viernes, 17 de junio de 2016

ACTA PERDIDA DEL CRONISTA



Actas de (mala) fe, 2014, Mosquito Ediciones

















Vine a Tánger a aliviarme de la sífilis,
a recorrer esta ciudad sucia como si fuera mi cuerpo
limpiando con música sus calles, con leche de amanecer,
con saliva de lúpulo, con opio de nacimiento,
con humo de hierbas proscritas
que huelen a deseos quemados sin filtro.

Vine a Tánger para escuchar de otras maneras,
tocar o paladear las palabras de un modo curativo,
enrabiarme con Paul Bowles por no haber sido yo
ni por un segundo y en cambio yo que he sido Paul Bowles
en tantos crecimientos de mis uñas
no he visto el mismo desierto dos veces
y el cicerone me devolvió siempre las valijas vacías.

Vine a Tánger por el volumen de los acúfenos
en la memoria media de mi oído
y en la pobre moraleja de mi gentilicio.
Vine para ver el margen del Magreb, el amplio pecho
de su historia en las heces del Corán
y lamer sus zonas veladas hasta empalagarme,
seguro de que sólo la lejía de amor explica a la ceniza,
el pan de amor y nada más define a las migajas
y a la flor de musgo entre los dedos
que conduce a las más dulces formas de contagio.


B. Bertolucci; "El cielo protector".

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