sábado, 24 de octubre de 2015

Lanzamiento de "EL LIBRO DEL VÓRTICE", DE JORGE OJEDA


Este miércoles 21 de octubre de 2015 a las 19.00 horas se llevó a cabo el lanzamiento de "El Libro del Vórtice" de Jorge Ojeda en dependencias de la librería Qué Leo de Concepción (Paicaví 128, Plaza Perú). El evento estuvo organizado por Casa Litterae Ediciones con la colaboración de la propia librería.

La ocasión contó con una moderada pero pertinente concurrencia, entre los que se podían contar escritores de trayectoria y presencia cultural ineludible en el panorama literario penquista como Egor Mardones y César Valdebenito.

La presentación estuvo a cargo de Leonidas Rubio, prologuista del libro, junto a Leonardo Ojeda y el propio autor, Jorge Ojeda. Luego de una síntesis crítica fue exhibido un diaporama preparado por Casa Litterae Editores y finalmente una ronda de preguntas y conversación con el público.


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Palabras de presentación de Leonardo Ojeda:

Bienvenidos al OPUS DEI BAR. Y esta tarde frente a ustedes tenemos a sus tres fundadores, Leonidas, Endimion y Dead Man. Bienvenidos al primer bar nómade de la historia cuyos miembros le otorgan vida donde ellos se hacen presente. Intente sintonizarnos mentalmente, apoyados por un viejo crono visor, mientras escuchan entre sus paredes agrietadas a la futura banda “Parra Matta a Maqueira”. Hoy es 21 de octubre del 2015 y como Marty McFly, aquel personaje de la película Volver al Futuro, justo hoy se cumple aquella fecha para volver a encontrarnos con el Dr. Brow, quien seguramente esta tarde viajará a través del tiempo para evitar que esta presentación no esté exenta de todo riesgo, pues una de las predicciones que no acertó fue el lanzamiento de este libro, “EL Libro del Vórtice: un modificado como teleportador”.



Antes de entrar en la pelea de fondo quiere leerles algo que grafica muy bien a nuestro invitado:


“Me volví irreal hace años.
No tengo ningún control
sobre mis apariciones y
desapariciones, ya no me
importa cómo comenzó todo
esto.
Desde entonces sólo puedo
desplazarme en los sueños 
de otros…”

Fragmentos del texto "El irreal" de "Notas Para Un Probable Libro de Poesía: El Hombre de Endimión". Fotografía sacada en agosto del 2011 antes de fraccionarse mientras observa una de las columnas de las PUERTAS DE TANNHÄUSER.


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Palabras de Leonidas Rubio: fragmentos del prólogo de "El libro del Vórtice":



ESCRITO FUERA DEL VÓRTICE


Desde atrás todo se ve como chatarra fundida





Hay un paisaje lunar pero no es la luna. Es una estepa de la villa más o menos miserable que uno tiene (a cada uno le toca la suya) desde el horizonte, o la ciudad desde un balcón que emergió o pervivió del desastre o un cerro urbano que recuerda los pobres intentos de configuración que llamamos pasado. Hay un terremoto que siempre está por llegar y su preludio se funde con la resaca del anterior en un ruido que persiste en la cabeza. Ese libro se está escribiendo y su lengua no puede ser la historia ni el ensayo ni el relato ni la poesía sino todas a un mismo tiempo. Se llama Exo-Poesía. Es el cadáver viéndose a sí mismo desde el extremo opuesto de un cordón dorado que lo ata al último ápice de realidad. Es la torpe conciencia diurna imaginándose a sí misma o dibujando a su sujeto con un trazo borracho pero aproximadamente aceptable frente al vértigo de la proyección holográfica. Es un fracaso pero al menos es un bello fracaso. Jorge Ojeda transitó ese periplo en la penosa forma del accidente dimensional a través de un reflejo marcado en una placa de material denso donde quedó grabado el paso de unos pocos fantasmas, suficientes para percibir una trayectoria y acaso la emoción de haber tenido un cuerpo. Pero ese estado pasó, periclitó en el vacío. Estamos desde el otro lado. Es AKA, un archivo metafísico, una melodía de luz, una anti-materia registrada en una anti-palabra, algo que se debe reconstituir y en ese ejercicio solitario de la mecánica emotiva (sí señor, el cableado del sistema límbico), se convierte en algo que ocurre mil veces, pero cada una es indivisible, cada una es 'sólo para tus ojos'. AKA por cierto es un concepto sánscrito que alude a una memoria omnicomprensiva y supratemporal. El autor podrá decir que es todo lo que quiera (ver entrevista Casa Litterae 2011) pero es también eso.



Vamos por parte. Jorge Ojeda, el escribano de ese registro, entrega un informe el año 2006, en un compendio de textos numerados no correlativamente, con la rúbrica de unas hipotéticas Ediciones del Nómade cuya gráfica se sabe Invisible, no obstante unas hojas pegoteadas de modo escolar y aplicado, donde se da cuenta de un asunto que debió ser imposible: la escritura de un viajero durante su desplazamiento, como un cuadro cubista donde las formas se diluyen en las aristas porque el ojo re-capacita en su videncia. Debió ser imposible, salvo por algo: nada se pierde y todo se transforma. En ese transformarse, Ojeda siempre está en movimiento, presume estarlo. Habla siempre un lenguaje nómade, presume hablarlo. Más a contrapelo de aceptar una pose que de adoptar una aceptablemente, Ojeda ha hecho una poética de su no estar, su no tener, su no pertenecer. El año 2010 da otro paso en su exo-registro, su oficio de mirarse desde afuera: 'El Hombre de Endimión', por una editorial signada en el aire, el sueño activo y continuo del que una sola ausencia modifica la realidad de modo irreparable. Así esta exo-poética se nutre de una percepción pitagórica pero no euclidiana, desarticulada en su trazo matemático por vía de un tránsito desprogramado, resuelto en lo no calculado. Es la vivencia oblicua de Lezama Lima o el imprevisto golpe de dados que abolió el azar alguna vez, por allá por los urinarios del absenta que hoy llamamos Parnaso. Endimión sueña y su relato es un probable libro de poesía para una improbable realidad: "...hasta que / te convences que cualquiera puede / caminar sobre vidrios astillados / si están lo suficientemente juntos" si bien ese adiestramiento tiene por costo la visión omnívora o la agotadora híper lucidez, "revolcándote en su primario fango / sublimador, aunque ya no puedas terminar / ningún poema…". A resultas de ese episodio Jorge (me lo ha dicho) detesta ese libro, su único compendio de poemas propiamente tales.



Y así es como Jorge Ojeda renunció a la poesía y entró en los ámbitos de la inter-expresión, propia de los intersticios espaciales en que habita. Una escritura que convoca otras materias de plasmación en la Babilonia promiscua de las disciplinas. Lo cinematográfico, lo plástico, lo épico, rara vez lo lírico, lo musical estridente de un aparato reventado por los decibeles, por tanto el ruido, la estática, la interrupción, la digresión ensayística, la cita inoportuna, molesta, incómoda, los ritmos urgentes, compulsivos de los apestados o los condenados a muerte por el bando de un gobierno secreto sucesor de las devastaciones. Se diría y se ha dicho 'post-apocalíptico', pero ese concepto merece una objeción. Lo apocalíptico remite a la era cristiana, en tanto el Apocalipsis es un libro profético que anuncia la llegada de un mesías en una escenografía catastrófica. Aun aceptando el decorado no se divisa la presencia de algo divino, a no ser la abismante constancia de la ley de correspondencias trazadas a escuadra y compás por el Anciano de los Días de Blake.


En los lindes astillados del limbo

Tenemos un nuevo informe: EL LIBRO DEL VÖRTICE. Ahora el hablante es un teletransportador modificado (sic) y su registro es el mensaje embotellado a la deriva de elipsis temporo-espaciales. Probablemente estas páginas no fueron emitidas sino en el futuro de una bilocación desde la cual caen, se filtran, se asoman a lo que entendemos por presente. En cuanto tales, las examinaremos por texto y no por sueño.


Estamos frente a un libro extravagante, es decir, cuya vagancia es extrema. Estamos frente a un libro excéntrico, es decir, sin centro específico, aunque bien podríamos repetir aquel aforismo atribuido a Pascal que repetía Borges, que en realidad se remonta a los pre-socráticos: "...su centro está en todas partes y su circunferencia en ninguna". El apotegma pretendía definir a Dios pero en boca de los místicos y panteístas fue adquiriendo una arista ligeramente irónica, no tanto (pero algo) en la línea de la 'ironía' romántica como la entendió Paz sino más bien en el sentido en que lo aplicó Alfred Jarry al definir su imposible -infalible- ciencia/acertijo/charada/puesta en escena de la llamada patafísica. El AKA supone un retorno cíclico de la energía bajo nuevas formas-fórmulas de organización material. Despedido de ese vórtice o cabeza de ojiva u ojo de maelstrom centrífugo, aparece este registro. Su contexto de ficción científica lo sitúa en un conflicto, una orfandad de enunciación. Como tal, el poema argumental se alimenta de las paradojas de la percepción. En cuanto enunciado, el relato intenta un lenguaje híper vinculante a la manera de los textos del ciberespacio. Parodia de expediente, parodia de enciclopedia, collage de micro-cuentos, guión fallido, libreto para una performance desquiciante, abusos de la interferencia más prestigiosamente llamada referencia intertextual, este libro fue 'empeorado' por su autor con prolijidad, fue despojándose de lirismo al máximo que le fue posible. "Si no te sientes capaz de ser más infeliz, aléjate de este engendro artístico", dice en otro estadio de sus apuestas exo-poéticas, Los Pergaminos de Mad-Max, convenientemente incompletos hasta ahora. Ahora bien, la paradoja es como el ouróboros alquímico: muerde su cola dialécticamente. Las poéticas de expansión de la conciencia perceptiva nacen con las vanguardias, se alimentan del onirismo, el psiquismo y lo que alguna vez fue llamado paranormal, desde el post-romanticismo hasta el surrealismo. Es decir que esta propuesta es nueva de tan vieja. Segunda paradoja: lo interdisciplinario en poesía es el lugar común de los lenguajes mixtos, pero en lo que respecta al texto, no hay salida: poesía escrita es siempre ese texto, no otro. Tercera paradoja: la ciencia ficción desafía al positivismo normativo desde una exasperación del propio racionalismo. Es rizar el rizo de la evolución del pensamiento aristotélico, que no por nada fue usado en su versión tomista para la comprobación de la existencia de dios. Es por tanto una instalación del lenguaje detentor del poder social, el Poder a secas, que ingenuamente desafía con las mismas armas del adversario.

No me resulta enteramente admisible llamar ciencia-ficción a esta poética. El susodicho género es una técnica de la mistificación creíble. Es un arte de impostar siguiendo el juego de las rutinas que la ciencia da por deducciones empíricas. Es una apelación a la autoridad intelectual y en último grado una falacia, por tanto. Lo que hace creíble un axioma científico es su aplicabilidad o materialización tecnológica. De lo contrario es una pura abstracción, como la teoría cuántica. Por esta vía los científicos devienen en los nuevos Sumos Sacerdotes de verdades oficiales que el resto de la sociedad debe dar por ciertas, confiriéndoles un poder infalible por efecto de los dogmas que consagran en sus templos-laboratorios, a los que el común de los mortales no tenemos acceso, y cuyo lenguaje ultra especializado nos está vedado. 

Yo la llamaría poesía tecno-profética. Pero por cierto que el propio autor ya la ha bautizado con suficiente mérito y por si fuera poco, él, como todo autor, se debe a sus pares y a la asignación de identidad que ellos le apliquen. Siendo así podemos consignar a Jorge Ojeda entre los poetas de la pléyade penquista que surge a principios de la década de los 80 y ya en los 90 lo encontramos dando cuenta de este proyecto integral en varios capítulos de los cuales las publicaciones no dan una clara correlación, que consta de al menos 5 títulos paralelos. Con menos perfil público que algún contemporáneo suyo, Ojeda declaró sus intereses temáticos en esta causa mucho antes que cualquiera que se haya proclamado después una marca registrada del género. Pero está bien así, porque en realidad no hay género ni pertenencia. Ojeda es también un mosaico de fragmentos dispersos en antologías, lecturas, oralidad improvisada en antros, con su presencia fantasmal en el mapa de la poesía chilena actual. Es un personaje de sus propios mitos urbano-galáctico-catastróficos. Es la poesía que se está diciendo mañana.



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Texto de "El libro del Vórtice: Un modificado como teleportador":





"Drusa cristalina* como abeja ebria

- Roca sedimentaria detrítica formada por diversas capas de yeso, agua y arena con la capacidad de orientación perturbada y la función motora disminuida.

- Este conjunto de formas lenticulares entrelazadas forma cristales muy bellos que vuelan sin dirección o caen fulminados a tierra firme.

- Su forma recuerda a la rosa, en este caso pétrea.

- Su comportamiento en vuelo es similar a si estuviera ebria.**
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*El encanto del material drusa es fácil de entender debido a la multitud de pequeños cristales que proporcionan una superficie reflectante que recuerda al azúcar o a la nieve.

**Las drusas trabajan en conjunto, desprenden luz propia, son como pequeños cristales individuales que se han unificado para llevar a cabo su tarea de luz."

(pág 47)


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Jorge Ojeda nació en Coyhaique en 1963. Fue alumno de Licenciatura en Español y Filosofía del Depto. de Lenguas de la Universidad de Concepción, UDEC. Fue coeditor de las antologías "Ecos del silencio" y "1999 Concepción" (ambas Ediciones MALAFACE, 1998 y 1999 respectivamente).

Ha publicado los siguientes libros: 

-Aka: Sólo para tus ojos; 2006; Colección del Nómade; Ediciones Gráficas Invisible.

-Notas para un probable libro de poesía: El Hombre de Endimión; 2010; Colección la Bestia Mágica; Editorial Al Aire Libro.



-El libro del Vórtice: Un modificado como teleportador; 2015; Casa Litterae Ediciones. 



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Nota:



Fragmento del prólogo original de L. Rubio para "El Libro del Vórtice", que fue censurado de la edición definitiva por Jorge Ojeda:










Historia doméstica que sólo puede ser contada acá

Corría el año 1984, cuando yo tenía unos 14 años, y ya era notorio para mí que existía algo llamado poesía, que era una forma de decir otras cosas y decirlas de otro modo. En mi incipiente conciencia estética ese algo se aparecía como un friso exclusivo donde las cosas y las personas adquirían dimensión caleidoscópica, aunque los rosetones móviles de aquella danza de formas no siempre tenían colores. Esbocé mis propias líneas que fueron llenando cuadernos casi siempre destrozados, primero cualitativamente por la severa opinión de Cecilia, mi hermana mayor, que ya estudiaba Licenciatura en Español en el Depto. de Lenguas de la Universidad de Concepción, y luego materialmente por mí, que ya sabía del poder no menos inquisidor del fuego. Así fueron los cosas sin grandes referentes a quien imitar (¿de qué otro modo podría aprender a escribir un niño?) hasta que cayó en mis manos un cuadernillo cuadrado y deslucido, de letra en tipografía Olivetti, con los poemas vencedores de un concurso X, publicado por ediciones LAR. Uno de los suscritos era Jorge Ojeda; un poema suyo era el nudo de esas páginas. Entre sus líneas se repetía la sensación de una arteria rota, que puede ser la prueba de que el universo es un solo organismo; una calle olvidada de Puerto Montt, una vena, un verso, una melodía, son accidentes complejos pero accidentes al fin: "cardonal mira al vacío, en serio lo mira, cardonal mira al vacío..." y esas palabras detonan en mi cabeza un abismo inopinado; estoy parado en él, veo la ciudad, veo cuerpos dispersos, veo seres infelices buscando un asidero. Se ha abierto otra visión en mí. No hay vuelta atrás. Desde ella debo hablar ahora."


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Enlaces recomendados:

Prólogo a "El Libro del Vórtice" (completo)

Entrevista a Jorge Ojeda por Revista Casa Litterae:


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Registro fotográfico del 21 de octubre, interior Librería Qué Leo (Paicaví 128, Plaza Perú, Concepción):









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