tramo de su mapa, suerte de hoja de cálculo donde "está la tensión de lo recto, el ángulo enfrentado a su recta figura media, con la cual escribir de nuevo la historia y la física de la cara bien lavada".

En la página 49 de "Lucila, Marca Registrada" el Recado de Los Tránsitos dice que este es el nombre que siempre debió tener Chile: "ḮϩṒҤ1Ŀ3 como mi cuerpo" porque "los incas se equivocaron, el nombre debería partir desde la igualdad no desde las alturas" (Op. cit., 2014). Esa isonomía o igualdad referencial es la ley utópica de la memoria contrastada con la asimetría de la realidad cuya concordancia forzosa sólo puede consignarse en la lengua aleatoria de la poesía, donde la voz en off de ISOHILE admite que "He bailado tanto con serpientes. He estado tanto bajo flores de papel / Para formar mi lengua definitiva, mis años definitivos". Entonces la tercera variable de este registro o marca o tatuaje del nombre que siempre debió tener Chile está dado por los ingresos de la reciprocidad, la igualdad no de identidades sino de esencias, donde los sujetos de esta entidad espacio-temporal distópica aspiran al re-nombramiento de un país bajo una alianza, porque "Vine para tener poesía sobre la vértebra más alta de las nuevas alianzas".

El texto-registro de estas marcas o cicatrices registradas se va haciendo más paródico y dialogante con la historia contingente hacia un desenlace de re-visitación del dolor, la pesadilla, la abyección de la tortura, así como va también convocando intertextos de resonancias abiertas, otras voces líricas, gráficas o musicales superpuestas al proceso resuelto de crearse un nombre como meta final, recuperar el Paulo hablante y autor que en la transformación de su lengua devino en Alonsa, Lucila, Alicia, Paula en un recuento travestido de marcas ISO indelebles, registradas a fuego en el idioma de este Reyno talado, donde el árbol pulmonar devuelve la respiración a un sobreviviente que ha venido para ejercer la juglaría de este tiempo insólito en que le ha tocado gestarse y nacer(se). El valor y peso específico de este intangible se calcula en definitiva en base a sus saldos, su silencio habitado y su convicción político-tribal de apostar por una nueva norma-ley (más justa, justificada, justipreciada) de convivencia. Si no es eso lo que ha venido a anunciar este Paulo re-marcado, que lo digan sus hablantes cuantiosos.



Leonidas Rubio
Premio Nacional de Poesía Eduardo Anguita 2013



                                                                                                                       

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