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sábado, 19 de septiembre de 2015

"RATTLE THAT LOCK" DE DAVID GILMOUR




Personalmente mi expectativa hacia Rattle that lock de David Gilmour no era tan alta y ahora al preguntarme por qué, creo que es justo decir que en la perspectiva de casi una década en relación a su álbum de estudio anterior (On an Island) aquél aparece perfecto y por tanto dejaba una vara muy alta no sólo ya para su autor sino también para sus seguidores. Si a eso agregamos los productos adicionales al álbum del 2006 con contenidos de la gira de promoción del mismo tendríamos que decir que el material precedente a Rattle that lock marca una inflexión proyectiva difícil de medir. En efecto Remember that night y Live in Gdansk son registros que potencian el contenido del álbum y ofrecen además una revisitación de los puntos más emblemáticos de Gilmour junto a Pink Floyd con una inventiva y una energía difícil de emular. Ha transcurrido casi una década en la cual el ya veterano músico se mostró hermético y distante de la idea de nuevo material, hasta que abruptamente se comunica a los medios el lanzamiento de The Endless River (noviembre de 2014) bajo el sello de Pink Floyd y simultáneamente se comenzó a crear el clima para un nuevo registro solista suyo. Precedido de 2 sencillos interesantes pero ligeramente distractores del concepto central del disco, éste finalmente concluye su misterio en el día de ayer 18 de septiembre.

Rattle that lock es bastante parejo en calidad pero diverso en lenguajes. Tiene casi de todo: momentos pop, rock, soul, acústicos, sinfónicos, vocales, instrumentales, blues, boulevard y hasta algún desliz techno en su versión extendida. Digo que los singles fueron ligeramente distractores porque de la audición del tema homónimo sumado a "Today" bien podría crearse la idea de un álbum de alto volumen y ritmos enérgicos, con compresores de estudio trabajando a mil por hora. Pero no es así. Se trata de un disco con una alta dosis de melancolía, música reposada, meditada, interpretada oficiosa y cálidamente. Gilmour, nada modesto, ha vuelto a invitar al compositor Zbigniew Preisner a aportar orquestaciones filarmónicas pertinentes en momentos estratégicos de las piezas mayores del álbum. El polaco ya había sido convocado en el álbum del 2006 y en el monumental concierto en Gdansk editado el 2008, donde se tiene el privilegio de asistir a la reunión de estos dos músicos legendarios en una colaboración óptima.

Gilmour es un músico que ha llevado muy lejos la fusión contemporánea y ha hecho no pocos de los capítulos más importantes y memorables de la historia del rock clásico. Era difícil predecir qué disco haría a sus casi 70 años, cuando no mucho antes respondía al requerimiento de nuevo material diciendo "déjenme envejecer tranquilo". El resultado es un disco redondo, que se beneficia de audiciones reiteradas, con una lírica y una armonía desarrollada con paciencia y experiencia aplicada.

Personalmente me parece que el tema homónimo y las canciones "Faces of Stone", "Dancing Right In Front of Me" y especialmente "In Any Tongue" (el preludio con el silbido es escalofriante, aprovechado con inteligencia máxima) son el punto mejor logrado, dramático, espléndido, con melodías de aire filmográfico y arreglos sinfónicos admirables. El tema "The Girl In The Yellow Dress" (La chica del vestido amarillo) es una página deliciosa que, no obstante, pudo ser mejor si se hubiese arriesgado con un contrapunto entre la guitarra y el saxo, cuestión que el oído espera ansiosamente y nunca llega. 

La ecualización de "Today" no es de mi entero gusto, si bien acepto que se le quiso dar un sonido de garaje que importa al concepto, pero la voz demasiado intervenida por efecto delay termina haciendo una página levemente aislada, accidentada dentro del relato musical cuyo temperamento de salón prevalece. Los instrumentales son discretos, introspectivos, minimalistas, no deslumbrantes. Con todo, debo decir que el disco supera esa expectativa entre moderada y difícil que planteo al principio de esta nota. Por lo demás, no tiene caso negarlo, David Gilmour es un músico que siempre conquista audiencia con el peso de su historia y su imagen artística y ética intachable, complicando cualquier esfuerzo de objetividad que se quiera tener frente a su obra.






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