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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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lunes, 30 de mayo de 2016

UN POEMA DE EZRA POUND

Ezra Weston Loomis Pound más conocido como Ezra Pound nació en Estados Unidos en 1885 y murió en Italia en 1972. En su trabajo como poeta y ensayista se propuso una poesía que fuera capaz de dar cuenta del proceso de acumulación cultural de la humanidad como un fenómeno continua. En cuanto tal, su poesía es ecléctica, basada en materiales deliberadamente dispersos. Se propuso una ruptura con el modernismo e incluso con las vanguardias apelando a una poética neo-clásica que pudiera recuperar las grandes eras de la cultura universal. Pound distinguía 3 grandes momentos de la historia de la poesía: (1) la antigüedad greco-latina, (2) la época dinástica china y (3) el arco que va entre la poesía provenzal y la poesía renacentista italiana. Con este proyecto incursionó en la paráfrasis y la traducción improvisada, oponiéndose a lo metódico y lo purista. Su poesía está llena de citas, interpelaciones, descripciones y quiebres temporales. Trabajó durante toda su vida el libro "Cantos". Hacia los años 40 se fue involucrando más en las teorías políticas del momento, esbozando un modelo de sociedad utópica no basada en la aplicación de interés al dinero y capaz de representar una colaboración de clases que buscara la dignificación del trabajo como valor fundamental. Por lo mismo fue contrario a la economía basada en el capital trasnacional y el control estatal de los medios, con lo cual llegó a adherir finalmente al fascismo italiano. Durante los años de la II guerra mundial fue propagandista del Estado Italiano principalmente en medios de prensa escrita y locuciones radiales donde llamaba a la deserción a los soldados norteamericanos. Tras la derrota de Italia fue detenido por el ejército partisano (brazo armado del PC italiano) y entregado a EEUU, donde fue juzgado por traición. Gracias a campañas diplomáticas internacionales de la intelectualidad de todos los sectores políticos, se le conmutó la pena de muerte por la declaración de insanidad mental y fue recluido en un psiquiátrico durante 12 años. Fue liberado en 1958, trasladándose a Italia donde se volvió a concentrar en su obra, volviendo a la traducción paródica principalmente de Dante. En esa etapa se transformó en una especie de figura de veneración, admirado y venerado por poetas de todos los segmentos ideológicos que han reconocido en él al gran transformador de la poesía anglosajona moderna. Fue influyente en la generación beats, al punto que el propio Allen Ginsberg lo ha reconocido como su maestro. En el ámbito hispanoamericano ha sido Ernesto Cardenal el poeta que más recientemente le ha tributado influencias. Murió en Venecia en 1972 a la edad de 87 años.






CARTA DEL APARTADO

A So-Kin de Racuyo, antiguo amigo y Canciller de Gen:
Recuerdo cuando me hiciste un bar particular
En el extremo sur del puente de Ten-Shin.
Con oro reluciente y transparentes gemas pagábamos los cantos y las risas.
Y pasábamos ebrios un mes tras otro, sin pensar en el rey ni los príncipes.
Hombres sabios venían por el mar y la frontera occidental
a entenderse con nosotros.
Y era nada para ellos cruzar el mar o las montañas
para estar en nuestra compañía.
Y hablábamos todo, sin pesar ni ocultamientos.
Después fui confinando a Wei del Sur,
Encerrado en un bosque de laureles,
Y tú hacia el norte de Raku-hoku
Hasta no haber entre nosotros más que añoranzas y
memorias comunes.

Y luego, cuando era ya insufrible distancia,
Nos reencontrarnos y fuimos a Sen-Go,
Siguiendo los mil remolinos de las aguas sinuosas
Hasta un lugar resplandeciente con millares de flores,
Que era el primero de los valles,
Y luego otros mil valles llenos de voces y del rumor  de los pinos en el viento.
Y con sillas de plata y riendas de oro
Salió a encontrarnos el capitán Kan del Este y su comitiva.
Y vino allí también el verdadero mandamás de Shi-yo, a darme a la bienvenida
Sonando un órgano de boca incrustado de piedras preciosas
Y en las casas de dos y más pisos de San-Ko nos obsequiaron más música Sennin,
Con muchos instrumentos, como un coro de Pichones de Fénix.
El mandarín de Kan Chu, ebrio, bailaba, porque sus largas mangas no conseguían estar
                                                                       [quietas
Con la charanga de aquella música.
Y yo, cubierto de brocados, me dormí enrollado contra mis piernas,
Con el espíritu tan encumbrado que me hallaba en el séptimo cielo,
Y antes del fin del día nos dispersamos como estrellas o lluvia.
Yo me tenía que marchar a So, muy lejos todavía aguas arriba.
Tú regresaste a tu puente del río.
Y tu padre, que era un leopardo valiente,
Gobernaba en Hei-Shu, y sometió a los bárbaros.
Y un mes de mayo te mandó a traerme, a pesar de la enorme distancia.
Y con las ruedas rotas fue un duro viaje sobre caminos retorcidos como tripas de chivo,
Y yo que caminaba todavía a finales de año bajo el viento cortante que soplaba del norte,
Y me preocupaba el gasto pero tú procurabas lo necesario para pagarlo.
Y ¡qué recibimiento!
Copas de jade oro, platos enjaezados en la mesa enjoyada toda.
Y yo borracho, sin pensar en el regreso,
Y tú caminabas conmigo hasta el extremo occidental del palacio
Hasta el templo dinástico, rodeado de agua como jade azul claro,
Con canoas bogando, y el son de las armónicas y tamboriles,
Y las ondas parecidas a escamas de dragones, imitando el verdor de la yerba en el agua,
El placer prolongado en compañía de las cortesanas, yendo y viniendo sin estorbos,
Con las pelusas de los sauces cayendo como nieve,
Y las chicas pintadas con bermellón, emborrachándose por fin al caer la tarde
Y el agua, de cien pies de hondo, reflejando sus cejas verdes,
-Unas cejas pintadas de verde son para verse bajo la luna tierna-
Y los muchachas cantando y respondiéndose con cantos unos a otros
Bailando en trajes transparentes,
Y el viento alzando el canto, hasta sacudir las nubes.
Pero todo esto tiene fin.
No se vuelve a encontrar otra vez.
Me fui a la corte a presentar examen,
Probé la suerte de Layú, ofrecí el canto Choyo,
Sin lograr promoción
Y regresé a las montañas del Este con la cabeza blanca.
Y más tarde, otra vez, nos encontramos en el puente del sur,
Y luego el grupo se deshizo, tú partiste hacia el Norte, para el palacio San,
Y si tú me preguntas cómo es que siento tu partida:
Tal como caen las flores al terminar la primavera,
Confusamente, en agitado remolino.
¿Para qué sirve hablar? -y hablar no tiene fin,
No tienen fin las cosas que el corazón guarda.
Llamo al sirviente,
Lo hago sentarse en los talones aquí a mi lado
A sellar este mensaje,

Y te lo envío hasta mil millas de distancia.

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