miércoles, 16 de marzo de 2016

UN POEMA TARDÍO DE LEOPOLDO M. PANERO


Y CAÍN MATÓ A ABEL

de "Conjuros contra la vida", Leopoldo M. Panero; 2008. En "Poesía completa (2000-2010)"; Colección Visor de Poesía; edición a cargo de Túa Blesa, Madrid; 2012.



Yo, Caín, soy hermano del bueno de Abel. Frecuentemente le hacía chanzas, a propósito del bien, diciéndole "Qué aburrido es ser bueno, es en el mal donde está el único bien": y me reía de él. Mi hermano era muy triste, como tristes son las ovejas: pero yo era pastor del ser. Porque el ser es malo, y enfermo: la vida es una enfermedad mental.

Yo, Caín, solía volver borracho a la choza donde habitaba con mi hermano: y obstinadamente me reía de él, enseñándole una oveja con el dedo gordo de la mano.

El atardecer era la hora favorita de mi hermano, porque era triste como él, y como el bien.

Mi hermano bebía agua, y yo bebía de mi hiel.

Mis borracheras eran de perorata, y en ellas hablaba obstinadamente del ser, y de la vida como un agujero negro, como el reino de la hiel.

Éramos una extraña pareja, porque nos queríamos y a la vez nos odiábamos, como dicen que el mal quiere al bien. Y es que dicen que el hombre odia al hombre, y a la vez le quiere, como yo odiaba y quería a Abel.

Y él, otro de los días que le golpeaba, gritó "Qué vergüenza estar vivo y no ser querido".

Hasta que al final, uno de los días en que como siempre volvía ebrio a casa, le golpeé hasta matarle. Y desde entonces su recuerdo me persigue, y me persigue el sol como un ojo, recordándome a Abel.

Y sin embargo, yo no moría, era un moribundo pero no me moría: y comprendí entonces que era Yo, Caín y no Abel, el condenado a la vida eterna.





























(Imágenes de Anthony Gayton; 
"Caín y Abel" -fotografía intervenida- 
y estudios I y II -fotografías- sobre el mismo motivo)




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