sábado, 6 de agosto de 2016

LOS ROMANOV, FAMILIA IMPERIAL RUSA

Los primeros detenidos-desaparecidos del siglo XX



Familia Romanov y ramas colaterales


El 17 de julio de 1998, exactamente 80 años después del asesinato múltiple de la familia real rusa, se llevó a cabo el funeral de Estado para las osamentas del Zar Nicolás II, su esposa, 3 de sus hijas y sus 4 sirvientes. En la ocasión Boris Yeltsin, primer Presidente elegido democráticamente después de 70 años de régimen comunista-soviético, dijo en la ceremonia:

"El fusilamiento de la familia Romanov es el resultado de una intransigente división de la sociedad rusa en 'nosotros' y 'ellos'. Los resultados de esta división se pueden ver aún ahora. (…) Enterrar a las víctimas de la tragedia de Ekaterinburgo es un acto de justicia humana, un símbolo de unificación en Rusia y de la redención de una culpa común. Frente a la memoria histórica de la nación, somos responsables de todo. Y es por eso que yo estoy aquí, como ser humano y como presidente. Inclino mi cabeza ante las víctimas de estos despiadados asesinatos. (…) Al enterrar los restos de inocentes asesinados, queremos expiar el pecado de nuestros ancestros. Aquellos que cometieron este crimen son culpables, como lo son aquellos que durante décadas lo aprobaron. Somos todos culpables. Es imposible mentirnos justificando una crueldad sin sentido por motivos políticos".

¿Qué llevó a este hombre a hacer esa estremecedora declaración?


Los hechos

Sótano de la Casa Ipatiev con los rastros de la matanza
En 1918 Rusia se encuentra en guerra civil. Se enfrenta el ejército blanco también llamado menchevique, que agrupa diversos segmentos de la sociedad rusa de principios de siglo: soldados leales al Zar, anarquistas, socialdemócratas, sindicalistas y otros movimientos sociales. El otro bando es el partido bolchevique, de carácter marxista dogmático, encabezado por Wladimir Ilich Ulianov alias Lenin. El país es gobernado desde febrero de 1917 por Aleksander Kerenski, un legitimado líder social-revolucionario y diputado de la Duma. En marzo de 1917 el Zar abdica y casi un año después es trasladado junto a su familia por orden de Kerenski a la región de Siberia, no tanto con la intención de recrudecer su cautiverio como por la intención de protegerlos, ya que el presidente provisional sabía el riesgo que corrían para el caso que el bando bolchevique se hiciera del poder total. Cuando Siberia cae en manos del bando bolchevique el Zar Nicolás II y su familia se encuentran cautivos en la casa Ipatiev (que toma ese nombre por su antiguo propietario).



El 17 de julio de 1918 un comando bolchevique ejecuta al Zar Nicolás II junto a su familia completa y a 4 de sus sirvientes personales.

Los Romanov ejecutados en esa ocasión, fueron:

-Nikolái Aleksándrovich Románov, Zar Nicolás II, de 50 años
-Aleksandra Fiódorovna Románova, Zarina, de 46 años



Sus 4 hijas, las duquesas:

-Olga Nikolaievna Romanova, de 22 años
-Tatiana Nikolaievna Romanova de 21 años
-María Nikolaievna Romanova de 19 años
-Anastasia Nikolaievna Romanova de 17 años

Su único hijo, el príncipe (zarevich):

-Alexéi Nikolaievich Romanov de 13 años

Al momento del crimen el príncipe Alexéi tiene 13 años. Es por tanto el primer niño ejecutado y desaparecido por motivos políticos documentado en el siglo XX. María por su parte es una adolescente de 19 años. El niño Alexéi padecía hemofilia y está herido en una rodilla.

Junto a ellos fue ejecutado Yevgueni Botkin de 53 años, médico personal de la familia y 3 sirvientes cuyos nombres no son conocidos. En total 11 personas.

El pelotón de ejecución actuó bajo órdenes de Yákov Yurovski, quien recibió instrucciones del dirigente del Soviet Central Yákov Sverdlov, ambos de origen judío. Una vez ejecutados aparatosamente (hubo que concluir la faena con disparos a quemarropa y bayonetazos) los cuerpos fueron diezmados para hacerlos irreconocibles. Hay testimonios que señalan que así fueron rematados al menos una de las muchachas, una asistente y el joven Alexéi, los que no perecieron de inmediato dado el desorden generado en la balacera. Posteriormente los cuerpos fueron trasladados hacia unos bosques de Ekaterimburgo donde fueron incinerados, luego cubiertos de ácido y cal en dos fosas separadas. Es así como se puede afirmar que la familia Romanov y sus asistentes constituyen el primer caso documentado de detenidos desaparecidos de la historia del siglo XX y por lo tanto los comunistas son los primeros en practicar esta forma de eliminación de prisioneros políticos a través de agentes del Estado. Luego del crimen múltiple la facción bolchevique pierde terreno y abandona temporalmente el gobierno local.

El Zarevich junto a Rasputín
Última fotografía, en cautiverio


 El largo periplo para el reconocimiento de los cuerpos


Con posterioridad al asesinato múltiple de la familia Romanov la región de Siberia estuvo transitoriamente bajo el control del ejército blanco que había tenido considerables logros en las últimas etapas de la guerra civil. Bajo esa jurisdicción se nombró un perito a cargo de una investigación para dar con el paradero de los restos de la familia real. Este perito logró determinar que los muertos fueron la totalidad de los asilados en la casa Ipatiev, sin excepciones. También reunió los registros del procedimiento firmado por Yurovski. Por su parte la cúpula del bando bolchevique había echado a correr la versión de que sólo el Zar fue ejecutado y el resto de la familia se encontraba en lugar seguro, por lo cual se generó rápidamente una leyenda sobre la sobrevivencia de al menos 2 integrantes. En efecto una ciudadana alemana, Anna Anderson, se mantuvo hasta su muerte con la especulación de que ella era la gran duquesa Anastasia que habría sobrevivido. Un cazafortuna polaco hizo lo propio respecto a la identidad del joven zarévich Alexéi. Ambas versiones fueron descartadas mediante peritajes fiables.

En 1979 fue dinamitada la casa Ipatiev por orden de Boris Yeltsin que en ese entonces estaba a cargo de la dirección del PC soviético en Ekaterimburgo. Ese mismo año fue descubierta una fosa donde habían sido sepultados los restos de 9 de las 11 personas asesinadas. Ellos corresponden al Zar, su esposa, las hijas Olga, Tatiana y Anastasia y los 4 sirvientes. El hallazgo fue realizado por investigadores amateur. Debido a que aún se encontraba vigente el régimen soviético estos aficionados volvieron a ocultar los restos dejando registro de su ubicación para la posteridad. Es así que en 1991, basándose en esos registros y testimonios, comenzó el proceso de exhumación y reconocimiento de las osamentas. Luego de un riguroso proceso en laboratorios de criminalística tanto en Rusia como en EEUU, estos restos mortales ya plenamente identificados recibieron sepultura en la catedral de San Petersburgo el 17 de julio de 1998 en cofres de roble del Cáucaso de mediana dimensión. En una cripta de dos niveles se puso a los asistentes abajo y a la familia real arriba. Se observa como un gesto de reconocimiento humanitario el que todos los restos hayan sido sepultados en el mismo lugar que tradicionalmente se encuentra reservado sólo para miembros de la familia real.

Los restos de María y Alexéi habían sido hechos desaparecer en otra fosa que no fue descubierta hasta 2007, momento en el cual se comienzan peritajes para comprobar la identidad de los cuerpos, los que concluyen el 2009. A pesar de la confirmación pericial más allá de toda duda razonable, estas osamentas han permanecido en dependencias de custodia judicial hasta la fecha, con largas tramitaciones y un suspendido funeral de Estado que se había anunciado para el 15 de octubre de 2015.

Cabe mencionar que otros 12 miembros de ramas colaterales de la familia Romanov fueron asesinados entre 1918 y 1919 por comandos bolcheviques a través de fusilamientos sumarios, atentados terroristas o secuestros con ejecución.


Interpretación y saldos históricos



Los hermanos Romanov rapados

durante el cautiverio, ca. junio 1917.
De izq. a der.: Anastasia, Olga, Alexis, Maria y Tatiana.
El asesinato múltiple de la familia Romanov reviste toda la apariencia de un crimen de lesa humanidad. Cabe observar que, si bien el régimen monárquico zarista fue uno de los más despóticos y medievales de principios del siglo XX, el Zar Nicolás II supo admitir la creciente agitación social como señal de cambio para su régimen, y consecuente con ello decretó la fundación de la Duma o parlamento ruso, con que se dio comienzo abierto a una monarquía constitucional parlamentaria. Fue el establecimiento de elecciones libres y la representación popular amplia lo que permitió la revolución popular de febrero de 1917 y el ascenso al poder de Kerenski, con lo cual fue sellado el fin de la monarquía. Del mismo modo el Zar no fue resistente a los cambios y abdicó voluntariamente.

La imagen del Zar era la de un hombre errático, mal estratega de guerra y de tardías decisiones. En 1909 no hizo nada para evitar el ajusticiamiento masivo de campesinos y obreros alzados en lo que se conoce como "Domingo sangriento". Otro tanto ocurre unos años después en unas minas de carbón. Cuando abdica lo hace en favor de su hijo pero este nombramiento debe quedar sin efecto por la minoría de edad del príncipe Alexéi. No parecen decisiones muy diligentes. Por su parte la Zarina era una mujer de poca instrucción, fanáticamente devota de la Iglesia Ortodoxa Rusa y de carácter manipulable e irresponsable, como queda de manifiesto en el episodio Rasputín, donde parece haberse obsesionado por la figura icónica, religiosa y sexual de este campesino autodenominado monje y curandero. 

Con todo el juicio político que se les pueda hacer, no debe olvidarse que hacia la fecha de la ejecución se encuentran vencidos y desarmados. Se sabe que León Trotsky era partidario de realizar al Zar un juicio similar al de Luis XV en Francia antes de determinar su ejecución, que en todo caso habría sido un mero ritual populista y más bien un juicio de carácter inquisitorial, sin ninguna garantía de defensa. De cualquier modo la ejecución fue sumaria, al margen de un procedimiento legal o formal, tanto así que dos comisarios llamados a integrar el pelotón de ejecución se negaron a hacerlo. Pero lo que definitivamente no tiene ninguna justificación es el asesinato de la familia íntegra incluyendo sus sirvientes, cuestión que no responde a ninguna utilidad política concreta y más bien parece motivada por una inclinación de venganza ritual de carácter sacrificial.

La motivación y los entresijos de la operación misma han permanecido en el misterio por espacio de casi un siglo. ¿Por qué la familia real inglesa, que eran sus parientes directos, se negó a aceptar el exilio en Gran Bretaña? ¿De dónde aparecieron los pertrechos y recursos que sellaron la suerte a favor de los bolcheviques en la última etapa de la guerra civil, cuando todo indicaba que estaban retrocediendo? ¿Dónde fue a parar la cuantiosa fortuna de la familia Romanov, avaluada en una de las mayores del mundo en ese momento? Son sólo algunos de los enigmas que los historiadores no concluyen de responder.

El sistema político que sucedió al zarismo en Rusia fue una catástrofe humanitaria que sólo durante el régimen de Stalin cobró la vida de unos 30 millones de rusos y ciudadanos de otras naciones bajo control soviético, ya sea por la represión y eliminación permanente, como por la hambruna desatada por la colectivización forzosa de la tierra. La URSS supo encubrir su régimen de persecución y control totalitario con un hábil sistema de priorización financiera para la producción tecnológica, la industria militar y sobre todo dedicado a la investigación espacial, principalmente lograda a través del espionaje, el contrabando y la explotación de las patentes tecnológicas expoliadas a Alemania luego de la II guerra. Con esta estrategia pasó a tener una imagen de superpotencia competitiva en relación a las democracias de Occidente, en circunstancias que dentro del país se vivía la bancarrota absoluta y un modelo de sociedad sin libertad de prensa ni libertad de expresión mínima, policial y monopartidista, militarizado y jerarquizado en niveles grotescos, que superan con creces el modelo monárquico que se pretendió erradicar. Adicionalmente fue un régimen invasor que controló con mano de hierro su influencia en los países vecinos, así como un estado de guerra larvaria no declarada y permanente a través del financiamiento, entrenamiento e intervención militar directa en las guerrillas marxistas de todo el mundo, cuestión que logra consolidar a partir de la obtención de Cuba como su nuevo satélite y correa de trasmisión político-militar hacia América Latina a partir de 1959, con lo cual rompió el acuerdo de  distribución geo-político derivado de la conferencia de Yalta.

A la luz de los acontecimientos en perspectiva amplia, no cabe duda que el asesinato de la familia Romanov y sus asistentes fue el bautismo de sangre de uno de los regímenes más criminales y despóticos de la historia reciente.

(Continuará)





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