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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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domingo, 25 de septiembre de 2016

CONTRA EL USO DEL PRESERVATIVO


Una de las mayores derrotas de la humanidad es el irse acostumbrando al plástico: la ingestión de plástico a través de alimentos basura, la particulación del plástico en el agua a través de los envases, la plastificación del cuerpo a través de la ropa, las cremas, los envoltorios etc. De todas estas formas de plastificación de la vida la más violenta y grotesca es el condón. En el momento en que un hombre -me refiero a un ser humano de sexo masculino, con pene o falo o verga (o pija, tula, pinga, polla, pico, etc., según sea la zona lingüística en que se enuncie) se resigna a ceñir su órgano sexual en un envoltorio compresor hecho de látex estamos asistiendo a una derrota colectiva y un fracaso de la naturaleza.

El condón es un objeto molesto que convierte el acto sexual en algo sucio. Lo sostiene la psicosis: el pánico a la reproducción y el pánico a las pestes de transmisión sexual. El fantasma del SIDA ha sido su mejor aliado en el último tiempo. Paradójicamente, desde que los servicios médicos del mundo dejaron de exterminar a los supuestos portadores de VIH por medio del veneno AZT que se aplicaba a principios de los años 80, actualmente, cuando la estrategia de manipulación de masas ocupada en el fantasma del SIDA se ha inclinado por mantener a los supuestos contagiados en la dependencia farmacológica y semi-penitenciaria de los "antiretrovirales" (la común y silvestre vitamina C), paradójicamente, digo, son los diagnosticados con el supuesto VIH los únicos que tienen el privilegio de buscarse entre sí, formar parejas de iguales con el mismo rótulo adquirido, y practicar sexo sin uso del látex, unidos por la idea romántica -incluso estúpida, pero con derecho a la estupidez- de la pareja fiel.

Últimamente prevalece otra paradoja: el uso del látex en el sexo viene siendo representado por los grupos de izquierda como lo verdaderamente transgresor en oposición a los grupos conservadores que proclaman el sexo sólo dentro del matrimonio. Con el mismo objetivo se alienta una falsa disyuntiva entre el condón y el embarazo no deseado. Los fabricantes de condones tienen entre sus mejores aliados a las ONGs de diversidad sexual, las sectas prevencionistas del SIDA y los Ministerios de Salud de todo el mundo alineados con la industria química y la OMS. ¿Por qué no se habrá montado una gran industria y una operación propagandística en favor de las píldoras anticonceptivas o la penicilina? Ambos bandos se alegran de eso: la izquierda totalitaria y el rancio conservadurismo de siempre. Condón v/s matrimonio es una falsa disyuntiva eficazmente castradora y democráticamente rentable. La democracia cada vez se parece más a un gran condón en la libertad y la imaginación. La amenaza reza "protección o caos".

En las parejas del mismo sexo el condón significa la desconfianza del otro y el pánico higiénico: otra forma de denigrar el cuerpo. En las parejas de distinto sexo el uso del condón es aún más político: la idea feminista de que la anticoncepción es un asunto compartido, no obstante el feminismo ha instalado en forma paralela la idea de que el aborto es un asunto que concierne sólo a la mujer "porque la gestación ocurre sólo dentro del cuerpo de ella". El contrasentido lógico salta a la vista. Uno de los dos argumentos es una falacia. El asunto puede ser más o menos debatible, menos o más antipático para las ideologías en boga, pero lo que es evidente es que el condón es un castigo al hombre, una estigmatización del cuerpo del hombre y una renuncia, un retroceso del hombre en cuanto tal. El condón es una mordaza del sexo masculino. Es el triunfo de la psicosis colectiva en una sociedad que tiende a la alienación y a las pieles que no se tocan, el miedo, la domesticación y el anti-erotismo en masa. De cualquier modo la intención de esta nota no busca ser persuasivamente lógica. Su intención es declarar una fobia, una rabieta, una incomodidad sustancial: el asco al látex. ¿Cuánto tiempo falta para que se aconseje besar con mascarilla o acariciar con guantes?

Ni falta hace decir que la penicilina cura todas las pestes. Y lo que no cura no es peste o porque se previene (o mejora) de otra forma o porque simplemente no existe.


Hay una posibilidad del viejo mito del amor y el instinto natural incluso en el encuentro fortuito. El acto sexual no puede renunciar a ser un rito, una escenificación del amor. Como tal, el amor libre no tiene otro tiempo que el ahora, el transcurso de su duración en su simulacro de eternidad y aspiración a la trascendencia. El látex en el sexo representa el pasado y el futuro del otro: la duda frente a qué es y qué ha sido el cuerpo del otro en un antes y un después posesivo y neurótico. Sólo el encuentro sexual sin protección tiene posibilidad de aceptación mutua y goce del presente. El sexo sin látex es calificado por sus detractores de izquierda como irresponsable, arriesgado y potencialmente dañino; por sus detractores de derecha es considerado impuro, inmoral, contrario a dios. Si eso es cierto, está muy bien dicho: es la última posibilidad de amor libre que viene quedando.

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