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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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domingo, 28 de agosto de 2016

DARGELOS EN LA VIDA/OBRA DE JEAN COCTEAU

Dargelos en Les enfants terribles; film; J. P. Melville; 1950






Jean Cocteau somatiza el encuentro con Dargelos bajo el efecto de (o la forma de) una pedrada en el corazón. La escena está al comienzo de Les Enfants Terribles (1929): a la salida del liceo Condorcet los adolescentes ejercitan un simulacro de guerra a muerte con bolas de nieve y batallas cuerpo a cuerpo. Son ensayos de adultez y masculinidad con mal disimulada concupiscencia: ecos de la infancia y privilegios de la juventud: "Los muchachos siempre se imaginan lo peor, pero lo peor nunca se parece a lo real porque ellos no pueden considerar la posibilidad de la muerte".


La película de Jean Pierre Melville (1950) escrita por el propio Cocteau refleja el episodio de manera inmejorable. El joven buscapleitos Dargelos parado sobre una tarima le asesta un pelotazo de nieve en el pecho a Paul, el personaje alter ego de Cocteau. Éste pierde el conocimiento y es rescatado por Gerard, su eterno vigilante, especie de ángel de la guarda. El desmayado Paul es conducido a la oficina del director donde también ha sido citado el francotirador en calidad de reprendido consuetudinario: "¡Dargelos, usted otra vez, naturalmente!". En la oficina se debate que "una bola de nieve no puede producir tanto daño". Gerard sostiene que el proyectil contenía una piedra. Paul lo niega para proteger a Dargelos. El razonamiento de Gerard sobre el desmayo de Paul se funda en la misma razón que el encubrimiento de Paul hacia Dargelos: el amor. En Jean Cocteau el concepto de amor comparte la misma sustancia del aturdimiento pasional. El proverbial flechazo de Cupido reviste en Cocteau la dimensión de un pelotazo de nieve con la fuerza de un piedrazo. A su emisor le atribuye el don de conjurar la belleza. Sin embargo esta percepción de lo bello sólo responde al receptor. En el caso de Gerard, su amor por Paul es fuerza moral: debe protegerlo y responder por él. En cambio Dargelos es poseedor del fuero amoral de lo irresistible, su atracción es agresora. Es el tópico del amor fatal y la belleza cruel: "Son inmensos los privilegios de la belleza, actúan incluso sobre aquellos que no la ven". Esta frase se repite en "Les enfants terribles" y en "El libro blanco" (1928), escritos casi simultáneamente, si es que es posible detectar con precisión los momentos de una y otra obra en la trayectoria de Cocteau, un hombre capaz de crear bajo el paroxismo hiperquinético (3 libros en un año, un mural en pocos meses, una película, etc). Los materiales de Cocteau se están siempre recreando y retroalimentando. Así repasa el episodio de la bola de nieve en "Opio. Diario de una desintoxicación" (1930):

"La bola de nieve de Dargelos era una bola de nieve durísima. Ahora, he leído tantas veces, me han dicho tantas veces "esa bola contenía una piedra", que ya dudo. El amor hace presentir. ¿Habrá Gerard adivinado la verdad?"

Admite, entonces, que la bola de nieve es un presagio y que bien puede ser o no ser cierta. Admite también que cuenta con el amor de Gerard y le atribuye a ese amor, como al suyo por Dargelos, un poder clarividente. Luego continúa en "Opio":
"Yo no sabía que el libro empezaba por una bola blanca y terminaba en una bola negra, ni que Dargelos era el que enviaba las dos. Aire premeditado de los equilibrios instintivos."

Ahora bien, esta figura emblemática de Dargelos parece inseparable del episodio epifánico de la bola de nieve y el desmayo. Pero es en "El Libro Blanco" donde Cocteau más se detiene en una descripción física  de este personaje. Recordemos que "El Libro Blanco" fue publicado bajo pseudónimo aunque su autoría era más que evidente, y recordemos también que este libro ha sido visto como un registro de su iniciación amorosa con énfasis en la toma de conciencia de la homosexualidad. Sin embargo, puesto en perspectiva, no es un relato restrictivo de la experiencia homosexual sino simplemente expresivo de la iniciación amorosa. Nada de lo que se relata en él es privativo de una orientación sexual determinada sino al contrario, puede verse como extensivo de cualquier despertar sexual: lo clandestino, el morbo, la fantasía, el miedo, la impericia, la ansiedad, la curiosidad, la mala suerte, el despecho, etc.

En "El Libro Blanco" el narrador  anónimo encubridor de Cocteau describe a Dargelos con rasgos de titán en estado salvaje:

"Uno de los alumnos, llamado Dargelos, gozaba de gran prestigio debido a una virilidad muy por encima de su edad. Se exhibía con cinismo y comerciaba con un espectáculo que daba incluso a los alumnos de otras clases a cambio de estampillas raras o tabaco. Los lugares que rodeaban su pupitre eran lugares privilegiados. Vuelvo a ver su piel morena. Por sus pantalones muy cortos y por sus calcetines que caían hasta los tobillos, se adivinaba el orgullo que sentía por sus piernas. Todos llevábamos pantalones cortos, pero a causa de sus piernas de hombre, Dargelos era el único que tenía las piernas desnudas. Su camisa abierta liberaba un cuello ancho. Un poderoso rizo se le torcía en la frente. Su cara de labios un poco gruesos, de ojos un poco rasgados, de nariz un poco chata presentaba las menores características del tipo que debía llegar a serme nefasto."

Vemos así que el episodio de la bola de nieve no está incluido en el registro más biográfico o menos literario de sus experiencias de iniciación sexo/amorosa. En contrario, sí está consignada la tendencia al desmayo pasional, puesto que en las primeras páginas de "El Libro Blanco" el narrador relata que la primera vez que vio un muchacho desnudo perdió el conocimiento. La escena ocurre en el campo aledaño a su casona familiar, donde ve repentinamente a un joven granjero desnudo cabalgando sobre un caballo de labranza. El furtivo testigo tiene alrededor de 12 años y la imagen le resulta fulminante:

"Me zumbaron los oídos. Se me congestionó el rostro. Mis piernas se quedaron sin fuerza. El corazón me latía como un corazón de asesino. Sin darme cuenta, se me nubló la vista y no me encontraron sino luego de cuatro horas de búsqueda. Una vez en pie, me cuidé en forma instintiva de revelar el motivo de mi debilidad y conté, a riesgo de quedar en ridículo, que una liebre me había espantado al salir desde los macizos".

Dado ese antecedente, el episodio del desmayo luego del pelotazo de nieve a la salida del colegio, adquiere otra significación, sea que la bola de nieve contuviera efectivamente en su interior una piedra, sea que la posteridad haya preferido convencer a Cocteau de esta circunstancia.

El relato sobre Dargelos en "El Libro Blanco" continúa con detalles categóricos:

"La presencia de Dargelos me ponía enfermo. Lo rehuía. Lo espiaba. Soñaba con un milagro que lo hiciera fijarse en mí, lo despojara de su altivez, le revelara el sentido de mi actitud, que él debía de tomar por una gazmoñería ridícula y que no era sino un deseo loco de agradarle."



Cocteau afirma que durante su infancia o pubertad en el liceo Condorcet ya era generalizada la intimidad homosexual entre compañeros, pero también afirma que ésta no revestía el mismo valor que tenía para él. Se refiere a un valor sentimental que le hace sentirse precozmente distinguido, con sentido de pertenencia en un ámbito diferenciado:

"Mi sentimiento era vago. No lograba precisarlo. Sólo sentía incomodidad o delicia. De lo único que estaba seguro era de que no se parecía en forma alguna al de mis compañeros."

El fuero del recuerdo y la emoción parece idealizar el episodio pero no deja de acusar siempre un golpe, la dualidad entre el miedo y el deseo. Por otra parte es la universalidad de los binomios de la experiencia amorosa: a medias entre la incomunicación y la seducción, la frustración y la plenitud, la brutalidad y la delicadeza, etc.

Queda de sobra consignado entrelíneas que en el ambiente masculino y en especial en el espacio consagrado del colegio existe una experiencia homosexual transversal y coexistente con el constructo normativo. Cuando Dargelos irrumpe en este panorama no hace más que adoptar un papel dentro del juego de roles, sin haber inventado nada. Lo que hace diferente el relato de Cocteau es la precocidad, la profundidad psicológica y el uso de las figuras retóricas que enfatizan el carácter de lo clandestino y el suspenso erótico. Así ocurre que:

"Un día, sin poder soportar más, me abrí con un alumno cuya familia conocía a mi padre y al que yo frecuentaba fuera del liceo.

"Cómo eres tonto —me dijo— es muy fácil. Invita un domingo a Dargelos, llévalo atrás de los macizos y asunto arreglado." 

¿Qué asunto? No había ningún asunto. Farfullé que no se trataba de un placer fácil de tomar en clases y traté inútilmente de usar palabras para darle forma a mi sueño. Mi compañero se encogió de hombros. "¿Para qué —dijo— le buscas tres pies al gato? Dargelos es más fuerte que nosotros (eran otros sus términos). En cuanto lo halagas, dice que sí. Si te gusta, no tienes más que echártelo."

El afán de Cocteau por buscarle "tres pies al gato" siempre le persigue y lo embauca. Es su debilidad:

"Admitiendo, pensaba, que Dargelos aceptase una cita conmigo, ¿qué le diría, qué haría? Mi gusto no sería divertirme cinco minutos, sino vivir siempre con él. En pocas palabras, lo adoraba, y me resigné a sufrir en silencio, pues, sin darle a mi mal el nombre de amor, sentía yo muy bien que era lo contrario de los ejercicios en clase y que no encontraría respuesta alguna."

El terreno en el que se maneja el (demasiado) joven Cocteau no es propicio para él, niño de clase media alta, sobreprotegido e hipersensible. Las cosas se desencadenan rápidamente. La sensación de vértigo se instala en su cabeza como una especie de engrama:

"Alentado por el alumno con el que me había abierto, le pedí a Dargelos una cita en un salón vacío después de la sesión de estudio de las cinco. Llegó. Había contado con que un prodigio me dictase cómo debía comportarme. En su presencia perdí la cabeza. Ya no veía más que sus piernas robustas y sus rodillas heridas, blasonadas de costras y de tinta.-

—¿Qué quieres? —me preguntó, con una sonrisa cruel.

Adiviné lo que estaba suponiendo y que mi petición no tenía ningún otro significado a sus ojos. Inventé cualquier cosa.

—Quería decirte—farfullé— que el prefecto te está vigilando.

Era una mentira absurda, pues el encanto de Dargelos había embrujado a nuestros maestros. Son inmensos los privilegios de la belleza. Actúa incluso sobre aquellos a los que parece no importarles nada. Dargelos ladeó la cabeza con una mueca:

—¿El prefecto?

—Sí —proseguí, sacando fuerzas del terror—, el prefecto.

Oí que le decía al director: "Tengo vigilado a Dargelos. Está exagerando. ¡No le quito los ojos de encima!"

—¡Ah! con que estoy exagerando —dijo—, pues bien, amigo, se la voy a enseñar, al prefecto. Se la voy a enseñar en la sala de armas; y en cuanto a ti, si me molestas sólo para contarme semejantes pendejadas, te advierto que a la primera que lo vuelvas a hacer te voy a patear las nalgas.

Y desapareció."


 J. Cocteau junto a Jean Marais
Esa desaparición del anti-héroe/profeta erótico en la vida de Cocteau reviste la significación de un mito privado, un paradigma de eternidad metafísica. Es una desaparición ritual que organiza en Cocteau un sincretismo personal, con su propio panteón, su propia resurrección en el posterior ángel Heurtebise a la vez que es el Orfeo protagónico de sus dibujos y sus películas claves. Así mismo es la búsqueda eterna del efebo genio/demonio o el mito surreal del que nunca podrá desprender su focalización erótica y estética: el enfant terrible que encarnará en su vida a través de Raymond Radiguet, Jean Desbordes, Jean Marais y Edouard Dermit respectivamente, todos ellos compañeros de un Cocteau cada vez más maduro, eterno protector y maestro de adolescentes narcisistas y talentosos, trepadores, que quieren triunfar en el mundo del arte y se aferran a la carta segura de este hombre polivalente que rompe todos los esquemas sin cerrarse jamás una puerta. Desgraciadamente no existe un concepto masculino para referirse a la idea de "musa inspiradora" (¿de qué distorsión del lenguaje depende esta carencia?), pero no es otra que ésa la significación de Dargelos en la vida de Jean Cocteau.

Ahora bien, de acuerdo al relato biográfico, el desenlace del Dargelos presumiblemente real fue tan brutal como su aparición:

"Durante una semana pretexté que tenía calambres para no ir a clases y no encontrar la mirada de Dargelos. A mi regreso me enteré de que estaba enfermo y guardaba cama. No me atrevía a pedir noticias suyas. Había rumores. Él era boy scout. Se decía que imprudentemente se había bañado en el Sena helado, que tenía angina de pecho. Una tarde, en clase de geografía, nos enteramos de su muerte. Las lágrimas me obligaron a salir del salón. La juventud no es tierna. Para muchos alumnos, aquella noticia, que el director nos dio de pie, no fue sino la autorización tácita de no hacer nada. Y al día siguiente, las costumbres se sobrepusieron al duelo."

Este estado de shock podría justificar el que no pocos comentaristas de la vida de Cocteau insinúen que el imparable multiartista -pese a su fácil seducción de jóvenes prototipos- sólo se dedicaba a las relaciones platónicas. El mismo dejó dicho en alguna parte (ya he olvidado la fuente): "el placer sexual no es algo de lo que yo haga demasiado uso". Podría sorprender, a menos que se tenga en cuenta este pasaje de "El Libro Blanco" que sirve de colofón a la secuencia sobre Dargelos:

"A pesar de todo, el erotismo acababa de recibir el tiro de gracia. Muchísimos pequeños placeres se perturbaron por el fantasma del hermoso animal ante cuyas delicias la muerte misma no había permanecido insensible."



La última pista y casi diríamos la más preciosa, está en el cierre de "Opio". Allí consigna un poema, el único de ese libro (formalmente hablando, ya que todo "Opio" no es sino un largo y sinuoso poema), al que refiere como adjunto de las últimas páginas de "Les enfants terrible": "poema que sirvió de puesta en marcha, después del regalo de las últimas páginas". Este poema sin titulación vuelve al momento epifánico de la bola de nieve y parece describir ya de manera resuelta el impacto erótico-numinoso del encuentro con Dargelos que hemos estado tratando de pesquisar en este artículo.



El poema original dice:



Ce coup de poing en marbre était boule de neige.

Et cela lui étoila le coeur.

Et cela étoilait la blouse du vainqueur,
Étoila le vainqueur noir que rien ne protège.
Il restait stupéfait, debout
Dans la guérite de solitude,
Jambes nues sous le gui, les noix d'or, le houx,
Étoilé comme le tableau noir de l'etude.
Ainsi partent souvent du collège
Ces coups de poing faisant cracher le sang,
Ces coups de poing durs des boules de neige,
Que donne la bauté vite a coeur en passant.

(1929)

En traducción de Alfredo Lavergne (Chile, 1951, Canadá entre 1976 y 2005, Chile actualmente) exclusiva para este blog, dice:

"Ese golpe con puño de mármol fue bola de nieve. 
Y eso, le estrelló, iluminó el corazón. 
Y eso, también estrelló la blusa del vencedor 
y estrelló al vencedor negro que nada protege. 
Quedó estupefacto frente a la garita de soledad, 
desnudas las piernas bajo el muérdago, 
las nueces de oro, el arbusto, 
estrellados como pizarrón de estudio. 
Así son a veces en el colegio 
esos puñetazos que hacen escupir sangre, 
esos puñetazos duros como bolas de nieve 
que la belleza asesta al corazón, al pasar."

Así es como el vencedor también es vencido y su proyectil (piedrazo, puñetazo, flechazo) en el blanco móvil del pecho es un punto negro de emisión desde el cual la muerte acecha e ilumina: la pequeña muerte cotidiana -petit mort- del placer y la otra, la mayor, que arrebata al objeto/sujeto del deseo para dejarlo estelado en un golpe de hielo.



15 de mayo a 28 de agosto de 2016, La Serena-Curicó.

(Para las citas a "El Libro Blanco" se ha usado la edición de 1995, México, Editorial Ponciano Arriaga; traducción de Arturo Vázquez Barrón.

Para las citas a "Opio. Diario de una desintoxicación" se ha usado la edición de 1969, Buenos Aires, Ediciones De la Flor; traducción de Julio Gómez de la Serna.

En caso de citas a este artículo se ruega respetar fuente y autor)

Dargelos en Les enfants terribles; film; J. P. Melville; 1950


***

Enlaces recomendados:

LES ENFANTS TERRIBLES (Los niños terribles)
Película completa, subtítulos en español:
https://www.youtube.com/watch?v=KbojQB4CnWs


http://malafepiedranegra.blogspot.cl/2012/08/jean-cocteau-1889-1963.html

http://www.mediafire.com/download/7wsgh5ib4qaegyb/opio+pr%C3%B3logo.pdf

http://www.mediafire.com/download/iw9gnxiv4aoz9u3/El-libro-blanco-Jean-Cocteau-1928.pdf

https://www.youtube.com/watch?v=SjFAk6RiuyU


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