jueves, 21 de abril de 2016

LEGADO CULTURAL DEL GOBIERNO DEL PRESIDENTE PATRICIO AYLWIN (1990-1994)

(2ª parte)


Durante el gobierno de Patricio Aylwin se produjo una eclosión creativa y cultural, en especial a partir de la institución del FONDART en el año 1992. A partir de ese momento empezó a gestarse un debate sobre industrias culturales, utilización artística de los espacios públicos, creación de audiencias, libertad de expresión y otras corrientes de opinión animadas por principios emergentes, de contenido socio-político y estético que hasta ese momento habían estado en la inmersión y el ocultamiento producto de la censura o de la autocensura que auspiciaba el régimen militar.

En este período comienza a expresarse un discurso cultural crítico del sistema y del consenso democrático que dio gobernabilidad al país a partir de entonces. Este discurso era alimentado principalmente por segmentos académicos recién egresados, incorporados en carrera rápida a las cátedras tanto en las universidades privadas como en las tradicionales. Otro elemento influyente en esta corriente estaba formado por ex militantes de partidos de izquierda y ultraizquierda que fueron buscando una inserción social a partir de la expresión artística y literaria luego del fracaso de las posturas totalitarias y las militancias tradicionales a partir de 1990 no sólo en Chile sino en el mundo, salvedad hecha de la influencia que siguió teniendo el régimen castrista y la dictadura cubana dentro de un segmento importante de la población, en especial a raíz de la admiración que producían sus principales agentes promotores ideológicos internacionales, que eran los cantautores y escritores cubanos serviles a su régimen. Así es como llegamos a uno de los mayores hitos en materia de espectáculo artístico-cultural que se haya registrado en la historia de este tipo de eventos, con la visita de Silvio Rodríguez el 31 de marzo de 1990, a pocos días después de asumido el nuevo gobierno encabezado por Patricio Aylwin. El concierto en el Estadio Nacional estuvo revestido de una mística y un lenguaje muy propio de los eventos antidictatoriales, porque el cambio de gobierno aún revestía el carácter de hecho simbólico y la mantención del General Pinochet en la Comandancia de las FFAA aparecía como una continuidad del régimen militar en tensa coexistencia con el recién estrenado gobierno democrático elegido. Por otra parte existía la muy arraigada leyenda urbana de que la música de Silvio Rodríguez estaba prohibida en Chile, a pesar de que varias canciones suyas habían sido grabadas por intérpretes chilenos durante el régimen militar. A su vez la empresa Sello Alerce distribuía el catálogo completo de Silvio Rodríguez desde su primer álbum "Días y flores" en 1975 y, salvo una canción autocensurada por la propia empresa en ese álbum, tal prohibición técnicamente nunca existió. Las canciones del cubano también se escuchaban con frecuencia en las radios chilenas. Lo que sí es cierto es que la visita del cantautor era muy improbable durante los 17 años del régimen militar y a ningún productor se le habría ocurrido siquiera intentarlo. Siendo así, el recital de Rodríguez en el Estadio Nacional reunió al menos unas 80.000 personas motivadas por razones que iban mucho más allá de lo estrictamente musical. Asunto parecido ocurrió con el recital del cantautor catalán Joan Manuel Serrat el 1 de abril de 1990, evento que contó con la presencia de unas 55.000 personas entre los cuales se encontraba el propio Presidente Patricio Aylwin, que fue saludado por el propio artista y aclamado por la multitud. A estos dos conciertos emblemáticos del comienzo del gobierno de transición democrática se suman los conciertos organizados por Amnistía Internacional el día 12 y 13 de octubre de 1990 en jornadas donde se calculan más de 150.000 personas. En honor a la verdad estos conciertos tuvieron más significación política que artística pero cabe recordarlos como reflejo de la efervescencia social y cultural del momento, con una alta cuota de ansiedad colectiva.

Es el período en que se estrenan los fondos concursables de fomento artístico y comienza una alianza estratégica entre el Estado y la actividad artística. Durante el gobierno de transición encabezada por Aylwin se puede decir que este nuevo escenario cultural tuvo su marcha blanca y, como es natural, el acostumbramiento a las manifestaciones de lenguaje y contenido artístico diverso fue un proceso lento. Si uno mira en perspectiva aparece como sorprendente e incluso ingenuo el que se produjera polémica por las irrupciones de Las Yeguas del Apocalipsis o por la publicación del bastante mediocre libro de cuentos "Los ángeles negros" de J. P. Sutherland. Pasaría un poco más de tiempo para que alguien produjera una instalación de licuadoras enchufadas con peces ornamentales dentro o una casa de vidrio o una vaca en la azotea de un edificio como propuestas de instalación artística donde la audacia y la forma predomina sobre el contenido, pero si esa libertad y esos recursos de fomento existieron después para diversificar las manifestaciones de arte es porque hubo un antes germinal y macizo que fue el gobierno de la transición democrática liderado por Patricio Aylwin.


Cabe recordar también que durante el gobierno de la transición (1990-1994) recibieron el Premio Nacional de Literatura los escritores José Donoso (1990), Gonzalo Rojas (1992) y Jorge Edwars (1994) a los que se suma la distinción correspondiente entregada al poeta Eduardo Anguita (1988) como una seguidilla de reconocimientos pendientes a escritores de trayectoria y obra consolidada al margen del régimen militar y con equilibrio distante de la izquierda militante más sectaria. Son distinciones que restituyeron el valor tradicional de ese premio, perdido durante el régimen militar y que retoman la importancia del mismo no sólo dentro del impacto nacional y el valor en sí mismo de esos autores sino también validando la significación de esas obras dentro del contexto de la literatura hispanoamericana en forma abierta. 


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