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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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lunes, 26 de septiembre de 2016

EL CINE DE LARRY CLARK ES SIEMPRE MÁS DE LO MISMO


Sus ideas matrices son obsesivas y escasas:

1.- la pubertad y la adolescencia como episodios de vidas al límite, una especie de reino de todas las posibilidades en estado salvaje;

2.- la sobre excitación de los sentidos como máxima aspiración de la experiencia a través del sexo, las drogas y la adrenalina, ésta última vinculada a la violencia y a la velocidad;

3.- el deseo de posesión de la belleza corporal como aspiración a la realización amorosa siempre en tensión entre lo emocional y lo animal.

Después de identificar esos puntos de partida, ya nada logra sorprender al espectador.

Luego de irrumpir con Kids (1995) Larry Clark ha venido dando tumbos con una especie de cine documental crudo y repetitivo, que derrumbó algunos de los mejores clichés de la cultura norteamericana sobre juventud y marginalidad para luego instalar clichés nuevos: el descontrol juvenil, las vías del exceso, la autodestrucción precoz, la alienación, etc. El gran aporte de Larry Clark ha sido el uso de actores en la edad real de sus personajes, que no son actores profesionales y no han sido puestos en ambientes recreados sino que se han capturado en estado natural. Con esa determinación de llevar el cine a una credibilidad total, Larry Clark casi ha logrado aplicar los preceptos de Antonin Artaud sobre el teatro de la crueldad. Lo que siempre le ha faltado al cineasta es una buena historia que contar. Antes bien, su intención parece ser anular la historia por una apuesta a la espontaneidad, dejar que los planos, los guiones y los personajes naufraguen, se arruinen, se pierdan. Las historias se cuentan solas. El cineasta busca ser un mero editor, un lente capturador, un intermediario del registro.

Hugo Behar-Thinières


Lo anterior es patente en Kids y en Wassup Rocker (2006). Con menor grado en Another Day in Paradise (1998) y Ken Park (2002) -en mi opinión su mejor película. Bully (2001) y el bodrio de Teenage Caveman (2002) no parecen películas suyas. Desde luego son técnicamente impostadas, más cercanas al cine industrial que al lenguaje al que el propio Clark nos ha tenido acostumbrados. Eso sin mencionar el desastre de su participación en Destricted (2006) que con él o sin él debe ser uno de los peores modos de perder el tiempo en la historia del cine.

Math y JP
En la sobreexposición de un mundo adolescente de violencia, drogas, sexo y delincuencia el cine y la fotografía de Larry Clark han venido creando una retórica y una plástica provocativa, desafiante, a medias entre el culto hedonista y el antiplacer. Lo nutre una especie de doble discurso moral donde la exhibición realista lleva implícita una carga de advertencia, de alerta social: una suerte de moralismo encubierto en la rebeldía. Si lo vemos en perspectiva, su iconografía y su relato tienen una carga de doble vínculo: a) "el exceso es el palacio de la sabiduría", como decía Blake; y b) "atención jóvenes, esto es lo que les pasará si se portan mal".



Dicho de otro modo, si a algún conservador le parece que el cine de Larry Clark es peligroso para el orden establecido, se equivoca. Es bien posible que con sus películas hayan aumentado más las ventas de condones que el consumo de drogas. Por otra parte el discurso moral implícito en el cine de Clark es una interpelación a la sociedad libre en su manifestación más simple como sociedad de consumo, alimentando indirectamente el mito de una sociedad no capitalista  supuestamente más igualitaria, con una juventud disciplinada y "sana" como lo han pregonado todas las dictaduras totalitarias en la segunda mitad del siglo XX. En ese sentido el cine de Clark dio vuelta la página respecto de la aparición del héroe juvenil suburbano en la cultura americana superando el mito tipo James Dean al cual todos querían parecerse. Con este giro el fotógrafo de Tulsa ha instalado un nuevo anti-héroe que no es modelo de conducta y que más bien consolida la idea de una juventud a la deriva.

En The Smell of Us (2014) Clark ha vuelto a los recursos técnicos de su primera etapa, con el uso de cámara fija, planos desenfocados, ojo de pez, granulación de la imagen, exteriores al natural, personajes en crudo, malos actores que actúan de sí mismos, música mediocre y ruidosa, contrastes de colores chillones, ambientes y tratamientos sucios, etc. Se podría decir que prevalece la intención de dignificar el cine serie B, no sin mencionar que hay un discurso pretencioso, presumido, que alardea de realismo e inteligencia con el mismo chanfle involuntariamente moralista de toda su trayectoria. Casi diríamos, los mismos aciertos y las mismas debilidades de hace 20 años, en punto muerto.

Circula una entrevista a Lukas Ionesco en la revista Les Inrocks (al parecer bajo responsabilidad de Roman Blondeau) donde el chico de oro dice haberse sentido manipulado y acosado por Larry Clark durante el rodaje (Ver anexo).Sería una lástima que no fuera cierto. Desgraciadamente se victimiza. Según mi parecer, con el correr del tiempo al joven Lukas le pesará menos haber hecho el papel de Math en la película que el papelón de haber dado esa entrevista. La polémica parece revisitar el tema de la voluntad sexual de los jóvenes y los límites morales de la creación artística. Pero en lo personal me parece que ese debate se ha vuelto predecible y aburrido. Baste decir que con los argumentos que sostiene el hijo de Eva Ionesco y nieto de Irina Ionesco, perdería cualquier juicio. La comparación que hace entre su caso y el de su madre es desproporcionada. Cuando fue el proyecto de las sesiones fotográficas, Eva tenía 8 años. Cuando entró al rodaje, Lukas tenía 18. Si la controversia no fue zanjada a raíz de las fotos tomadas y exhibidas por Irina en 1974, mucho menos será zanjado el tema 40 años después, menos con Larry Clark de por medio. La secuencia del veterano de Tulsa lamiendo los pies de Math (minuto 31.35) -también desgraciadamente- no es algo fácil de olvidar. Por otra parte la secuencia inmediatamente anterior es de un simbolismo perfecto: en un muro de la habitación está emplazado el cuadro "Muerte de Jacinto" de Jean Broc con un primer plano zoom en desplazamiento por las piernas y pies de Apolo que sostiene a Jacinto. Mirado plásticamente, el parecido entre Mathieu-Lukas Ionesco y el ícono es evidente.



Con todo The Smell of Us es una película atrayente, con un guión poco novedoso pero bien aprovechado (¿hasta cuándo la historia de muchachos que se prostituyen por aburrimiento y autonegación homosexual?) y con dos actores espléndidos en su rol protagónico (Math y JP, interpretado por Hugo Behar-Thinières), dignos de mirarse hasta el cansancio. Dentro de toda la sordidez que envuelve la relación de los personajes hay espacios de convincente intimidad dada por la recurrente tendencia a olfatearse, con lo que el título resulta más que justificado. Una novedad es que el villano principal sea una mujer, la traidora, vengativa, cínica, celopática y homofóbica Marie (Diane Rouxel).



Una curiosidad aparte que puede mencionarse en esta película está dada por los referentes literarios, concretamente poéticos, que se dejan ver como guiños en muy breves momentos del rodaje, casi como mensajes subliminales. El primero de ellos es el libro de Gerard de Nerval en el pecho de Math en el minuto 6.56. El segundo de estos guiños es más fugaz aún y aparece en el minuto 21.00 cuando Math le hace a JP una demostración de su técnica de distracción con los clientes: el baile sensual contra un pilar. Al fondo desenfocado, se deja ver el inconfundible rostro del poeta J. A. Rimbaud. Unos segundos después, el beso rechazado de JP.


Así se escribe otra página en la trayectoria de este hombre que no podría pasar a la historia como uno de los cineastas más brillantes pero que siempre, de la forma que sea, se las arregla para hacernos ver sus películas hasta el último detalle.



Anexo

Lukas Ionesco:
"Nunca seré uno de los kids de Larry Clark"
(“Je ne serai jamais un des kids de Larry Clark”)

Entrada a Les Inrocks del 01/18/2015. Firmada por Romain Blondeau.
Original en francés. Versión al español sólo para este blog: 
 Leonidas Rubio

 
fot. por Magdalena Lawniczak


Cuando se reunió con nosotros en un bar de París, Lukas Ionesco no tenía nada del querubín rubio que interviene en The Smell of Us. Pantalones con agujeros, botas hechas jirones, el pelo teñido de negro: a los 20 años de edad parece un viejo cuervo punkie. Son pistas que anticipan por qué el joven quiere matar la imagen proyectada en la película de Larry Clark y darle un tiro de gracia a esta experiencia.

Para el hijo de la actriz Eva Ionesco, la aventura de su primera película había comenzado idealmente: sin experiencia, se fue a actuar para uno de sus maestros, rodeado por un grupo de amigos para contar la historia de un muchacho con el que se identifica. Pero la máquina se atoró bruscamente: Larry Clark cambió sus planes, causó un caos en el set y empujó a sus actores a naufragar hasta que algunos de ellos abandonaron el barco. Muy marcado por la terrible experiencia, Lukas Ionesco decide ventilar los métodos de un director para quien la creación no puede existir sin el morbo.

Les Inrocks: ¿Cómo entraste a esta película?

Lukas Ionesco: Yo estaba en una fiesta en Montreal cuando una chica me habló de un proyecto que tenía Larry Clark en París, para lo cual se había programado un casting. Me gustaba su trabajo. Lo había visto en Ken Park  y Wassup Rockers. Yo era sensible a esa visión destructiva de la juventud, un poco punk. Así que me presenté al casting. No se suponía que Larry estuviera allí pero él se presentó y estaba bastante enganchado con Mathieu Landais, su guionista. La misma tarde me invitó a comer y pasamos una semana juntos. Antes de regresar a Nueva York, me dijo: "Toma, te doy el guión, pensé en ti para la personificación de Math, un papel complicado.". Lo pensé durante un mes, estaba muy inseguro. Y decidí embarcarme.


Les Inrocks: ¿Por qué dudabas?

Lukas Ionesco: Lo que más me interesó del proyecto fue el personaje de Mathieu. Me encantó la historia de estos chicos que tienen problemas con sus padres y deciden hacer de escort porque no tienen dinero. Pero también sabía la reputación de Larry Clark. Y sabía que el trabajo podía ser muy duro y exigente, especialmente para las escenas de sexo. Así que de inmediato le puse mis límites y hablamos largo y tendido. Durante los dos años de preparación nos vimos muy a menudo, andábamos por todas partes juntos, veíamos patinar... Teníamos que ganar confianza.

Les Inrocks: ¿Cómo fue el rodaje?

Lukas Ionesco: Extrañamente cuando vi la película no podía recordar haber rodado esas escenas. Me dejé llevar por mi papel como dentro de un sueño. O una pesadilla. Al principio, todo estaba bien, pero una semana antes del final de la filmación la situación se deterioró. Larry perdió el control, se convirtió en un buque de guerra. Cambió por completo, estaba alcoholizado y volvió a fumar después de no haber encendido un cigarrillo durante veinte años. Se apartó de lo acordado en el casting, siempre exigiendo más y más. Para él no hay ninguna diferencia entre tú mismo y tu personaje: tienes que estar siempre disponible, la noche, los fines de semana. Yo tenía 18 años en ese momento y estaba muy perturbado por todo lo que se desató en el rodaje.

Les Inrocks: Se dice que la escena fetichista fue el detonante de la crisis...

Lukas Ionesco: Entre otras cosas, sí. Para esa escena me tenía que lamer las piernas un tipo que iba a ser interpretado por Gaspar Noé. Pero el día de la sesión Larry se dejó caer diciendo que quería sustituir a Gaspar y exigió que nos metiéramos a puerta cerrada. Se había vuelto muy extraño, muy sucio: me lamió los pies durante dos horas, murmurando "mi niño, mi niño". Ahí creo que cruzó la línea. También creo que lo que Larry quería era jugar con mis emociones. Al ver la película me di cuenta de que había tenido desde el principio la intención de manipularme. Mi personaje es un joven confundido, triste, duro, que vive dentro de sus sueños. Y Larry hizo todo para sumergirme en ese estado durante la filmación. Él me ha traicionado, en realidad. Pero me he resistido y por eso creo que nunca voy a ser uno de los kids de Larry Clark.

Les Inrocks: Qué significa ser uno de sus kids?

Lukas Ionesco: No estoy diciendo que haya que convertirse en su puta, pero hay que construir una cosa muy íntima con él. Los Wassup Rockers son sus kids. Larry les alquiló un departamento, cargaba todo el tiempo con ellos y les administraba sus recorridos en skate...

Les Inrocks: En la revista Vice tu madre calificó a Larry Clark como un "artista de la pedofilia". ¿Qué piensas?

Lukas Ionesco: Bueno, en primer lugar, ella no me advirtió que iba a dar esa  entrevista. Es mi madre y tiene su carácter. La expresión "pedofilia" parece muy fuerte, pero no puedo negar que la dijo. Además, es cosa de que veas la película. Larry Clark no está tan confiado, por eso nunca ha hablado mucho sobre él dentro de The Smell of Us. [Se suprime una frase de muy oscuro sentido en el original: "Et il ne se débine pas, le mec, il assume. Il dit “ouais, je suis un vieux qui kiffe les jeunes". Nota del blogger.]

Les Inrocks: Cuando era niña, tu madre, Eva Ionesco, era modelo de fotografías eróticas que a su vez le tomaba su madre a ella [Irina Ionesco], lo cual creó controversia en los años 70. ¿Te has sentido repitiendo esta situación durante el rodaje?

Lukas Ionesco: Hacia el final sí, tuve un clic y pensé "mierda, estoy pasando por lo mismo." Es por eso también que decidí dejar el cine. Tenía un proyecto de película bastante avanzado con Damien Odoul pero preferimos renunciar. Voy a dedicarme a mi música y mis fotografías.

Les Inrocks: ¿Has tenido noticias de Larry Clark después de la filmación?

Lukas Ionesco: No, ni siquiera un correo electrónico, y eso me parece muy bien.

Les Inrocks: ¿Y qué le dirás si lo vuelves a ver?

Lukas Ionesco: Fuck you. [sic]



enlace recomendado, entrevista original:

  































































































































 
Eva Ionesco fotografiada por Irina Ionesco, 1974


 
"Muerte de Jacinto", Jean Broc

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un aporte sorpresa:



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